Coge una rama de casuarina y pásala entre los dedos: las supuestas agujas no pinchan, ceden, y si tiras un poco se parten por unas articulaciones diminutas, como una cola de caballo. Ahí está la clave de este árbol. Lo que parecen hojas de conífera son en realidad ramillas verdes articuladas, y las hojas de verdad son los dientecitos microscópicos que forman un anillo en cada nudo. Casuarina cunninghamiana no es un pino ni tiene nada que ver con las coníferas: es una angiosperma de la familia Casuarinaceae que ha convergido en la misma solución de ahorro de agua.
De las riberas australianas al Levante
La especie procede del este y el norte de Australia, donde crece formando galerías a lo largo de los cursos de agua. De ahí su nombre común allí, river she-oak, roble de ribera. Ese detalle explica casi todo su comportamiento: aguanta la sequía atmosférica y el suelo pobre porque viene de sitios calurosos, pero da su mejor versión cuando tiene agua accesible en profundidad. Un ejemplar con la freática cerca crece el doble de rápido que uno en secano.
Es de hoja perenne y alcanza entre 15 y 25 metros en cultivo, con casos de más de 30 en condiciones óptimas. Crece deprisa: un metro o metro y medio al año en los primeros ejercicios si tiene riego. El porte es piramidal de joven, más abierto e irregular con los años, con la corteza pardo grisácea que se agrieta longitudinalmente y una copa de aspecto plumoso, gris verdoso, que se mueve con el viento y suena.
Suele ser dioica: hay pies macho y pies hembra. Los machos se cubren de espigas parduzcas en las puntas de las ramillas y tiñen el árbol entero de color óxido; las hembras llevan cabezuelas rojizas diminutas en ramitas laterales. El fruto es una infrutescencia leñosa parecida a una piña pequeña, de 7 a 12 milímetros, que al secarse se abre y suelta semillas aladas muy ligeras.
Qué casuarina tienes delante
En el vivero la etiqueta pone muchas veces solo «casuarina» o «pino australiano», y bajo ese rótulo circulan al menos tres especies con exigencias distintas. La diferencia importa, porque una de ellas se hiela donde la otra pasa el invierno sin daños.
La forma de distinguirlas está en el nudo de la ramilla. Fíjate en el anillo de dientes que rodea cada articulación y cuéntalos con una lupa o con el móvil:
- Casuarina cunninghamiana: normalmente 8 a 10 dientes por verticilo, ramilla muy fina. Es la más resistente al frío del género y la que se usa tierra adentro.
- Casuarina equisetifolia: en torno a 6 a 8 dientes, ramilla algo más gruesa. Especie de primera línea de playa, muy tolerante a la sal y al viento marino, pero notablemente más friolera.
- Casuarina glauca: ramilla más gruesa y, sobre todo, tendencia fuerte a emitir rebrotes de raíz a varios metros del tronco. Si te la venden por una de las otras dos, lo descubrirás a los cinco años teniendo que segar chupones.
Para un jardín o una pantalla en el interior peninsular, la que interesa es cunninghamiana. Si compras un pie hembra tendrás piñas y siembra espontánea; si te importa evitarlo, busca material clonal de macho, aunque no siempre se encuentra en el comercio corriente.
Hasta dónde aguanta el frío
Este es el dato que decide si la puedes plantar. Un ejemplar establecido soporta heladas de -8 a -10 °C puntuales sin más que quemar algo de ramilla exterior. Los ejemplares jóvenes, en cambio, sufren ya a partir de -4 o -5 °C, y los dos primeros inviernos son los delicados.
Traducido al mapa: sin problemas en todo el litoral mediterráneo, en Andalucía occidental, en Canarias y en las zonas templadas del sur y el levante. Viable con cuidado en el interior cálido y en zonas de heladas suaves, protegiendo el plantón. Descartada en la meseta norte, en el interior de Castilla-La Mancha y en cualquier sitio con inviernos de -10 °C habituales, donde acabará defoliada o muerta antes de dar sombra.
Suelo, sol y agua
Sol directo y todo el día. No tolera la sombra: en semisombra se ahíla, pierde ramas bajas y queda un árbol desgarbado. Ese es el fallo más frecuente al colocarla dentro de un jardín ya arbolado.
El suelo le da bastante igual. Prospera en arenas pobres, en suelos degradados, en terrenos con salinidad moderada y soporta encharcamientos temporales que ahogarían a un pino, herencia de su origen ribereño. Lo que sí le sienta mal es la caliza activa muy alta: en esos suelos amarillea y se queda parada. Un drenaje mínimo y ya está.
