A finales de febrero, cuando en el jardín todavía no ha arrancado casi nada, aparecen manchas blancas derramándose sobre los muros de piedra y las rocallas. Buena parte de ellas son Arabis caucasica, una crucífera de montaña que florece antes que los bulbos de primavera y que, bien colocada, tapiza un talud entero sin pedir nada a cambio.
No es un arbusto, pese a lo que sugieren muchas fichas de vivero. Es una mata perenne rastrera de base algo lignificada, de 15 a 25 cm de altura, que se extiende en horizontal formando una alfombra. Esa confusión no es solo terminológica: quien la planta esperando volumen y estructura acaba decepcionado, y quien la planta como tapizante de sitio seco y soleado acierta casi siempre.
Características y origen
Arabis caucasica pertenece a las brasicáceas o crucíferas, la familia de la col, el rábano y el alhelí. Ese parentesco explica su flor de cuatro pétalos en cruz y, como veremos, buena parte de sus plagas. Verás también el sinónimo Arabis albida, y algunos autores la tratan como subespecie de Arabis alpina; en el comercio se vende indistintamente y es la misma planta.
Procede de las montañas del sureste de Europa, Anatolia, el Cáucaso e Irán, donde vive en roquedos y pedregales calizos. De ahí salen todas sus exigencias de cultivo, y también su enorme rusticidad al frío.
- Porte. Alfombra laxa de 15-25 cm de alto que se ensancha 40-60 cm por planta, enraizando aquí y allá donde los tallos tocan el suelo.
- Hojas. En roseta, obovadas, con el margen groseramente dentado y un fino tomento gris que les da un tono verde grisáceo. Ese vello no es decorativo: reduce la pérdida de agua y refleja luz, un rasgo típico de planta de alta montaña.
- Flores. Blancas, de cuatro pétalos, de 1 a 1,5 cm, reunidas en racimos sobre tallos cortos. Son ligeramente perfumadas y una fuente de néctar muy valiosa para abejas y mariposas en un momento del año en que hay poco abierto.
- Floración. De febrero a mayo en la Península según la altitud y la comarca; en zonas litorales suaves puede abrir ya en enero, y en montaña se retrasa a abril o mayo. Dura entre cuatro y seis semanas.
- Rusticidad. Resiste sin daño hasta -20 °C. El frío no es un problema para ella en ninguna zona de España.
Entre los cultivares interesantes están 'Schneehaube' y 'Snowfix', de flor blanca compacta y abundante; 'Plena', de flor doble, más vistosa y de floración larga porque no cuaja semilla; 'Variegata', con hoja marginada de crema, algo menos vigorosa; y los de flor rosada, como 'Rosabella' o 'Compinkie'. Los dobles y los variegados hay que multiplicarlos por esqueje o división, nunca por semilla.
No la confundas con sus vecinas de rocalla
El nombre popular canastillo de plata o cestillo de plata se aplica en España a varias plantas distintas que comparten hábito y época, y eso genera compras equivocadas. Merece la pena saber distinguirlas:
- Iberis sempervirens. También blanca y tapizante, pero de hoja lineal, verde oscuro y sin pelos, y con flores agrupadas en corimbos planos donde los pétalos exteriores son claramente más largos. Aguanta mejor la humedad estival.
- Aubrieta deltoidea. Prima cercana, misma familia y mismo uso, pero de flor violeta o malva. Se planta a menudo junto a la arabis por el contraste.
- Cerastium tomentosum. Mucho más blanca de follaje, casi plateada, con hoja estrecha y pétalos escotados en la punta. Es bastante más invasora que la arabis.
- Lobularia maritima. El aliso de mar, anual o de vida corta, de flor diminuta y muy perfumada, y de hoja verde sin dientes.
Dónde y cómo plantarla
Las dos condiciones que deciden si la arabis prospera o se pudre son sol y drenaje, en ese orden. Viene de pedregales alpinos, así que un suelo de jardín rico y húmedo la mata por exceso de atenciones.
