Un tallo de hortensia de doce centímetros, cortado a primeros de junio y clavado en un sustrato que retenga humedad, suele tener raíces antes de que termine el mes. Pocas plantas leñosas de jardín enraízan con esa facilidad, y eso convierte a la hortensia en la candidata perfecta para quien nunca ha multiplicado nada. La contrapartida es que la facilidad hace que se descuiden los detalles, y los tres o cuatro que importan son precisamente los que separan una bandeja entera enraizada de una bandeja entera podrida.

Este artículo se centra en Hydrangea macrophylla, la hortensia de bola y la de encaje de toda la vida, pero casi todo vale igual para Hydrangea serrata, Hydrangea paniculata, Hydrangea quercifolia y Hydrangea arborescens, con las salvedades de calendario que se indican más abajo.

Hortensia azul en flor en un jardín

Qué tipo de esqueje funciona en cada momento del año

No hay una única ventana. Hay tres, y cada una pide una técnica distinta porque el tallo está en un estado fisiológico diferente.

Esqueje tierno o herbáceo (finales de mayo a finales de junio). Es el más rápido y el que mejores porcentajes da. El brote del año ya ha crecido, pero todavía se dobla sin partirse y está verde por completo. Enraíza en dos o tres semanas con temperaturas de 18-22 °C. A cambio, es el más frágil: se marchita en cuanto le falta humedad ambiental, así que exige cámara cerrada o bolsa.

Esqueje semileñoso (julio a septiembre, mejor a partir de la segunda quincena de agosto). El tallo empieza a endurecerse en la base y sigue verde en la punta; al doblarlo cruje pero no se rompe del todo. Tarda más, de cuatro a ocho semanas, y a cambio aguanta mucho mejor el descuido. En el interior peninsular, con julios de 38 °C, esta es la opción sensata: en pleno golpe de calor no enraíza nada, se cuece. Conviene esperar a que aflojen las temperaturas.

Esqueje leñoso (diciembre a febrero). Solo tiene sentido en Hydrangea paniculata y Hydrangea arborescens, que responden bien a trozos de madera del año anterior sin hojas, enterrados dos tercios en un rincón resguardado del jardín. Es lentísimo (brota en primavera y enraíza a lo largo de ella) pero no requiere ningún cuidado. En macrophylla el resultado es irregular y no compensa.

Si se quiere una sola fecha para recordar, junio. Y si se falla junio, septiembre.

De qué rama sale un buen esqueje

Aquí se pierde media cosecha antes de empezar. El esqueje tiene que salir de un brote que no vaya a florecer. Un tallo rematado por un botón floral está volcando sus reservas en la flor y no en emitir raíces; además, la flor transpira y desequilibra al esqueje. Si el único material disponible lleva flor, se corta la inflorescencia entera antes de nada.

Se buscan brotes del año en crecimiento activo, ni los más raquíticos del interior del arbusto (poca reserva) ni los chupones desmesurados de un metro (entrenudos larguísimos y tejido esponjoso). El punto medio: brotes de vigor normal, en la periferia de la mata, con entrenudos cortos y hojas de tamaño estándar para la variedad.

La planta madre debe estar sana y bien hidratada. Regar a fondo el arbusto la tarde anterior y cortar a primera hora de la mañana, cuando el tejido está turgente, cambia el resultado más de lo que parece. Un esqueje cortado a las tres de la tarde en agosto ya arranca deshidratado.

Y un detalle que se pasa por alto: las tijeras. Las hortensias transmiten virosis por corte, así que las hojas se desinfectan con alcohol de 96° entre planta y planta si se toma material de varios ejemplares. Un arbusto con hojas moteadas, deformadas o con anillos amarillos no se propaga; se descarta.

Preparación del esqueje, paso a paso

Del brote elegido se saca una porción de 10 a 15 cm con dos o tres nudos. El corte inferior va justo por debajo de un nudo, a uno o dos milímetros, porque es ahí donde se concentra el tejido capaz de generar raíces. Un corte a media entrenudo enraíza igual en las hortensias, pero deja un muñón que se pudre con facilidad.

Después:

1. Se eliminan las hojas del nudo inferior, dejando el par o los dos pares superiores. Las hojas enterradas se pudren y arrastran al esqueje.

2. Se recortan a la mitad las hojas que quedan, tijeretazo transversal incluido. Suena agresivo y es imprescindible: la hoja de la hortensia es enorme y transpira más agua de la que un tallo sin raíces puede reponer. Con media hoja hay superficie de sobra para fotosintetizar y la mitad de pérdida. Además, así caben más esquejes por bandeja sin superponerse.

3. Si el brote tiene el ápice muy tierno, se pinza el par de hojas terminal en formación. Es la parte que primero se marchita.

