Entre las coníferas grandes que se plantan en España, el Calocedrus decurrens es de las que menos problemas dan y de las que menos se conocen. Aguanta la sequía estival mejor que casi cualquier otra conífera de su porte, no le importa la caliza, apenas tiene plagas y forma una columna verde oscuro de líneas muy limpias. Su inconveniente es el tamaño: no es un árbol para un jardín pequeño y quien lo planta sin calcular acaba con un problema de veinte metros.

Origen y ficha botánica

Calocedrus decurrens (Torr.) Florin es una conífera de la familia Cupressaceae originaria del oeste de Norteamérica. Su área natural va desde el centro de Oregón, atravesando Sierra Nevada californiana y las montañas Klamath, hasta el norte de Baja California, entre los 600 y los 2.500 metros de altitud. Convive allí con el pino ponderosa, el abeto de Douglas, el pino de Jeffrey y las secuoyas gigantes.

El género se llamó durante mucho tiempo Libocedrus, y todavía se encuentra así en catálogos y viveros: Libocedrus decurrens es sinónimo del mismo árbol. En español se le llama libocedro, cedro de incienso o calocedro. Lo de "cedro" es un nombre comercial: no tiene nada que ver con los cedros verdaderos del género Cedrus, que son pináceas de hoja acicular.

El epíteto decurrens alude a la forma de las hojas, que son escamosas y decurrentes, es decir, se prolongan hacia abajo soldadas a la ramilla en lugar de insertarse en un punto. Se disponen en cuatro filas, en verticilos de a cuatro, con las laterales más largas que las faciales, formando ramillas aplanadas en abanico muy características.

El follaje es verde brillante y desprende, al frotarlo, un aroma resinoso intenso y agradable, algo entre el betún de zapatos y el lápiz recién afilado. No es casualidad: la madera de esta especie es la que se usa tradicionalmente para fabricar lápices.

Porte, corteza y fructificación

En su hábitat alcanza 40-50 metros con troncos muy gruesos y copa cónica ancha. En cultivo europeo se comporta de forma muy distinta y llamativa: adopta un porte columnar estrecho, casi fastigiado, con las ramas ascendentes y pegadas al eje, hasta 15-25 metros de altura y apenas 4-6 metros de diámetro. Esa silueta compacta, tan diferente de la que muestra en California, es lo que lo hace tan valioso como árbol arquitectónico y lo que confunde a quien lo ve por primera vez en fotografías de su tierra de origen.

La corteza es uno de sus mayores atractivos: en los ejemplares maduros se vuelve gruesa, fibrosa, profundamente surcada y de un color canela rojizo intenso que se desprende en tiras largas. Con el tiempo forma una base acanalada y ensanchada muy escultórica.

Es una especie monoica. Los conos masculinos son diminutos, amarillentos, y aparecen en las puntas de las ramillas a finales de invierno, tiñendo el árbol de un tono dorado. Los femeninos maduran en un solo año y son gálbulos de 2 a 2,5 cm, colgantes, coriáceos, de color pardo anaranjado, formados por tres pares de escamas. Al abrirse, las dos escamas fértiles se separan hacia fuera y el conjunto recuerda mucho al pico abierto de un pato; es la forma más rápida de identificar la especie con un cono en la mano.

Crece a ritmo moderado: entre 20 y 40 cm al año en condiciones normales, algo más si el suelo es profundo y hay riego. Es un árbol longevo, con ejemplares centenarios habituales y algunos que superan los 500 años en su hábitat.

Ejemplar de Calocedrus decurrens de porte columnar

Cultivo en España: dónde funciona

Su origen es una excelente noticia para nosotros. La Sierra Nevada californiana tiene un clima mediterráneo de montaña: inviernos fríos y con nieve, veranos calurosos y prácticamente sin lluvia. Eso significa que el libocedro llega ya entrenado para el verano ibérico, a diferencia de la mayoría de coníferas ornamentales de importación, que proceden de climas atlánticos u oceánicos y sufren de julio a septiembre.

