Antes de comprar un hibisco conviene saber cuál estás comprando, porque bajo ese nombre se venden en España al menos tres plantas muy distintas, con exigencias opuestas de frío, riego y poda. Confundirlas es la causa de casi todos los fracasos: el hibisco que a un vecino le vive sin cuidados en el jardín no es el mismo que a ti se te ha helado en la terraza.
Tres hibiscos, tres cultivos distintos
El hibisco chino o rosa de China (Hibiscus rosa-sinensis) es el de hoja perenne, brillante y oscura, y flores grandes de color intenso. Es una planta tropical: se para por debajo de 10 °C y muere con heladas ligeras. Solo se puede plantar en el suelo en el litoral mediterráneo cálido, Canarias y zonas costeras del sur. En el resto del país es una planta de maceta que hay que resguardar en invierno.
La rosa de Siria o altea (Hibiscus syriacus) es el arbusto de hoja caduca que se ve en setos y jardines de toda la Península. Aguanta hasta –15 °C o –18 °C sin inmutarse, florece en pleno verano y es, con diferencia, el hibisco adecuado para el clima continental español.
El hibisco de pantano (Hibiscus moscheutos y sus híbridos) es una herbácea vivaz que desaparece por completo en invierno y rebrota de la cepa en primavera, produciendo flores enormes, de hasta 25 centímetros. Resiste bien el frío, pero necesita mucha agua.
Si buscas la flor con la que se hace la infusión de karkadé, esa es una cuarta especie distinta, Hibiscus sabdariffa, cultivada como anual y de la que se usan los cálices carnosos, no los pétalos.
Luz, suelo y plantación
Todos los hibiscos quieren sol directo, como mínimo cinco o seis horas diarias. En sombra vegetan y no florecen. La única concesión razonable es proteger al rosa-sinensis del sol de mediodía en el interior peninsular en julio y agosto, donde el aire seco y los 40 °C le queman los pétalos.
El suelo debe ser fértil, profundo y con buen drenaje, ligeramente ácido o neutro. No soportan el encharcamiento: la asfixia radicular es la forma más rápida de perder un hibisco. En terreno pesado y arcilloso, planta sobre un caballón elevado o mejora el hoyo con arena gruesa y compost.
La syriacus se planta a raíz desnuda o en cepellón entre noviembre y marzo, cuando está sin hoja. El rosa-sinensis, en cambio, se trasplanta en plena primavera, con el suelo ya caliente, para que arraigue antes del verano.
En maceta, elige un recipiente amplio y con buenos agujeros, sustrato de calidad con perlita, y renueva la capa superficial cada primavera. Un trasplante completo cada dos o tres años basta.
Riego y abonado
El hibisco es una planta de consumo alto de agua en verano y bajo en invierno. En plena floración, una maceta a pleno sol puede necesitar riego diario; en el suelo, dos o tres veces por semana. En invierno, en cambio, el riego se reduce drásticamente: un ejemplar de rosa-sinensis resguardado y regado como en verano se pudre casi con seguridad.
La syriacus establecida es bastante más sobria y sobrevive con riegos quincenales en verano, aunque florece mucho mejor si no pasa sed.
Para el abonado hay una pauta clara: mucho potasio, nitrógeno moderado y poco fósforo. Los abonos muy nitrogenados producen una planta frondosa y sin flores. Un fertilizante de floración o incluso uno de tomate, aplicado cada 10 o 15 días de abril a septiembre, funciona bien. Suspende a comienzos de otoño.
Poda
Ambos hibiscos arbustivos florecen sobre la madera del año, es decir, sobre los brotes nuevos. Eso significa que se pueden podar con confianza al final del invierno sin perder flores; al contrario, cuanto más brote nuevo, más floración.
En Hibiscus syriacus, poda a finales de febrero, acortando los brotes del año anterior a dos o tres yemas. Es una poda que parece brutal y produce una floración mucho más abundante y de flores más grandes que dejarlo crecer libre.
En Hibiscus rosa-sinensis, poda en primavera cuando pase el riesgo de frío, recortando un tercio de la planta para mantener la forma compacta y estimular ramificación. Pinzar las puntas de los brotes jóvenes multiplica los puntos de floración.
Problemas frecuentes
Caída de capullos sin abrir. Es la queja número uno con el hibisco chino. Suele deberse a cambios bruscos: un traslado, una corriente de aire frío, un riego irregular con periodos de sequía o un golpe de calor. La planta aborta los botones para protegerse. La solución es estabilidad, no más abono.
Mosca blanca. Plaga clásica del rosa-sinensis, sobre todo en interior y en invernadero. Nubes de insectos blancos al mover la planta y melaza pegajosa en las hojas. Trata con jabón potásico repetido cada cinco días insistiendo en el envés, y usa trampas cromáticas amarillas.
Pulgón y araña roja. El primero ataca los brotes tiernos en primavera; la segunda aparece con calor y aire seco, y deja la hoja punteada y mate. Aumentar la humedad ambiental frena a la araña roja.
Hojas amarillas. Si el amarillo es general y la tierra está húmeda, sospecha de exceso de riego. Si es entre los nervios y estos siguen verdes, es clorosis por suelo calizo o agua dura, y se corrige con quelato de hierro.
Un apunte útil: cada flor de hibisco dura un solo día. Que se cierre y caiga por la tarde no es un problema de cultivo, es su comportamiento normal. Una planta sana lo compensa abriendo flores nuevas cada día durante meses.
Multiplicación
La vía más fiable es el esqueje semileñoso en verano, entre junio y agosto. Corta ramitas de 10 a 15 centímetros de brotes del año, retira las hojas inferiores, aplica hormona de enraizamiento y planta en una mezcla de turba y perlita, en ambiente húmedo y a la sombra. Enraízan en cuatro o seis semanas con calor.
La semilla funciona sobre todo en syriacus, que además se resiembra sola, pero las plantas obtenidas no reproducen fielmente el color de la madre. Para conservar una variedad concreta, esqueje siempre.
En resumen
Elige la especie según tu clima: Hibiscus syriacus si tienes heladas, Hibiscus rosa-sinensis solo en litoral cálido o en maceta con resguardo invernal. A partir de ahí, la receta es la misma: sol directo, suelo que drene, riego generoso en verano y muy escaso en invierno, abono rico en potasio durante la floración y poda corta a finales de invierno, porque florece sobre el brote nuevo.