Planta un chopo a seis metros de la casa y dentro de doce años estarás pagando una obra de saneamiento. No es exageración: las raíces de Populus buscan humedad de forma activa, entran por cualquier junta de una tubería de fibrocemento o de gres y la revientan desde dentro. Es el árbol de crecimiento rápido por excelencia en España, y esa velocidad se paga en otros sitios.

De qué hablamos cuando decimos chopo

Chopos y álamos son el mismo género, Populus, de la familia de las salicáceas, la misma de los sauces. El uso popular reparte los nombres con poca coherencia: en la mitad norte se llama chopo sobre todo al Populus nigra y a los híbridos de plantación, y álamo al Populus alba; en otras zonas se usa al revés, y en Aragón y Navarra se oye "chopera" para cualquier plantación de la especie que sea.

Son árboles caducifolios, dioicos —hay pies macho y pies hembra, en árboles distintos—, de madera blanda y vida relativamente corta. Un chopo de ribera pasa de los 30 metros y rara vez supera los 60 u 80 años en buenas condiciones; los clones de plantación se cortan mucho antes. Crecen ligados al agua: aparecen de forma natural en riberas, sotos y vegas, y su distribución en el paisaje español dibuja los ríos con bastante fidelidad.

La hoja varía mucho según especie, y ese es el mejor carácter para identificarlos. El pecíolo aplanado lateralmente del chopo negro y del temblón explica el ruido característico de sus copas: la hoja oscila con cualquier brisa.

Chopo negro, Populus nigra, con su porte columnar característico

Las especies que verás en España

Populus nigra, el chopo negro o chopo cabecero. Autóctono, de corteza oscura muy agrietada en los ejemplares viejos, hoja triangular y copa amplia. En Teruel y el Alto Tajo hay ejemplares centenarios trasmochados durante generaciones para obtener vigas, con esas cabezas nudosas tan reconocibles.

Populus nigra 'Italica', el chopo lombardo. Es un clon masculino de porte estrictamente columnar, propagado por estaca desde el siglo XVIII. Es el que se planta en hilera para marcar caminos y linderos. No da pelusa —es macho— pero es sensible al chancro y suele degradarse a partir de los treinta años.

Populus alba, el álamo blanco. Se distingue al instante por el envés de la hoja, cubierto de un tomento blanco que hace que el árbol entero cambie de color cuando sopla el viento. Es el más resistente a la sequía del grupo y también el más invasor: rebrota de raíz a varios metros del tronco y coloniza el césped, los arriates y la parcela del vecino.

Populus tremula, el álamo temblón. Hoja casi redonda con borde ondulado y ese pecíolo largo y plano que le da nombre. Es el más norteño y el más tolerante al frío; en la península aparece en montaña, en suelos frescos, y no funciona bien en climas cálidos y secos.

Populus × canadensis (o Populus × euramericana), el chopo híbrido entre P. nigra y el americano P. deltoides. Es el material de casi todas las choperas comerciales del Duero, del Órbigo, del Cinca y del Ebro, con clones seleccionados como 'I-214', 'Luisa Avanzo' o 'Campeador'. Crecimiento espectacular y turnos de 12 a 16 años.

La pelusa, el polen y una confusión que conviene deshacer

En mayo, cuando las calles de media España se llenan de esa borra blanca que se acumula en las esquinas, se oye siempre lo mismo: que el chopo provoca alergia por la pelusa. La cosa no funciona así. Esa pelusa es el vilano de las semillas de los pies femeninos, no contiene polen y no desencadena una reacción alérgica mediada por anticuerpos. Lo que hace es irritar mecánicamente ojos y vías respiratorias y, de paso, arrastrar en su vuelo pólenes de gramíneas y de otras plantas que sí son alergénicos y que están soltando en esas mismas fechas.

El polen del chopo, que sí puede sensibilizar aunque de forma moderada, se emite bastante antes: entre febrero y marzo, según la zona, y lo producen los pies masculinos. De ahí una consecuencia poco intuitiva: plantar solo clones macho para evitar la pelusa cambia una molestia por otra, porque son precisamente esos árboles los que polinizan.

Para una calle o un jardín particular, la salida sensata no es elegir sexo sino elegir otro árbol si el espacio es reducido. El chopo es magnífico en la ribera de un río y problemático a diez metros de un portal.

Dónde plantarlo, y a qué distancia

Sol directo, siempre. El chopo no tolera sombra: bajo la copa de otro árbol se estira, se debilita y acaba muriendo. Necesita espacio aéreo y espacio de raíz, y esto último es lo que se subestima. El sistema radical es superficial, extenso y agresivo con las estructuras enterradas.

Las distancias mínimas que funcionan en la práctica: 15 metros a cualquier edificación, red de saneamiento, pozo, piscina o solera; 10 metros entre árboles si se busca porte libre, 4 o 5 si se quiere una pantalla cerrada de lombardos. Nunca sobre una acera estrecha ni en alcorque pequeño, porque levanta el pavimento en menos de una década.

