Poda el celindo en febrero y en mayo no tendrás flores. Es el desenlace más habitual con este arbusto y explica buena parte de los ejemplares tristes que se ven en jardines particulares: plantas sanas, bien regadas, con hoja abundante y sin una sola flor blanca. El celindo (Philadelphus coronarius) florece sobre la madera del año anterior, así que la tijera de invierno se lleva por delante toda la cosecha de flor. Con eso claro, el resto de su cultivo es de los más agradecidos que existen.
Qué planta es y con cuáles se confunde
Philadelphus coronarius es un arbusto caducifolio de la familia Hydrangeaceae, la misma de las hortensias. Durante mucho tiempo se le colocó en las saxifragáceas o en una familia propia (Philadelphaceae), y todavía hay etiquetas de vivero y libros antiguos que lo reflejan así. Procede del sureste de Europa, los Balcanes y Asia Menor, y se cultiva en jardines españoles desde hace siglos, hasta el punto de que en algunas zonas del norte peninsular aparece asilvestrado cerca de casas de labranza.
En el vivero puede aparecer etiquetado de tres o cuatro maneras distintas. Celindo y celinda son los nombres más extendidos; jeringuilla viene de que los tallos jóvenes tienen la médula blanda y hueca, y los niños los vaciaban para fabricar cerbatanas y jeringas de juguete. También lo verás llamado «jazmín» o «falso jazmín», y ahí conviene detenerse: el celindo no tiene ningún parentesco con los jazmines verdaderos (Jasminum, familia Oleaceae). La confusión nace del perfume, que recuerda al azahar y al jazmín, no del parentesco.
Hay una segunda confusión, más antigua y más traicionera. En la botánica anterior a Linneo el celindo se llamaba Syringa, nombre que después quedó asignado a las lilas. De ahí que en inglés se conozca al celindo como mock orange y que en muchos catálogos aparezca emparejado con la lila (Syringa vulgaris). Son plantas diferentes: la lila tiene hojas acorazonadas y flores en panícula lila o blanca a principios de primavera; el celindo tiene hojas ovadas dentadas y flores blancas de cuatro pétalos, y florece cuando la lila ya ha terminado.
Porte, hoja y floración
Forma una mata de 2 a 3 metros de altura, ocasionalmente 4, con tantos tallos como brotes emita desde la base. Los tallos viejos tienen la corteza pardusca y se exfolia en tiras; los jóvenes son rojizos y rectos. Es un arbusto que crece hacia arriba y se abre en arco cuando la rama carga con flor, así que necesita más sitio del que parece cuando se compra en maceta de 3 litros: cuenta con metro y medio de anchura como mínimo.
Las hojas son opuestas, ovadas, de 4 a 9 cm, con el margen dentado y tres o cinco nervios marcados desde la base. En otoño amarillean sin más gracia y caen pronto. Nadie planta un celindo por su follaje, salvo en el caso de los cultivares de hoja dorada o variegada.
La floración es lo que justifica todo. Entre finales de mayo y junio en la mayor parte de la Península, algo antes en el sur y en zonas costeras cálidas, se cubre de flores blancas de cuatro pétalos, de 2,5 a 3,5 cm, agrupadas en racimos de cinco a nueve. El perfume es intenso, dulce, con un fondo cítrico, y a última hora de la tarde se nota a varios metros. Dura tres o cuatro semanas y no repite: es una floración única y concentrada, no un arbusto de flor continua. Quien busque color de mayo a octubre debe mirar otra planta.
Clima, suelo y exposición en España
Es una planta rústica de verdad. Aguanta sin daño temperaturas de -20 °C, y en algunos ejemplares se han visto mínimas aún inferiores sin más consecuencia que un retraso en la brotación. Eso lo hace válido para toda la meseta, el valle del Ebro, la cornisa cantábrica y las zonas de montaña.
El límite está en el otro extremo. En el litoral mediterráneo cálido y en el sur más suave, donde los inviernos apenas bajan de 5 °C, el celindo vegeta pero florece de forma irregular: necesita un periodo de frío invernal para diferenciar bien las yemas de flor. Si vives en la costa de Málaga, Alicante o Canarias y tu celindo hace hoja y poca flor, no es un problema de abono.
Sobre suelo es poco exigente. Tolera bien la caliza, cosa que no puede decirse de las hortensias de la misma familia, y se adapta a texturas francas y arcillosas siempre que no haya encharcamiento prolongado. Lo que sí agradece es materia orgánica y frescura en el suelo durante la primavera, que es cuando construye la floración.
