La respuesta corta cabe en una cifra: la mínima que marca tu balcón en enero. Si no baja de 7 u 8 grados, la cheflera puede vivir fuera todo el año. Si roza el cero, es planta de interior aunque el vivero te la haya vendido en la zona de exterior. En España esa frontera separa el litoral mediterráneo, el suroeste andaluz, Baleares y Canarias del resto del país.
Antes de seguir, un aviso que conviene tener claro desde el principio: toda la planta contiene cristales de oxalato cálcico. Si un gato, un perro o un niño mastica una hoja, provoca ardor inmediato en boca y garganta, babeo y a veces vómitos. No es una intoxicación grave en la mayoría de los casos, pero es dolorosa. La savia también irrita la piel, así que conviene podarla con guantes. Con animales curiosos en casa, colócala en alto o elige otra especie.
Dos plantas distintas con el mismo nombre en la etiqueta
En el garden vas a encontrar dos especies rotuladas casi igual, y no piden lo mismo ni alcanzan el mismo tamaño.
Schefflera arboricola viene de Taiwán y de la isla de Hainan. Es la cheflera pequeña, la de foliolos de 6 a 10 cm dispuestos en grupos de siete a once alrededor del pecíolo, como los radios de un paraguas. En maceta se queda entre 1,5 y 3 metros y admite bien la poda, por eso es la que se vende con los troncos trenzados y la que se usa para bonsái de interior. Los cultivares variegados 'Gold Capella' y 'Trinette' pertenecen a esta especie.
Schefflera actinophylla es australiana y de Nueva Guinea, y es un árbol de verdad: en su clima llega a 12 o 15 metros. Sus foliolos son mucho mayores, de hasta 30 cm, brillantes y de textura más coriácea. Se la llama árbol pulpo por las inflorescencias, unos brazos rojos radiales que salen de lo alto de la copa; en maceta de interior no florece prácticamente nunca, y quien la haya visto florecer probablemente sea en Canarias o en la Costa del Sol, plantada en suelo. Fuera de su área de origen ha demostrado ser agresiva y está catalogada como invasora en lugares como Florida y Hawái, algo a tener en cuenta antes de plantarla en el jardín de una zona cálida y húmeda.
Un apunte de nomenclatura que empieza a aparecer en las etiquetas: los estudios de filogenia de las Araliaceae han desmontado el antiguo género Schefflera y las dos especies de las que hablamos han pasado a Heptapleurum, H. arboricolum y H. actinophyllum. El comercio sigue usando el nombre viejo y probablemente lo haga durante años, así que no te desconciertes si ves ambos.
Luz: aquí se estropean casi todas
La cheflera aparece en las listas de "plantas para sitios oscuros" y no debería. Tolera la sombra en el sentido de que no se muere en un mes, pero lo que hace en un rincón sin luz es alargar los entrenudos, sacar hojas más pequeñas y ir soltando los foliolos de abajo hasta quedarse con un tallo desnudo rematado por un penacho ralo. Ese proceso tarda un año y ya no tiene marcha atrás sin poda drástica.
Lo que necesita es mucha luz indirecta e intensa: junto a una ventana orientada a este, o a un par de metros de una ventana sur. Detrás de un cristal orientado al sur en pleno julio, el sol directo del mediodía le quema manchas pardas en las hojas, así que ahí conviene una cortina fina.
Los ejemplares variegados exigen todavía más luz que los verdes: es la parte verde de la hoja la que fabrica el alimento, y con poca luz la planta responde produciendo hojas cada vez más verdes hasta perder el jaspeado por completo. Si tu 'Gold Capella' está volviéndose lisa, no es un problema de abono, es de sitio.
Riego, el otro punto crítico
Riega cuando los tres o cuatro centímetros superiores del sustrato estén secos al meter el dedo. En un piso con calefacción eso puede ser cada cinco o siete días en verano y cada diez o quince en invierno, pero el calendario no sirve de nada: lo que manda es el estado del sustrato, que depende del tamaño de la maceta, de la temperatura y de la luz.
Riega hasta que salga agua por los agujeros y vacía el plato a los diez minutos. Una maceta que se queda con dos dedos de agua debajo asfixia las raíces finas, aparece Pythium o Phytophthora, y la planta empieza a soltar hojas verdes enteras, sin amarillear. Esa caída de hoja verde y firme es la señal clásica del exceso de agua, y suele malinterpretarse: se ve la planta desmejorada, se riega más, y se acelera la muerte.
La falta de riego da otra imagen distinta: los foliolos se vuelven mates, cuelgan blandos y las puntas se secan de color marrón claro. Merece la pena aprender a distinguir las dos, porque el tratamiento es opuesto.
Aparte de esto, la cheflera agradece la humedad ambiental. En invierno, con radiadores encendidos, el aire de un salón puede bajar del 30 % de humedad relativa y ahí es donde entra la araña roja. Pulverizar las hojas sube la humedad durante quince minutos y poco más; lo que funciona de verdad es agrupar plantas, poner la maceta sobre una bandeja con arcilla expandida y agua (sin que el fondo toque el agua) y sobre todo alejarla del radiador y de la salida del aire acondicionado.
