Los frutos amarillos que quedan colgando de las ramas desnudas todo el invierno son la parte peligrosa de este árbol: un puñado puede provocar una intoxicación grave en un niño pequeño o en un perro, y hay casos documentados de mortalidad en cerdos. Conviene saberlo antes de decidir dónde se planta, porque el resto del árbol (sombra densa, floración perfumada, aguante a la sequía y a la cal) es tan bueno que la tentación de meterlo en cualquier rincón es real.

Hablamos de Melia azedarach L., de la familia de las meliáceas, la misma del neem (Azadirachta indica) y de las caobas. En España se le llama cinamomo, melia, agriaz, piocha, paraíso o árbol del paraíso, según la zona.

Cinamomo (Melia azedarach) en flor

Cómo es el árbol

Es un árbol caducifolio de porte medio. En cultivo se queda normalmente entre 8 y 12 metros, y en suelos profundos con algo de humedad puede pasar de 15. La copa es amplia y redondeada, con ramificación abierta; el tronco, grisáceo y agrietado en surcos longitudinales cuando envejece.

La hoja es su rasgo más reconocible: compuesta, bipinnada o tripinnada, alterna, de 30 a 60 cm de longitud, con foliolos aserrados de punta afilada. Al brotar en abril da una sombra ligera; en pleno verano la sombra es densa y fresca, que es justo lo que se le pide en un patio o en un aparcamiento. Brota tarde y cae temprano, hacia noviembre, con un amarillo de otoño discreto y breve.

Florece entre abril y mayo en panículas laxas de flores lilas o malva pálido con el tubo estaminal violeta oscuro. Son pequeñas, pero salen a millares y desprenden un aroma dulce que se nota a varios metros. Después vienen las drupas: bolitas de 1 a 1,5 cm, verdes primero y de un amarillo apergaminado cuando maduran en otoño. La particularidad es que no caen con la hoja: aguantan en el árbol hasta enero o febrero, y esa silueta de ramas peladas cargada de cuentas amarillas es la firma invernal de la especie.

Dentro de cada fruto hay un hueso leñoso, acanalado y muy duro, con las semillas dentro. Ese hueso se ha usado tradicionalmente para hacer cuentas de rosario, de ahí algunos de sus nombres populares.

Cuidado con el nombre en el vivero

Si pides un «árbol del paraíso» puedes salir del vivero con dos plantas que no tienen nada que ver entre sí. Una es este cinamomo, caducifolio, de hoja compuesta enorme y flor lila. La otra es Elaeagnus angustifolia, el auténtico árbol del paraíso para gran parte del Levante y el valle del Ebro: hoja simple, estrecha y plateada, ramas espinosas, flores diminutas amarillentas de olor intenso y frutos comestibles. Comparten nombre y poco más.

La confusión sigue con «lila de las Indias», que en muchas zonas designa a Lagerstroemia indica, el árbol de Júpiter, que florece en verano y no en primavera. La forma segura de pedirlo es por el nombre científico, y la forma segura de comprobarlo es mirar la hoja: si es compuesta y grande, es Melia.

También circula la variedad Melia azedarach var. umbraculifera, el llamado paraíso sombrilla, injertado en pie alto y con la copa aplanada y muy densa, en forma de paraguas. Es el que se ve en muchas calles y plazas del interior peninsular. Da más sombra en menos volumen, pero el injerto es un punto débil a largo plazo y las ramas tienden a apretarse tanto que hay que aclarar la copa cada pocos años.

La toxicidad de los frutos, con datos

La pulpa de la drupa contiene meliatoxinas, un grupo de limonoides (tetranortriterpenoides) que actúan sobre el aparato digestivo y el sistema nervioso. La corteza y las hojas también tienen principios activos, pero la concentración problemática está en el fruto maduro.

Los síntomas de una ingestión importante aparecen en pocas horas: vómitos, diarrea a veces con sangre, dolor abdominal, salivación, descoordinación al andar, temblores y, en casos graves, convulsiones y depresión respiratoria. No existe antídoto específico; el tratamiento es de soporte, así que la única variable que controlas tú es el tiempo que tardas en llamar. En España, el Servicio de Información Toxicológica atiende las 24 horas en el 91 562 04 20. Si el afectado es un animal, al veterinario, y llevando un fruto entero para identificarlo.

La sensibilidad varía mucho entre especies. El cerdo es el animal doméstico más afectado y bastan unos pocos cientos de gramos de fruto para matar un ejemplar joven. Perros y gatos rara vez los comen por voluntad propia, pero un cachorro que juega con las bolas caídas sí puede tragarse varias. En humanos el riesgo real es el niño de dos a cinco años, que las recoge del suelo precisamente porque parecen caramelos.

