Ni es un arce, ni es japonés, ni tiene nada que ver con los farolillos chinos del Physalis. El Abutilon arrastra tres nombres populares equivocados —"arce de interior", "farolito japonés" y "linterna china"— y esa confusión explica buena parte de los fallos que se cometen al cultivarlo. Es una malvácea, pariente directa del hibisco y de la malva común, y se comporta como tal: crece rápido, florece sin descanso durante meses y necesita agua y comida en proporción a esa velocidad.
Dos grupos de Abutilon que no se cuidan igual
Antes de hablar de riegos y podas hay que separar lo que en vivero se vende bajo la misma etiqueta, porque la resistencia al frío y el momento de podar cambian por completo de un grupo al otro.
Grupo de flor colgante y campanilla (los "farolitos"). Aquí entran Abutilon × hybridum —origen de la mayor parte de los cultivares de flor grande, amarilla, naranja, roja, salmón o blanca— y Abutilon megapotamicum, el brasileño de rama larga y flexible cuyo cáliz rojo y pétalos amarillos forman el farolillo más reconocible. Son de clima suave. Las hojas recuerdan a las del arce, de ahí el mote. Aguantan heladas cortas de -2 a -4 °C perdiendo la parte aérea; por debajo de eso mueren.
Grupo chileno de flor plana. Abutilon vitifolium (hoy Corynabutilon vitifolium para muchos botánicos) y el híbrido Abutilon × suntense son arbustos altos, de 3 a 5 m, con hojas grisáceas afieltradas y flores abiertas y planas, de un malva azulado o blancas, en mayo y junio. Resisten bastante más frío —del orden de -8 a -12 °C— pero llevan mal el calor seco prolongado. Son plantas de jardín, no de maceta, y de vida corta: ocho o diez años y hay que reponer.
Traducido al mapa peninsular: en la costa mediterránea, Canarias, el Golfo de Cádiz y el litoral cantábrico, los farolitos viven al aire libre todo el año. En Madrid, Castilla y León, Aragón o Navarra son plantas de maceta que invernan a cubierto. Los chilenos, al revés, prosperan en el norte húmedo y en la mitad norte de interior con algo de sombra en verano, y sufren en Sevilla o Murcia.
Características de la planta
Son arbustos de madera blanda y crecimiento muy rápido: un ejemplar de esqueje puede alcanzar metro y medio en su segunda temporada. Esa rapidez tiene contrapartida, porque la madera es quebradiza y una racha de viento parte ramas cargadas de flor con facilidad. Plantar al abrigo de un muro o de otro arbusto no es un capricho estético.
Las hojas son alternas, palmatilobuladas y de borde dentado. En A. × hybridum hay cultivares con hoja moteada de amarillo, como 'Thompsonii', y aquí conviene un apunte que sorprende: ese jaspeado no es una variegación genética, sino el efecto de un virus —el virus del mosaico del abutilón—, mantenido a propósito por injerto durante casi dos siglos. No es peligroso para el resto del jardín en condiciones normales, pero conviene saber que la planta lo lleva.
La flor es lo que justifica cultivarlo. Cada una dura pocos días, pero la planta abre flores nuevas de forma continua desde abril hasta las primeras heladas, y en invernadero o galería templada puede seguir floreciendo en invierno. Cinco pétalos, columna estaminal central típica de las malváceas, y un néctar abundante que atrae abejas y, en zonas cálidas, colibríes en su área de origen.
Sobre toxicidad: Abutilon no figura entre las plantas tóxicas de jardín. No hay riesgo reseñable para niños ni para perros y gatos más allá de una molestia digestiva si comen mucha hoja. Se puede plantar sin preocupación en ese aspecto.
Cultivo: dónde plantarlo y en qué
Luz. Sol directo por la mañana y sombra en las horas centrales del verano es la combinación ideal en el centro y el sur. En el norte, a pleno sol. En sombra plena crece, pero se ahíla y da la mitad de flor. Dentro de casa necesita la ventana más luminosa disponible: es una planta de exterior tolerada en interior, no al revés, y ese malentendido acaba con muchos ejemplares.
Suelo. Fértil, profundo y con buen drenaje, ligeramente ácido a neutro. En suelos calizos muestra clorosis con facilidad, que se corrige con quelato de hierro. Un sustrato válido para maceta: mantillo o turba, compost bien maduro y un tercio de material drenante —perlita o arena gruesa de río—. En maceta hay que ser generoso con el tamaño: un ejemplar adulto pide 30 o 40 cm de diámetro, y agradece un trasplante anual a la salida del invierno.
Multiplicación. Por esqueje semileñoso en junio-julio, con puntas de 10-12 cm, quitando las hojas inferiores y dejando dos arriba. Enraízan en tres o cuatro semanas en sustrato húmedo y a la sombra, con o sin hormona. Es tan fiable que merece la pena hacer un par de esquejes cada verano como seguro contra un invierno duro. La semilla también germina bien en primavera a 18-20 °C, pero los híbridos no repiten el color de la planta madre.
