Conviene aclarar una cosa antes de seguir: el canelo no da canela. Comparte el nombre popular y un olor picante en la corteza, pero pertenece a otra familia, a otro continente y a otra rama del árbol evolutivo de las plantas con flor. Quien lo planta esperando cosechar ramas para el arroz con leche se equivoca de especie.
Qué es el canelo
Drimys winteri es un árbol perennifolio de la familia Winteraceae, natural del sur de Chile y del oeste de Argentina. Su área se extiende desde el centro de Chile hasta Tierra del Fuego, lo que lo convierte en uno de los árboles que llega más al sur del planeta, compartiendo cabo de Hornos con los nothofagus.
En su tierra alcanza 15 o 20 metros, a veces más; en cultivo europeo suele quedarse entre 6 y 12, con porte piramidal cuando es joven y copa más abierta con los años. La corteza es lisa, gris ceniza, blanda y de sabor ardiente. Las hojas miden de 8 a 15 cm, son elípticas, algo coriáceas, verde brillante por el haz y marcadamente glaucas, casi blanco azuladas, por el envés: ese contraste al viento es uno de sus mayores atractivos ornamentales. Están tachonadas de células oleíferas, y al estrujarlas sueltan un olor resinoso y picante.
Florece en primavera, de abril a junio en el norte peninsular, con umbelas de flores blanco marfil, cerosas, de aroma dulce y muy visitadas por las abejas. Después vienen bayas globosas que pasan de verde a negro azulado.
Hay un detalle que lo hace célebre entre botánicos: su madera carece de vasos conductores. Transporta el agua solo por traqueidas, como hacen las coníferas, un rasgo ancestral que conserva toda la familia Winteraceae y que sitúa al canelo entre las angiospermas de linaje más antiguo que se pueden plantar en un jardín.
El foye de los mapuches y el capitán Winter
Para el pueblo mapuche el canelo, foye en mapudungun, es el árbol sagrado por excelencia. Preside el rewe, el altar ceremonial de la machi, sus ramas se emplean en las rogativas y su presencia simboliza la paz: llevarlo en la mano en un parlamento equivalía a acudir sin intención de guerra. No es folclore decorativo, es un uso ritual vivo.
El nombre científico viene de otro lado. En 1578, durante la expedición de Francis Drake, el capitán John Wynter recogió corteza de este árbol en el estrecho de Magallanes y la empleó contra el escorbuto de su tripulación. Funcionó, porque la corteza y las hojas son ricas en vitamina C, y durante siglos se comerció en Europa como Winter's bark, corteza de Winter, tanto por eso como por su sabor ardiente, que la convirtió en sustituto barato de las especias caras.
Dónde se puede cultivar en España
Este es el punto que decide todo lo demás. El canelo viene de un clima oceánico, fresco, húmedo todo el año y sin verano seco. Eso lo hace un árbol excelente para Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco y el norte de Portugal, donde crece con vigor y aguanta el viento salino de la costa sin despeinarse demasiado.
En cuanto a frío, un ejemplar establecido resiste en torno a -10 °C, hasta -12 °C en heladas breves. La variedad andina, más compacta y de hoja menor —a menudo vendida como Drimys andina o D. winteri var. andina—, aguanta algo más y se queda en 2 o 3 metros, lo que la hace útil en jardines pequeños. Los ejemplares jóvenes, en cambio, son bastante más sensibles: sus primeros dos o tres inviernos hay que protegerlos con acolchado grueso al pie y, si el sitio es frío, con una malla antiheladas.
Lo que de verdad lo mata en España no suele ser el frío, sino el verano continental o mediterráneo: la combinación de calor seco, aire caliente y suelo agotado de agua le provoca quemaduras foliares y defoliación, y si se repite acaba con él. En Madrid, Zaragoza, Sevilla o el interior de Castilla no es un árbol razonable a pleno sol. En esas zonas solo tiene sentido en un rincón fresco y sombreado, con riego generoso, y aun así con resultados irregulares. Otra opción es maceta grande con sustrato ácido, que permite moverlo y controlar el riego.
Suelo, y por qué la cal es el otro enemigo
Necesita suelo ácido o neutro, entre pH 5 y 6,5, profundo, rico en materia orgánica y con humedad constante pero sin encharcamiento permanente. En terrenos calizos entra en clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes, crecimiento parado y declive progresivo. No es un problema que se arregle con quelatos de hierro cada primavera durante veinte años; si tu agua de riego es dura y tu tierra caliza, plantar canelo es empeñarse en una batalla perdida.