4. Hormona de enraizamiento, opcional. La hortensia enraíza sin ella. Con un enraizante de ácido indolbutírico al 0,2 % en polvo el proceso se acelera y se uniformiza, lo cual importa si se hacen cincuenta esquejes y no cinco. Se moja apenas la base, se sacude el exceso: un rebozado excesivo inhibe en lugar de estimular. Nunca se introduce el esqueje en el bote original, se vuelca un poco de producto en un platillo y se tira lo sobrante.

5. Se clava en el sustrato con un lápiz o un palillo, haciendo el agujero antes, para no arrastrar la hormona hacia arriba. Debe quedar enterrado el nudo inferior y aproximadamente un tercio del esqueje, firme, sin que se caiga de lado.

El sustrato y la humedad, que es donde se decide todo

Un esqueje no come: no tiene raíces con las que absorber nutrientes. Por tanto el sustrato no debe llevar abono. Un sustrato rico solo aporta sales y hongos. Lo que hace falta es un medio que retenga agua y a la vez tenga aire, porque las raíces jóvenes necesitan oxígeno.

Funciona bien una mezcla al 50 % de turba rubia o fibra de coco con perlita, o directamente vermiculita sola. La arena de río lavada también sirve si se riega con frecuencia. Lo que no sirve es tierra del jardín, ni compost, ni sustrato universal recién comprado con perlas de abono de liberación lenta.

Sobre el recipiente: alveolos o macetas pequeñas de 7-9 cm, mejor que macetones. En un tiesto grande el sustrato tarda días en secarse y la asfixia radicular es cuestión de tiempo. Muchos esquejes en poco volumen, con drenaje.

La humedad ambiental es la otra mitad de la ecuación. Sin raíces, la hoja pierde agua y la planta no la repone; hay que reducir esa pérdida creando un ambiente saturado. Sirve un miniinvernadero de propagación, una caja transparente, o el clásico: la maceta metida en una bolsa de plástico transparente sostenida con dos palitos para que no toque las hojas. Se abre unos minutos cada dos días para renovar el aire y evitar el Botrytis.

Ubicación: luz abundante pero cero sol directo. Bajo un árbol de sombra ligera, en el lado norte de la casa o tras un visillo. Una bolsa de plástico al sol de junio alcanza 50 °C en veinte minutos y cocina los esquejes literalmente. Temperatura ideal, 18-22 °C; el calor de fondo en la base (una manta térmica de propagación) acelera notablemente, pero no es imprescindible en verano.

Riego: pulverizar el sustrato para mantenerlo húmedo, no encharcado. Dentro de la bolsa apenas hará falta agua durante semanas. Si aparece condensación abundante y permanente en las paredes, sobra humedad; si las hojas se marchitan, falta.

Cuánto tarda y cómo saber si ha enraizado

De dos a cuatro semanas los esquejes tiernos de junio; de cuatro a ocho los semileñosos de septiembre. Las señales fiables, por orden de utilidad:

La primera es la resistencia al tirón: un tirón muy suave del esqueje: si se agarra, hay raíces. La segunda son las raíces asomando por los agujeros de drenaje, que no dejan lugar a dudas. La tercera, más tardía, es la emisión de brote nuevo en la punta; ojo, porque un esqueje puede brotar con las reservas del tallo y no tener aún ni una raíz, así que por sí sola no basta.

Lo que no se hace es desenterrar el esqueje cada cuatro días para mirar. Las raíces iniciales son quebradizas como pelos de vidrio y cada revisión rompe unas cuantas.

Los esquejes que se ennegrezcan desde la base o se cubran de moho gris se retiran de inmediato, junto con el sustrato de su alveolo, para que no contagien al resto.

Detalle de la flor de una hortensia

Del esqueje a la planta: trasplante y primer invierno

Enraizado no significa listo. Antes de sacarlo del ambiente cerrado hay que aclimatarlo de forma progresiva durante una o dos semanas: se abre la bolsa unas horas, luego medio día, luego se retira. Un esqueje que pasa de golpe del 95 % de humedad al aire seco de un patio se marchita en una tarde aunque tenga raíces.

El trasplante va a maceta de 10-12 cm con sustrato ya nutritivo: turba o mantillo con perlita y un puñado de compost, ligeramente ácido. La hortensia es acidófila y en sustratos calizos amarillea. Solo se abona a partir del mes siguiente al trasplante, y con dosis suaves.

El primer invierno es el filtro. Una planta joven en maceta pequeña tiene el cepellón expuesto al frío por los cuatro costados, mientras que en pleno suelo estaría protegida. En el norte húmedo la hortensia aguanta perfectamente el invierno, pero un esqueje de septiembre en maceta no. Lo prudente es pasarlo en un invernadero frío, un porche o arrimado a una pared orientada al sur, y no plantarlo en su sitio definitivo hasta la primavera siguiente, cuando ya haya llenado la maceta de raíces.

