Un gramo de canela cassia molida puede llevar varios miligramos de cumarina. La cantidad diaria tolerable que fija la EFSA para esa sustancia es de 0,1 mg por kilo de peso corporal, o sea unos 6 mg al día para un adulto de 60 kg. Con una cucharadita colmada te plantas ahí. La canela de Ceilán, en cambio, apenas contiene trazas. Y el árbol del que sale la primera es este: Cinnamomum cassia.
Esa diferencia es lo primero que hay que entender de la casia, porque condiciona cómo se usa y quién debe moderarla. Lo segundo es que se trata de un árbol tropical de verdad, no de un arbusto mediterráneo con nombre exótico, y eso marca todo lo que se puede hacer con él en un jardín español.
Qué árbol es y cómo reconocerlo
Cinnamomum cassia —sinónimo aceptado: Cinnamomum aromaticum— pertenece a las lauráceas, la misma familia del laurel, el aguacate y el alcanforero. Es originario del sur de China, sobre todo de Guangxi y Guangdong, y del norte de Vietnam, donde se cultiva desde hace más de dos mil años.
En su clima natural forma un árbol perennifolio de 10 a 15 metros, con copa densa y corteza gruesa, rugosa y muy aromática. Cultivado para producir especia nunca se le deja llegar ahí: se maneja en cepa baja y se cortan los brotes cada pocos años.
Las señas de identidad están en la hoja. Es coriácea, brillante por el haz y más pálida por el envés, oblonga o lanceolada, de 10 a 18 cm de largo, y presenta tres nervios longitudinales muy marcados que arrancan de la base y recorren casi toda la lámina. Ese detalle —la hoja trinervada— es lo que distingue de un vistazo al género Cinnamomum de otras lauráceas. Los brotes tiernos salen de un rojo cobrizo llamativo que va virando a verde oscuro. Si estrujas una hoja huele a canela con un fondo alcanforado.
Las flores son pequeñas, blanquecinas o amarillentas, agrupadas en panículas axilares y terminales, y aparecen en verano. Discretas, sin valor ornamental. El fruto es una drupa oscura de aproximadamente un centímetro, parecida a una aceituna diminuta, asentada sobre una cúpula persistente.
Casia, canela de Ceilán y otras confusiones de etiqueta
Hay tres confusiones que conviene deshacer antes de seguir.
Con la canela de Ceilán. Cinnamomum verum (antes C. zeylanicum) da una corteza fina, clara, que al secarse se enrolla en varias capas y forma una rama frágil que se deshace entre los dedos. La casia da una corteza gruesa, dura, de color pardo rojizo intenso, que se enrolla en una sola capa y hay que romperla con fuerza. Al paladar, la de Ceilán es más dulce y floral; la casia, más picante y contundente. En el molido no se distinguen a simple vista, y ahí está el problema: la canela molida barata del supermercado europeo es casi siempre cassia, aunque en el bote solo ponga «canela». Si te interesa la de Ceilán, cómprala en rama y mira que sea de varias capas.
Con el género Cassia. Existe un género Cassia de las fabáceas —la cañafístula, Cassia fistula, y sus parientes hoy pasados a Senna— que no tiene ningún parentesco con la canela y que sí incluye especies con principios laxantes potentes. Cuando alguien busca «casia» en un catálogo de vivero español, lo más probable es que le enseñen una de esas, un arbolito de flor amarilla colgante. Son plantas distintas y con propiedades distintas: comprueba siempre el nombre científico completo.
Con el alcanforero. Cinnamomum camphora se planta como árbol de alineación en Galicia, Cantábrico y algunas ciudades del sur. Tiene la misma hoja trinervada, es mucho más resistente al frío y su olor es claramente a alcanfor, no a canela. Un ejemplar grande y adulto de aspecto «de canela» plantado en una calle española será un alcanforero, no una casia.
Toxicidad y consumo: lo que hay que tener claro
La casia se usa en cocina desde siempre y en cantidades culinarias normales no plantea problema. La cumarina que contiene su corteza es hepatotóxica en dosis altas y mantenidas, y ahí es donde se torcieron algunos usos modernos.