Cuando el sitio es adecuado, la plantación es sencilla: hoyo amplio, abundante mantillo o compost mezclado con la tierra propia, y un acolchado de corteza de pino o de hojarasca de 8 a 10 cm que mantenga el suelo fresco y ácido. Ese acolchado hace más por el árbol que cualquier abono.
Época de plantación. En la cornisa cantábrica y Galicia, otoño, para que enraíce con las lluvias antes del verano. En zonas con inviernos duros, mejor esperar a finales del invierno o principios de primavera, cuando ya han pasado las heladas fuertes.
Riego. Es una especie que no entiende de sequía. El primer y segundo año, riegos regulares que mantengan el suelo fresco de mayo a septiembre; después seguirá necesitando agua en verano en cualquier punto de España, incluido el norte, si hay una racha seca larga. Agua de lluvia o baja en cal siempre que sea posible.
Poda, multiplicación y mantenimiento
Poda. Poca y bien pensada. Tiene tendencia natural a formar varios pies desde la base, así que la única decisión de fondo es si lo quieres a un tronco o multitronco, y eso se define en los primeros años eliminando o dejando los brotes basales. Después basta con retirar madera seca y ramas cruzadas, al terminar la floración. Rebrota bien de cepa, lo que permite recuperar un ejemplar dañado por una helada excepcional en lugar de arrancarlo: conviene esperar a la primavera siguiente antes de dar nada por muerto.
Multiplicación por semilla. Las bayas se recogen maduras y se limpian de pulpa. La semilla responde bien a un mes o mes y medio de estratificación fría, entre 3 y 5 °C en sustrato húmedo, antes de sembrar en superficie sobre turba y perlita. Germina de forma lenta y desigual, y las plántulas crecen despacio los dos primeros años.
Multiplicación por esqueje. Es la vía más fiable si quieres conservar el porte de una planta concreta. Esquejes semileñosos de 12 a 15 cm tomados a finales de verano, con hormona de enraizamiento, sustrato inerte y calor de fondo alrededor de 20 °C bajo campana. Enraízan sin dificultad extraordinaria, aunque sin prisa. También se puede acodar una rama baja, o separar en primavera un brote basal que ya tenga raíces propias.
Problemas. Sano y libre de plagas relevantes en Europa. Casi todos los fracasos que se le achacan a enfermedades son, en realidad, suelo calizo, sequía estival o exceso de sol.
Para qué sirve en el jardín, y qué hay de sus usos tradicionales
Como planta ornamental tiene tres bazas claras. La primera, que es perenne y de hoja grande, lo que le da presencia todo el año. La segunda, el envés glauco, que ilumina el árbol cuando corre el aire. La tercera, la floración blanca y perfumada de primavera, muy apreciada por los polinizadores. Aguanta viento y salinidad moderada, así que en jardines atlánticos costeros funciona como pantalla o como ejemplar aislado sobre césped, y admite bien la compañía de camelias, hortensias, rododendros y helechos, que piden el mismo suelo ácido y fresco.
En cuanto a los usos tradicionales, hay dos capas que conviene separar. Lo bien documentado es su contenido en vitamina C, que explica su historia antiescorbútica, y la presencia de poligodial, un sesquiterpeno drimánico responsable del ardor de la corteza y con actividad antifúngica y disuasoria frente a insectos demostrada en ensayos de laboratorio. Eso no lo convierte en un fitosanitario casero: no existe preparación doméstica con eficacia contrastada ni autorización para su uso en el huerto, y probar mezclas caseras sobre cultivos es tirar el tiempo cuando no algo peor.
La otra capa son los usos medicinales atribuidos en la medicina popular mapuche y criolla, muy variados. La corteza es irritante para las mucosas y su consumo no está estandarizado ni evaluado para uso terapéutico, de modo que no es material para automedicarse. Tenerlo en el jardín es seguro: el riesgo aparece solo si alguien decide ingerir corteza u hojas por su cuenta.
En resumen
Drimys winteri es un árbol chileno perennifolio, sagrado para el pueblo mapuche y famoso en botánica por conservar una madera sin vasos, que nada tiene que ver con la canela de cocina. Prospera en la España atlántica, con suelo ácido, humedad constante y veranos suaves, y resiste alrededor de -10 °C una vez establecido; lo que no soporta es la cal ni el calor seco del interior peninsular. Se multiplica por semilla estratificada o por esqueje semileñoso de final de verano, apenas necesita poda y rebrota de cepa si un invierno lo castiga. Su corteza tiene historia como remedio antiescorbútico y contiene compuestos activos reales, pero eso pertenece al terreno de la etnobotánica: en el jardín su papel es ornamental.