La catinona, el alcaloide principal de las hojas jóvenes de Catha edulis, está incluida en la Lista I del Convenio de 1971 sobre Sustancias Psicotrópicas, la misma categoría de control internacional que la mescalina o el MDMA. Ese dato explica por qué un arbusto de aspecto tan corriente —hoja brillante y dentada, flores minúsculas, porte de aligustre grande— genera decomisos aduaneros y sentencias judiciales en media Europa. Antes de hablar de su cultivo hay que hablar de eso.

Qué es exactamente esta planta

Catha edulis (Vahl) Endl. es un arbusto o arbolito perennifolio de la familia de las celastráceas, la misma de los evónimos de nuestros setos. Se conoce popularmente como khat, qat, chat o té de Abisinia, y es la única especie del género Catha.

Su área natural cubre el Cuerno de África y el suroeste de la península arábiga: Etiopía, Kenia, Somalia, Yemen. Allí se cultiva desde hace siglos en bancales de montaña, entre los 1.500 y los 2.500 metros de altitud, y en Yemen llegó a ocupar una porción enorme de la superficie regada del país, con el consiguiente conflicto con los cultivos alimentarios y con el agua de los acuíferos. No es una planta silvestre marginal: es un cultivo comercial de primer orden en su región.

Cómo se reconoce

Alcanza de 3 a 8 metros en cultivo, aunque en poblaciones silvestres protegidas puede pasar de los 15. El tronco es recto y de corteza pardo grisácea, y el crecimiento es lento.

Las hojas son coriáceas, lanceoladas u oblongas, de 5 a 10 cm, con el margen finamente aserrado, el haz brillante y una nerviación bien marcada. Salen en disposición opuesta o casi opuesta en las ramas principales, y el rasgo más útil para identificarla es el color de la brotación: los ramillos y las hojas nuevas tienen un tono rojizo o bronceado que contrasta con el verde oscuro del follaje maduro.

La floración no tiene ningún interés ornamental. Produce cimas axilares de flores diminutas, de cinco pétalos blanquecinos o verdosos, y el fruto es una cápsula pequeña, coriácea, con tres lóculos y semillas aladas. Quien busque un arbusto de jardín encontrará docenas de opciones más vistosas.

Hojas dentadas y brillantes de Catha edulis

Conviene distinguir dos planos, porque la confusión sobre este punto es enorme y circula mucha información falsa en foros de venta de semillas.

Por un lado están los principios activos. Las hojas contienen dos alcaloides de tipo fenilpropilamina emparentados con la anfetamina: la catinona, la más potente, en Lista I del convenio de 1971, y la catina (norpseudoefedrina), en Lista III. Ambas están fiscalizadas en España a través de la normativa de psicotrópicos. La catinona es inestable y se degrada a catina en pocos días tras la recolección, motivo por el cual el material se transporta fresco y refrigerado.

Por otro lado está la planta entera, que los convenios internacionales no listan de forma explícita. Ese vacío ha llevado a que cada país legisle por su cuenta y a que en España haya generado jurisprudencia contradictoria en los tribunales, con resoluciones que han valorado el contenido real de catinona del material incautado como elemento determinante. En la práctica, las aduanas españolas intervienen de manera habitual los envíos de khat, y en el resto de la Unión Europea la situación es más clara y más restrictiva: Países Bajos lo prohibió en 2013, el Reino Unido lo clasificó como sustancia controlada en 2014, y en Alemania, Francia, Suecia, Noruega o Dinamarca su comercio está prohibido desde antes.

La conclusión práctica para cualquier lector español es sencilla: no es una planta que se pueda importar, comprar, cultivar o comerciar con tranquilidad jurídica. Ni las semillas ni los esquejes ofrecidos por vendedores en línea eluden ese problema. Este artículo describe la especie desde el punto de vista botánico y no da ninguna indicación sobre su preparación ni sobre su uso.