El riesgo no está en el arroz con leche del domingo, sino en el consumo diario y sostenido de cucharadas de canela molida, que se ha popularizado como supuesta ayuda para regular la glucemia. Quien haga eso durante meses puede superar con holgura y a diario la ingesta tolerable. Lo mismo vale para los suplementos de canela en cápsulas si no especifican la especie ni el contenido en cumarina.
Conviene ser especialmente prudente con niños —pesan menos, así que el margen es mucho menor—, con personas con enfermedad hepática y con quien tome medicación de metabolismo hepático o anticoagulantes. Si alguien quiere consumir canela a diario por el motivo que sea, la opción sensata es Ceilán en rama, no cassia molida. Y la decisión de tomar cualquier planta con fin terapéutico corresponde a un profesional sanitario, no a un artículo de jardinería.
Del árbol vivo, en cambio, no hay nada que temer en el jardín: la hoja y la corteza no representan riesgo por contacto, y ninguna parte se considera peligrosa para mascotas por simple presencia. El aceite esencial concentrado sí es irritante para piel y mucosas y no debe aplicarse sin diluir.
Clima: dónde puede vivir en España
Este es el punto que decide todo lo demás. La casia es de clima tropical y subtropical húmedo: quiere calor constante, humedad ambiental alta y ausencia total de heladas. Se le atribuye rusticidad de zona 10-11, con daño foliar ya por debajo de 2-3 °C y muerte de ramas o del ejemplar entero en torno a -2 °C.
Traducido al mapa peninsular:
- Al aire libre con posibilidades reales: Canarias en cotas bajas y medias, y microclimas costeros muy protegidos de Málaga, Granada, Almería o el sur de Alicante. Incluso ahí, el aire seco del verano interior le sienta mal.
- Solo en invernadero templado o como planta de interior: el resto del país. Es el escenario normal.
- Descartado al exterior: meseta, interior peninsular, todo el norte con heladas. No es cuestión de proteger con manta térmica una noche; es que necesita una media anual que aquí no existe.
En maceta y bajo techo rara vez pasa de 2 o 3 metros, y se comporta como un arbolito de follaje perenne de crecimiento lento. Nunca producirá corteza aprovechable: para eso hacen falta seis u ocho años de tronco en clima tropical.
Cultivo en maceta paso a paso
Sustrato. Aquí es donde se pierden los ejemplares que se compran en España. Es una planta de suelos ácidos, ricos en materia orgánica y bien drenados, cómoda entre pH 5 y 6,5. Con tierra universal caliza y agua del grifo dura de Madrid o de Levante, en un año tienes clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes. Mezcla sustrato para acidófilas con un 20-30 % de corteza de pino fina y un 15 % de perlita, y riega con agua de lluvia o descalcificada siempre que puedas.
Luz. Semisombra luminosa mientras es joven; más sol conforme engrosa. En interior, junto a una ventana orientada al este o al sur con visillo. El sol directo de julio a través de un cristal quema la hoja.
Riego. Sustrato constantemente fresco, nunca encharcado ni nunca seco del todo. En primavera y verano puede tocar cada dos o tres días en maceta pequeña; en invierno, con temperaturas más bajas, se espacia mucho. Plato sin agua estancada. El encharcamiento prolongado abre la puerta a la Phytophthora y ese es un final sin retorno.
Humedad ambiental. Es su mayor carencia en casa. Un piso con calefacción baja del 30 % de humedad relativa y ella pide bastante más. Bandeja con arcilla expandida y agua bajo la maceta —sin que el cepellón toque el agua—, agrupar plantas, y pulverizar en las horas templadas si el aire está muy seco. Lejos de radiadores y de corrientes de aire frío.
Temperatura de invernada. No la dejes bajar de 12-15 °C. Si la sacas al exterior en verano, entra la maceta cuando las mínimas nocturnas se acerquen a 10 °C, en octubre en buena parte del país.
