En un huerto de Castilla la cerraja es una hierba anual que se arranca sin mirarla dos veces. En un risco de La Palma es un arbusto leñoso de metro y medio, con rosetas de hojas recortadas y ramilletes de flores amarillas en primavera. Misma palabra, mismo género botánico, plantas de vida completamente distinta. Y solo la segunda tiene interés para un jardín.

La cerraja peninsular corresponde sobre todo a Sonchus oleraceus y Sonchus asper, dos anuales de la familia Asteraceae que colonizan huertos, cunetas y alcorques en cuanto hay algo de humedad. Nacen, florecen, sueltan sus vilanos y mueren en un mismo ciclo. Su valor jardinero es nulo; su valor como forraje para conejos o gallinas, y como hierba comestible de recolección, es antiguo y bien documentado.

En Canarias ocurrió otra cosa. Aisladas en las islas, varias especies del género desarrollaron porte arbustivo y tallos leñosos, un fenómeno que los botánicos llaman insularidad leñosa y que también se ve en las siemprevivas o en los tajinastes. Ahí entran Sonchus acaulis, Sonchus canariensis, Sonchus congestus o Sonchus palmensis, entre bastantes más. Cuando un vivero especializado vende una cerraja como planta ornamental, se refiere a alguna de estas.

Conviene saber algo antes de seguir: buena parte de estos endemismos tienen áreas de distribución muy reducidas y algunos están protegidos por la normativa canaria de especies. Recolectar ejemplares o semillas en el medio natural no procede, y en los casos protegidos es directamente ilegal. La vía correcta es comprar planta o semilla en vivero autorizado, que además te dará material adaptado al cultivo.

Cerraja canaria en floración con capítulos amarillos

Cómo es la planta

Las cerrajas canarias arbustivas forman un tallo grueso, poco ramificado, que puede quedarse en un palmo escaso en Sonchus acaulis —que es casi acaule, como indica su nombre— o superar los dos metros en Sonchus canariensis y Sonchus congestus. En el extremo de cada tallo se abre una roseta amplia de hojas profundamente divididas, con lóbulos estrechos y dentados que le dan un aspecto de helecho carnoso. Esa roseta terminal es el rasgo que las hace decorativas durante todo el año, mucho más que la flor.

La floración llega entre finales de invierno y comienzos de verano según especie y altitud. Emite un tallo floral que se eleva por encima del follaje y despliega una panícula densa de capítulos amarillos, del mismo tipo que los de un diente de león pero agrupados. Después vienen los aquenios con vilano plumoso, que se dispersan con el viento y germinan con facilidad allá donde caigan.

Al cortar cualquier parte verde brota un látex blanco característico del grupo. Mancha la ropa y puede irritar la piel sensible si el contacto es prolongado, así que unos guantes al podar no sobran. No es una planta con fama de tóxica, pero tampoco tiene tradición culinaria: la costumbre de comer hojas tiernas se refiere a las cerrajas anuales, no a estos arbustos, y no hay motivo para llevárselas a la boca.

Clima: dónde se puede cultivar en el suelo

Vienen de un clima de inviernos suaves, veranos secos y humedad atmosférica alta. El punto crítico es el frío. Toleran mal las heladas: por debajo de unos -2 °C el follaje se quema, y una helada de varias horas mata la planta entera con facilidad. Eso deja el cultivo en tierra restringido a Canarias, a la franja litoral mediterránea sin heladas y a puntos concretos del sur y del litoral atlántico gaditano.

En el resto de la Península la solución es la maceta, invernando el ejemplar en una galería fresca, un invernadero frío o junto a una pared orientada al sur con protección. No busques calefacción: lo que necesita en invierno es luz y ausencia de hielo, no calor.

Sobre la exposición, sol directo en zonas costeras y de humedad ambiental alta; en interiores secos y calurosos agradece sombra ligera en las horas centrales del verano. Aguanta bien el viento y la salinidad moderada, lo que la convierte en buena candidata para jardines cerca del mar.

Suelo y trasplante

El drenaje manda por encima de cualquier otra consideración. En su hábitat crecen sobre roca volcánica, gravas y taludes donde el agua no se detiene ni un minuto. Un sustrato de jardinería corriente, que retiene humedad y se compacta, provoca podredumbre del cuello en pocos meses.

