Hay un momento, entre febrero y abril, en que la Erythrina caffra deja de tener hojas y se cubre por completo de flores rojo escarlata. Un ejemplar adulto en ese estado, con las ramas desnudas y la copa entera encendida, es uno de los espectáculos más rotundos que puede ofrecer un árbol ornamental en el litoral mediterráneo. El resto del año es un árbol de sombra ancha y crecimiento rápido que exige espacio y algo de previsión.

Origen y ficha botánica

Erythrina caffra Thunb. es una leguminosa de la familia Fabaceae, subfamilia Faboideae, originaria del sureste de Sudáfrica, sobre todo de los bosques costeros y las gargantas fluviales del Cabo Oriental y KwaZulu-Natal. Allí es un árbol emblemático: recibe el nombre de coast coral tree y su floración se ha usado tradicionalmente como indicador estacional para las labores agrícolas.

El nombre del género viene del griego erythros, rojo, por el color de las flores. En español se la conoce como árbol coral, eritrina o ceibo de Sudáfrica, aunque estos nombres se aplican también a otras especies del género y conviene manejarlos con cuidado.

Es un árbol caducifolio, de 9 a 15 metros de altura en cultivo —hasta 18-20 en condiciones óptimas—, con una copa muy ancha, extendida y aparasolada que puede superar la altura en diámetro. El tronco es grueso, de corteza gris clara y lisa cuando es joven, más rugosa con el tiempo, y está armado con aguijones cónicos cortos y robustos, presentes también en las ramas jóvenes y a veces en los pecíolos. Con la edad, los aguijones del tronco se van perdiendo.

Las hojas son trifoliadas, alternas, con largo pecíolo, y los tres folíolos son anchamente ovados o casi triangulares, de 7 a 15 cm, verde brillante, con el terminal más grande que los laterales. Caen en pleno invierno y el árbol permanece desnudo unas semanas.

La floración

Es la razón por la que se planta. Aparece sobre las ramas sin hojas, típicamente de febrero a abril en el litoral mediterráneo español, y a veces se adelanta a enero en años suaves o en Canarias.

Las flores se agrupan en racimos densos y erguidos en el extremo de las ramas. Cada flor mide unos 5-6 cm y tiene la estructura papilionácea propia de las leguminosas, pero muy modificada: el estandarte es ancho, curvado hacia fuera y casi horizontal, lo que deja los estambres bien expuestos. El color va del escarlata al naranja rojizo, y existe una forma de flor blanca o crema, mucho menos frecuente.

Esa arquitectura floral no es casual: en Sudáfrica está adaptada a la polinización por aves nectarívoras, que se posan en el estandarte como en una plataforma. Aquí, sin esos pájaros, la visitan abejas, avispas y, con frecuencia, mirlos y gorriones que aprenden a robar el néctar.

Los frutos son legumbres leñosas negruzcas, estranguladas entre semilla y semilla, de 6 a 20 cm. Contienen semillas duras, brillantes, de un rojo escarlata vivo, a veces con una mancha negra; son las llamadas "judías de la suerte" o lucky beans.

Aviso importante: esas semillas contienen alcaloides tóxicos del grupo de las eritrinas, con acción similar a la del curare. Su color llamativo las hace muy atractivas para los niños. Si hay críos pequeños o mascotas que roan lo que encuentran, conviene recoger las legumbres del suelo cuando caen. La corteza y las hojas también contienen alcaloides en menor cantidad.

Flores escarlata de Erythrina caffra

No la confundas con otras eritrinas

En viveros y jardines españoles conviven varias especies del género y se etiquetan mal con enorme frecuencia:

Erythrina crista-galli, el ceibo, originaria de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, y flor nacional argentina. Es mucho más pequeña, entre arbusto grande y arbolito de 5-8 m, a menudo con varios troncos. Florece en verano, de junio a septiembre y con las hojas puestas, con racimos colgantes de flores rojo carmín y estandarte plegado hacia abajo. Es bastante más resistente al frío que la caffra: si se hiela la parte aérea rebrota desde la base. Si vives en el interior peninsular, esta es la eritrina que puedes cultivar.

Erythrina lysistemon, también sudafricana y muy parecida a la caffra. Se distingue porque sus flores son de un rojo más oscuro y puro, con el estandarte estrecho, alargado y plegado longitudinalmente en forma de canoa, no ancho y abierto como en la caffra. Además tiene un porte algo menor. Es probablemente la confusión más habitual.