A eso se añade la parte legal. El Código Civil fija en su artículo 591 una distancia mínima de dos metros a la línea divisoria para árboles altos, salvo que la ordenanza municipal o la costumbre local establezcan otra cosa, que es lo habitual. Antes de plantar una hilera junto a un lindero conviene mirar la normativa del ayuntamiento: dos metros son ridículamente pocos para un árbol de 25 metros y muchos municipios lo han corregido.

Sobre la idea de usarlo como seto

Se ve escrito con frecuencia que el chopo sirve para hacer setos. Hay que matizarlo, porque el resultado no se parece a un seto. Lo que se consigue con una hilera de Populus nigra 'Italica' es una pantalla vegetal alta, útil como cortavientos agrícola o como barrera visual en una finca grande, pero de tronco desnudo en la base y sin capacidad de recorte a la altura de la vista. En invierno pierde toda la hoja y deja de tapar nada.

Y sigue creciendo. Una hilera plantada para ocultar una nave puede alcanzar 12 metros en cinco o seis años y proyectar sombra sobre media parcela vecina, además de secarle el suelo. Para un seto de jardín de tamaño manejable, un Photinia, un laurel, un Viburnum tinus o un ciprés de Leyland dan una barrera real, densa desde el suelo y podable. El chopo es para fincas con hectáreas.

Suelo y riego

Quiere suelos profundos, frescos, sueltos y bien aireados, con nivel freático accesible a poca profundidad. Los mejores crecimientos se dan en vegas aluviales, con textura franca o franco-arenosa y pH entre 5,5 y 7,5. En suelos arcillosos compactados, encharcados de forma permanente o con capa freática estancada y sin oxígeno, el crecimiento cae y aparecen podredumbres de raíz.

Un matiz importante: el chopo necesita mucha agua pero agua en movimiento, no charco. Tolera inundaciones periódicas de días o semanas, propias de una ribera, y lleva mal el agua estancada de un suelo mal drenado.

En suelos calizos con caliza activa alta los clones híbridos amarillean por clorosis férrica y se quedan raquíticos. Ahí funciona mejor el álamo blanco, que aguanta calizas y sequía estival mucho mejor que ninguno.

Sin riego ni freático somero, un chopo en clima mediterráneo interior no prospera. En una parcela de secano castellano sin acceso al agua, planta otra cosa: acabará con la copa seca por arriba a los pocos años.

Abonado

En jardín, un árbol establecido en suelo fresco no necesita abonado. En plantación productiva sí se fertiliza, sobre todo nitrógeno en los primeros años para acelerar el cierre de copa, aplicado al arranque de la vegetación entre finales de febrero y marzo, más fósforo y potasio según análisis de suelo. Abonar en verano avanzado o en otoño es contraproducente: prolonga el crecimiento, la madera no lignifica a tiempo y la primera helada quema los brotes tiernos.

Plantación y multiplicación

El chopo se planta en parada vegetativa, de noviembre a febrero, aprovechando que sale a raíz desnuda y muy barato. El material clásico de chopera es la plantoncilla de uno o dos años, colocada en hoyo profundo —un metro no es exagerado— para que la raíz alcance humedad estable desde el principio.

Se multiplica con una facilidad que asombra. Una estaquilla leñosa de 25 a 30 centímetros, cortada en invierno de madera de un año y enterrada dejando una o dos yemas fuera, enraíza sin hormonas ni cuidados especiales si el suelo se mantiene húmedo. Así se han propagado los clones durante siglos, y por eso el chopo lombardo que hay en Zaragoza es genéticamente el mismo que el de Toscana.

También se puede sembrar, pero no merece la pena: la semilla del chopo pierde viabilidad en cuestión de días tras la dispersión, hay que sembrarla en fresco sobre limo húmedo, y la descendencia es variable. Solo tiene sentido en trabajos de mejora o de restauración de riberas con material local.

Plagas

Es un árbol con enemigos abundantes, aunque en jardín pocos llegan a comprometerlo.

Galeruca del chopo (Chrysomela populi): escarabajo rojo brillante cuyas larvas esqueletizan la hoja dejándola como un encaje pardo. Defolia sin matar, pero repetido varios años frena el crecimiento. En árboles pequeños se recogen a mano; en plantación se trata con la primera generación, en primavera.

Sesia del chopo (Paranthrene tabaniformis): una polilla cuya larva taladra el tronco de los ejemplares jóvenes, sobre todo en la zona de inserción de ramas. Se detecta por el serrín rojizo expulsado y por el engrosamiento del punto atacado, y provoca que el árbol se troce por ahí con el viento. Es un problema serio en plantaciones nuevas.

Gran capricornio del chopo (Saperda carcharias): otro taladro, este de galerías largas en la base del tronco, que arruina la troza más valiosa.

Pulgones de los géneros Pemphigus y Chaitophorus: los primeros forman agallas huecas y llamativas en el pecíolo, que asustan mucho y hacen poco daño real. No requieren tratamiento.

