En febrero, con las ramas todavía peladas y el jardín parado, aparecen flores rojas pegadas directamente a la madera vieja, sin una sola hoja alrededor. Ese arbusto espinoso y aparentemente muerto es el membrillero japonés, uno de los pocos leñosos de jardín que florece antes de brotar y que sigue dando espectáculo cuando casi nada más lo hace.

Conviene aclarar dos cosas desde el principio, porque el nombre engaña. No es un árbol: es un arbusto de entre 60 cm y 3 m según la especie. Y no da los membrillos que se compran para carne de membrillo, que proceden de Cydonia oblonga, un árbol distinto. Los frutos del membrillero japonés son más pequeños, más duros y mucho más ácidos, aunque tienen su uso.

Flores rojas de Chaenomeles japonica sobre madera desnuda

Qué planta es exactamente

Bajo el nombre de membrillero japonés se venden en España tres cosas distintas, todas del género Chaenomeles, familia de las rosáceas:

Chaenomeles japonica es la especie japonesa auténtica. Arbusto bajo, de 60 cm a 1 m, muy ramificado, con espinas cortas y flores anaranjadas o de un rojo ladrillo. Es la más adecuada para jardines pequeños y para taludes.

Chaenomeles speciosa, pese al nombre popular, es china. Llega a 2 o 3 m, tiene ramas más largas y arqueadas, y es la que se presta a cultivarse pegada a un muro. Sus cultivares cubren toda la gama: 'Nivalis' blanco puro, 'Moerloosei' blanco rosado como una flor de manzano, 'Simonii' rojo oscuro y semidoble.

Chaenomeles × superba es el híbrido entre las dos anteriores, de porte intermedio (1 a 1,5 m) y el grupo más extendido en vivero. 'Crimson and Gold', con pétalos rojos y anteras doradas muy marcadas, es probablemente el cultivar más vendido.

Las hojas son caducas, alternas, ovaladas y con el borde aserrado, de un verde brillante que brota justo después de la floración. Las estípulas de la base del pecíolo son grandes y redondeadas, un detalle que sirve para identificar el género cuando no hay flor. La madera es dura y las ramas llevan espinas verdaderas —ramas transformadas—, lo que convierte al arbusto en una barrera impenetrable cuando se planta en seto.

La floración: cuándo, dónde y por qué a veces no llega

Florece de enero a abril según la zona: en el litoral mediterráneo y en Andalucía se adelanta a mediados de enero, en la meseta y el norte suele ser febrero-marzo, y en zonas de montaña se retrasa hasta abril. Las flores nacen en ramillos cortos de la madera de dos o más años, nunca en el crecimiento del año en curso.

Ese detalle explica el fallo más habitual con esta planta: quien la recorta en otoño o en invierno para "arreglarla" está cortando exactamente las yemas de flor. Un membrillero japonés que se poda cada invierno no vuelve a florecer bien nunca. El momento correcto de podar es inmediatamente después de la floración, cuando las flores se marchitan y antes de que la hoja esté del todo desarrollada.

La otra causa frecuente de mala floración es la sombra. Tolera la media sombra y sobrevive en ella, pero la cantidad de flor cae en picado. A pleno sol —incluido el sol de tarde del interior peninsular— florece sin problemas.

Suelo, riego y resistencia al frío

Es una planta poco exigente y muy resistente. Aguanta heladas de -20 °C sin daño en la madera, de modo que en España no hay ninguna zona donde el frío sea un límite. Lo que sí puede estropear la cosecha de flor es una helada fuerte cuando los botones ya están abiertos: las flores abiertas se queman a partir de unos -3 °C, aunque el arbusto rebrota y suele abrir escalonadamente el resto de yemas.

Acepta suelos pobres, pedregosos y arcillosos, y tolera cierta caliza. El límite está en suelos muy calizos con pH por encima de 8, donde aparece clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes, sobre todo en los brotes nuevos. Si el agua de riego además es dura, el problema se agrava año tras año. En esas condiciones se corrige con quelato de hierro EDDHA aplicado en el agua de riego a la salida del invierno, pero si el suelo es de yesos o margas muy activas conviene elegir otro arbusto antes que pelearse cada primavera.

Lo que no perdona es el encharcamiento. Raíces en suelo saturado durante semanas significa asfixia radicular y, casi siempre, entrada de hongos de cuello. Plantar en un caballón elevado resuelve el problema en terrenos pesados.

En riego es sobrio. Una vez arraigado, en el norte y en zonas con más de 600 mm de lluvia puede vivir de la lluvia. En el centro y el sur se le dan riegos de apoyo en verano, espaciados y abundantes, mejor que poco y a diario. El acolchado de corteza o de restos de poda triturados mantiene la humedad y le viene muy bien.

Plantación, multiplicación y usos

El momento de plantar es el otoño, de octubre a diciembre, para que enraíce con las lluvias antes del calor. Si se compra en contenedor puede plantarse también a finales de invierno. Marco de plantación: 1 m entre plantas para seto bajo con C. japonica, 1,5 m con C. speciosa.