Hay un rasgo que conviene aprovechar: las casuarinas fijan nitrógeno atmosférico gracias a nódulos radiculares con la actinobacteria Frankia, igual que las leguminosas lo hacen con Rhizobium. En la práctica significa que no necesita abonos nitrogenados y que echarle un abono rico en nitrógeno solo consigue brotes largos y blandos más vulnerables al frío. Como mucho, un aporte de materia orgánica al plantar. Por eso también se ha usado para recuperar suelos erosionados y arenales.
Riego: abundante y espaciado los dos primeros veranos —unos 30 o 40 litros cada diez o quince días para un plantón—, y a partir del tercer año prácticamente nada en clima mediterráneo litoral. Con riego de apoyo mensual en verano crece bastante más rápido, pero no lo necesita para sobrevivir.
Plantación y marco
La mejor época en la península es la primavera, de marzo a mayo, para que llegue al invierno con las raíces hechas. En zonas sin heladas (litoral sur, Canarias) también funciona el otoño. Es prácticamente imposible de trasplantar de adulta: escoge bien el sitio a la primera.
Distancias que hay que respetar:
- Ejemplar aislado: 8-10 m de fachadas, muros y linderos. La copa adulta pide ese espacio y las raíces son extensas y superficiales.
- Pantalla cortavientos, que es su mejor uso: una línea a 2,5-3 m entre pies. Se cierra en cuatro o cinco años y frena el viento de forma muy eficaz sin ser una pared maciza, que es justo lo que se busca —una barrera semipermeable protege una franja de hasta diez veces su altura, mientras que un muro sólido genera turbulencia detrás.
- Lejos de arquetas, saneamiento, soleras y piscinas. La raíz es agresiva y busca la humedad.
Poda
Como árbol, casi ninguna: solo levantar la copa retirando las ramas bajas de forma gradual mientras es joven, y quitar madera seca. Como seto o pantalla admite recortes; hazlos ligeros y frecuentes, a finales de primavera o en verano, cuando la ramilla rebrota con vigor.
Lo que no conviene es el terciado brutal de un ejemplar viejo. Rebrota, sí, pero de forma desigual y con brotes mal insertados que en unos años se convierten en ramas pesadas y frágiles justo encima de donde estabas intentando ganar espacio. Si un árbol ha crecido más de lo que cabía, el problema fue la ubicación, y una poda drástica no lo arregla.
Multiplicación
Por semilla, que es lo sencillo. Recoge las piñas maduras y déjalas en una bolsa de papel en sitio seco: en unos días se abren y sueltan las sámaras. Siembra en primavera, en bandeja con sustrato arenoso, apenas cubiertas, y mantén húmedo a 18-22 °C. Germinan en dos o tres semanas. Como el árbol vive de sus nódulos, los plantones agradecen un poco de tierra tomada bajo una casuarina adulta mezclada en el sustrato: es la forma casera de inocular Frankia.
Por estaca semileñosa en verano es posible, con hormona de enraizamiento y nebulización, pero el porcentaje de éxito es bajo fuera de un vivero equipado.
Los inconvenientes reales
Es un árbol duro y sin plagas dignas de mención —alguna cochinilla ocasional, pudriciones de raíz en arcilla encharcada permanentemente—, pero tiene tres pegas que rara vez aparecen en la etiqueta del vivero:
La hojarasca. Suelta ramilla continuamente y esa capa se acumula, se descompone despacio y forma un colchón espeso bajo el que no crece prácticamente nada. Debajo de una casuarina no vas a tener césped ni arriate. Además resbala y, seca, arde con facilidad, así que no es la especie para pegarla a la casa en zona de riesgo de incendio.
El polen. Florece a finales de invierno y en primavera, es anemófila y suelta cantidades enormes de polen que se reconoce como alérgeno relevante en las zonas donde abunda. Si alguien de la casa es alérgico, piénsalo antes de plantar una hilera junto a la terraza.
La siembra espontánea. Las semillas son ligeras y el árbol produce muchísimas. En Florida, Sudáfrica y otras regiones cálidas Casuarina cunninghamiana está catalogada como especie invasora precisamente por colonizar riberas y desplazar a la vegetación autóctona. En España se comporta de forma mucho más discreta, pero el criterio prudente es evidente: no la plantes junto a un río, un barranco, una rambla o un espacio natural, y revisa si aparecen plántulas en los alrededores.
En resumen
Casuarina cunninghamiana resuelve muy bien un problema concreto: pantalla perenne alta, rápida y barata frente al viento, en clima cálido, suelo malo y poca agua. Fija su propio nitrógeno, así que olvídate de abonarla; solo necesita sol pleno, dos veranos de riego y espacio de sobra. Comprueba en el vivero que es esta especie y no la costera equisetifolia contando los dientes del nudo, no la plantes en zonas de heladas fuertes ni cerca de cursos de agua, y asume desde el principio que bajo su copa no vas a cultivar nada.