Enfermedades

La roya (Melampsora larici-populina y afines) es la más extendida: pústulas de color naranja vivo en el envés que provocan defoliación temprana en agosto y septiembre. En años húmedos deja los árboles pelados antes de tiempo y resta crecimiento. Se maneja eligiendo clones resistentes, no con fungicidas.

La marssonina (Marssonina brunnea) causa manchas necróticas pequeñas y oscuras que confluyen y defolian también de forma anticipada. El chancro por Dothichiza populea ataca a árboles debilitados por sequía o trasplante, deprimiendo la corteza y anillando ramas. Y el chancro bacteriano (Xanthomonas populi) provoca abultamientos con exudado y deformaciones permanentes del tronco.

Casi todo esto se previene igual: material sano y certificado, clon adecuado a la zona, marco de plantación amplio que ventile, y agua suficiente. Un chopo con estrés hídrico es un chopo con chancro al año siguiente.

Poda

Se poda en invierno, con la hoja caída, y siempre con cortes pequeños. En chopera productiva la poda es sistemática y de guía: se van eliminando ramas bajas en varias pasadas, subiendo el fuste limpio hasta 6 o 7 metros, y se hace con la rama todavía fina —menos de 3 centímetros— para que el nudo quede enterrado en madera limpia y la chapa salga sin defectos.

En jardín basta con retirar ramas muertas, mal insertadas o que rocen estructuras. Lo que hay que evitar es el desmoche, ese corte brutal de toda la copa a la misma altura que se sigue practicando. La madera del chopo es blanda, cierra mal las heridas grandes y se pudre por el corte; los rebrotes que salen después están mal anclados y se desgajan con la primera racha fuerte. Un árbol desmochado es más peligroso que el árbol grande que se quería reducir, no menos.

El trasmochado tradicional de los chopos cabeceros es otra cosa: se hace desde joven, de forma repetida cada diez o quince años, sobre la misma cabeza, y el árbol se adapta a ello. No se puede improvisar sobre un ejemplar adulto nunca podado así.

Rusticidad y esperanza de vida

El frío no es problema. Populus nigra, P. alba y sobre todo P. tremula aguantan sin daños por debajo de -20 °C, y el temblón bastante más. Lo que limita al chopo en España no es el invierno sino el verano: sequía prolongada y suelo seco. En zonas de veranos largos y sin agua, la copa se seca de arriba abajo y el árbol se degrada en pocos años.

Sobre la longevidad conviene ser realista. Un lombardo urbano empieza a dar problemas de estabilidad a partir de los 30 o 35 años; un chopo híbrido de plantación se corta a los 15; un chopo negro de ribera bien situado puede vivir un siglo, y los cabeceros trasmochados de Aragón superan holgadamente esa cifra porque la poda repetida los rejuvenece. Plantar un chopo no es plantar un árbol para los nietos.

Para qué sirve realmente

En uso ornamental y funcional, el chopo brilla en tres papeles: alineaciones de camino en fincas grandes, cortavientos agrícola en hileras perpendiculares al viento dominante, y sombra rápida en parcelas amplias con agua. También en restauración de riberas, donde la mezcla de Populus nigra y P. alba con sauces fija taludes y recupera el bosque de galería.

En madera es un cultivo agrícola de pleno derecho. La madera es blanca, ligera, de densidad baja, poco duradera a la intemperie y fácil de trabajar. Su destino principal es el desenrollo para chapa y contrachapado, y después el embalaje ligero, los palés, los envases de fruta, el tablero y la pasta de papel. La chopera española es un negocio a turno corto, con la Ribera del Duero, el valle del Órbigo y el Ebro medio como zonas de referencia, y depende de tener el fuste limpio de nudos: de ahí que la poda temprana valga tanto dinero.

Hay un uso más que crece: la biomasa en turno muy corto, con plantaciones densas cortadas cada dos o tres años y rebrote de cepa, aprovechando la capacidad de rebrote de la especie.

En resumen

El chopo es el árbol que resuelve la prisa: sombra, pantalla o madera en un plazo que ningún otro iguala en clima templado español. A cambio pide agua abundante, sol pleno, suelo profundo y, sobre todo, distancia: quince metros a edificios y conducciones enterradas es una cifra prudente, no una precaución excesiva.

Antes de decidir, tres cosas. La pelusa de mayo no es el alérgeno; el polen llega en febrero y marzo y lo sueltan los pies macho, así que el sexo del clon no resuelve el problema. Una hilera de lombardos es una pantalla alta y desnuda por abajo, no un seto podable. Y el desmoche arruina el árbol y lo vuelve peligroso: si el ejemplar ya no cabe donde está, se sustituye, no se decapita.

Para elegir especie: Populus alba si el suelo es calizo y el verano seco, P. nigra en ribera y para ejemplares longevos, P. tremula en montaña fresca, y los clones de P. × canadensis solo si el objetivo es producir madera en vega con riego.


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