Piénsate bien el sitio antes de cavar el hoyo. El Callistemon viminalis desarrolla un sistema radicular superficial, extenso y bastante vigoroso, y plantado a metro y medio de una acera acaba levantando las losas. Es el motivo por el que muchos ayuntamientos que lo usaron a mansalva en los años ochenta y noventa han terminado sustituyéndolo en calles estrechas. En un jardín con espacio, en cambio, es difícil encontrar un árbol pequeño que dé tanto espectáculo por tan poco dinero.
De dónde viene y qué aspecto tiene
Es una mirtácea del este de Australia, repartida por Queensland y el norte de Nueva Gales del Sur, donde vive asociada a las orillas de ríos y arroyos. Ese dato del hábitat conviene retenerlo, porque explica su comportamiento en el jardín: aguanta el suelo húmedo mucho mejor que la media de los arbustos ornamentales y, en cambio, sufre en secano estricto.
Alcanza entre 5 y 8 metros de altura, con ejemplares viejos que pasan de los 10 en condiciones muy favorables. Lo distintivo es el porte: tronco único, copa redondeada y ramas colgantes, delgadas y flexibles, que en un ejemplar adulto llegan casi a rozar el suelo. El epíteto viminalis significa precisamente eso, de ramas como mimbres. La corteza es fibrosa, papirácea, de color gris pardo, y se desprende en tiras finas.
Las hojas son estrechas, casi lineales, de 3 a 7 centímetros, más blandas y flexibles que las del Callistemon citrinus, y sin el olor a limón de aquel. Los brotes nuevos salen cubiertos de un vello sedoso y con tonos rosados que duran unas semanas.
Las espigas rojas aparecen en abril, mayo y junio, con frecuencia en tal cantidad que la copa entera se tiñe. En zonas cálidas y con riego suele repetir en septiembre u octubre. Lo que ves de rojo son los estambres, no los pétalos: los pétalos existen, pero son verdosos, diminutos y caen enseguida. El eje de la espiga continúa creciendo por encima de la flor y saca hojas nuevas, un rasgo típico del género.
No confundirlo con su primo
En vivero se venden los dos con la misma etiqueta genérica de limpiatubos o escobillón rojo, y la diferencia importa porque los cuidados no son idénticos. Tres comprobaciones rápidas:
El olor. Estruja una hoja. Si huele claramente a cítrico, es Callistemon citrinus. El viminalis no huele o huele muy poco.
La hoja. La del citrinus es más ancha, rígida y termina en punta que pincha. La del viminalis es estrecha y blanda.
El porte. El citrinus es un arbusto ramificado desde la base; el viminalis tiende de forma natural a árbol de un solo tronco con ramas péndulas.
Añade a esto que el viminalis es menos resistente al frío y más exigente en agua, y ya tienes las dos consecuencias prácticas de saber cuál has comprado.
Un apunte de nomenclatura: desde 2013 hay una propuesta taxonómica que traslada esta especie al género Melaleuca, con el nombre Melaleuca viminalis. Conviven ambos nombres en catálogos y etiquetas, y designan la misma planta.
Los cultivares cambian el juego
Buena parte de lo que se vende hoy no es la especie pura sino selecciones, y algunas resuelven justo el problema del tamaño y las raíces:
'Little John' es el más extendido. Es un enano compacto que se queda en 80 o 100 centímetros de alto y otro tanto de ancho, con hoja glauca azulada y floración roja intensa muy prolongada. Sirve para macetas, arriates, bordes y jardineras, y no tiene ningún problema de raíces. Si lo que quieres es la flor sin el árbol, es la elección obvia.
'Captain Cook' ronda los 2 metros, se comporta como arbusto denso y admite bien el recorte para formar setos bajos.
'Hannah Ray' mantiene el porte arbóreo y las ramas colgantes, pero con una copa más contenida y ordenada; es el que se ha usado con más frecuencia en alineaciones de calle.
'Dawson River Weeper' lleva el porte llorón al extremo, con ramas muy largas y flexibles. Espectacular como ejemplar aislado si hay sitio.
