Pocas floraciones tienen la capacidad de detener a la gente en mitad de la calle como la de los cerezos ornamentales. Duran poco —entre siete y quince días según el tiempo que haga— y precisamente por eso se han convertido en un símbolo cultural que va mucho más allá de la jardinería. Este artículo explica qué son realmente esos árboles, por qué en Japón se les dedica una fiesta nacional, qué variedades tienen sentido plantar en España y cómo cuidarlas para que florezcan de verdad, que es donde la mayoría de la gente falla.

Cerezo japonés Prunus serrulata Kanzan en plena floración

Qué es exactamente un cerezo en flor

Bajo la etiqueta comercial de «cerezo japonés» se venden en realidad varias especies e híbridos del género Prunus, sección Cerasus. Los más habituales son Prunus serrulata, el cerezo de flor japonés propiamente dicho; Prunus × yedoensis, un híbrido conocido en Japón como somei-yoshino; Prunus subhirtella, de floración más temprana y porte a menudo llorón; y Prunus serrula, que se planta menos por su flor —discreta— y más por su corteza caoba brillante, que parece barnizada.

Conviene deshacer aquí una confusión muy extendida: el cerezo ornamental y el cerezo frutal no son lo mismo. El que da las cerezas que comemos es Prunus avium, el cerezo dulce, y su pariente ácido Prunus cerasus, el guindo. Los cerezos de flor japoneses producen, cuando producen algo, unos frutos diminutos, amargos y sin interés gastronómico. Muchas variedades ornamentales tienen flores dobles, con decenas de pétalos, en las que los estambres se han transformado en pétalos y el árbol es funcionalmente estéril. Quien planta un 'Kanzan' esperando recoger cerezas en junio se lleva un chasco.

El caso del somei-yoshino merece un párrafo aparte porque explica una de las imágenes más famosas del planeta. Es un clon: todos los ejemplares del mundo descienden por injerto de un mismo individuo seleccionado en Edo a mediados del siglo XIX. Al ser genéticamente idénticos, en una misma ciudad todos florecen prácticamente el mismo día y todos pierden los pétalos a la vez. Esa sincronía perfecta, que parece un milagro natural, es en realidad el resultado de propagar un único genotipo durante más de un siglo.

El hanami: mirar flores como acto cultural

El hanami (花見, literalmente «ver flores») consiste en reunirse bajo los cerezos floridos a comer, beber y conversar mientras dura la floración. No es una fiesta con fecha fija en el calendario: se celebra cuando los árboles deciden, lo que en Japón se sigue con la sakura zensen, el «frente de floración» que las agencias meteorológicas publican como si fuera un parte del tiempo. Avanza de suroeste a noreste: arranca en Kyushu a finales de marzo, pasa por Tokio y Kioto a principios de abril y no llega a Hokkaido hasta primeros de mayo.

Un detalle histórico que casi nadie menciona: el hanami no empezó con los cerezos, sino con los ciruelos. Durante el periodo Nara, la costumbre importada de China consistía en contemplar el ume (Prunus mume). Fue en el periodo Heian cuando la aristocracia japonesa desplazó el protagonismo al sakura, y ya en época Edo la costumbre se popularizó entre todas las clases sociales.

La lectura filosófica que se le da tiene nombre propio: mono no aware, esa sensibilidad ante lo efímero de las cosas. La flor de cerezo cae en su mejor momento, sin marchitarse en el árbol, y esa caída limpia se lee como una metáfora de la belleza que no dura. De ahí que el momento más apreciado no sea necesariamente el pico de floración, sino el hanafubuki, la lluvia de pétalos con el viento. Hay incluso una variante nocturna, el yozakura, con los árboles iluminados.

Los lugares clásicos son el parque de Ueno y el jardín de Shinjuku Gyoen en Tokio, el parque Maruyama y el paseo del Filósofo en Kioto, y sobre todo el monte Yoshino en Nara, con miles de cerezos escalonados en la ladera que florecen por franjas de altitud, alargando el espectáculo varias semanas.