Del esqueje a un arbusto con la primera floración decente pasan entre dos y tres años. Alguna flor suelta puede aparecer al segundo verano; conviene despuntarla para que la planta invierta en estructura.

El color no viaja con el esqueje

Esto merece un apartado propio porque es la creencia equivocada más repetida sobre las hortensias. Un esqueje es un clon: genéticamente idéntico a la planta madre, sí. Pero el color de las flores no es un carácter genético fijo en las variedades azules y rosas, sino el resultado de la química del suelo.

El azul aparece cuando el pigmento de los sépalos forma un complejo con aluminio, y el aluminio solo está disponible para la raíz en suelos ácidos, por debajo de pH 5,5 aproximadamente. Por encima de pH 6,5 el aluminio queda bloqueado y las mismas flores salen rosas. De ahí que un esqueje tomado de una hortensia azul de Galicia se vuelva rosa al plantarlo en un jardín de Madrid con suelo calizo, sin que nadie haya hecho nada mal.

Las variedades blancas son la excepción: no tienen el pigmento implicado y permanecen blancas con cualquier pH, con el matiz verdoso o rosado que adquieren al envejecer.

Si se quiere azul en terreno neutro o calizo, el camino es cultivo en maceta con sustrato ácido, riego con agua de baja dureza (el agua del grifo con mucho bicarbonato sube el pH del cepellón poco a poco) y aporte de sulfato de aluminio o de sulfato potásico-alumínico según instrucciones. Es un mantenimiento continuo, no una corrección de una sola vez.

Errores que arruinan una bandeja entera

Regar de más. Es la causa número uno de fracaso. Dentro de la bolsa el sustrato apenas pierde agua; regar «por si acaso» cada dos días asfixia la base del tallo y la pudre. Comprobar con el dedo antes de tocar la regadera.

Dejar las hojas enteras. Ahorrarse el recorte parece inofensivo y es la razón de que los esquejes se marchiten sin remedio en los dos primeros días.

Ponerlos al sol. «Necesitan luz para enraizar» se traduce a menudo en un alféizar al mediodía. Luz sí, radiación directa no.

Enraizar en un vaso de agua. Funciona, se ven raíces y resulta muy vistoso, pero las raíces formadas en agua tienen una estructura distinta, sin pelos absorbentes funcionales, y la mayoría se pierden al trasplantar a sustrato, donde la planta tiene que emitir un sistema radicular nuevo. Enraizando directamente en sustrato no hay esa transición.

Usar tierra del jardín. Compacta, con hongos del suelo y sin aireación. Un billete directo a la podredumbre.

Hacer solo dos esquejes. El porcentaje de enraizamiento en condiciones caseras ronda el 60-80 %. Con dos esquejes, la estadística puede dejar cero. Con doce, sobran plantas para regalar.

Un apunte de fondo: numerosas variedades modernas de hortensia están registradas y protegidas por derechos de obtentor. Multiplicar para el propio jardín o para un vecino no plantea problema; producirlas para venderlas, sí.

El acodo, la alternativa sin bandeja ni bolsa

Si todo lo anterior parece mucho aparato, la hortensia admite acodo simple con un índice de éxito próximo al total. Se elige una rama baja y flexible, se le hace un corte superficial o se le raspa la corteza en un tramo de dos centímetros por la cara inferior, se dobla hasta enterrar esa zona a unos diez centímetros de profundidad y se sujeta con una piedra o una horquilla de alambre, dejando la punta fuera.

Se hace en primavera y se separa de la planta madre el otoño siguiente o la primavera de después, cuando la porción enterrada tenga raíces propias. La rama sigue alimentada por el arbusto todo el tiempo, así que no hay riesgo de marchitez ni hace falta control de humedad. Rinde una sola planta por acodo, pero es prácticamente infalible.

En resumen

Corta en junio, o en septiembre si el verano aprieta, porciones de 10-15 cm con dos o tres nudos de brotes sin flor, cortando justo debajo de un nudo. Quita las hojas bajas, recorta a la mitad las que dejes y clávalas en una mezcla a partes iguales de turba o coco con perlita, sin abono. Tápalas con una bolsa o un propagador, en sombra luminosa y a 18-22 °C, y mantén el sustrato húmedo sin llegar a mojado. En dos a ocho semanas habrá raíces; aclimata poco a poco antes de sacarlas del ambiente cerrado, trasplanta a maceta y protege el primer invierno.

Y no esperes que el color se herede: el clon es idéntico, pero el azul o el rosa los pone el suelo, no la planta madre.


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