Pocas plantas de jardín permiten al jardinero intervenir en el color de sus flores. La hortensia es una de ellas, y por eso genera tanta curiosidad. Lo que casi nadie cuenta es que el mecanismo no funciona como se suele explicar: no cambias el color «acidificando la tierra», sino poniendo aluminio a disposición de la planta. El pH del suelo es solo el interruptor que abre o cierra esa puerta.
Qué ocurre realmente dentro de la flor
Los pétalos vistosos de la hortensia no son pétalos, sino sépalos, y su color procede de un pigmento llamado delfinidina. Ese pigmento, por sí solo, es rosa. Cuando se une a iones de aluminio dentro de la célula, forma un complejo estable que vira al azul.
El aluminio abunda en casi todos los suelos, pero está inmovilizado en forma insoluble. Solo por debajo de pH 5,5 se libera en cantidad suficiente para que las raíces lo absorban. Por encima de pH 6,5 queda bloqueado y la flor se queda rosa. Entre ambos valores aparecen los tonos malva, lila y las cabezas bicolores, que ni son un defecto ni una variedad rara: son un pH intermedio.
De ahí se deduce algo importante. Si tu suelo es ácido pero pobre en aluminio, bajar más el pH no servirá de nada. Y si añades aluminio a un suelo calizo, tampoco: la planta no podrá absorberlo. Hacen falta las dos cosas a la vez.
Qué hortensias cambian y cuáles no
Aquí es donde se pierde más tiempo y dinero. Solo cambian de color Hydrangea macrophylla y Hydrangea serrata, es decir, las hortensias de bola y las de encaje japonesas.
No cambian, hagas lo que hagas:
Las variedades blancas de cualquier especie, porque carecen de delfinidina; no tienen pigmento con el que trabajar. Una 'Annabelle' regada con sulfato de aluminio seguirá siendo blanca hasta que envejezca y se vuelva verdosa por su cuenta.
La hortensia paniculata (Hydrangea paniculata), muy extendida en variedades como 'Limelight' o 'Vanille Fraise'. Pasa de blanco a rosa al final del verano, pero por envejecimiento de los sépalos y por frescor nocturno, no por el suelo.
La hortensia trepadora (Hydrangea petiolaris) y la Hydrangea quercifolia, ambas de flor blanca.
Añado un matiz que ahorra frustraciones: dentro de las macrophylla, las variedades de rosa muy intenso o rojo resisten mucho el viraje. Dan como mucho un malva sucio. Si tu objetivo es el azul puro, parte de una variedad de rosa claro o de una ya azulada.
Cómo conseguir hortensias azules
El producto de referencia es el sulfato de aluminio, que actúa por partida doble: acidifica y aporta el ion que necesitas. Se disuelve en el agua de riego a razón de unos 5 gramos por litro y se aplica cada dos o tres semanas durante el otoño y de nuevo desde finales de invierno.
Tres reglas que conviene respetar:
Riega antes con agua limpia. Aplicar la disolución sobre un cepellón seco quema raíces finas. El aluminio en exceso es fitotóxico, y una hortensia con las hojas quemadas por el borde suele ser una hortensia sobredosificada, no sedienta.
Empieza pronto. El color de las cabezas de junio se decide en el otoño y el invierno anteriores, cuando se forman las yemas florales. Si empiezas en mayo verás el efecto al año siguiente, no en la temporada en curso.
Cuida el agua de riego. En buena parte de la Península el agua del grifo es dura y muy calcárea, y basta un verano regando con ella para deshacer todo el trabajo. Recoger agua de lluvia es, en la práctica, más eficaz que cualquier producto.
También ayuda el abono. Elige uno bajo en fósforo, porque el fosfato precipita el aluminio y lo deja inservible. Un fertilizante de tipo 10-5-20 o específico de plantas acidófilas es una elección razonable; los abonos universales ricos en fósforo empujan hacia el rosa.
El sustrato importa tanto como el producto. Turba rubia, mantillo de hojas, restos de pinaza o compost de acículas mantienen el pH bajo de forma estable. Las cenizas de chimenea, en cambio, son alcalinas: no las eches nunca al pie de una hortensia azul.
Cómo conseguir hortensias rosas
El camino inverso consiste en subir el pH por encima de 6,5 para inmovilizar el aluminio. Se hace con cal agrícola (carbonato cálcico) o dolomita, aplicada al pie del arbusto en otoño y ligeramente incorporada al suelo con un rastrillo.
La dosis depende del suelo de partida, así que conviene ir por tandas y medir con un kit de pH doméstico en lugar de encalar a bulto. Subir el pH es fácil; bajarlo después, mucho más lento.
Un abono rico en fósforo refuerza el efecto por la vía química que ya hemos visto. Y si la planta está en maceta, lo más limpio es sustituir el sustrato ácido por una mezcla neutra y regar con agua del grifo.
Ojo con pasarse: la hortensia tolera un pH ligeramente alcalino, pero por encima de 7,5 aparece clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes. Es un problema mucho más feo que un color de flor que no te gusta.
Y las hortensias cortadas
Con flor cortada nada de esto aplica: el color ya está fijado y ningún producto en el jarrón lo cambiará. Lo que sí funciona es teñirlas, colocando los tallos recién cortados en agua con colorante alimentario; el tinte sube por los vasos y tiñe los sépalos en unas horas.
Para que duren, corta a primera hora de la mañana, en diagonal, y sumerge el tallo unos segundos en agua muy caliente antes de pasarlo al jarrón: la hortensia se marchita sobre todo por burbujas de aire que bloquean la conducción. Si aun así se ablanda, sumerge la cabeza entera en agua fría durante media hora; suele recuperarse.
En resumen
El color de la hortensia depende del aluminio disponible, y el pH es la llave que lo libera o lo bloquea. Para azul: sulfato de aluminio, sustrato ácido, agua de lluvia y abono bajo en fósforo. Para rosa: cal, pH por encima de 6,5 y abono fosforado. Solo responden Hydrangea macrophylla y Hydrangea serrata, nunca las blancas ni las paniculata. Y el trabajo se hace en otoño e invierno, porque el color de la próxima floración se decide meses antes de que se abra la primera flor.