Antes de encargar treinta ejemplares para levantar una pantalla, conviene saber dos cosas del ciprés de Lawson (Chamaecyparis lawsoniana) que casi nunca se cuentan al venderlo: es muy exigente con la humedad ambiental y es extraordinariamente sensible a un hongo del suelo que no tiene tratamiento. Por lo demás es una conífera agradecida y omnipresente —setos de urbanizaciones, cementerios, bolas doradas en rocallas, ejemplares que impresionan en la cornisa cantábrica—, aunque mucha gente la haya tenido delante sin saber cómo se llamaba.

Qué es exactamente el ciprés de Lawson

Pertenece a la familia Cupressaceae y, pese a su nombre común, no es un ciprés verdadero (género Cupressus) ni un cedro, aunque en el comercio de madera se le llame cedro blanco de Oregón o Port Orford cedar. Es un endemismo con un área natural sorprendentemente pequeña: las montañas Klamath, entre el suroeste de Oregón y el noroeste de California, en una franja costera donde la niebla es casi diaria en verano. Ese detalle geográfico explica prácticamente todo su comportamiento en jardín.

En su hábitat supera con holgura los 50 m de altura y troncos de más de 2 m de diámetro. En cultivo europeo se queda en cifras mucho más modestas, entre 15 y 25 m en los mejores emplazamientos, con un crecimiento moderado de unos 30 a 50 cm al año en juventud. La forma natural es cónica, estrecha, con las ramas ligeramente colgantes y una copa que en ejemplares viejos se vuelve columnar e irregular.

Ejemplar adulto de Chamaecyparis lawsoniana con porte cónico

Cómo reconocerlo y no confundirlo con un ciprés común

Hay cuatro señales que resuelven la identificación en el campo sin necesidad de claves botánicas:

La guía apical se dobla. El brote terminal del ciprés de Lawson cuelga hacia un lado, como una punta blanda. Los Cupressus tienen la guía rígida y erecta. Es el rasgo más rápido a distancia.

Las ramillas son planas. El follaje se organiza en abanicos aplanados, no en ramillas de sección cuadrangular como en el ciprés común. Si le das la vuelta a un abanico, verás marcas blanquecinas en forma de X sobre las escamas: son las bandas estomáticas, y son un carácter diagnóstico excelente.

Los conos son diminutos. Las gálbulas miden 7-10 mm, son esféricas, con unas ocho escamas peltadas, y maduran en un solo año. Las del ciprés común llegan a 3 cm y tardan dos años. Quien busque «frutos» grandes en un Lawson no los va a encontrar.

Huele distinto. Al estrujar el follaje desprende un aroma resinoso que muchos describen como a perejil o a apio. El ciprés común huele más a trementina.

Es monoico: en pleno invierno los conos masculinos, diminutos y rojizos, cubren las puntas de las ramillas y tiñen el árbol entero de un tono granate visible desde lejos. Ese momento, entre enero y marzo, coincide con el pico de polinización de las cupresáceas, uno de los polinómenes más molestos para los alérgicos en España. Si en la familia hay alergia al polen de ciprés, plantar un seto de Lawson junto a la ventana del dormitorio no es buena idea.

Ramillas planas y follaje escamoso del ciprés de Lawson

Dónde funciona en España y dónde no

El sitio se elige una sola vez y no admite corrección: al segundo o tercer verano en el lugar equivocado el follaje pardea por dentro, y esa madera seca ya no rebrota. El ciprés de Lawson no es una planta mediterránea. Viene de un clima oceánico fresco, con veranos suaves y niebla costera, y su tolerancia al calor seco es baja. Resiste el frío sin problema (aguanta por debajo de -20 °C, zonas USDA 5 a 8), pero se hunde con la combinación de aire seco, sol intenso y suelo caliente.

Va bien en Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, norte de Navarra, valles pirenaicos y de montaña, y en general en cualquier jardín con humedad atmosférica y veranos que no pasen semanas por encima de 35 °C.