Exposición. Pleno sol en el norte peninsular y en zonas de montaña. En el sur y en el interior con veranos muy severos —Sevilla, Córdoba, Badajoz, Murcia—, le va mejor un emplazamiento con sol de mañana y sombra desde las dos o tres de la tarde, o directamente la cara este de un muro. A la sombra plena se ahíla, florece poco y acaba desapareciendo.
Suelo. Pobre, pedregoso, suelto y con drenaje libre. Tolera bien la caliza y los pH alcalinos, que en media España es una ventaja notable. Lo que no soporta es la arcilla compacta que retiene agua en invierno; en ese caso hay que plantarla en talud, sobre un caballón, en jardinera elevada o entre las juntas de un muro seco, que es donde mejor se la ve.
Época. Otoño, de septiembre a noviembre, es la mejor en clima mediterráneo: enraíza con las lluvias y llega con fuerza a la floración de invierno. La plantación de primavera funciona en el norte y en montaña, pero obliga a regar el primer verano.
Marco. De 30 a 40 cm entre plantas si se busca cubrir. Cierra el hueco en un par de temporadas. Al plantar, deja el cuello de la planta a ras o ligeramente por encima del nivel del suelo y remata la superficie con una capa de grava o gravilla de 2-3 cm. Ese acolchado mineral mantiene la base de las rosetas seca y evita la podredumbre del cuello, que es la causa más común de pérdida. El acolchado orgánico —corteza, compost, paja— hace exactamente lo contrario y hay que evitarlo aquí.
Riego y abonado
El primer año necesita riegos regulares mientras se instala: cada semana o diez días si no llueve, siempre a fondo y por la mañana. A partir del segundo año, una arabis en suelo puede pasar el año sin riego en el norte y con dos o tres riegos de socorro en pleno verano en el centro y sur, solo si ves las rosetas visiblemente mustias.
Riega al pie y evita mojar el follaje, sobre todo en verano y a última hora del día: el tomento de sus hojas retiene el agua, y una mata mojada toda la noche con calor es una invitación a los hongos. En maceta, sustrato muy drenante con un tercio de arena gruesa o puzolana, y riego solo cuando el sustrato esté seco en profundidad.
Con el abonado, menos es más. No necesita fertilización en suelo de jardín normal. Un exceso de nitrógeno produce mucha hoja blanda, tallos tumbados, menos flor y una mata que se abre por el centro. Si el suelo es extremadamente pobre, basta con un puñado de compost bien hecho alrededor de la planta al final del invierno, sin tocar el cuello.
El recorte que decide su vida útil
Aquí está la diferencia entre una arabis que dura tres años y otra que sigue impecable a los diez. Su tendencia natural es envejecer desde el centro: los tallos se alargan, se lignifican, se tumban y dejan un calvero leñoso en el medio rodeado de un anillo verde. Con el tiempo esa corona se desintegra.
La solución es sencilla y hay que hacerla todos los años: un recorte severo justo después de la floración, en cuanto las últimas flores se pasan, hacia mayo. Se rebaja la mata a la mitad o a un tercio de su tamaño con tijera de setos o cizalla, incluidos los tallos florales agotados. Parece brutal, pero la planta rebrota en un par de semanas con follaje compacto, y en otoño estará más densa y limpia que antes.
Dos consecuencias prácticas del recorte que conviene tener claras:
- Cortar a tiempo impide que semille. La arabis se resiembra con facilidad y puede aparecer en juntas de pavimento y macetas vecinas. Si quieres que se naturalice en un talud, deja sin recortar una parte de la mata; si no la quieres suelta por el jardín, recorta entera y a tiempo.
- Si te pasas la fecha y llegas en pleno verano, mejor espera al otoño. Un recorte fuerte con 35 °C obliga a rebrotar en el peor momento del año.
Aparte de eso, retirar hojas secas del interior de la mata en otoño y arrancar los tallos que se hayan quedado desnudos completa todo el mantenimiento anual.
Cómo multiplicarla
División de mata. El método más rápido y fiable. Se hace justo después de la floración o a comienzos del otoño: se levanta la planta, se separan porciones con raíz propia y se replantan de inmediato, regando bien. Cada dos o tres años conviene dividir de todos modos para rejuvenecer las matas viejas.