El valle del Jerte y otros cerezos españoles

En España tenemos nuestra propia versión, y conviene explicarla bien porque no es la misma cosa. La floración del valle del Jerte, en Cáceres, es de cerezos frutales: alrededor de millón y medio de árboles de Prunus avium plantados en bancales sobre las laderas, de los que sale la picota del Jerte. La flor es blanca, simple, más pequeña que la de un cerezo ornamental japonés, pero la escala del conjunto —valles enteros cubiertos— compensa de sobra. Suele ocurrir entre finales de marzo y mediados de abril, con variación de casi tres semanas según la altitud de cada bancal y el invierno que haya hecho.

No es el único sitio. El valle de las Caderechas, en Burgos, tiene una floración algo más tardía por su altitud y su clima continental, típicamente en abril. Y en muchos pueblos de la sierra de Francia salmantina y del norte de Cáceres hay manchas de cerezos que florecen sin fama ni carteles.

Camino entre un bosque de cerezos en flor

Variedades que funcionan en un jardín español

Si vas a plantar uno, elige pensando en el tamaño adulto y en el porte, no solo en la foto de la etiqueta:

Prunus serrulata 'Kanzan'. El más vendido. Flor doble, rosa intenso, muy llamativa. Porte en copa abierta que con los años alcanza 8-10 metros de alto y otro tanto de ancho. Es vigoroso y aguanta bien, pero necesita espacio real: plantado a dos metros de una fachada acaba siendo un problema.

Prunus serrulata 'Amanogawa'. Columnar, apenas 1,5-2 metros de anchura y unos 6 de alto. Flor semidoble rosa pálido y perfumada. Es la opción para jardines pequeños, patios y alineaciones estrechas.

Prunus serrulata 'Shirotae' (también llamado 'Mount Fuji'). Flor blanca, semidoble, muy abundante, y porte extendido y bajo, casi horizontal. Muy elegante sobre césped.

Prunus 'Kiku-shidare-zakura'. El cerezo llorón de flor doble rosa. Pequeño, se injerta a pie alto y funciona bien como ejemplar aislado.

Prunus subhirtella 'Autumnalis'. Este es distinto y muy útil: florece a golpes desde noviembre hasta marzo, aprovechando cada racha templada del invierno. La floración es más discreta, pero llega cuando no hay nada más.

Prunus cerasifera 'Pissardii' se suele meter en el mismo saco. Su flor rosa pálido es breve, pero mantiene la hoja púrpura todo el verano, algo que ningún cerezo japonés hace.

Clima: la pregunta que hay que hacerse antes de comprar

Los cerezos ornamentales son árboles de clima templado con inviernos marcados. Necesitan acumular horas de frío —horas por debajo de unos 7 °C durante el reposo invernal— para romper la dormancia de las yemas florales y abrir a la vez. Las cifras varían mucho por variedad, pero la mayoría de los cerezos japoneses piden bastante frío invernal.

La consecuencia práctica es importante y rara vez se advierte en el garden: en la costa mediterránea cálida, en el sur de Andalucía a baja altitud y en Canarias, un cerezo japonés florecerá mal, de forma irregular y escalonada, o casi no florecerá. El árbol vive, pero no da el espectáculo por el que se compró. En cambio, en la meseta, en el norte peninsular, en zonas de montaña y en el interior de Cataluña y Aragón funcionan perfectamente. El frío no es el problema: soportan sin daño inviernos duros, muy por debajo de cero.

El otro factor limitante es el suelo calizo. Estos Prunus prefieren suelos de reacción neutra o ligeramente ácida y sufren clorosis férrica —hojas amarillas con nervios verdes— en terrenos con mucha caliza activa. En buena parte del interior peninsular, con suelos francamente básicos, hay que contar con ello y corregir con quelatos de hierro, o directamente elegir otra especie.