Exposición: sol para florecer. En el norte y en zonas de verano suave, sol directo todo el día. En Madrid, Extremadura, el valle del Guadalquivir o Zaragoza conviene una ubicación con sol de mañana y sombra a partir de las tres de la tarde, porque el sol de julio quema los bordes de las hojas. Plantado a sombra plena da un arbusto larguirucho con cuatro flores perdidas arriba del todo; es la causa más frecuente de escasez de flor después de la poda a destiempo.
Riego, abonado y mantenimiento anual
Los dos primeros años necesita riego regular para instalar el sistema radicular: en verano, un riego abundante cada cuatro o cinco días en clima continental, menos en el norte. Una vez establecido resiste sequía moderada, aunque en secano estricto de interior reduce mucho el tamaño y adelanta la caída de la hoja. Un acolchado de corteza o restos de poda triturados de 5 a 8 cm alrededor del pie ahorra buena parte del riego y mantiene la raíz fresca.
Con el abonado, prudencia. Un aporte de compost o estiércol maduro en superficie a finales de invierno es suficiente para todo el año. Los abonos ricos en nitrógeno producen brotes largos, blandos, muy verdes y con poca flor, además de atraer al pulgón. Si en algún momento hay que dar algo más, que sea un complejo equilibrado o con predominio de potasio, aplicado en marzo.
El mantenimiento anual real se reduce a tres cosas: retirar la flor seca si molesta estéticamente, vigilar el pulgón en los brotes tiernos de abril y hacer la poda en su momento.
La poda: cuándo, cuánto y por qué
El celindo forma las yemas florales en verano, sobre los brotes que ha emitido ese año, y las abre la primavera siguiente. De ahí la regla: se poda inmediatamente después de la floración, entre finales de junio y mediados de julio, nunca en invierno. Cuanto antes se pode tras la caída de los pétalos, más tiempo tiene el arbusto para producir madera nueva y cargarla de yemas antes del otoño.
La operación tiene dos partes. Primero se cortan las ramas que acaban de florecer, rebajándolas hasta un brote lateral vigoroso situado por debajo. Segundo, y más importante para la salud del arbusto a largo plazo, se elimina a ras de suelo entre un cuarto y un tercio de los tallos más viejos, los de corteza gris y aspecto leñoso. Repitiendo esto cada año, la mata se renueva por completo cada tres o cuatro temporadas y nunca llega a ese estado de matorral apretado, con toda la flor en las puntas y el interior seco, tan típico de los celindos abandonados.
Si te encuentras con un ejemplar viejo y desmadejado, admite un rejuvenecimiento drástico: cortar todos los tallos a 30-40 cm del suelo al final del invierno. Rebrota con fuerza desde la base, pero pierdes la floración de ese año y probablemente la del siguiente. Es una decisión consciente, no una poda de mantenimiento. La alternativa más suave es hacerlo por tercios, un tercio de la mata cada año durante tres años, sin renunciar del todo a la flor.
Cultivares que merecen el sitio
Además de la especie tipo, el género Philadelphus ha dado una colección de híbridos, muchos salidos del vivero francés Lemoine a finales del siglo XIX.
- 'Virginal' (Philadelphus × virginalis): flor doble y grande, mata de 2,5 a 3 m. El más vendido de los dobles.
- 'Belle Étoile': flor sencilla con una mancha purpúrea en la base de los pétalos y perfume excelente; porte contenido, alrededor de 1,5-2 m. Buena elección para jardines pequeños.
- 'Manteau d'Hermine': enano, no pasa de 1 m, flor doble. Sirve en maceta grande y en borduras bajas.
- 'Aureus': hoja amarilla intensa en primavera que va virando a verde claro. Florece menos que la especie y necesita protección del sol de mediodía, porque las hojas doradas se queman con facilidad en el interior peninsular.
- 'Variegatus': hoja con margen blanco, poco vigor, para posiciones de media sombra.
Un apunte sobre el perfume: no todos huelen igual. Algunos dobles seleccionados por el tamaño de la flor han perdido intensidad aromática por el camino. Si el olor es lo que te interesa, compra en floración y huele la planta antes de pagarla; es el único método fiable.
Cómo multiplicarlo
El celindo enraíza con una facilidad que sorprende, y ese es el motivo de que se haya transmitido de jardín en jardín durante generaciones sin pasar por ningún vivero.
Esqueje semileñoso: el método principal. En junio o julio, justo después de la poda de floración, se aprovechan los propios recortes. Trozos de 12-15 cm de brote del año, con la madera empezando a endurecer, se deshojan por la mitad inferior, se recortan a la mitad las hojas superiores para reducir la transpiración, se mojan en hormona de enraizamiento y se clavan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Bajo plástico o en propagador, con sombra y humedad ambiental alta, enraízan en cuatro o seis semanas.