Ubicación y clima
A pleno sol, sin discusión. En sombra parcial crece, pero las ramas se alargan buscando luz, el porte pierde gracia y la floración cae en picado.
El frío es su límite real. Un ejemplar adulto y bien asentado tolera -4 o -5 ºC puntuales, con daño en las puntas de rama; por debajo de eso empieza a perder ramas gruesas, y las heladas de -8 ºC pueden matarlo. Es sensiblemente menos rústico que el Callistemon citrinus. Eso lo sitúa cómodo en toda la costa mediterránea, Canarias, el valle del Guadalquivir y el litoral atlántico andaluz; viable con cuidado en el Cantábrico; y arriesgado en el interior peninsular, donde solo tiene sentido en microclimas protegidos, arrimado a un muro sur, o en maceta que pueda resguardarse.
Tolera bien el viento gracias a la flexibilidad de sus ramas y aguanta un ambiente moderadamente salino, lo que lo hace apto para jardines costeros sin exposición directa a la salpicadura marina.
El suelo y la caliza
Prefiere suelos neutros o ligeramente ácidos, profundos y con materia orgánica. Su gran problema en España es el mismo que el de todas las mirtáceas australianas: en terrenos calizos, con pH por encima de 8, y regado con agua dura, desarrolla clorosis férrica. Las hojas nuevas amarillean con los nervios todavía verdes, los brotes se acortan y la floración se vuelve pobre.
La corrección pasa por aplicar quelato de hierro EDDHA, que es la única forma quelatada que se mantiene estable a pH alto, al final del invierno y de nuevo a principios de verano; regar con agua de lluvia cuando sea posible; y acolchar con corteza de pino, que acidifica ligeramente la superficie con el tiempo. Nada de eso cambia el pH del suelo de forma permanente, pero mantiene la planta funcional. Si el suelo es muy calizo y el agua muy dura, la maceta con sustrato acidófilo es una solución más honesta que pelearse con el terreno cada año.
La textura le importa menos: acepta suelos arcillosos y encharcamientos temporales bastante mejor que la mayoría de árboles ornamentales, coherente con su origen ribereño. Lo que no soporta es un suelo compactado y permanentemente asfixiado.
Riego
Es más sediento que el resto de calistemos. Durante los dos o tres primeros años necesita riego regular y abundante en verano, del orden de dos veces por semana en suelo con volúmenes que mojen en profundidad. Un ejemplar adulto en clima costero se apaña con riegos quincenales de verano; en zonas de interior seco, con riegos semanales.
Si le falta agua, lo dice de forma inmediata y visible: las puntas de las ramas colgantes se secan y quedan colgando marrones, algo que en un árbol llorón se ve muchísimo. Esas puntas no se recuperan, hay que cortarlas.
En maceta, riego cuando los primeros centímetros de sustrato empiecen a secarse, sin dejar plato con agua estancada. Los ejemplares de terraza en verano pueden llegar a pedir riego diario.
Abonado
Un aporte de compost o estiércol maduro alrededor del tronco a finales de invierno cubre las necesidades básicas. Para floración abundante, un abono para plantas de flor o para acidófilas desde marzo hasta julio, a la dosis indicada por el fabricante, da resultados claros.
Se lee a menudo que el fósforo mata las plantas australianas. Ese aviso se aplica sobre todo a las proteáceas, como Banksia y Grevillea, y no tanto a los calistemos, que aceptan un fertilizante equilibrado normal. Lo que sí conviene moderar es el nitrógeno en solitario: produce brotes largos y blandos, más sensibles al frío y con menos flor.
Plantación
La mejor época es el otoño, entre octubre y noviembre, salvo en zonas frías donde es preferible esperar a marzo para que no le pille una helada recién plantado.
Sobre la distancia, que es la decisión importante: deja al menos 4 o 5 metros respecto a muros, aceras, piscinas, arquetas y conducciones de saneamiento. Sus raíces son superficiales y buscan la humedad. Si el espacio disponible es menor, planta un 'Little John' o un 'Captain Cook' y olvídate del problema. Entre ejemplares de una alineación, 5 o 6 metros.
