La pregunta suele venir acompañada de una expectativa equivocada: que existe un producto capaz de acelerar el crecimiento de un árbol. No existe. Lo que sí existe es un conjunto de decisiones —especie, ubicación, forma de plantar, agua y competencia— que separan a un árbol que crece un metro al año de otro de la misma especie que crece quince centímetros y se queda ahí. Casi todo se decide en los tres primeros años.

Elige una especie adaptada, no solo rápida

Un árbol crece rápido cuando no gasta energía en sobrevivir. La primera palanca, y la más potente, es plantar una especie que esté cómoda con tu clima y tu suelo.

Entre las de crecimiento notable que funcionan bien en España están el almez (Celtis australis), el fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia), la catalpa (Catalpa bignonioides), la acacia de Constantinopla (Albizia julibrissin), el árbol del paraíso (Melia azedarach) y la morera (Morus alba). En terrenos frescos o cerca de cauces, chopos (Populus) y sauces (Salix) son imbatibles en velocidad.

Conviene saber el precio de la velocidad. Los árboles rápidos suelen tener madera blanda, vida corta y ramas frágiles: crecen mucho, se rompen con el viento y a los treinta años están decrépitos. Un roble o una encina crecen despacio y duran siglos. Elige según lo que quieras del árbol, no según el número más alto del catálogo.

Y evita las que dan problemas mayores que la sombra que aportan: el ailanto (Ailanthus altissima) y algunas acacias australianas están catalogadas como invasoras en España, con prohibición de comercio y plantación. Crecen a enorme velocidad y son casi imposibles de erradicar después.

Árbol joven de crecimiento rápido en un jardín

Compra pequeño y planta en otoño

Aquí hay dos ideas que sorprenden a mucha gente y que están bien documentadas en vivero.

Un árbol pequeño alcanza y adelanta a uno grande. Un ejemplar de metro o metro y medio arraiga con rapidez, reconstruye su sistema radicular en una temporada y arranca a crecer al segundo año. Un ejemplar de cuatro metros trasplantado sufre un shock de trasplante largo, puede pasarse dos o tres años prácticamente detenido, y para entonces el pequeño lo ha igualado. Además cuesta cuatro veces menos.

Planta en otoño, no en primavera. Entre noviembre y febrero, con el árbol en reposo, las raíces siguen trabajando en un suelo templado y húmedo mientras la parte aérea no demanda nada. Cuando llega la primavera, el árbol ya tiene raíz nueva y afronta su primer verano con capacidad de absorber agua. Un árbol plantado en abril llega a julio sin haber enraizado.

Si compras en contenedor, revisa el cepellón. Si las raíces giran en espiral pegadas a la pared de la maceta, córtalas o desenróllalas antes de plantar. Un cepellón estrangulado nunca crecerá bien, por mucho que lo riegues.

Cómo se planta para que crezca

Hoyo ancho, no profundo. Abre un agujero de dos o tres veces el ancho del cepellón, pero exactamente de su misma profundidad. Las raíces se expanden lateralmente en los 40 o 60 centímetros superiores del suelo, no hacia abajo. Descompacta las paredes del hoyo con la azada para que no formen una barrera lisa.

El cuello a nivel del suelo. El punto donde el tronco se ensancha para dar paso a las raíces debe quedar visible y a ras de tierra. Plantar demasiado profundo es el error que más árboles mata, y lo hace lentamente: el árbol se ahoga, se pudre el cuello y languidece durante años sin que se sepa por qué.

No abones el hoyo. Rellenar el agujero con turba, compost puro o abono es un consejo antiguo y contraproducente: creas una maceta de sustrato rico rodeada de tierra pobre, y la raíz se queda dando vueltas dentro sin salir a explorar. Rellena con la misma tierra que sacaste, como mucho mezclada con un poco de compost bien maduro. Mejorar el suelo se hace en superficie y a lo ancho, no en el hoyo.

Alcorque y primer riego generoso. Forma un caballete de tierra alrededor para retener el agua y aplica un riego de asentamiento abundante, de 30 o 40 litros, que elimine las bolsas de aire alrededor de las raíces.

Tutor solo si hace falta, y flexible. Un tronco atado rígidamente no engorda: es el balanceo con el viento el que estimula el engrosamiento y la conicidad de la base. Si el sitio es muy ventoso, usa un tutor bajo, atado holgadamente, y retíralo al cabo de uno o dos años.

Los tres primeros años

Riego profundo y espaciado. Mejor un riego largo cada cinco o siete días que uno corto cada día. Los riegos superficiales generan raíces superficiales y un árbol dependiente. Moja bien todo el volumen de suelo bajo la copa. En verano, en el interior peninsular, un árbol joven puede necesitar 40 o 50 litros semanales.

Acolchado. Extiende de 8 a 10 centímetros de corteza, paja, restos de poda triturados o compost sobre un círculo de al menos un metro de radio, dejando libres los diez centímetros que rodean el tronco. El acolchado reduce la evaporación a la mitad, mantiene la temperatura del suelo estable y alimenta la vida microbiana. Es la intervención con mejor relación esfuerzo-resultado que existe.

Elimina la competencia. Un césped que llega hasta el tronco puede reducir el crecimiento de un árbol joven a la mitad. La hierba compite por agua y nitrógeno con enorme eficacia en los primeros centímetros de suelo, justo donde están las raíces finas del árbol. Mantén un círculo desnudo o acolchado de un metro de radio como mínimo durante los primeros años. Es más eficaz que cualquier fertilizante.

Abona con criterio, si acaso. En suelo razonable, un aporte anual de compost extendido bajo la copa a finales de invierno es suficiente. Si el suelo es muy pobre, un abono equilibrado de liberación lenta en primavera ayuda. Lo que no ayuda es cargar de nitrógeno: produce brotes largos, tiernos y acuosos que se parten, se hielan y atraen pulgón. Un árbol sobrealimentado crece más rápido en apariencia y es más débil de verdad.

Poda lo mínimo. La vieja recomendación de recortar la copa al plantar «para equilibrar con la raíz» está descartada: las hojas son las que fabrican los azúcares necesarios para emitir raíces nuevas. Limítate a eliminar ramas rotas, cruzadas o competidoras del eje principal, y hazlo en invierno.

En resumen

Un árbol crece rápido cuando la especie está adaptada al sitio, se planta joven, en otoño, en un hoyo ancho y poco profundo, con el cuello a nivel del suelo y relleno con la propia tierra. Después, tres cosas por encima del resto: riego profundo y espaciado, acolchado generoso sin tocar el tronco y un metro de radio libre de hierba. El abono es lo último de la lista, y el exceso de nitrógeno da árboles grandes y frágiles. Ninguna de estas medidas es un truco, y todas juntas marcan la diferencia entre un árbol que arranca y uno que se queda parado.


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