Se cultiva bien en el interior peninsular, en la meseta, en zonas de media montaña, en el norte y en el litoral con veranos secos. Aguanta heladas de -20 a -25 °C sin daño y calores de 38-40 °C sin quemar el follaje si el suelo tiene reserva de agua. Solo desaconsejaría plantarlo en el sureste más árido y salino y en zonas con menos de 300 mm de precipitación anual sin riego de apoyo.

Exposición. Pleno sol. Tolera media sombra de joven —en su hábitat regenera bajo dosel— pero termina inclinándose y perdiendo la simetría que lo hace atractivo. En interior cálido, un poco de sombra durante las primeras dos temporadas ayuda al arraigo.

Suelo. Aquí es donde destaca frente a otras coníferas. Vive bien en suelos ácidos, neutros y calizos, arenosos, francos o algo arcillosos. Lo importante no es la composición sino la profundidad y el drenaje: necesita explorar un buen volumen de tierra y no soporta el encharcamiento prolongado, que le provoca podredumbre radicular. En suelo somero sobre roca o sobre una capa compactada vegeta mal y se descalza con el viento.

Espacio. Reserva un círculo de al menos 6 metros de diámetro libre y una distancia mínima de 8-10 metros a la fachada de la casa. Su raíz no es especialmente agresiva con las cimentaciones, pero un árbol de 20 metros pegado a una vivienda es un problema de sombra, de canalones llenos de escamas y de mantenimiento.

Cuidados año a año

Plantación. De octubre a marzo, evitando los días de helada. Se vende casi siempre en contenedor. Abre un hoyo amplio, al menos el doble del cepellón en anchura, descompacta el fondo, y si el suelo es muy pesado incorpora arena gruesa o grava. No entierres el cuello: el punto donde el tronco se ensancha debe quedar al nivel del terreno o un par de centímetros por encima. Forma un alcorque y riega abundantemente para asentar la tierra.

Riego. Los tres primeros años son críticos. Riega en profundidad —30-40 litros por ejemplar— cada 7-10 días de mayo a septiembre, mejor pocos riegos abundantes que muchos superficiales, porque lo que interesa es que la raíz baje. A partir del cuarto o quinto año, un ejemplar establecido en suelo profundo puede pasar el verano en el interior peninsular con riegos ocasionales o incluso sin ellos. Un acolchado de corteza de pino o astilla de 8-10 cm reduce la evaporación y mantiene el suelo más fresco.

Abonado. Prácticamente innecesario en suelo de jardín. Si el árbol es joven y el terreno pobre, un abono de liberación lenta para coníferas a comienzos de primavera acelera el desarrollo. En ejemplares adultos, basta con dejar que la hojarasca se acumule bajo la copa.

Poda. Casi ninguna, y esto es una virtud. El libocedro forma su silueta columnar por sí solo y no necesita conducción. Limítate a retirar ramas secas, rotas o mal orientadas al final del invierno. Advertencia importante y común a toda la familia: las cupresáceas no rebrotan de la madera vieja sin follaje verde. Si cortas una rama hasta la parte desnuda interior, ahí no volverá a salir nada nunca y quedará un hueco permanente. Nada de "rebajarlo" cuando se haga grande: no hay vuelta atrás.

Multiplicación. Por semilla, que requiere estratificación en frío húmedo durante 6-8 semanas a unos 4 °C antes de la siembra en primavera; la germinación es irregular y el crecimiento del primer año lento. Por esqueje semileñoso en otoño, tomado de ramillas terminales con talón, con hormona de enraizamiento y cama caliente; el porcentaje de éxito es bajo y las plantas obtenidas de ramas laterales tienden a crecer torcidas durante años, el defecto conocido como plagiotropismo. En la práctica, salvo que quieras experimentar, sale mucho mejor comprarlo en vivero.