Qué se sabe de sus efectos

El comité de expertos de la Organización Mundial de la Salud que revisó la especie concluyó que produce dependencia de tipo psicológico, con un potencial de abuso que calificó de moderado y sin síndrome de abstinencia físico grave, pero con consecuencias sanitarias documentadas.

Las principales, tal como aparecen recogidas en la literatura médica, son de tres tipos. Cardiovasculares: aumento de la tensión arterial y de la frecuencia cardiaca, con mayor riesgo de infarto de miocardio en consumidores habituales. Bucodentales y digestivas: lesiones de la mucosa oral, queratosis, periodontitis, estreñimiento y anorexia. Y neuropsiquiátricas: insomnio persistente, irritabilidad y, en consumos intensos, episodios psicóticos.

Hay un factor añadido que suele ignorarse: por tratarse de un cultivo intensivo destinado a consumo en fresco, las hojas presentan con frecuencia residuos de plaguicidas aplicados sin plazo de seguridad. También es tóxica para perros y gatos, por su contenido en alcaloides estimulantes.

Por qué no prospera en la península

Al margen del impedimento legal, hay un impedimento agronómico que conviene conocer, aunque solo sea para desmentir la idea de que se trata de una planta fácil que crece en cualquier parte.

Catha edulis está adaptada a un clima subtropical de montaña: temperaturas suaves y bastante constantes durante todo el año, humedad ambiental alta, lluvias estacionales abundantes y ausencia total de heladas. Se daña ya por debajo de los 0 ºC y un episodio de -3 o -4 ºC, absolutamente normal en cualquier invierno del interior peninsular, mata la parte aérea. Necesita además suelos profundos, sueltos y ácidos o neutros, y sufre en los suelos calizos y compactados que dominan buena parte de España.

A eso se suma su lentitud. Se multiplica sobre todo por esqueje semileñoso porque la semilla germina mal y pierde viabilidad rápido, y un ejemplar tarda años en formar una estructura mínima. Solo en enclaves litorales libres de heladas, o en Canarias, tendría alguna posibilidad de sobrevivir, lo que no la convierte en una opción recomendable ni legalmente defendible.

Parientes ornamentales que sí puedes plantar

Si lo que atrae de esta especie es la estética —hoja perenne, brillante, dentada, brotación rojiza—, la misma familia botánica ofrece alternativas sin ninguna complicación.

El evónimo del Japón (Euonymus japonicus) reproduce casi punto por punto ese tipo de follaje coriáceo y aserrado, aguanta la poda, la sequía moderada y la brisa marina, y sirve tanto para seto formal como para ejemplar aislado. El bonetero (Euonymus europaeus), autóctono, aporta un fruto rosado espectacular en otoño, aunque es caducifolio y sus frutos sí son tóxicos por ingestión. Y para quien busque un árbol pequeño de hoja perenne y aspecto elegante, el maitén chileno (Maytenus boaria) es también una celastrácea, se adapta bien al clima mediterráneo y forma una copa péndula muy decorativa.

En resumen

Catha edulis es un arbusto perennifolio de las celastráceas originario del Cuerno de África y de Arabia, cultivado allí en bancales de montaña por sus hojas, que contienen catinona y catina, dos alcaloides estimulantes bajo control internacional. Su interés ornamental es nulo: flores diminutas, fruto insignificante y crecimiento lento. Su cultivo en España choca de frente con dos obstáculos, uno legal —la fiscalización de sus principios activos, las incautaciones aduaneras y la prohibición vigente en buena parte de la Unión Europea— y otro climático, ya que no soporta heladas ni suelos calizos. Los efectos documentados sobre la salud, desde el riesgo cardiovascular hasta las lesiones bucales y la dependencia psicológica, están bien descritos y no son anecdóticos. Quien busque su aspecto tiene en Euonymus japonicus o en Maytenus boaria una alternativa de la misma familia, disponible en cualquier vivero y sin ningún problema asociado.


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