Esqueje leñoso: aún más simple y sin instalación ninguna. En diciembre o enero se cortan varetas de madera del año pasado de 20-25 cm y se entierran dos tercios de su longitud en una zanja de tierra arenosa, en un rincón resguardado del jardín. Se dejan ahí hasta el otoño siguiente. El porcentaje de éxito es alto.
Acodo bajo: se dobla una rama exterior hasta el suelo en primavera, se hiere ligeramente la corteza por la cara inferior, se entierra sujeta con una horquilla y se separa al año siguiente con raíces propias.
División de la mata: los ejemplares viejos emiten renuevos desde la base que ya llevan raíz. En parada invernal se separan con la azada y se plantan directamente.
La semilla funciona, pero es un mal negocio doméstico: es diminuta, exige estratificación fría y las plantas resultantes tardan tres o cuatro años en florecer. Además, ninguno de los cultivares mencionados se reproduce fiel por semilla; de las semillas de un 'Belle Étoile' saldrá algo parecido al celindo silvestre, no un 'Belle Étoile'.
Plagas, enfermedades y otros problemas
Es un arbusto sano. Los problemas que aparecen son casi siempre menores y estacionales.
El pulgón es el visitante fijo. Coloniza los brotes tiernos de abril y mayo, los deforma y deja melaza sobre la que después crece negrilla. En un arbusto establecido rara vez justifica un tratamiento: la fauna auxiliar (mariquitas, sírfidos, crisopas) suele resolverlo en dos o tres semanas. Si la colonia es masiva en una planta joven, un chorro de agua a presión o una aplicación de jabón potásico al atardecer basta.
La araña roja aparece en veranos secos y calurosos, sobre todo en ejemplares plantados contra un muro orientado al sur. Se reconoce por el punteado amarillento del haz y las telarañas finas en el envés. La humedad ambiental la frena; mojar el follaje al anochecer en los días de más calor es la medida preventiva más eficaz.
El oídio forma un polvillo blanco en las hojas al final del verano, cuando alternan noches frescas y días secos. Es antiestético y poco más, dado que la hoja está ya al final de su vida útil. Se combate con aireación: una mata podada y aclarada anualmente lo sufre mucho menos que una cerrada.
En primaveras muy lluviosas, la botritis puede pudrir las flores en el racimo y dejarlas pardas y pegadas. No hay tratamiento razonable en jardín; retirar la flor afectada y esperar al año siguiente.
La clorosis férrica es rara pero posible en suelos muy calizos regados con agua dura. Se manifiesta como hojas amarillas con los nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro y, sobre todo, mejorando la materia orgánica del suelo.
Falta añadir el problema que no es sanitario: la ausencia de flor. Antes de tratar nada, revisa por este orden si podaste después de febrero, si la planta recibe menos de cinco horas de sol, si abonas con exceso de nitrógeno y si el invierno de tu zona es demasiado benigno. En nueve de cada diez casos la respuesta está ahí.
Usos en el jardín
Funciona bien como ejemplar aislado en césped, donde puede desarrollar su porte arqueado, y como componente de setos informales mezclado con lilas, forsitias y weigelas. En seto recortado no vale: la tijera de seto acaba con la flor y le da un aspecto de bola que no le corresponde.
Su gran baza es la ubicación estratégica. Plantado junto a una terraza, un banco o una ventana que se abra en junio, el perfume compensa las cuarenta y ocho semanas del año en que no hace nada. Ahí es donde tiene sentido, y no en el fondo de una parcela donde nadie pasa en mayo.
La flor cortada dura poco en jarrón, tres o cuatro días, pero perfuma una habitación entera. Conviene cortar ramas con capullos a medio abrir y a primera hora de la mañana.
En resumen
El celindo (Philadelphus coronarius) es un arbusto caducifolio de hasta 3 metros, muy resistente al frío, indiferente a la caliza y de cultivo sencillo, cuyo valor está concentrado en tres o cuatro semanas de flor blanca perfumada entre mayo y junio. Quiere sol —con sombra de tarde en el interior cálido—, suelo fresco y drenado, riego los dos primeros años y poco abono nitrogenado. Se poda siempre después de florecer, retirando las ramas que han dado flor y renovando cada año un tercio de los tallos viejos desde la base. Se multiplica sin dificultad por esqueje semileñoso en verano o leñoso en invierno. Sus problemas se limitan al pulgón de primavera, la araña roja en veranos secos y algo de oídio otoñal, ninguno grave. Y si no florece, mira antes el calendario de poda y las horas de sol que el bote de fertilizante.