Erythrina falcata y Erythrina humeana aparecen también en colecciones, la segunda con porte casi arbustivo y floración estival.

Dónde se puede cultivar en España

La respuesta corta: donde no hiele con seriedad. Es el factor limitante absoluto.

Un ejemplar adulto y bien establecido soporta heladas puntuales y breves de hasta -3 o -4 °C con daño limitado a las ramillas terminales. Por debajo de eso empieza a perder ramas gruesas, y a -6 o -7 °C puede morir. Los ejemplares jóvenes, de menos de tres o cuatro años, sufren ya con 0 °C y necesitan protección o cultivo en maceta a resguardo los primeros inviernos.

En la práctica, se cultiva bien en el litoral mediterráneo desde Cataluña hasta Andalucía, en el litoral atlántico andaluz, en Baleares y en Canarias, especialmente en la franja costera donde el mar suaviza las mínimas. En Málaga, Almería, Alicante, Valencia o Palma es un árbol de calle habitual. Tierra adentro, en Madrid, Zaragoza, Castilla o el valle del Duero, no es viable a la intemperie.

Salinidad y viento. Tolera bien la brisa marina y los suelos algo salinos, algo que la hace útil en primera línea de costa. Lo que no tolera bien es el viento fuerte: su madera es blanda, ligera y quebradiza, y las ramas se desgajan con facilidad en un temporal. Plántala al abrigo si tu zona es ventosa.

Cuidados

Ubicación. Pleno sol y mucho espacio. Es un árbol de copa ancha con raíces superficiales, gruesas y expansivas que levantan pavimentos y buscan las conducciones de riego y saneamiento. Deja como mínimo 8-10 metros a construcciones, muros, aceras y tuberías. En alcorques pequeños de acera acaba dando problemas.

Suelo. Poco exigente. Vive en suelos arenosos, francos o pedregosos, ácidos o ligeramente básicos. La condición innegociable es el drenaje: el encharcamiento le produce podredumbre de raíz con rapidez. En suelos muy calizos puede mostrar clorosis, corregible con quelato de hierro pero mejor evitable eligiendo bien el sitio.

Plantación. A finales de invierno o en primavera, entre marzo y mayo, cuando ya no hay riesgo de helada y el suelo se está calentando. Plantarla en otoño la expone a pasar el primer invierno recién trasplantada, que es cuando más vulnerable está al frío. Cava un hoyo amplio, incorpora algo de compost si el suelo es muy pobre y coloca un tutor sólido los dos primeros años.

Riego. Generoso durante las dos primeras temporadas: cada 5-7 días en verano, en profundidad. Una vez establecida es notablemente resistente a la sequía gracias a su raíz profunda y a que pierde la hoja parte del año. Un ejemplar adulto en el litoral puede pasar el verano con riegos quincenales o incluso sin ellos. Reduce mucho el riego en invierno, cuando está sin hojas: en ese periodo el agua sobrante no se consume y favorece las pudriciones.

Abonado. Muy poco. Al ser leguminosa, fija nitrógeno atmosférico mediante bacterias simbióticas en las raíces y no necesita aportes nitrogenados. Un aporte de compost o de abono orgánico en primavera, al empezar la brotación, es más que suficiente. El exceso de nitrógeno produce brotes largos, blandos, aún más frágiles y con menos flor.

Poda. Se poda al terminar la floración, entre abril y mayo, nunca en otoño ni invierno. La razón es doble: la floración se produce sobre madera del año anterior, y las heridas hechas en frío cicatrizan mal y son puerta de entrada de podredumbres, porque su madera se degrada muy rápido.

Limítate a eliminar ramas secas, rotas, cruzadas o mal insertadas, y a aclarar el interior de la copa para que el viento pase. Evita los cortes de gran diámetro: una herida de 15 cm en una eritrina difícilmente compartimenta y suele acabar en una oquedad. Si hay que reducir una rama grande, hazlo en varias temporadas y por partes. Los aguijones aconsejan guantes gruesos.

Crecimiento. Rápido: puede hacer 60-100 cm al año en condiciones favorables. Eso es una ventaja para conseguir sombra pronto y un inconveniente para la solidez estructural, así que la poda de formación en los primeros años —seleccionando tres o cuatro ramas principales bien repartidas y con ángulos de inserción abiertos— vale mucho la pena.