Esquejes. A comienzos del verano, tras el recorte, se toman brotes tiernos de 5-8 cm sin flor, se elimina el tercio inferior de hojas y se ponen en arena con turba, a la sombra y con humedad constante pero sin encharcar. Enraízan en tres o cuatro semanas.
Semilla. Es fácil y barata para la especie tipo, no para los cultivares seleccionados. Se siembra en primavera o a finales de verano, en bandeja, apenas cubierta —necesita luz para germinar— a 15-18 °C. Germina en dos o tres semanas y florece en su segunda primavera.
Plagas y enfermedades
Al ser una crucífera, comparte enemigos con las coles del huerto. Ese detalle es útil: si tienes problemas de crucíferas en la parcela, la arabis los va a heredar.
Pulgones. Se instalan en los tallos florales tiernos en primavera y deforman la inflorescencia. Un chorro de agua a presión o jabón potásico repetido a los cinco días resuelve la mayor parte de los casos, y la fauna auxiliar hace el resto si no se abusa de insecticidas de amplio espectro.
Pulguillas o altisas (Phyllotreta spp.). Escarabajos diminutos que saltan al acercar la mano y dejan las hojas perforadas de agujeritos redondos. Atacan sobre todo en primavera seca y sobre plantas jóvenes. Mantener el suelo algo húmedo y colocar trampas cromáticas amarillas reduce mucho el daño; en planta adulta es un problema estético, no vital.
Orugas de la mariposa de la col (Pieris spp.). Ocasionales, sobre todo en jardines con huerto cercano. Se retiran a mano o se trata con Bacillus thuringiensis, que es selectivo y respeta polinizadores.
Caracoles y babosas. Los primeros brotes tras el recorte son un objetivo fácil en primaveras lluviosas. El acolchado de grava ayuda bastante.
Roya blanca (Albugo candida) y mildiu. Pústulas blancas nacaradas en el envés y deformaciones de los tallos, en primaveras húmedas y con mata muy densa. Se corrige aclarando, retirando y destruyendo el material afectado —no al compost— y evitando el riego por aspersión.
Podredumbres de raíz y cuello. Es lo que de verdad mata arabis: Rhizoctonia, Phytophthora y Botrytis en suelos que quedan mojados. La mata se vuelve marrón por sectores y se desprende al tirar. No hay fungicida que compense un mal emplazamiento; la solución es replantar en sitio drenante y elevado.
Hernia de la col (Plasmodiophora brassicae). Poco frecuente pero posible por su condición de crucífera. Si en esa zona del terreno ha habido coles con raíces engrosadas y deformes, no plantes arabis allí.
Errores frecuentes
- Tratarla como planta de flor de temporada y abonarla cada quince días. Responde con follaje flojo y sin flor.
- Plantarla en suelo llano y arcilloso del jardín en lugar de en talud, muro o rocalla. Es la vía rápida a la podredumbre invernal.
- No recortarla tras la floración. Un año se perdona; tres, no. La mata queda hueca por el centro y ya solo cabe dividirla y replantarla.
- Acolcharla con corteza o compost. Mantiene húmedo el cuello justo donde debería estar seco.
- Esperar que aguante los veranos del interior sur a pleno sol y sin una gota. Sobrevive, pero se agosta y pierde masa; con sombra de tarde el resultado cambia por completo.
En resumen
Arabis caucasica es una vivaz tapizante de la familia de las crucíferas, no un arbusto, que cubre taludes, rocallas, muros secos y borduras con una alfombra gris verdosa y una floración blanca muy temprana, entre febrero y mayo. Resiste hasta -20 °C, tolera la caliza y una vez asentada apenas necesita riego.
Sus dos requisitos son sol y drenaje impecable; el agua parada en invierno es lo que se la lleva, y un acolchado de grava en lugar de corteza previene la mitad de los problemas. El cuidado que de verdad marca la diferencia es el recorte a la mitad justo después de florecer, cada año, que evita que se pele por el centro y permite dividirla cada dos o tres temporadas para tener planta nueva. En cuanto a plagas, recuerda que es una crucífera: pulgón, pulguilla y orugas de la col, todas manejables sin química agresiva.