El falso flamboyán no es un flamboyán. Se le parece de lejos, comparte familia y regala el mismo color encendido en agosto, pero Caesalpinia pulcherrima y Delonix regia son plantas de tamaño, ritmo y exigencias distintas. Y para un jardín español, la diferencia importa: donde el flamboyán auténtico solo prospera en Canarias y en rincones muy resguardados del sur, la falsa poinciana se cultiva en toda la franja litoral e incluso, en maceta, bastante más al norte.
Cómo distinguirla del flamboyán auténtico
La confusión viene de la flor, que en ambos casos es roja y anaranjada, con pétalos rizados. Lo demás se separa fácil.
El tamaño es lo primero: Delonix regia alcanza 10-12 metros y desarrolla una copa aparasolada muy ancha, mientras que Caesalpinia pulcherrima se queda en 3-5 metros, con porte de arbolillo o arbusto grande y copa abierta e irregular.
Los estambres son el detalle definitivo. En la caesalpinia sobresalen del centro de la flor unos filamentos rojos larguísimos, de cinco a siete centímetros, curvados hacia arriba como antenas. El flamboyán los tiene mucho más discretos, y en cambio muestra un pétalo estandarte manchado de blanco y crema que la caesalpinia no tiene.
Las ramas: las de C. pulcherrima llevan aguijones cortos y dispersos, que se notan al podar. El flamboyán es inerme.
El fruto: la legumbre del flamboyán es una vaina leñosa enorme, de 40 a 60 centímetros, que queda colgando meses. La de la caesalpinia mide 8-12 centímetros, es aplanada y se abre y retuerce al secarse.
El nombre común varía mucho según la zona: flamboyán enano, poinciana enana, clavellina, guacamaya, orgullo de Barbados, hoja de sen. Al comprar, pida el nombre científico y evitará llevarse una cosa por otra.
Una planta tropical con hábitos de mediterránea
Es originaria de la América tropical, probablemente del Caribe y el norte de Sudamérica, aunque lleva tanto tiempo cultivada en todo el cinturón cálido del planeta que su área natural exacta se discute. Pertenece a las leguminosas, subfamilia Caesalpinioideae.
La hoja es bipinnada, con seis a doce pares de pinnas y folíolos diminutos, lo que da una sombra ligera y punteada que deja pasar bastante luz. Bajo ella se puede plantar; bajo un flamboyán no. En clima cálido sin heladas mantiene la hoja casi todo el año; en la Península se comporta como caducifolia, se deshoja en noviembre o diciembre y rebrota en abril.
Florece en racimos erguidos en las puntas de las ramas, con flores que se abren de abajo arriba a lo largo de semanas. La temporada va de junio a octubre, con el máximo en el calor de julio y agosto, cuando el resto del jardín mediterráneo está a media máquina. Ese es su verdadero argumento como planta ornamental: no florece en primavera, cuando florece todo, sino cuando ya no queda nada.
Crece deprisa —30 a 60 centímetros al año en condiciones buenas— y vive relativamente poco, entre quince y veinticinco años. Es una planta para disfrutar pronto, no para heredar.
Los colores que se encuentran en vivero
El tipo tiene pétalos naranja intenso con el borde amarillo. Además circulan tres selecciones estables:
'Flava', de flor enteramente amarilla, con los estambres también más claros. Es algo menos vigorosa y suele resultar un poco más sensible al frío.
'Rosea', de tonos rosados y salmón, la más buscada en jardinería reciente.
'Rubra', de rojo casi uniforme, sin el ribete amarillo.
Estas variedades no vienen fieles de semilla: las plantas obtenidas de un ejemplar 'Rosea' darán una mezcla de colores, casi siempre revirtiendo hacia el naranja original. Si el color es lo que se busca, hay que comprar planta injertada o de esqueje, no sembrar.
Hasta dónde aguanta el frío
Aquí está el límite real de su cultivo, y conviene ser preciso porque circulan cifras muy optimistas.