Aquí conviene deshacer un razonamiento que suena lógico y no lo es: «si los pájaros se los comen, no serán tan malos». Estorninos, zorzales y currucas efectivamente los devoran en pleno invierno, cuando escasea otro alimento, y son los principales dispersores de la semilla. Pero su metabolismo tolera las meliatoxinas mucho mejor que el de un mamífero, y aun así se han descrito episodios de aves aturdidas, incapaces de volar recto, tras atiborrarse de frutos fermentados bajo un cinamomo. Que un mirlo lo digiera no dice nada sobre lo que le pasará a un niño.

Consecuencia práctica: no lo plantes junto a una zona de juegos infantiles, ni en un patio de colegio, ni dentro del recinto de un corral, una perrera o un cercado de ganado. En un jardín con niños pequeños, si el árbol ya está, la solución sensata es barrer los frutos caídos cada semana entre noviembre y febrero, o retirar las panículas fructificadas con pértiga en cuanto amarillean.

Sobre su fama de insecticida natural

Al ser pariente cercano del neem, en internet circulan recetas caseras de macerados de fruto o de hoja de cinamomo contra pulgón y orugas. Dos cosas al respecto.

La primera es de seguridad: esos macerados concentran justamente los compuestos que hacen tóxico al fruto, y manipularlos y almacenarlos en casa, muchas veces en botellas de refresco reutilizadas y sin etiquetar, crea un riesgo de ingestión accidental que no compensa. La segunda es legal: en España solo pueden aplicarse a un cultivo los productos inscritos en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura. El principio activo autorizado de esta familia es la azadiractina, extraída de Azadirachta indica y formulada con dosis, plazos de seguridad y usos definidos. Un macerado de tu jardín no es eso, ni siquiera en huerto de autoconsumo. Si quieres ese modo de acción, compra un producto de azadiractina registrado y sigue su etiqueta.

Clima, suelo y ubicación

Es un árbol de sol pleno. A la sombra se estira, florece mal y pierde la forma de copa.

Resiste el frío razonablemente para su origen subtropical asiático: un ejemplar adulto y bien establecido aguanta en torno a -12 ºC sin daños serios. Los plantones de uno o dos años son bastante más delicados y pueden perder la guía por debajo de -6 ºC, así que en la meseta norte, Soria o el interior de Aragón conviene plantar ejemplares ya formados y protegerles el tronco los dos primeros inviernos. Donde de verdad brilla es en el clima mediterráneo continentalizado: Madrid, Extremadura, La Mancha, el valle del Guadalquivir, Murcia, Zaragoza.

El suelo le da bastante igual. Vive en terrenos pobres, pedregosos, compactados y francamente calizos sin clorosis, cosa que no se puede decir de muchos árboles de sombra. Tolera cierta salinidad y el aire de ciudad. Lo único que no perdona es el encharcamiento prolongado: en suelos arcillosos que se quedan con agua en invierno acaba con podredumbre de raíz.

Al elegir el sitio pesa más lo que hace abajo y lo que suelta arriba que lo que hace la copa:

Raíces. Son superficiales, extensas y con tendencia a emitir chupones a varios metros del tronco, sobre todo si se dañan con la azada o el motocultor. Levantan losetas y buscan las juntas de las conducciones. Deja al menos 4 o 5 metros hasta un pavimento, un muro o una arqueta.

Fruto. La caída invernal deja una alfombra de bolas que se pudren, manchan y se vuelven resbaladizas. Sobre un paso peatonal, una rampa o una piscina es un problema recurrente cada año.

Madera. Crece deprisa y la madera joven es quebradiza. Las ramas mal insertadas, con horquillas muy cerradas, se desgajan en las tormentas de verano. No lo plantes justo encima de la zona de aparcamiento del coche.

Plantación, riego y abonado

El momento bueno para plantar es de octubre a finales de febrero, con el árbol sin hoja, aprovechando las lluvias de otoño para que enraíce antes del primer verano. Hoyo amplio, de al menos el doble del cepellón, descompactando el fondo y las paredes si el terreno es duro; el cuello de la raíz, a nivel del suelo, nunca enterrado.

Riego: abundante y espaciado los dos primeros veranos, del orden de 40 a 60 litros por riego cada 10-15 días según el calor, mejor eso que un chorrito diario que solo moja los primeros centímetros. A partir del tercer o cuarto año, en clima mediterráneo se sostiene solo, aunque con un par de riegos de apoyo en julio y agosto mantiene mejor la hoja y no se adelanta la caída.