Ejemplar de Erythrina caffra en flor

Multiplicación

Por semilla. Es el método habitual. Las semillas tienen la cubierta muy dura e impermeable, así que hay que escarificarlas: una lima o papel de lija en el lado opuesto al hilo, o un remojo en agua tibia durante 24 horas hasta que se hinchen. Siembra en primavera, con temperatura de sustrato de 22-25 °C, en mezcla arenosa y a un centímetro de profundidad. Germinan en una o dos semanas. Recuerda manipularlas con cuidado por su toxicidad y no dejarlas al alcance de los niños. Los ejemplares de semilla tardan entre cinco y ocho años en florecer.

Por estaca gruesa. Es el método más rápido y una particularidad interesante del género: las eritrinas enraízan a partir de estacas de rama de gran calibre. Se cortan trozos de rama de 5-10 cm de grosor y 60-150 cm de largo, a finales de invierno o principios de primavera, se dejan secar la herida a la sombra durante una o dos semanas para que cicatrice y se clavan directamente en el suelo definitivo, enterrando un tercio. Con esta técnica se obtiene un arbolito en una sola temporada. Es como se han multiplicado tradicionalmente los setos vivos de eritrina en muchos países.

Por esqueje semileñoso de 20-30 cm en verano, con hormona y nebulización, también funciona.

Plagas y problemas

Avispa agalladora de la eritrina (Quadrastichus erythrinae). Es la amenaza más seria del género. Se trata de un diminuto himenóptero de origen africano que se ha ido extendiendo por regiones tropicales y por la cuenca mediterránea. Sus larvas se desarrollan dentro de los tejidos jóvenes y provocan agallas, deformaciones y engrosamientos en hojas, pecíolos y brotes tiernos, con defoliaciones repetidas que en pocos años pueden matar al árbol. Si aparecen hojas abolladas, retorcidas y con protuberancias, hay que sospechar de ella y consultar con el servicio de sanidad vegetal de tu comunidad, porque el manejo requiere tratamientos específicos y a menudo sistémicos. Retirar y destruir el material afectado ayuda a frenar la población.

Cochinillas y pulgones. Frecuentes en brotes tiernos y en el envés de las hojas, sobre todo en primavera. Producen melaza y negrilla. Jabón potásico o aceite de parafina para casos leves.

Ácaros. En veranos secos y calurosos, punteado amarillento en el haz.

Podredumbres de madera y de raíz. El problema estructural típico. Su madera blanda se pudre fácilmente tras podas mal hechas, roturas o encharcamiento. Un árbol grande con oquedades en las ramas principales es un riesgo de desgaje que conviene evaluar.

Clorosis férrica en suelos con caliza activa alta.

Usos

Ornamental. Su uso principal. Como ejemplar aislado en jardines amplios, en parques y en alineaciones de paseos costeros anchos. Funciona muy bien plantada donde se la pueda ver desde lejos en floración y sobre un fondo verde oscuro que contraste con el escarlata. Su sombra estival es densa y agradable; su desnudez invernal deja pasar el sol justo cuando se agradece, un comportamiento ideal para plantar al sur de una terraza.

Sombra y estabilización. En su país de origen y en zonas tropicales se usa como árbol de sombra en cultivos, como soporte vivo para trepadoras y como seto vivo a partir de estacas.

Fauna. Es un recurso de néctar muy valioso al final del invierno, cuando escasea, y atrae abejas y aves.

Madera. Muy ligera, blanda y poco duradera. No tiene valor maderable; tradicionalmente se ha usado para objetos ligeros, flotadores y tallas.

En resumen

La Erythrina caffra es un árbol caducifolio sudafricano de copa ancha y crecimiento rápido que florece en escarlata sobre ramas desnudas entre febrero y abril. Su límite es el frío: solo prospera al aire libre en el litoral mediterráneo, el sur atlántico, Baleares y Canarias, y los ejemplares jóvenes hay que protegerlos. Quiere pleno sol, suelo bien drenado, riego abundante los dos primeros años y muy escaso después, casi nada de abono y una poda ligera realizada siempre justo después de florecer. Necesita mucho espacio porque sus raíces son superficiales y expansivas y su madera es frágil. Vigila las agallas en los brotes tiernos y mantén fuera del alcance de los niños esas semillas rojas tan bonitas: son tóxicas.


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