Por debajo de 5 °C detiene el crecimiento y pierde la hoja. A partir de -2 °C se queman los brotes tiernos y las puntas. Con heladas de -4 a -5 °C la parte aérea muere, aunque en suelo bien drenado y con la base protegida rebrota de cepa en primavera y vuelve a florecer ese mismo verano, porque la flor sale en madera del año. Heladas más fuertes, o heladas moderadas con el suelo encharcado, la matan.
Traducido al mapa: se planta en tierra sin problemas en Canarias, en la costa de Málaga, Almería, Murcia, Alicante y Valencia, y en enclaves resguardados de Cádiz, Huelva y Baleares. En Sevilla o Córdoba capital funciona bien en años normales, con algún susto puntual. Del interior peninsular hacia arriba, maceta e invernada bajo techo.
El calor no le molesta en absoluto: 40 °C con sol directo es su ambiente. Sí sufre con el viento fuerte, que le parte las ramas largas y cargadas de flor.
Suelo y plantación
Se adapta a suelos pobres, arenosos, pedregosos y calizos. Tolera un pH básico sin inmutarse y aguanta cierta salinidad, lo que la hace viable en primera línea de costa a resguardo de la brisa directa.
Lo que no perdona es el agua parada. En terreno arcilloso, plante sobre un caballón o montículo de 25-30 centímetros y abra un hoyo bastante más ancho que profundo, mezclando la tierra extraída con grava o arena de río. Evite el error clásico de excavar un hoyo estrecho en arcilla y rellenarlo de sustrato bueno: se convierte en una maceta enterrada que retiene el agua de lluvia.
La mejor época de plantación es la primavera, de marzo a mayo, cuando ya no hay riesgo de helada y le queda toda la temporada cálida para enraizar. Plantar en otoño, aunque sea lo habitual con otros árboles, la deja entrando al invierno sin raíz nueva. Sitúela a pleno sol: a media sombra crece alta y desgarbada, y la floración se pierde casi por completo.
Riego y abonado sin excesos
Durante el primer verano hay que regar con constancia, un riego profundo cada cinco o siete días, para que la raíz baje. A partir del segundo año se espacia: cada diez o quince días en julio y agosto es suficiente en tierra, y en el litoral seco muchos ejemplares establecidos tiran adelante prácticamente sin riego, aunque con una floración más breve.
De noviembre a febrero, cuando está sin hoja, no riegue salvo sequía extrema. El agua invernal en suelo frío es la causa más frecuente de pérdida de ejemplares jóvenes, muy por delante de la helada.
Con el abono, contención. Un aporte de compost o estiércol maduro en superficie a finales de invierno cubre el año entero. El nitrógeno en exceso es contraproducente: da brotes largos, blandos y muy verdes que apenas florecen y que se hielan con más facilidad. Si quiere estimular la flor, use en mayo un abono con predominio de potasio y fósforo, tipo el que se emplea para plantas de flor mediterráneas.
Poda: fuerte y a finales de invierno
La regla que gobierna todo el manejo de esta planta es que florece sobre la madera producida ese mismo año. De ahí se deduce todo lo demás.
La poda se hace de mediados de febrero a principios de marzo, antes de que la yema se mueva y una vez pasado el grueso del riesgo de helada. Se puede rebajar un tercio de la planta, o incluso la mitad si ha quedado desgarbada, sin perder floración: al contrario, se gana, porque cada corte genera brotes nuevos y cada brote nuevo termina en un racimo.
Podar en abril, mayo o junio, en cambio, elimina justamente las ramas que iban a dar flor y deja el verano en blanco. Es el fallo más habitual con esta especie. Podar en otoño es también mala idea: estimula brotación tardía y tierna que llegará sin madurar al primer frío.
Para conducirla como arbolillo, elija un tronco (o tres, que queda bien) y vaya suprimiendo las ramas bajas hasta dejar la cruz a 1,2-1,5 metros durante los tres o cuatro primeros años. Después, mantenimiento: aclarar el interior, quitar madera seca y cruzada, y poco más. Guantes gruesos, que los aguijones arañan.
Cultivo en maceta e invernada
Fuera de su zona climática, la maceta es una solución razonable y funciona bien porque la planta admite poda dura. Un contenedor de 40-60 litros sostiene un ejemplar de dos metros mantenido a esa altura.