Se multiplica con facilidad de tres maneras. Por esqueje semileñoso en julio-agosto, con hormona de enraizamiento y bajo plástico. Por acodo, tumbando una rama baja y cubriéndola: enraíza sola en un año. Y por separación de hijuelos, porque emite brotes de raíz con generosidad; de hecho, en suelos sueltos puede resultar algo invasor y hay que sacar rebrotes cada primavera. La semilla funciona pero exige estratificación en frío de dos o tres meses, y las plantas resultantes no repiten el color del cultivar.

Sus usos van más allá del arbusto aislado: seto defensivo, cobertura de taludes con la especie enana, cultivo en espaldera contra un muro orientado al norte —tolera esa exposición mejor que casi cualquier arbusto de flor—, y bonsái, donde es un clásico por el porte tortuoso y la corteza rugosa.

En cuanto al fruto, aparece en verano y madura en septiembre-octubre: una pomita amarilla, dura, aromática, de 4 a 6 cm. Cruda es intragable por la acidez y la astringencia, pero cocida da una jalea excelente porque es muy rica en pectina y en vitamina C. Una advertencia: como en el resto de las rosáceas, las semillas contienen glucósidos cianogénicos y no deben comerse; se retiran con el corazón antes de cocer, igual que se hace con las manzanas.

Membrillero japonés en invierno con las ramas desnudas

Plagas y enfermedades

Es un arbusto rústico, pero pertenece a la misma tribu que el peral y el manzano y comparte con ellos buena parte de sus problemas sanitarios. Estos son los que de verdad aparecen en España.

Fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Es el más grave y hay que nombrarlo primero. Los brotes se ennegrecen de golpe, se curvan en forma de cayado de pastor y las hojas secas quedan pegadas a la rama, con aspecto de haber pasado un soplete. Ataca sobre todo tras primaveras cálidas y húmedas, entrando por las flores. Chaenomeles es planta huésped reconocida y actúa como reservorio para perales y manzanos de la zona. En España es un organismo de cuarentena regulado, así que ante una sospecha fundada hay obligación de comunicarlo al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, que indica cómo proceder. No existe curación química; lo que se hace es eliminar y destruir el material afectado desinfectando la herramienta entre corte y corte. En zonas frutícolas del Ebro, Lleida o el norte, plantar Chaenomeles junto a plantaciones comerciales es una mala idea.

Moteado o mancha foliar por Entomosporium (Diplocarpon mespili). El problema crónico más frecuente y el que arruina la estética del arbusto. Aparecen manchitas rojizas o púrpuras diminutas en las hojas, que se juntan, amarillean y provocan una defoliación temprana en pleno verano. Se dispara con primaveras lluviosas y con riego por aspersión que moja la hoja. Se controla mejorando la aireación —aclarando ramas en la poda de después de floración— y recogiendo y retirando la hojarasca caída, donde el hongo pasa el invierno. Si la infección es severa año tras año, se recurre a tratamientos cúpricos a la caída de la hoja y al hinchado de yemas.

Pulgones. Colonizan los brotes tiernos en abril y mayo, deformando las puntas y dejando melaza sobre la que se instala negrilla. En un arbusto de jardín rara vez justifican un insecticida: los sírfidos y las mariquitas los controlan en unas semanas. Si hay que actuar, jabón potásico al atardecer y repetido a los cinco días es suficiente. Evita el exceso de abono nitrogenado, que multiplica los brotes tiernos y con ellos el pulgón.

Cochinillas. El piojo de San José (Diaspidiotus perniciosus) y varias cochinillas algodonosas se refugian en el interior de las matas densas y mal aireadas. Se ven como escamas grises adheridas a la corteza. La medida más eficaz es un tratamiento con aceite de parafina en pleno reposo invernal, en un día sin heladas, mojando bien toda la ramificación.

Araña roja (Tetranychus urticae). Propia de veranos secos y calurosos en el interior y el sur. Puntea la hoja de amarillo hasta darle un aspecto plateado, con telillas finas en el envés. Aumentar la humedad ambiental y evitar el estrés hídrico prolongado es la mejor prevención.

Oídio. Polvillo blanco en brotes jóvenes durante primaveras templadas y húmedas. Es estético más que grave; el azufre en polvo lo frena, aplicado con temperaturas por debajo de 30 °C para no quemar la hoja.

Una nota final sobre los "problemas" que no lo son: las hojas amarillas con nervios verdes son clorosis, no plaga; las hojas que caen en octubre son la caducidad normal de la especie; y las manchas rugosas y corchosas en los frutos son casi siempre daños de rozadura por espinas, no una enfermedad.

En resumen

El membrillero japonés (Chaenomeles spp.) es un arbusto caducifolio y espinoso, no un árbol, y su fruto poco tiene que ver con el membrillo de mesa. Florece sobre la madera vieja entre enero y abril, antes de brotar, y por eso solo se poda después de la floración: podarlo en invierno es la forma más segura de quedarse sin flores. Quiere sol para florecer bien, aguanta -20 °C, se conforma con suelos pobres y solo protesta ante el encharcamiento y ante calizas muy activas, donde se cloroza. Se multiplica sin dificultad por esqueje, acodo o hijuelo. En sanidad, lo importante es vigilar el fuego bacteriano —organismo de cuarentena de declaración obligatoria— y controlar la mancha foliar por Entomosporium con aireación e higiene de hojarasca; pulgón, cochinilla y araña roja son problemas menores que se resuelven con medios sencillos.


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