Una mezcla que funciona: un tercio de sustrato universal, un tercio de material volcánico (picón, puzolana o pómice) y un tercio de arena gruesa lavada o perlita. En maceta, barro sin esmaltar mejor que plástico, porque evapora por las paredes, y agujero de drenaje amplio y despejado.

El trasplante se hace al final del invierno o a comienzos de otoño, nunca en pleno verano. Manipula el cepellón con cuidado: la raíz es frágil y el tallo, aunque leñoso, se parte con sorprendente facilidad si la coges por ahí para levantarla.

El riego, al revés de lo que parece

Aquí está el fallo que arruina la mayoría de los ejemplares en la Península. Estas plantas siguen el ritmo del clima canario: crecen en otoño, invierno y primavera, y entran en semiparada en verano, cuando el calor y la sequía aprietan. En julio y agosto suelen perder parte de las hojas inferiores y detener el crecimiento; eso es comportamiento normal, no falta de agua.

Si en ese momento reaccionas regando más para "recuperarla", combinas sustrato caliente, raíz inactiva y humedad constante, que es la receta exacta de la podredumbre. En verano, riegos escasos y espaciados; en la estación fresca, riego regular cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos. Nunca plato debajo de la maceta con agua estancada.

Con el abonado, moderación. Un fertilizante para plantas de flor, líquido y a media dosis, cada tres o cuatro semanas durante el periodo de crecimiento activo es suficiente. Un exceso de nitrógeno da hojas grandes, blandas y una planta espigada que se descuelga.

Poda y mantenimiento

Poco que hacer. Se retiran las hojas secas de la base tirando de ellas hacia abajo cuando ya se desprenden solas, y se corta el tallo floral una vez agostado, salvo que quieras recoger semilla. Cortar la inflorescencia antes de que madure el vilano evita además que la planta se siembre por todo el jardín.

Si el ejemplar se estira demasiado y queda un tallo largo y desnudo con la roseta arriba, se puede rebajar por encima de un nudo a comienzos de primavera: normalmente rebrota emitiendo varias rosetas nuevas, lo que da una planta más compacta y ramificada. Es la única poda de formación que necesita, y no todos los años.

Multiplicación

Por semilla es lo más sencillo. Germina bien fresca, sembrada en otoño en superficie o apenas cubierta, sobre sustrato mineral y a temperaturas suaves de 15 a 20 °C. Nace en dos o tres semanas y crece rápido en su primer invierno. La semilla vieja pierde poder germinativo con rapidez, así que no la guardes de un año para otro esperando gran cosa.

Por esqueje funciona con las especies de tallos ramificados: se toma un brote lateral a finales de invierno, se deja orear el corte un par de días para que cicatrice el látex y se planta en arena o picón húmedo, en sombra y sin exceso de agua. Si el corte se planta fresco y empapado, se pudre.

Hojas profundamente divididas de la cerraja canaria

Problemas habituales

Los pulgones se instalan en el tallo floral tierno en primavera, a veces en colonias densas. Con jabón potásico o un chorro de agua a presión se controlan sin más.

Las babosas y caracoles son un enemigo serio en plantas jóvenes: devoran la roseta central en una noche y con ella se va la planta entera, porque el crecimiento sale de ahí. Vigila tras las lluvias de otoño.

La cochinilla algodonosa se refugia entre las bases foliares apretadas de la roseta, donde es difícil de ver. Revisa esa zona cuando la planta parezca decaída sin causa aparente.

Y el problema número uno sigue siendo el agua. Tallo que se ablanda en la base, hojas que se doblan flácidas y un olor agrio al hurgar en el sustrato indican pudrición avanzada: a esas alturas rara vez se salva, y lo único aprovechable suele ser un esqueje de la parte sana del tallo.

En resumen

La cerraja que merece un sitio en el jardín no es la hierba anual del huerto, sino los Sonchus arbustivos endémicos de Canarias, con sus rosetas de hojas recortadas y sus panículas amarillas. Necesitan drenaje extremo, sustrato mineral, sol o sombra ligera según el clima y, sobre todo, un calendario de riego invertido: agua en la estación fresca y muy poca en verano, cuando la planta está semiparada. Fuera de las zonas libres de heladas hay que cultivarla en maceta y resguardarla del hielo. Poda mínima, abonado moderado, ojo con las babosas en los ejemplares jóvenes y compra siempre en vivero: son endemismos de distribución limitada y varios de ellos están protegidos.


Contenidos relacionados