Sustrato drenante: dos partes de tierra vegetal o sustrato universal, una de arena gruesa o grava fina, una de fibra de coco. Nunca plato bajo la maceta. Riegue dos o tres veces por semana en pleno verano y prácticamente nada en invierno, y añada un abono líquido de floración cada tres semanas de abril a septiembre.
Para pasar el invierno basta un espacio fresco y protegido de la helada —garaje luminoso, porche cerrado, invernadero frío— a 5-10 °C, con el sustrato apenas húmedo. Al estar sin hoja no necesita gran iluminación. Saque la planta al exterior en abril, de forma progresiva, y trasplante cada dos o tres años a finales de invierno.
Multiplicación por semilla
Es el método práctico. La semilla tiene la cubierta dura e impermeable, así que necesita escarificado: líjela suavemente por un costado, o sumérjala en agua caliente (no hirviendo) y déjela en remojo 24 horas hasta que se hinche. Las que no se hinchan se vuelven a tratar.
Siembre en primavera, a un centímetro de profundidad, en sustrato arenoso y a 22-25 °C. La nascencia llega entre dos y cuatro semanas. Trasplante a maceta individual cuando tenga tres o cuatro hojas verdaderas. Con buen cultivo, la primera floración aparece en el segundo o tercer año, algo excepcionalmente rápido en un árbol.
El esqueje semileñoso de verano con hormonas de enraizamiento es posible, pero el porcentaje de éxito es bajo y desigual; solo compensa para conservar un color de variedad concreto.
Plagas, enfermedades y desórdenes
Tiene pocos enemigos serios. En veranos secos y en terrazas cerradas aparece araña roja, reconocible por el punteado fino del envés y el aspecto mate de la hoja; se controla lavando el follaje a presión y elevando la humedad ambiental. La cochinilla algodonosa se instala en las axilas y en el envés de las hojas más viejas, y cede con aceite de parafina aplicado al atardecer. El pulgón ataca los brotes de primavera y suele desaparecer solo en cuanto llega el calor.
Dos problemas fisiológicos merecen atención. La hoja amarilla con nervios verdes (clorosis) en suelos calizos casi nunca se debe a falta real de hierro, sino a raíces asfixiadas por riego excesivo; corrija el riego antes de gastar en quelatos. Y la falta de floración en una planta sana y frondosa apunta siempre a lo mismo: poca luz, exceso de nitrógeno o poda en el momento equivocado.
Semillas tóxicas: un dato que hay que tener claro
Las semillas y las vainas verdes de Caesalpinia pulcherrima son tóxicas si se ingieren. Contienen taninos y compuestos irritantes que causan vómitos, dolor abdominal y diarrea intensa; en niños pequeños y en perros el riesgo de deshidratación es real. Las vainas secas suenan al agitarlas y resultan atractivas como juguete, lo que agrava el problema.
La medida sensata es recoger las vainas al madurar, antes de que se abran, y no dejar semillas caídas en el suelo si hay niños o mascotas. No existe ninguna preparación casera segura con esta planta, y las aplicaciones tradicionales que a veces se le atribuyen son claramente peligrosas. Si hay ingestión, acuda a urgencias o al veterinario llevando una muestra de la planta.
El follaje y las flores no dan problemas al tacto. Lo único que conviene vigilar en el manejo diario son los aguijones de las ramas.
En resumen
Caesalpinia pulcherrima ofrece el color del flamboyán en un tercio del tamaño y con bastante más tolerancia al frío: florece de junio a octubre, cabe en un jardín pequeño y se puede cultivar en maceta fuera de la costa. Necesita sol pleno, suelo drenado —el encharcamiento invernal la mata antes que la helada—, riego escaso una vez establecida y muy poco nitrógeno. Pódela a fondo entre febrero y marzo y nunca en primavera avanzada, porque la flor nace en la rama del año. Si busca un color concreto, compre planta y no semilla. Y recoja las vainas maduras: las semillas son tóxicas por ingestión.