Cuidados a lo largo del año
Riego. Es la parte donde más se falla, en las dos direcciones. La hoja es grande y transpira mucho, así que en pleno verano un ejemplar en maceta al exterior puede necesitar agua a diario. En cuanto le falta, las hojas caen en bandera y, si se repite, la planta suelta los botones florales antes de abrirlos. Pero el exceso constante y el plato con agua estancada pudren la raíz igual de rápido. La pauta razonable es regar cuando los dos primeros centímetros de sustrato están secos, mojando hasta que salga agua por el drenaje, y vaciar el plato. En invierno, con la planta parada y a temperatura fresca, se reduce a la mitad o menos.
Abonado. Florece sobre el crecimiento del año y consume mucho. De marzo a septiembre, un abono líquido para plantas de flor cada quince días, o un granulado de liberación lenta rico en potasio a principios de primavera. Si domina el nitrógeno se obtiene una planta enorme, verde y sin flores: un exceso de abono de crecimiento es la causa más común de un abutilón frondoso que no florece.
Poda. Depende del grupo, y aquí conviene no equivocarse. Los farolitos (A. × hybridum, A. megapotamicum) florecen en madera del año, así que se podan a finales de invierno, en febrero o marzo, acortando todas las ramas un tercio o incluso a la mitad; sin esa poda se desnudan por abajo y quedan con cuatro varas larguiruchas rematadas en flor. Los chilenos A. vitifolium y A. × suntense florecen en la madera del año anterior: se limitan a un aclareo ligero justo después de la floración, en julio, y no admiten cortes severos en madera vieja, porque rebrotan mal o no rebrotan. Durante la temporada, pinzar las puntas de los brotes jóvenes en los farolitos ramifica la planta y multiplica los puntos de flor.
Invernada. Donde hiela, la planta en maceta entra bajo techo antes de la primera helada, a un local luminoso y fresco de 8 a 12 °C. Ni en una habitación a 22 °C con calefacción, que la agota y la llena de mosca blanca, ni en un trastero oscuro. Si se planta en el jardín en zona de heladas ligeras, un acolchado grueso sobre el pie permite que rebrote de la base aunque pierda toda la parte aérea; no hay que dar por muerta hasta mayo una planta que ha helado.
Problemas frecuentes
Mosca blanca. La plaga número uno del abutilón, sobre todo en invernada bajo techo y en galerías. Nubecillas de insectos blancos que salen al mover la planta y melaza pegajosa en el envés. Se combate con trampas cromáticas amarillas, lavados con jabón potásico repetidos cada cinco o siete días —hay que insistir, porque el jabón no mata los huevos— y, en invernadero, con Encarsia formosa. Bajar la temperatura de invernada reduce muchísimo el problema.
Araña roja. Aparece con aire seco y caliente, típicamente en interior con calefacción. Punteado amarillento y telarañas finísimas en el envés. Aumentar la humedad ambiental y pulverizar las hojas la frena; en casos avanzados hay que recurrir a acaricida o, más simple, podar fuerte y sacar la planta al exterior en primavera.
Pulgón y cochinilla algodonosa. El pulgón se ceba con los brotes tiernos en primavera; suele bastar el jabón potásico y la fauna auxiliar. La cochinilla se esconde en las axilas de las hojas y se retira con un bastoncillo con alcohol si son pocas, o con aceite de parafina si el ataque es amplio.
Caída de botones sin abrir. No es plaga. Casi siempre responde a un cambio brusco: un golpe de sequía, una corriente de aire frío, un traslado de sitio o un trasplante en plena floración. Estabilizar el riego suele resolverlo.
Hojas amarillas. Si amarillean las de abajo y caen, sospecha de exceso de agua o falta de nitrógeno. Si amarillea el limbo dejando los nervios verdes en los brotes nuevos, es clorosis férrica por suelo o agua calizos.
En resumen
El Abutilon es una malvácea arbustiva de crecimiento rápido y floración continuada de primavera a otoño, sin parentesco alguno con los arces ni con Japón. Lo primero es identificar cuál se tiene: los farolitos de flor colgante (A. × hybridum, A. megapotamicum) solo aguantan -2 o -3 °C, florecen en madera nueva y se podan a fines de invierno; los chilenos A. vitifolium y A. × suntense resisten hasta -10 °C, florecen en madera vieja y solo admiten un aclareo tras la floración. Quiere luz abundante, suelo fértil y drenado, riego regular sin encharcar y abonado quincenal con potasio en temporada; el exceso de nitrógeno da hoja y quita flor. En zonas con heladas, invernar en local luminoso a 8-12 °C y vigilar la mosca blanca, que es su plaga característica. Los esquejes semileñosos de verano enraízan con facilidad y son el mejor seguro para no perder la planta.