Pocos arbustos dan tanto a cambio de tan poco como la Buddleja davidii. Florece durante meses, crece a una velocidad que asusta, se conforma con suelos malos y atrae mariposas en cantidades que ningún otro arbusto de jardín iguala. También tiene una cara menos amable que conviene conocer antes de plantarla, porque en buena parte de Europa se ha convertido en una especie problemática. Esta guía cubre las dos caras.

Qué es la budleya y de dónde viene

Buddleja davidii Franch. es un arbusto caducifolio o semiperenne de la familia Scrophulariaceae, originario del centro y oeste de China, sobre todo de las provincias de Hubei y Sichuan, donde crece de forma natural en taludes, pedregales y orillas de río. Ese detalle del hábitat explica casi todo su comportamiento en el jardín: es una planta de suelos removidos, pobres y con buen drenaje, adaptada a colonizar terreno recién descubierto.

El nombre del género recuerda a Adam Buddle, botánico y clérigo inglés, y el epíteto específico al padre Armand David, el misionero lazarista francés que la recolectó en China en el siglo XIX. En español se la llama budleya, arbusto de las mariposas, lila de verano o, con menos acierto, "lila china".

Alcanza de 2 a 4 metros de altura, ocasionalmente 5, con hábito abierto y ramas largas y arqueadas. Las hojas son opuestas, lanceoladas, de 10 a 25 cm, verde oscuro por el haz y cubiertas de un tomento blanquecino por el envés, lo que da a la planta un aspecto grisáceo cuando el viento las mueve.

La floración es lo que la hace inconfundible: panículas terminales cónicas de 20 a 40 cm formadas por cientos de flores tubulares diminutas, cada una con la garganta anaranjada. Perfumadas, con un aroma dulce parecido a la miel. En España florece desde finales de junio o julio hasta bien entrado octubre, y si se retiran las inflorescencias marchitas el ciclo se alarga todavía más.

Hay cultivares para todos los gustos: 'Black Knight' (violeta casi negro), 'Royal Red' (magenta intenso), 'White Profusion' (blanco puro), 'Empire Blue' (azul violáceo), 'Nanho Blue' y 'Nanho Purple' (más compactos, hojas estrechas), o la serie 'Buzz', seleccionada para no pasar de 1,2-1,5 m y cultivarse en maceta.

Panícula de flores de Buddleja davidii

Lo que hay que saber sobre las mariposas

Que la budleya atrae mariposas es cierto y espectacular. En una mata en plena floración es normal ver a la vez vanesas (Vanessa atalanta, Vanessa cardui), pavos reales (Aglais io), macaones (Papilio machaon) y esfinges colibrí (Macroglossum stellatarum), además de abejas y abejorros. Sus flores producen néctar abundante y accesible durante los meses en que muchas otras plantas ya han terminado.

Ahora, la matización importante que casi nunca se hace: la budleya alimenta a las mariposas adultas, pero no a sus orugas. Ninguna mariposa europea pone huevos en ella ni sus larvas se desarrollan sobre sus hojas. Un jardín que solo tenga budleyas es, desde el punto de vista de las mariposas, un bar sin cocina: atrae ejemplares que vienen de otra parte, pero no contribuye a que se reproduzcan.

Si el objetivo real es favorecer a las mariposas, la budleya debe acompañarse de plantas nutricias para las orugas: ortigas (Urtica dioica) para vanesas y pavos reales, hinojo, ruda y zanahoria silvestre para el macaón, gramíneas sin segar para satíridos y ninfas, leguminosas como Lotus o Coronilla para licénidos. Y renunciar a los insecticidas, incluidos los "naturales" de amplio espectro.

Antes de plantarla: el problema de la invasividad

Una sola panícula de Buddleja davidii produce del orden de decenas de miles de semillas diminutas, aladas y muy ligeras, que el viento transporta a cientos de metros y que germinan sin dificultad en cualquier grieta con algo de sustrato. Es la especie que se ve colonizando escombreras, taludes de carretera, balastos de vía, muros de contención y cauces fluviales alterados en el norte de España y en media Europa.