Detalle de las ramillas aplanadas y escamosas del Calocedrus decurrens

Plagas y enfermedades

Es una conífera notablemente sana, mucho más que los cipreses y las tuyas con las que compite en jardinería:

Podredumbre radicular por Phytophthora o Armillaria. El riesgo real. Aparece en suelos encharcados o mal drenados y se manifiesta con un amarilleamiento general, pérdida de brillo del follaje y muerte progresiva de la copa. No tiene tratamiento eficaz una vez instalada; se previene con drenaje y evitando riegos excesivos junto al tronco.

Muérdago enano (Arceuthobium). Parásito frecuente en sus poblaciones naturales americanas, sin relevancia en cultivo europeo.

Pudriciones de madera. En ejemplares muy viejos y en el bosque, hongos como Postia amara degradan el duramen. En jardín es un problema de árboles centenarios o con heridas grandes mal cicatrizadas.

Cochinillas y ácaros. Ocasionales, en ejemplares estresados por sequía extrema o plantados en macetones. Rara vez requieren tratamiento.

Conviene señalar lo que no le afecta de forma habitual: el chancro del ciprés (Seiridium cardinale), que arrasa plantaciones de Cupressus sempervirens y de Cupressocyparis leylandii, no es un problema serio en Calocedrus. Eso lo convierte en una alternativa muy razonable para sustituir cipreses enfermos.

Usos y aplicaciones

Como ejemplar aislado. Es su mejor destino. Su columna verde oscuro sobre césped o gravilla funciona como elemento vertical dominante y crea un punto focal permanente. Necesita distancia para poder mirarlo entero.

En alineación. Plantado en hilera a 5-7 metros de separación en paseos, avenidas anchas y accesos de fincas, da un efecto formal comparable al del ciprés mediterráneo pero con más volumen y textura, y con menos problemas sanitarios.

Como pantalla o cortavientos. A doble hilera al tresbolillo, protege del viento y aísla visualmente. No es un seto recortable: se usa como barrera de porte libre.

En grupos. Tres o cinco ejemplares de alturas escalonadas, combinados con frondosas de hoja caduca, crean contrastes de textura y color muy eficaces, sobre todo en otoño.

Madera. Ligera, blanda, de grano recto y muy uniforme, aromática, de color pardo claro y con alta resistencia natural a la putrefacción gracias a sus aceites. En Estados Unidos se emplea para postes, revestimientos, arcones, persianas de listones y, sobre todo, para lápices: es la madera de referencia del sector porque se afila limpiamente en cualquier dirección sin astillarse. También se usa históricamente en la fabricación de tejas de madera y forros de armarios repelentes de polillas.

Errores frecuentes

Confundirlo con una tuya o un ciprés en el vivero. Fíjate en las ramillas: las de Calocedrus son claramente aplanadas y con las escamas laterales largas y aparentes, y desprenden un olor resinoso característico. Las de Thuja occidentalis son más pequeñas y el olor recuerda a manzana; las de Cupressus no forman abanicos planos.

Plantarlo demasiado cerca de la casa o de una linde. Cuando el problema se hace evidente ya no se resuelve con una poda, sino con una tala y una grúa pagadas de tu bolsillo. Piénsalo a 20 metros de altura, no al metro y medio que mide el que compras.

Regarlo poco los primeros veranos y mucho a partir del quinto año. Es exactamente al revés. Y el riego permanente junto al tronco, con goteros pegados al cuello, es una vía directa a la podredumbre.

Podarlo para reducirlo. Irreversible. Si el sitio no da para su tamaño adulto, la solución es no plantarlo, no podarlo después.

En resumen

El Calocedrus decurrens es una conífera de clima mediterráneo de montaña que se adapta muy bien a España: soporta el frío hasta -20 °C, el calor y la sequía estival una vez arraigada, y le da igual que el suelo sea calizo. Necesita sol, suelo profundo y bien drenado, riegos generosos durante los tres o cuatro primeros años, y casi nada de poda, porque forma sola su columna estrecha y no rebrota de la madera vieja. Es sana, longeva, huele a lápiz recién afilado y desarrolla una corteza canela preciosa. La única condición seria es el espacio: dale de sobra desde el principio, porque lo que se planta con un metro y medio termina midiendo veinte.


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