La cheflera grande, Schefflera actinophylla, es uno de esos árboles que casi todo el mundo ha visto sin saber cómo se llama: en las aceras de Málaga, en los jardines de Santa Cruz de Tenerife o metido en una maceta demasiado pequeña en el rellano de una oficina. Es una planta de crecimiento rápido, follaje muy reconocible y una floración extravagante, pero también un árbol con exigencias climáticas estrictas y algún inconveniente que conviene conocer antes de plantarlo.

Ejemplar de Schefflera actinophylla cultivado al aire libre

Qué planta es y de dónde viene

Es un árbol de la familia Araliaceae, la misma de la hiedra y del Fatsia japonica. Su origen está en las selvas húmedas del noreste de Australia (Queensland y Territorio del Norte), Nueva Guinea y Java. En su hábitat alcanza sin dificultad los 12-15 metros de altura, con varios troncos delgados y grises que salen desde la base.

Un apunte de nomenclatura que ya está en circulación y conviene saber: los estudios moleculares recientes han desmembrado el género Schefflera, que era un cajón de sastre enorme, y esta especie ha pasado a llamarse Heptapleurum actinophyllum. En viveros y catálogos se sigue vendiendo, y se seguirá vendiendo mucho tiempo, como Schefflera actinophylla. Son la misma planta.

La hoja es lo que la identifica de inmediato: palmaticompuesta, con entre 7 y 16 folíolos oblongos dispuestos en radio desde el extremo de un peciolo largo, como las varillas de un paraguas abierto. De ahí sus nombres populares, árbol paraguas o umbrella tree. Los folíolos son coriáceos, de un verde brillante intenso, y en un ejemplar adulto pueden pasar de los 20-30 cm cada uno. En plantas jóvenes son mucho más pequeños y llevan menos folíolos, lo que despista a mucha gente.

La floración es su rasgo más llamativo y solo se ve en ejemplares adultos cultivados al aire libre. Emite, por encima de la copa, largos racimos radiales de hasta un metro o más, erguidos, cubiertos de flores pequeñas de color rojo intenso, muy nectaríferas. El conjunto recuerda a los tentáculos de un pulpo, y por eso en inglés se le llama también octopus tree. Atrae a abejas y a pájaros. Después vienen frutos pequeños, carnosos, rojizos a purpúreo-negruzcos.

No confundirla con la cheflera de interior

Este es el malentendido más frecuente. La planta que se vende en las floristerías como «cheflera» de salón, con hojas mucho más pequeñas y a menudo variegadas en amarillo, no suele ser esta especie: es Schefflera arboricola (hoy Heptapleurum arboricola), originaria de Taiwán, un arbusto que en interior se queda en 1,5-2 metros y admite podas frecuentes. Es la que conviene si lo que quieres es una planta de interior.

S. actinophylla también se cultiva en maceta, y aguanta, pero es un árbol, no una planta de interior por vocación. Necesita mucha más luz de la que hay en un salón medio, tiende a ahilarse, a perder las hojas bajas y a quedarse con una copa raquítica en lo alto de un tronco desnudo. Si tienes una en casa y va perdiendo hojas de abajo arriba, casi siempre es falta de luz.

Dónde se puede plantar en España

Aquí está la clave de todo. Es una especie tropical y subtropical, sin resistencia real al frío. Vegeta bien mientras las mínimas no bajen de unos 10 °C; por debajo de 5 °C se para y empieza a sufrir. Una helada ligera le quema el follaje y le mata la brotación tierna, y una helada de cierta entidad se lleva la planta entera o la deja reducida a un tocón que puede o no rebrotar.

En la práctica, en España solo se puede tener como árbol de jardín en Canarias y en las franjas litorales más templadas de la Península: costa de Málaga y Granada, litoral de Almería y Murcia, sur de Alicante y algunos puntos abrigados de la costa valenciana y del suroeste andaluz. Y siempre en primera línea de clima suave: unos pocos kilómetros hacia el interior, donde ya hay heladas, la especie deja de funcionar.

Fuera de esas zonas, la alternativa es cultivarla en maceta grande y sacarla al exterior en verano, o resignarse a tenerla dentro con mucha luz. En Baleares es viable en los rincones más abrigados, pero con riesgo en inviernos duros.

Dos inconvenientes que hay que valorar antes

El primero es el sistema radicular. Crece deprisa, es potente y superficial, y tiene fama justificada de levantar aceras, meterse en arquetas y romper canalizaciones antiguas. No lo plantes a menos de cinco o seis metros de una edificación, de una piscina o de una red de saneamiento vieja.