En riberas de ríos de montaña y en zonas húmedas del norte peninsular desplaza a la vegetación autóctona pionera —sauces, alisos, herbáceas de gravera— y forma masas casi monoespecíficas. Por este motivo está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), lo que afecta a su comercialización y plantación. La normativa y su aplicación varían entre comunidades autónomas y ha habido modificaciones a lo largo de los años, así que conviene consultar la regulación vigente en tu comunidad antes de comprarla o plantarla.

Si finalmente la cultivas, hay dos medidas que reducen mucho el riesgo: cortar todas las inflorescencias en cuanto se marchiten, sin excepción y antes de que sequen del todo, y elegir cultivares estériles o de fertilidad muy baja, seleccionados precisamente para eso. Y nunca tirar los restos de poda ni las flores marchitas a un ribazo, un descampado o el compost del monte.

Condiciones que necesita

Luz. Sol directo, cuanto más mejor. A media sombra crece, pero se ahíla, las ramas se alargan buscando luz y la floración se reduce a la mitad o menos. En sombra no florece.

Suelo. Aquí es donde sorprende: no es exigente en absoluto. Vive en suelos pobres, pedregosos, arenosos, arcillosos, calizos o ácidos, con pH entre 5,5 y 8,5. Lo único que no tolera es el encharcamiento. En terreno pesado y húmedo se le pudre el cuello y muere en un par de temporadas. Si tu suelo es arcilloso y compacto, plántala sobre un caballón o mezcla grava gruesa en el hoyo.

Clima. Se cultiva bien en toda la Península y en Baleares. Resiste heladas de -15 a -20 °C: en zonas frías la parte aérea puede morir en invierno y rebrotar de la base en primavera sin mayor problema, dado que florece sobre madera del año. También aguanta los veranos secos del interior, aunque con riegos ocasionales florece mucho mejor. Tolera bien la contaminación urbana y la brisa marina moderada, no así el viento salino directo.

Espacio. Calcula un mínimo de 2 metros de separación con otras plantas. Es un arbusto que ocupa, y podado a fondo cada invierno vuelve a alcanzar su tamaño en una sola temporada.

Riego, abonado y plantación

Plantación. El mejor momento es el otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce durante el invierno; en zonas frías, mejor a finales de invierno o principios de primavera. Abre un hoyo del doble del cepellón, afloja el fondo y no abones el hoyo con estiércol fresco. Riega abundantemente tras plantar.

Riego. Frecuente durante el primer verano, para que arraigue. A partir del segundo año es muy resistente a la sequía: en el norte y en zonas de veranos suaves puede prescindir del riego por completo, y en el interior o el sur basta con un riego profundo cada 10-15 días en julio y agosto. El exceso de agua es mucho más peligroso que la falta. Una budleya con las hojas mustias en agosto casi siempre se recupera con un riego; una con el cuello encharcado, no.

Abonado. Poquísimo. Un aporte de compost maduro alrededor de la planta a finales de invierno es más que suficiente. Los abonos ricos en nitrógeno producen un crecimiento vegetativo exagerado, ramas blandas que se doblan con el peso de las flores y menos floración. Si acaso, en suelos muy pobres, un abono de floración rico en potasio a principios de verano.

La poda: el cuidado que lo cambia todo

Si de este artículo solo te quedas con un dato, que sea este: la Buddleja davidii florece sobre los brotes del año en curso. Eso significa que se puede —y se debe— podar drásticamente cada invierno sin perder ni una flor.

La operación se hace a finales de invierno, entre febrero y principios de marzo, cuando ya no se esperan heladas fuertes y antes de que empiece la brotación. Consiste en cortar todas las ramas dejándolas a 30-50 cm del suelo, sobre un par de yemas visibles. Parece brutal y lo es: la planta queda reducida a un puñado de tocones. En junio ya habrá recuperado más de un metro y en julio estará en flor.

¿Qué pasa si no se poda? Que la mata se hace alta, desgarbada y hueca por dentro, con toda la vegetación en las puntas, las ramas se vencen y las panículas salen cada vez más pequeñas y numerosas en lugar de grandes y vistosas. Una budleya sin podar durante cinco años es un arbusto feo.