Abonado: no lo necesita para vivir, y en tierra fértil el exceso de nitrógeno solo produce brotes largos, blandos y más propensos a romperse. Si el árbol está en un alcorque pobre de acera, un aporte de compost o de estiércol maduro en superficie al final del invierno, cada dos años, es suficiente.

Poda

Rebrota con enorme facilidad, incluso de madera vieja, y eso invita a maltratarlo. El desmoche anual —cortarlo a los mismos muñones cada invierno— es lo que arruina estos árboles en las calles: cada muñón responde con un ramillete de brotes mal anclados, la herida no cierra, entra pudrición al tronco y a los diez o quince años tienes un árbol hueco que hay que talar.

La poda razonable es de formación en los primeros años: elegir una guía, elevar la cruz a la altura que necesites (2,5 o 3 m si va sobre paso de peatones) y suprimir las horquillas en V muy cerradas mientras las ramas son finas. Después, mantenimiento ligero cada tres o cuatro años, quitando seco, ramas cruzadas y chupones de la base. Se hace en reposo, de diciembre a febrero, y los cortes se dejan al ras del collar de la rama, sin tocones.

En el paraíso sombrilla injertado sí hay que entrar más a menudo, porque la copa se cierra sobre sí misma; un aclareo de ramas interiores cada dos o tres años evita que el centro se seque.

Multiplicación

Por semilla es tan fácil que a veces resulta un incordio. Se recogen los frutos en invierno, se dejan a remojo hasta que la pulpa se despega y se siembran los huesos limpios en primavera, a 2-3 cm de profundidad, en sustrato con buen drenaje y a pleno sol. El hueso es duro y la germinación irregular, escalonada durante varias semanas; cada uno puede dar más de una plántula, porque contiene varias semillas. Al primer año se pasan del metro sin dificultad.

También arraiga por estaca leñosa tomada en invierno, de un dedo de grosor y unos 25 cm, y por trasplante de los chupones de raíz con un trozo de raíz madre en febrero. La variedad umbraculifera no se reproduce fiel por semilla: hay que injertarla.

Frutos amarillos del cinamomo colgando de la rama

Problemas sanitarios y siembra espontánea

Sanitariamente es un árbol tranquilo. Los limonoides de su tejido le sirven de repelente frente a buena parte de los insectos masticadores, y rara vez se defolia. Lo que puede aparecer:

Cochinillas en tronco y ramas de ejemplares estresados o muy podados, tratables con aceite de parafina al final del invierno. Pulgón puntual en los brotes tiernos de primavera, que se resuelve solo cuando entran los depredadores. Podredumbres de raíz y de cuello por exceso de agua, que no tienen cura una vez instaladas: aquí solo funciona la prevención, es decir, no plantarlo en una zona que se encharca ni ponerlo dentro de una pradera de césped con riego diario. Y desgarros de ramas, que no son una enfermedad pero causan más pérdidas de arbolado que ningún hongo en esta especie.

El otro asunto a vigilar es su capacidad de escapar del jardín. Las aves llevan la semilla lejos, germina bien en suelo removido y rebrota de raíz al cortarlo, así que coloniza con facilidad ribazos, cauces, cunetas y solares abandonados. En varios países se considera especie invasora y se combate activamente. Si vives junto a un río, una rambla o un espacio natural, plantéate si merece la pena, y si ya lo tienes, retira los plantones que salgan alrededor antes de que endurezcan el tronco: con un año se arrancan a mano, con tres hay que ir con azada y el tocón rebrota.

En resumen

El cinamomo (Melia azedarach) es un árbol de sombra rápido, barato de mantener, indiferente a la cal y capaz de aguantar la sequía y el aire de ciudad, con una floración lila perfumada en abril-mayo y un invierno gráfico de frutos amarillos sobre rama desnuda. A cambio pide sol, drenaje y distancia: raíces superficiales que levantan pavimento, madera quebradiza y una lluvia de drupas que ensucia todos los inviernos.

Lo que no se puede pasar por alto es la toxicidad de esos frutos, seria en niños pequeños, cerdos y perros, y sin antídoto específico. Eso descarta el árbol en zonas de juego, colegios y cercados de animales, y desaconseja cualquier preparado casero con sus frutos u hojas: para ese efecto insecticida existe azadiractina registrada y etiquetada. Plantado con criterio, formado bien de joven en lugar de desmochado cada invierno, y con los plantones espontáneos bajo control, es de los árboles que menos trabajo dan por metro cuadrado de sombra.


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