El segundo tiene que ver con su biología: en origen es una especie hemiepífita, es decir, sus semillas germinan con frecuencia en la horquilla de otro árbol, en el tronco de una palmera o en una grieta de un muro, y desde ahí emite raíces hacia el suelo. Los pájaros dispersan los frutos, y en climas cálidos y húmedos aparecen plántulas espontáneas en sitios incómodos. En varios lugares del mundo con clima tropical se considera una especie invasora, y en Canarias conviene tenerlo presente y no plantarla cerca de zonas naturales.

Añade un tercer punto menor pero real: como buena araliácea, contiene rafidios de oxalato cálcico. La savia puede irritar la piel de gente sensible y la ingestión de hojas provoca irritación bucal, lo que importa si hay perros o gatos que mordisquean plantas.

Hojas palmaticompuestas de Schefflera actinophylla

Cuidados en jardín

Exposición. Sol directo o media sombra. A pleno sol crece más compacta y florece mejor; en semisombra la hoja sale más grande y de un verde más oscuro. Los ejemplares que han vivido a la sombra no se pasan de golpe al sol pleno de julio, porque se queman.

Suelo. Poco exigente siempre que drene. Prefiere suelos fértiles, profundos y de reacción neutra o ligeramente ácida. Tolera suelos calizos con cierta clorosis, y aguanta razonablemente el ambiente marino, aunque no el viento salino directo y continuo.

Riego. Es una planta de selva húmeda: quiere agua con regularidad, sobre todo en los veranos secos del sureste peninsular. Riegos abundantes y espaciados, dejando que la capa superficial se seque entre uno y otro. No tolera el encharcamiento prolongado: raíces asfixiadas, hojas que amarillean y caen, y podredumbre. La confusión clásica es interpretar esas hojas amarillas como sed y regar más, con lo que se remata la planta.

Abonado. De marzo a septiembre, que es cuando crece. Un abono equilibrado de liberación lenta al principio de primavera o materia orgánica compostada en superficie es suficiente. En maceta, fertilizante líquido cada dos o tres semanas en época de crecimiento.

Poda. La soporta muy bien y rebrota con facilidad desde madera vieja. Se poda a finales de invierno o principios de primavera, antes de la brotación. Sirve para controlar la altura, para forzar la ramificación de un ejemplar que se ha quedado desnudo por abajo y para retirar tallos secos. Un despunte del tallo principal induce brotes laterales y da una planta mucho más densa.

Plantación. En primavera, cuando ya no hay riesgo de frío y el suelo está templado. Nunca en otoño en el límite de su zona climática: le pilla el invierno sin haber enraizado.

Cuidados en maceta e interior

Colócala junto a una ventana muy luminosa, sin sol directo abrasador a través del cristal. Mantén la temperatura por encima de 15 °C y aléjala de corrientes de aire frío y de la salida directa de la calefacción o del aire acondicionado.

La caída de hojas es su forma de protestar por casi todo: frío, corriente, cambio brusco de ubicación, sustrato encharcado o sustrato seco durante semanas. Antes de tratar nada, revisa el riego y la luz.

En ambiente seco y caliente aparece la araña roja (Tetranychus urticae), que decolora la hoja con un punteado fino y deja telarañas en el envés. Pulverizar con agua y aumentar la humedad ambiental ayuda mucho, más que cualquier tratamiento. Las cochinillas, algodonosas y de escudo, se instalan en peciolos y nervios y se retiran con un paño y alcohol o con jabón potásico. El pulgón ataca los brotes tiernos en primavera.

Trasplante cada dos o tres años, subiendo un solo tamaño de maceta. Sustrato con buena aireación: turba o fibra de coco con perlita, o un sustrato universal aligerado con un 30 % de material drenante.

Multiplicación

Por semilla, en primavera, a 22-25 °C, con semilla fresca; germina bien pero las plántulas van despacio los primeros meses. Por esqueje semileñoso de tallo, en primavera-verano, con calor de fondo y ambiente húmedo; la hormona de enraizamiento aumenta bastante el porcentaje. Y por acodo aéreo, que es la técnica más agradecida cuando lo que tienes es un ejemplar que se ha quedado con un tronco largo y pelado: acodas justo por debajo de la zona con hojas, obtienes una planta ya formada y luego cortas y podas el tocón, que rebrotará.

En resumen

Schefflera actinophylla (hoy Heptapleurum actinophyllum) es un árbol subtropical de crecimiento rápido, hoja palmeada brillante y una floración roja en racimos radiales espectacular en ejemplares adultos. En España solo se puede cultivar al aire libre en Canarias y en el litoral más templado, porque el frío la detiene y las heladas la matan. Pide sol o media sombra, suelo drenante, riego regular sin encharcar y admite podas fuertes. Antes de plantarla, cuenta con sus raíces agresivas, con su capacidad de germinar espontáneamente en muros y otros árboles, y con que no es la misma planta que la cheflera de interior: esa es Schefflera arboricola, más pequeña y mucho más apropiada para el salón.


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