Compra dos macetas etiquetadas «clerodendro» en dos viveros distintos y puedes acabar con una trepadora tropical que muere a 8 ºC y con un arbolito caducifolio de seis metros que pasa el invierno soriano sin despeinarse. El género Clerodendrum reúne más de trescientas especies repartidas por África, Asia y América tropical, y las cuatro o cinco que llegan al comercio español piden cosas distintas. Antes de hablar de cuidados hay que saber cuál tienes delante.
El género y las especies que vas a encontrar
Clerodendrum pertenece hoy a la familia Lamiaceae, la de la menta y el romero, aunque los libros antiguos lo colocan en las Verbenaceae. Comparten un rasgo llamativo: el cáliz es tan vistoso como la corola y persiste mucho después de que caigan los pétalos, lo que alarga el interés ornamental semanas enteras.
Estas son las que verás:
Clerodendrum thomsoniae, la más vendida como planta de interior. Trepadora voluble de África occidental, de hojas ovales verde oscuro y flores en las que un cáliz blanco acampanado envuelve una corola roja. De ahí sus nombres populares: corazón sangrante o lágrima de Cupido. En España solo vive todo el año fuera en la costa de Málaga, Almería, Alicante o Canarias.
Clerodendrum trichotomum, un arbusto o arbolito caducifolio de China y Japón, de 3 a 6 metros. Florece en agosto y septiembre con ramilletes blancos muy perfumados sobre cáliz rosado, y en otoño da frutos de un azul turquesa metálico rodeados por ese cáliz, que para entonces se ha vuelto rojo carmín. Aguanta sin daño -15 ºC.
Clerodendrum bungei, arbusto de 1,5 a 2 metros con grandes corimbos rosas y hojas cordadas. Resiste el frío hasta unos -10 ºC; en inviernos duros pierde la parte aérea y rebrota de raíz en primavera.
Clerodendrum paniculatum, la flor pagoda, con inflorescencias piramidales anaranjadas. Estrictamente tropical, de invernadero o interior cálido.
Hay un caso aparte que conviene tener claro en el vivero: el llamado clerodendro azul o mariposa azul se etiqueta muchas veces como Clerodendrum ugandense, pero la botánica lo trasladó al género Rotheca y su nombre correcto es Rotheca myricoides. Los cuidados son los de un arbusto subtropical de media rusticidad, sensible por debajo de 5 ºC.
Cuidados del Clerodendrum thomsoniae en maceta
Luz. Mucha claridad, pero filtrada. Una ventana orientada al este, o a un metro y medio de una al sur con visillo. El sol directo del mediodía en verano le quema las hojas y les deja manchas pardas de bordes secos; en penumbra, en cambio, crece pero no forma botones florales.
Temperatura. Entre 18 y 26 ºC en periodo de crecimiento. Por debajo de 13 ºC empieza a sufrir y con 8 ºC se pierde. Vigila las corrientes de aire frío al abrir ventanas en invierno y la cercanía de radiadores, que le secan el ambiente.
Sustrato. Ligeramente ácido y muy aireado. Una mezcla de tres partes de sustrato universal o fibra de coco, una de perlita y una de mantillo funciona bien. Necesita agujeros de drenaje amplios y nada de plato con agua estancada debajo.
Riego. Cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos al tacto, riego abundante hasta que drene y se vacía el sobrante. En verano suele tocar dos veces por semana; en invierno, cada diez o quince días. El agua muy calcárea le provoca clorosis con el tiempo: si en tu zona el agua es dura, alterna con agua de lluvia o filtrada.
Humedad ambiental. Es su verdadero cuello de botella en un piso español con calefacción. Con menos del 50 % de humedad relativa, las hojas se rizan por el borde y aparece araña roja. Coloca la maceta sobre un lecho de arcilla expandida con agua que no toque la base, agrupa plantas o usa un humidificador. Pulverizar es un parche que dura minutos, y sobre las flores abiertas conviene evitarlo porque las mancha.
Abonado. De marzo a septiembre, un fertilizante líquido para plantas de flor, rico en potasio, cada quince días a la dosis del envase. De octubre a febrero, ninguno.
El reposo invernal, la clave de que vuelva a florecer
Aquí se pierde la floración del segundo año. La planta llega del vivero cargada de flor, la disfrutas unos meses y después solo hace hojas, temporada tras temporada. La causa es tratarla igual los doce meses.
Clerodendrum thomsoniae necesita entre seis y ocho semanas de descanso a finales de otoño e invierno. Eso significa bajarla a una habitación fresca de 13 a 16 ºC, reducir el riego a lo justo para que el cepellón no se seque del todo y suprimir el abono. Sin ese frenazo la planta no acumula reservas y no diferencia yemas florales, así que en primavera brota vegetación y punto.
En febrero se sube la temperatura, se reanuda el riego normal y en cuatro o seis semanas empiezan a salir los botones.
Poda y guiado
La thomsoniae florece sobre el crecimiento del año, de modo que la poda no compromete la floración si se hace en el momento correcto: final del invierno, justo antes de reanudar el riego. Se recortan los tallos a un tercio o la mitad de su longitud, por encima de un par de yemas, y se eliminan los que estén secos o enmarañados.