Cómo se cuidan

Plantación. Otoño, entre octubre y diciembre, para que enraíce antes del verano. A raíz desnuda solo en pleno reposo; en contenedor, cualquier momento fuera de heladas y de calor fuerte. El punto crítico es el drenaje: los cerezos no toleran el encharcamiento ni un día. En suelo pesado o arcilloso, planta sobre un caballón o un montículo de 20-30 cm en lugar de en un hoyo profundo, que hace de bañera. La asfixia radicular seguida de Phytophthora es una de las causas más frecuentes de muerte súbita de un cerezo aparentemente sano.

Ubicación. Sol directo, mínimo seis horas. A la sombra florecen poco y se ahílan. Protégelos de vientos fuertes en primavera, que arruinan la floración en dos días.

Riego. Regular durante los dos o tres primeros años, que es cuando se decide si el árbol prospera. Después, en secano solo en veranos duros. Riego profundo y espaciado, nunca diario y superficial.

Abonado. Poco y a final de invierno: un aporte de materia orgánica bien compostada en superficie basta. El exceso de nitrógeno es contraproducente: produce brotes largos, blandos y agua, que atraen pulgón, resisten peor el frío y florecen menos. Si el árbol crece mucho y florece poco, el abono suele ser el sospechoso.

Poda. Un corte a destiempo se lleva por delante al árbol entero, y es el fallo que más se repite en los cerezos de jardín. Un cerezo no se poda en invierno. Todos los Prunus cicatrizan mal en frío y húmedo, y las heridas invernales son la puerta de entrada de la gomosis, del chancro bacteriano (Pseudomonas syringae) y de Monilinia. El momento correcto es a finales de verano o principio de otoño, con tiempo seco, cuando el árbol cicatriza rápido y las esporas de los hongos no están activas. Además, el cerezo ornamental no necesita casi poda: retira ramas secas, cruzadas o rotas, respeta la estructura natural y no rebajes la copa. Un cerezo desmochado nunca vuelve a tener buena forma.

Problemas frecuentes

Pulgón negro (Myzus cerasi). Aparece en primavera en los brotes tiernos y riza las hojas nuevas. En un árbol adulto es más antiestético que grave; en uno joven conviene tratar con jabón potásico repetido, o simplemente esperar a que lleguen mariquitas y sírfidos, que suelen resolverlo solos si no se ha abusado de insecticidas.

Gomosis. Exudados de resina ámbar en tronco y ramas. No es una enfermedad en sí, sino una reacción a un daño: heridas de poda mal hechas, golpes, encharcamiento, chancro o barrenadores. Trata la causa, no la goma.

Monilia (Monilinia laxa). Tras una primavera lluviosa, ramillos que se secan de golpe con las flores marchitas pegadas, como quemados. Corta por debajo de la zona afectada y retira el material del jardín.

Clorosis férrica. Hojas amarillentas con la nervadura verde, sobre todo en las brotaciones nuevas. Es un problema de disponibilidad de hierro en suelo calizo, no de falta de hierro. Se corrige con quelato de hierro EDDHA, que es el único que sigue siendo eficaz a pH alto.

En resumen

Los cerezos en flor son árboles ornamentales del género Prunus que se cultivan por una floración espectacular y brevísima, no por sus frutos. El hanami japonés convirtió esa brevedad en filosofía, y en España el valle del Jerte ofrece un equivalente a escala de paisaje, aunque con cerezos frutales. Para tenerlo en un jardín propio, lo determinante es el clima —hacen falta inviernos fríos de verdad, y en el litoral cálido decepcionan—, el drenaje y un suelo que no sea excesivamente calizo. Elige la variedad por su tamaño adulto, no por la foto; riega bien los primeros años, abona poco, y sobre todo poda lo mínimo imprescindible y hazlo a final de verano, nunca en invierno. Con eso, el árbol te dará quince días al año que justifican los otros trescientos cincuenta.


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