Abre el hoyo del doble de ancho que el cepellón, deshaz las raíces enrolladas si vienen en espiral, planta a la misma altura a la que estaba en el contenedor y riega copiosamente. Un buen acolchado de 5 a 8 centímetros ahorra riegos y protege esas raíces superficiales del calor.
Poda y formación
Las flores salen sobre madera del año anterior, así que se poda nada más terminar la floración, entre junio y julio. Podar en invierno equivale a tirar a la basura la floración de mayo, y es un error muy repetido cuando se hace la ronda general de poda del jardín en enero.
Para formar el árbol hay dos tareas durante los primeros años: seleccionar un eje principal y eliminar los brotes que salgan de la base y del tronco bajo. Esta especie emite chupones basales con facilidad y, si no se controlan, el arbolito se convierte en una mata multitronco y pierde el porte llorón, que es justo lo que se busca al plantarlo.
Después, la intervención anual se limita a despuntar las espigas gastadas y retirar ramas secas o cruzadas. Evita el terciado o desmoche: rebrota, pero lo hace con haces de ramas verticales que arruinan el efecto de cortina colgante durante años. Si un ejemplar ha crecido demasiado, es mejor rebajar rama a rama en dos temporadas que cortar la copa de golpe.
Multiplicación
Por esqueje semileñoso en julio o agosto: porciones de 10 a 12 centímetros de brotes del año ya endurecidos, sin las hojas de la mitad inferior, con hormona de enraizamiento y clavados en una mezcla de perlita y turba. Con calor de fondo y humedad ambiental alta enraízan en unas seis u ocho semanas. Es el único método válido si quieres conservar un cultivar: 'Little John' de semilla no da 'Little John'.
Por semilla, recoge cápsulas leñosas de un par de años, guárdalas en una bolsa de papel en sitio seco y cálido hasta que se abran y suelten las semillas, que son polvo fino. Siémbralas en primavera sobre sustrato fino y húmedo, sin cubrirlas, y mantén el semillero a la sombra hasta la germinación, que llega en dos o tres semanas. La descendencia será variable en porte y en intensidad de color.
Plagas y otros problemas
Cochinillas, sobre todo algodonosa, en brotes tiernos y axilas de hoja, con melaza y negrilla asociadas. Aceite de parafina o jabón potásico fuera de las horas de sol y con temperaturas por debajo de 30 ºC.
Araña roja en verano seco, especialmente en ejemplares de maceta; punteado amarillento en la hoja y telaraña fina en el envés. Pulverizaciones de agua y acaricida si el ataque avanza.
Clorosis férrica, con diferencia la causa más habitual de un ejemplar amarillento y raquítico en suelo español.
Puntas secas colgando, que casi siempre son sed o viento seco, no enfermedad.
Como todas las mirtáceas, es susceptible a la roya del mirto (Austropuccinia psidii), un hongo sometido a control fitosanitario que produce pústulas de color amarillo vivo en los brotes jóvenes. Ante una sospecha, lo correcto es comunicarlo al servicio de sanidad vegetal autonómico y no aplicar tratamientos por cuenta propia.
No se le conoce toxicidad significativa para personas ni animales domésticos, y su néctar abundante atrae abejas y otros polinizadores durante toda la floración.
En resumen
El Callistemon viminalis es el limpiatubos en versión árbol llorón, de 5 a 8 metros, con floración roja masiva en primavera y una segunda tanda otoñal si tiene agua. Quiere sol pleno, suelo neutro o ácido y más riego que sus parientes, y solo resiste unos -4 o -5 ºC, lo que lo limita al litoral y al sur. Sus raíces superficiales obligan a dejar cuatro o cinco metros hasta aceras y conducciones; si no dispones de ese espacio, los cultivares enanos 'Little John' o 'Captain Cook' dan la misma flor sin el inconveniente. Poda siempre justo después de florecer, retira los chupones de la base para no perder el porte de un solo tronco y ten a mano el quelato de hierro EDDHA si tu suelo es calizo.