Es voluble, es decir, se enrosca sola sobre cualquier soporte. Un aro de alambre, una espaldera pequeña o tres cañas en trípode le bastan. Sin guía, los tallos se enredan entre sí, se sombrean y las hojas interiores amarillean y caen.
Un detalle contraintuitivo: florece mejor algo estrecha de maceta. Trasplantar cada año a un contenedor mucho mayor le da follaje a costa de flor. Cambia de tiesto cada dos o tres años, en primavera, subiendo un solo número.
Los clerodendros de exterior
Para jardín en clima continental o atlántico, Clerodendrum trichotomum es la opción sensata. Se planta a sol o media sombra, en suelo fértil y drenado, con riegos regulares el primer par de veranos hasta que se establece. Después es bastante frugal, aunque agradece agua en julio y agosto porque justo entonces está formando la floración.
Se poda a finales del invierno, retirando ramas cruzadas y aclarando la copa; también florece sobre madera nueva, así que un rebaje moderado no cuesta flores.
Dos advertencias antes de plantarlo. La primera: rebrota de raíz con entusiasmo, y cualquier corte o herida en las raíces multiplica los chupones, así que no lo sitúes junto a un pavimento, un bordillo o una zona que vayas a cavar. Los rebrotes salen a varios metros del tronco. La segunda: las hojas, al estrujarlas o al podar, desprenden un olor desagradable, a cacahuete rancio para unos, a mantequilla estropeada para otros. No es motivo para descartarlo —solo huele si lo tocas—, pero conviene no plantarlo al borde de un paso estrecho.
Clerodendrum bungei comparte esa tendencia a colonizar por raíz, y con más ímpetu todavía. Va bien para tapar un rincón difícil y mal para un arriate ordenado.
Multiplicación
Esquejes de tallo es lo más práctico y lo que funciona en las cuatro especies. Se toman en primavera o principio de verano, de 10 a 15 cm, con dos o tres nudos, cortando bajo un nudo y dejando el par de hojas superior. Con hormona de enraizamiento, sustrato de turba y perlita, temperatura de 22 a 25 ºC y ambiente cerrado con bolsa transparente ventilada a diario, enraízan en tres o cuatro semanas.
En las especies de exterior el camino más rápido es separar un chupón con raíz propia en otoño o final del invierno y plantarlo directamente. También se puede acodar una rama baja enterrando un tramo herido en primavera.
La semilla de Clerodendrum trichotomum germina, pero tarda y da plantas dispares; casi nunca compensa frente al esqueje.
Plagas y problemas frecuentes
Mosca blanca. La plaga clásica del clerodendro de interior. Nubes de adultos diminutos al mover la planta y melaza pegajosa en el envés. Trampas cromáticas amarillas más tratamientos repetidos de jabón potásico cada cinco o siete días, insistiendo en el envés de las hojas.
Araña roja. Aparece con aire seco y calor. Punteado amarillento en el haz y telarañas finísimas en las axilas. Se combate subiendo la humedad ambiental y con acaricida específico si está avanzada; los insecticidas generales no le hacen nada.
Cochinilla algodonosa. Borras blancas en las axilas y bajo las hojas. Se retiran con un bastoncillo empapado en alcohol y se trata con aceite de parafina fuera de las horas de sol.
Hojas amarillas que caen desde abajo. Suele ser exceso de riego o sustrato compactado. Levanta la planta y comprueba si las raíces están pardas y blandas en vez de blancas y firmes.
Caída brusca de hojas en invierno. Golpe de frío o corriente. La thomsoniae reacciona en cuestión de horas a una bajada por debajo de 12 ºC.
Puntas y bordes secos. Aire seco o agua muy dura acumulada en el sustrato.
Precauciones
Ninguna especie del género se considera comestible. Los frutos azules de Clerodendrum trichotomum son llamativos y están al alcance de la mano en un jardín, así que conviene enseñar a los niños que no se comen, y lo mismo vale para perros con costumbre de mordisquear. La ingestión de hojas o frutos puede provocar molestias digestivas. Al podar, guantes: la savia irrita a las pieles sensibles.
Antes de plantar C. trichotomum o C. bungei en zonas de clima suave y húmedo, ten en cuenta que sus rebrotes de raíz pueden escaparse del jardín; en esos casos es prudente cultivarlos con barrera antirrizoma o directamente en contenedor grande.
En resumen
Identifica primero la especie, porque el nombre comercial no distingue entre una trepadora tropical y un arbolito resistente al hielo. Clerodendrum thomsoniae vive dentro de casa con luz abundante filtrada, más de 15 ºC, sustrato ácido y drenado, humedad ambiental alta y abonado quincenal en primavera y verano; y solo repite floración si le das seis u ocho semanas frescas y secas en invierno, seguidas de una poda a la mitad a finales de febrero. Clerodendrum trichotomum y C. bungei son plantas de jardín que aguantan el frío peninsular, florecen a final de verano y rebrotan de raíz con fuerza, así que hay que darles sitio y no herirles las raíces. Todos se multiplican fácil por esqueje en primavera. Vigila mosca blanca y araña roja en interior, agua dura y riego excesivo, y no dejes los frutos azules al alcance de niños o mascotas.