Abonado. De marzo a septiembre, fertilizante para plantas acidófilas cada 15-20 días a la dosis de la etiqueta, o abono de liberación lenta al inicio de la temporada. Si aparece clorosis pese al sustrato correcto, quelato de hierro. En invierno, nada.
Trasplante. Cada dos o tres años, a principios de primavera, subiendo un solo número de maceta. Raíces delicadas: manipula el cepellón lo justo.
Poda. Poco y a finales de invierno. Despunta para ramificar, retira ramas cruzadas o secas. Tolera bien el recorte porque brota de madera vieja, pero cada poda fuerte la frena varios meses.
Multiplicación
Semilla. Es recalcitrante: pierde viabilidad en pocas semanas, así que solo germina la fresca. Se limpia de pulpa, se siembra apenas cubierta en sustrato ligero y se mantiene a 25-30 °C con humedad alta. Germina en tres a seis semanas de forma irregular. Con semilla comprada por internet y meses de viaje, la tasa de éxito suele ser cero, y ese es el motivo, no un fallo de técnica.
Esquejes semileñosos. A finales de primavera o principios de verano, de 12-15 cm, con dos o tres hojas reducidas a la mitad, hormona de enraizamiento y calor de fondo de 22-25 °C bajo campana o propagador. Enraízan lento y de forma desigual: pon más de los que necesites.
Acodo aéreo. La vía más fiable si tienes acceso a un ejemplar adulto. Anillado de corteza en rama de dos años, musgo de esfagno húmedo, plástico y paciencia hasta el otoño.
Problemas frecuentes
En cultivo doméstico la mayor parte de los sustos son fisiológicos, no patológicos. Antes de tratar nada, revisa riego, agua y luz.
- Hojas amarillas con nervios verdes: clorosis férrica por sustrato o agua calizos. Quelato de hierro y cambio de rutina de riego.
- Puntas y bordes secos: aire demasiado seco o exceso de sales por abono. Aumenta la humedad ambiental y lava el sustrato con riego abundante.
- Hojas que caen en bloque tras un cambio de sitio: reacción normal al traslado; estabiliza las condiciones y no la vuelvas a mover.
- Cochinillas. Las más habituales, sobre todo la algodonosa (Planococcus citri) en las axilas y el envés, y las cochinillas de escudo en las ramas. Retirada manual con bastoncillo y alcohol en ataques leves, aceite de parafina o jabón potásico cuando cunde, siempre con la planta fuera del sol directo.
- Araña roja. Aparece con calor y aire seco, típicamente en interior en invierno con calefacción. Punteado fino y decoloración del haz, telilla en el envés. Subir la humedad es la mitad del tratamiento.
- Pulgón. Sobre brotes tiernos en primavera. Jabón potásico y poco más.
- Podredumbre de raíz. Por Phytophthora o Pythium asociada a encharcamiento. Marchitez que no responde al riego, cuello oscurecido. Se previene con drenaje; una vez avanzada rara vez se salva.
- Antracnosis y manchas foliares en ambientes muy húmedos y sin ventilación, sobre todo en invernadero. Retira hoja afectada y ventila.
En resumen
Cinnamomum cassia es un árbol perennifolio de las lauráceas, originario del sur de China, de hoja coriácea con tres nervios marcados y corteza que constituye la canela más consumida en Europa. No es lo mismo que la canela de Ceilán (Cinnamomum verum), ni tiene nada que ver con el género Cassia de las fabáceas.
Su corteza contiene cumarina en cantidades relevantes: uso culinario normal sin problema, pero nada de tomar cucharadas a diario ni de suplementos sin controlar la especie, y prudencia con niños y con quien tenga el hígado comprometido.
En España solo prospera al aire libre en Canarias y en enclaves costeros libres de heladas; en el resto es planta de invernadero o de interior. Sustrato ácido con corteza de pino, riego con agua blanda, humedad ambiental alta, semisombra luminosa y nunca por debajo de 12-15 °C. Lo que la mata casi siempre no es una plaga: es el agua dura, el encharcamiento y el aire seco de un salón con calefacción.