La dama de noche es una planta que casi nunca se compra por su aspecto. Se compra porque alguien pasó una tarde de julio junto a una tapia y, al caer el sol, el aire se llenó de un perfume dulce y penetrante que no venía de ninguna flor visible. Cuando por fin te acercas a mirar, la decepción es previsible: las flores son diminutas, verdosas y bastante insignificantes. Todo el espectáculo está en el olfato.
Qué planta es exactamente
El nombre popular se reparte entre varias especies sin ningún parecido entre sí, así que conviene fijarlo. Aquí hablamos de Cestrum nocturnum, también llamada galán de noche, jazmín de noche o huele de noche, un arbusto de la familia de las solanáceas —la misma del tomate, la patata y la belladona— originario de las Antillas y de América Central.
No debe confundirse con el Epiphyllum oxypetalum, un cactus epifito cuya enorme flor blanca se abre una sola noche al año, ni con Ipomoea alba, una trepadora de flor blanca nocturna. Ambas se venden a veces con el mismo nombre.
El Cestrum nocturnum forma un arbusto desgarbado de 2 a 3,5 metros, de ramas largas, arqueadas y algo colgantes, con hojas simples, alternas, lanceoladas, de un verde medio y aspecto ligeramente lustroso. Fuera de la floración no llama la atención de ninguna manera, y esa es una de las razones por las que se planta en un segundo plano del jardín, cerca de una ventana o de una zona de estar exterior.
Cómo es la flor
Las flores se agrupan en panículas axilares, ramilletes densos que salen en las axilas de las hojas de los brotes del año. Cada flor individual mide entre 2 y 2,5 centímetros y tiene forma de tubo estrecho y alargado que se abre al final en cinco lóbulos pequeños y agudos, ligeramente reflejos, con el aspecto de una estrella diminuta rematando un cilindro.
El color va del blanco verdoso al crema amarillento, sin más matices. No hay pigmentos vistosos porque no le hacen falta: la planta no está intentando ser vista de día.
El comportamiento es el rasgo característico. Los tubos permanecen cerrados o entreabiertos durante el día, con las flores algo mustias y sin aroma, y se abren al anochecer liberando una fragancia intensísima, dulce y algo empalagosa, que puede percibirse a decenas de metros con noches cálidas y sin viento. Al amanecer se cierran de nuevo.
Es una estrategia de polinización nocturna: el aroma y el tubo largo están dirigidos a polillas y esfíngidos, que localizan la flor por olor y alcanzan el néctar con su espiritrompa. El blanco pálido, además, es el color que mejor se distingue con luz de luna.
La floración no es un episodio único, sino varias oleadas sucesivas desde finales de primavera hasta bien entrado el otoño, con pausas de algunas semanas entre ellas. Tras cada tanda, si hay polinización, aparecen bayas globosas de menos de un centímetro, blancas o de un blanco nacarado.
Un aviso necesario: como buena solanácea, toda la planta es tóxica, y en particular esas bayas. Contiene alcaloides y saponinas, y su ingestión es peligrosa para niños y animales domésticos. Tenlo en cuenta al elegir la ubicación.
Sobre el perfume y las leyendas
Existe una creencia extendida de que dormir cerca de una dama de noche es perjudicial, e incluso se le atribuyen efectos sobre la salud. La realidad es más prosaica: la planta no emite ningún vapor tóxico, pero su aroma es de una intensidad poco habitual y, concentrado en un espacio cerrado o en un patio pequeño sin ventilación, resulta agobiante y puede provocar dolor de cabeza o náuseas por saturación olfativa, igual que un perfume aplicado en exceso.
La conclusión práctica es de ubicación, no de prohibición: plántala donde el aire circule y a unos metros de las ventanas del dormitorio, no pegada a ellas.
Por qué no florece
Es la consulta más frecuente sobre esta planta, y casi siempre responde a una de estas cinco causas.
Falta de luz. Necesita pleno sol o, como mucho, unas pocas horas de sombra. En una esquina sombría crece, produce hoja abundante y no florece. Es la causa número uno con diferencia.
Exceso de nitrógeno. Abonarla con fertilizantes universales ricos en nitrógeno o con estiércol fresco produce un arbusto exuberante y estéril. Durante la temporada de floración conviene un abono rico en potasio y fósforo, del tipo de los de floración, cada dos o tres semanas de abril a septiembre.
Poda a destiempo. El Cestrum nocturnum florece sobre los brotes del año. Podarlo en primavera avanzada o en verano elimina precisamente la madera que iba a florecer. La poda correcta se hace a finales de invierno, entre febrero y marzo, acortando bastante las ramas para forzar brotación nueva y evitar que el arbusto se descuelgue. Después de cada oleada de floración puedes despuntar ligeramente para provocar la siguiente.
Frío o calor insuficiente. Es una planta subtropical. Se hiela por debajo de –2 o –3 °C y necesita noches templadas para florecer bien. En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias vive en el suelo sin problema; en el interior peninsular hay que cultivarla en maceta y resguardarla en invierno, o aceptar que rebrote de la cepa tras helarse la parte aérea. En zonas frías es directamente una planta de invernadero o galería.
Sed o maceta escasa. Requiere riego regular en verano —dos o tres veces por semana en el suelo, más en maceta— y un contenedor suficientemente grande. Con estrés hídrico aborta los botones antes de abrirlos. Eso sí, no tolera el encharcamiento.
Hay una sexta causa que no es un problema: si la planta es joven, sencillamente aún no le toca. Un ejemplar de esqueje suele tardar dos temporadas en dar su primera floración seria.
Cuidados básicos que sostienen la floración
Suelo fértil, suelto y bien drenado, con un aporte de compost al final del invierno. Riego regular de mayo a septiembre y muy reducido en invierno. Poda anual de renovación al final del invierno, sin miedo, porque rebrota con enorme facilidad.
Se multiplica sin dificultad por esqueje semileñoso en verano, de unos 15 centímetros, con hormona de enraizamiento y sustrato húmedo a la sombra. También arraiga por acodo.
Vigila el pulgón y la mosca blanca, sus dos plagas habituales, tratables con jabón potásico. Y ten presente que en climas cálidos y húmedos se comporta como especie agresiva, capaz de resembrarse y naturalizarse, algo que se ha documentado en varias regiones subtropicales del mundo.
En resumen
La flor de la dama de noche es pequeña, tubular, de color blanco verdoso a crema, agrupada en ramilletes axilares, y su interés está en que se abre al anochecer para perfumar el jardín y atraer polillas. Florece en varias oleadas de finales de primavera al otoño sobre la madera nueva. Si la tuya no florece, revisa por este orden: sol directo, exceso de nitrógeno, momento de poda, temperatura y riego. Y recuerda que sus bayas son tóxicas y que su perfume, magnífico al aire libre, resulta excesivo en un espacio cerrado.