Durante la floración conviene despuntar las inflorescencias marchitas cortando justo por debajo, hasta el primer par de hojas o brote lateral. Esto cumple dos funciones: estimula una segunda y hasta tercera oleada de flores y evita la producción de semilla, que es exactamente lo que interesa por el problema de invasividad ya comentado. En una planta grande hay que hacerlo cada semana o diez días durante todo el verano.

Arbusto de Buddleja davidii en un jardín

Multiplicación

Es de las plantas más fáciles de reproducir que existen, y por eso mismo no hace falta comprarla más de una vez.

Esquejes semileñosos. El método más cómodo. En julio o agosto, corta trozos de brote del año de 12-15 cm, con la madera ya algo endurecida en la base y aún tierna en la punta. Elimina las hojas inferiores, corta por la mitad las dos superiores para reducir la transpiración y clava en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Con humedad ambiental alta y a la sombra, enraízan en tres o cuatro semanas. Las hormonas de enraizamiento ayudan, pero no son imprescindibles.

Estaquillas leñosas. Todavía más simple. En diciembre o enero, aprovechando la poda, toma varas de 20-25 cm de grosor de un lápiz, entierra dos tercios en un rincón resguardado del jardín o en macetas al exterior y olvídate hasta la primavera. Un porcentaje alto brota y arraiga.

Semilla. Germina con facilidad, pero los cultivares no se reproducen fielmente por esta vía y además supone generar más semilla de la conveniente. No tiene ningún interés en jardinería doméstica.

Problemas habituales

Es un arbusto sanísimo. La mayoría de los problemas que se le achacan son de manejo, no de plaga:

Araña roja (Tetranychus urticae). El único enemigo serio, y solo en veranos muy calurosos y secos, sobre todo si la planta está en maceta o pegada a un muro que refleje calor. Se detecta por el punteado amarillento en el haz de las hojas y las telarañas finísimas en el envés. Aumentar la humedad ambiental con pulverizaciones al atardecer suele bastar; en casos graves, azufre mojable o acaricidas específicos.

Pulgón. Ocasional en brotes tiernos en primavera, especialmente si se ha abonado demasiado. Jabón potásico y poco más.

Oídio. Polvillo blanco en las hojas al final del verano en ambientes húmedos y con poca ventilación. Molesto pero rara vez grave; mejorar la aireación podando el interior de la mata lo resuelve.

Falta de floración. Casi siempre por sombra, exceso de nitrógeno o poda a destiempo. Si la podaste en junio, te has cargado la floración de ese año.

Muerte súbita en invierno. Suele ser pudrición de cuello por suelo encharcado, no frío. Revisa el drenaje antes de replantar en el mismo sitio.

Cómo usarla en el jardín

Por su tamaño y su hábito desmadejado no es planta para un primer plano cuidado. Funciona en el fondo de un macizo mixto, en setos informales, en taludes que haya que cubrir o como pantalla estacional. Combina muy bien con plantas de floración estival y follaje contrastado: Perovskia atriplicifolia, Salvia arbustivas, Gaura lindheimeri, gramíneas como Stipa tenuissima o Miscanthus, y Verbena bonariensis, que además refuerza el efecto llamada para las mariposas.

En maceta solo tienen sentido los cultivares enanos, en recipientes de 40 litros como mínimo, con sustrato bien drenante y riego regular. Aun así, hay que podarlos igual de fuerte cada febrero.

En resumen

La Buddleja davidii es un arbusto de sol, suelo pobre y drenaje bueno, que florece de julio a octubre sobre madera del año y por eso se poda a 30-50 cm cada febrero. Riega poco, abona menos, y retira las flores marchitas cada semana: mejorarás la floración y, sobre todo, evitarás que siembre el vecindario. Recuerda que atrae mariposas adultas pero no cría sus orugas, así que acompáñala de plantas nutricias si el objetivo es de verdad favorecer a los polinizadores. Y antes de plantarla, comprueba la normativa sobre especies invasoras en tu comunidad: es una planta magnífica en un jardín controlado y un problema real cuando escapa.


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