Va mal en el interior de la meseta, valle del Ebro, Levante, Murcia e interior de Andalucía. Ahí es habitual verlo con el follaje pardeado por dentro, ramas secas irrecuperables y aspecto raído a los pocos años. No es que no sobreviva: es que nunca queda bien y acaba retirándose. En esas zonas, un Cupressus sempervirens, una Tetraclinis o incluso un Cupressus arizonica hacen el mismo trabajo de pantalla sin sufrir.

Si en tu clima aun así quieres tenerlo, plántalo a media sombra, con riego, protegido de los vientos secos y con un buen acolchado que mantenga las raíces frescas. Y asume que necesitará más cuidados de los que su fama de conífera «dura» sugiere.

Suelo, plantación y riego

Prefiere suelos frescos, profundos, de reacción ácida a neutra y bien drenados. Tolera cierta caliza, pero en terrenos muy calizos aparece clorosis férrica: hojas amarillentas con nervios verdes y crecimiento corto. En esos suelos hay opciones mejores.

La época de plantación en España es el otoño, de octubre a diciembre, para que el sistema radicular se instale durante el invierno y llegue al primer verano con reservas. En zonas de heladas muy fuertes puede retrasarse a finales de invierno. Plantar en primavera tardía o en verano multiplica el riesgo de pérdida.

Prepara un hoyo ancho, al menos tres veces el diámetro del cepellón, pero no más profundo que el cepellón. Es un error clásico ahondar de más y rellenar con tierra suelta: el árbol se asienta y el cuello queda enterrado, lo que favorece podredumbres. El cuello debe quedar al nivel del suelo o un par de centímetros por encima. Antes de plantar, comprueba el cepellón: si las raíces giran en espiral pegadas a la pared de la maceta, ábrelas con un corte vertical en tres o cuatro puntos.

Marco de plantación para seto: de 80 cm a 1 m entre plantas. Más juntos parece que cierra antes, pero a los cinco años compiten entre sí, se desnudan por abajo y basta que muera uno para dejar un hueco imposible de rellenar.

El riego debe ser regular pero nunca encharcante. Riegos abundantes y espaciados, empapando bien el volumen de raíces, funcionan mejor que riegos diarios y superficiales. Un acolchado de 5-8 cm de corteza de pino o astilla, sin llegar a tocar el tronco, reduce mucho el estrés estival.

Poda: la regla que no se puede romper

Las cupresáceas no rebrotan de madera vieja sin follaje verde. Si cortas una rama por una zona parda y desnuda, ese hueco no se rellenará jamás. Es la diferencia entre un seto de Lawson y un seto de laurel o de aligustre, que perdonan el rejuvenecimiento drástico.

La consecuencia práctica es sencilla: recorta poco y con frecuencia, siempre sobre brotes del año, manteniendo la superficie verde. Dos pasadas ligeras, una a finales de primavera y otra a comienzos de otoño, mantienen el seto denso. Y da al seto forma trapezoidal, más ancho abajo que arriba, para que la base reciba luz y no se desnude.

Si un seto ya está pelado por dentro, no hay poda que lo arregle. La única salida real es sustituir los ejemplares afectados.

Phytophthora lateralis: la amenaza que decide el futuro del árbol

Chamaecyparis lawsoniana es el hospedador principal de Phytophthora lateralis, un oomiceto que ataca las raíces y el cuello y mata árboles adultos. En su área natural ha diezmado poblaciones enteras, y en Europa está presente desde hace décadas en viveros y jardines. Los síntomas son inconfundibles: el follaje pasa de verde a bronce y a pardo en cuestión de semanas, de forma global, sin que el árbol tenga daños visibles en la copa. Al raspar la corteza en la base se ve el tejido interno de color canela en lugar de blanco verdoso.

No hay curación. Lo único que funciona es la prevención:

Evita los suelos que se encharcan; el patógeno se dispersa con zoosporas móviles que necesitan agua libre. Un drenaje malo es la invitación directa. No plantes en vaguadas ni al pie de una pendiente donde se acumula la escorrentía. Compra en viveros serios y descarta cualquier planta con follaje bronceado o crecimiento parado. Desinfecta las herramientas de poda entre setos distintos y limpia la tierra de botas y ruedas si has estado en una zona afectada, porque el inóculo viaja en el barro. Y si pierdes un ejemplar por esta causa, no replantes otro Lawson en el mismo hoyo: cambia de especie.