Temperatura y rusticidad
Su rango cómodo va de 15 a 25 °C. Por debajo de 10 °C detiene el crecimiento y por debajo de unos 5 °C empieza a sufrir daños en las hojas. Una helada, aunque sea de una sola noche, la destroza; S. actinophylla es algo más delicada que S. arboricola en este aspecto.
De ahí sale la respuesta a la pregunta del título. En Málaga, Almería, Alicante, Valencia, Cádiz, Baleares o Canarias se cultiva sin problema en el jardín o en la terraza durante todo el año, a media sombra y resguardada del viento frío. En Madrid, Zaragoza, Valladolid, Burgos, León o Pamplona es planta de interior, y como mucho sale al balcón de mayo a septiembre en sombra luminosa, entrándola antes de la primera noche fría de octubre.
Sacarla en verano es buena idea, pero hay que aclimatarla: dos semanas en sombra plena antes de darle más luz, o se quema. Y evita las corrientes de aire frío en invierno, incluidas las de abrir la ventana del salón para ventilar en enero teniendo la maceta justo debajo. Un golpe de aire helado provoca una defoliación repentina que no responde a ningún cuidado posterior.
Sustrato, trasplante y abonado
Quiere un sustrato que retenga algo de humedad pero drene rápido. Sirve un sustrato universal de calidad al que añadas un 25 o 30 % de perlita; añadir un puñado de corteza de pino fina mejora todavía más la aireación. Los sustratos baratos, hechos casi solo de turba negra, se compactan en un año y se convierten en un ladrillo húmedo.
El trasplante se hace en primavera, cada dos o tres años, subiendo un solo número de maceta. Un salto de maceta demasiado grande deja mucho sustrato sin raíces que tarda semanas en secarse, y eso es justo lo que no le conviene. Cuando el ejemplar ya es grande y no interesa que crezca más, basta con renovar los cinco centímetros superficiales de sustrato cada primavera.
Abona de abril a septiembre, cada dos o tres semanas, con un fertilizante líquido para plantas verdes rico en nitrógeno, siempre a la dosis de la etiqueta y sobre sustrato ya húmedo. En invierno, con menos luz y menos crecimiento, suspende el abonado: las sales que no consume se acumulan y queman las puntas de las raíces.
Poda y formación
Al revés que muchos arbustos de hoja perenne, la cheflera rebrota bien desde madera vieja, y eso permite recuperar un ejemplar desgarbado. Un tallo pelado de dos metros se puede cortar por la mitad en primavera y en pocas semanas emitirá brotes por debajo del corte.
Para que ramifique desde joven, despunta los tallos principales; cada corte activa dos o tres yemas laterales. La época es de marzo a junio, cuando la planta tiene luz y calor para responder. Podar en noviembre deja el corte parado durante meses.
Aprovecha además para limpiar las hojas con un paño húmedo dos o tres veces al año. Además de mejorar el aspecto, el polvo acumulado reduce la luz que llega a la hoja y es donde se instalan los primeros ácaros.
Multiplicación
Por esqueje apical: en primavera o principios de verano se corta una punta de 10 a 15 cm con dos o tres hojas, se eliminan las de la base, se moja el extremo en hormona de enraizamiento y se planta en perlita con turba, tapado con una bolsa para mantener la humedad y a 20-24 °C. Enraíza en cuatro a seis semanas.
Para ejemplares altos y pelados, el acodo aéreo es más eficaz: se hace una incisión anular en el tallo justo por debajo de la zona con hojas, se envuelve con musgo esfagno húmedo y plástico, y en dos o tres meses hay raíces suficientes para cortar por debajo y tener una planta ya formada. El tocón que queda abajo rebrotará.
Plagas habituales
Araña roja (Tetranychus urticae). La plaga número uno en interiores calefactados. Deja un punteado amarillento fino en el haz y telarañas muy tenues en el envés y en las axilas. Se controla subiendo la humedad, duchando la planta y aplicando aceite de neem o jabón potásico varias veces con siete días de intervalo, insistiendo en el envés.
Cochinilla algodonosa (Planococcus citri). Motas blancas algodonosas en las axilas de los pecíolos y en el envés de los nervios. Con pocos focos, un bastoncillo mojado en alcohol isopropílico los elimina uno a uno; con una infestación extendida, aceite de parafina fuera de las horas de sol.
Cochinilla parda (Coccus hesperidum). Escudos ovalados de color miel pegados a nervios y tallos, con melaza pegajosa debajo y negrilla encima. Se rascan y se trata igual que la anterior.
Las hojas amarillas con nervios verdes sin plaga a la vista suelen indicar riego con agua muy caliza y sustrato agotado: corrige con agua de lluvia o decantada y un trasplante.
En resumen
De interior en casi toda España, de exterior solo donde no hiela: por debajo de 5 °C sufre y una helada la mata. Contiene oxalato cálcico, de modo que es irritante para mascotas y niños si la mastican. Ponla en mucha luz indirecta, más aún si es variegada, riega cuando los primeros centímetros del sustrato estén secos y vacía siempre el plato, porque la caída repentina de hojas verdes casi siempre viene de un exceso de agua y no de falta. Abona solo de abril a septiembre, trasplanta en primavera subiendo poca maceta y despunta para que ramifique: rebrota sin problema de madera vieja, así que un ejemplar estirado tiene arreglo.