Aparte de esto, puede sufrir chancros de Seiridium y Pestalotiopsis en ramas debilitadas, arañas rojas en veranos secos y calurosos, y cochinilla en setos muy densos y mal ventilados.

Variedades que merecen la pena

Es una de las coníferas con más cultivares seleccionados: se han descrito varios cientos, y muchos no se parecen en nada al tipo. Los más útiles en jardinería española:

'Columnaris', estrecha, gris azulada, la más usada para pantallas cuando el espacio es justo. 'Alumii', columnar y de tono azulado marcado. 'Pembury Blue', quizá la de follaje más azul plateado del género, para ejemplar aislado. 'Stewartii' y 'Golden Wonder', doradas, muy luminosas, aunque el follaje amarillo se quema con sol intenso de tarde en climas cálidos. 'Ellwoodii', compacta y lenta, de 2-3 m, adecuada para jardines pequeños y macetas grandes. 'Minima Aurea' y 'Minima Glauca', enanas globosas de menos de 1 m, pensadas para rocallas y jardineras.

Un aviso sobre las enanas: siguen siendo Chamaecyparis lawsoniana, con las mismas exigencias de humedad y la misma sensibilidad a la Phytophthora. En maceta, además, el sustrato se calienta mucho más que el suelo, así que necesitan recipiente amplio, sustrato con buen drenaje y ubicación protegida del sol de mediodía en verano.

Multiplicación

La semilla solo tiene sentido para obtener planta de la especie tipo, y necesita estratificación fría de uno a dos meses a 4 °C antes de sembrar. La germinación es irregular y las plántulas crecen despacio los dos primeros años.

Los cultivares no se reproducen fielmente por semilla: hay que hacerlo por esqueje. Se toman esquejes semileñosos de 8-12 cm a finales de verano o en otoño, preferiblemente con talón, se eliminan las escamas de la base, se aplica hormona de enraizamiento y se colocan en perlita con turba o en arena, bajo alta humedad y a media sombra. El enraizamiento tarda de dos a cuatro meses y mejora mucho con calor de fondo a 18-20 °C. Los cultivares enanos y los dorados enraízan bien; algunos ejemplares de porte columnar se injertan sobre patrón de la especie.

Un detalle a tener en cuenta con los esquejes: si los tomas de una rama lateral, la planta resultante puede mantener el crecimiento plagiotrópico, es decir, crecer tumbada durante años en lugar de erguirse. Toma siempre material de brotes verticales.

Usos en el jardín

Como seto y pantalla visual es su aplicación más común, y en clima adecuado es difícil de superar: denso, perenne, de textura fina y tono uniforme. Como ejemplar aislado, las variedades azules y doradas tienen mucha presencia en céspedes amplios. Los cultivares enanos funcionan en rocallas, jardineras y jardines de bajo mantenimiento. Y su madera, ligera, aromática, resistente a la putrefacción y muy apreciada, se ha empleado tradicionalmente en carpintería fina, astiles de flecha e incluso en Japón como sustituto del hinoki en construcción de templos.

En resumen

El Chamaecyparis lawsoniana es un árbol excelente en el sitio adecuado y una decepción cara en el equivocado. Se identifica por la guía apical colgante, las ramillas planas con las marcas blancas en X por el envés y los conos diminutos que maduran en un año. Quiere humedad ambiental, veranos frescos, suelo ácido o neutro, profundo y bien drenado, y por eso rinde en el norte peninsular y sufre en el interior seco y en el sureste.

Las dos reglas que evitan la mayoría de los fracasos son claras: nunca cortar por madera sin follaje verde, porque no rebrota, y nunca plantarlo donde el agua se estanque, porque Phytophthora lateralis no tiene tratamiento. Si el clima acompaña, hay cientos de cultivares para elegir tamaño y color; si no acompaña, es más honesto elegir otra conífera y ahorrarse el disgusto.


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