Que en Australia llamen «helecho de Byfield» a la Bowenia serrulata resume bastante bien el equívoco: no es un helecho, ni tiene parentesco alguno con ellos. Es una cícada, una gimnosperma emparentada de lejos con los pinos y no con las plantas de flor, y su parecido con un helecho es pura coincidencia evolutiva. El género Bowenia lo forman solo dos especies vivas, ambas del noreste de Queensland, y ambas comparten un rasgo que no tiene ninguna otra cícada del mundo: las hojas bipinnadas, divididas dos veces. Ese detalle, que parece de manual, es lo que la hace inconfundible en cuanto se tiene delante.

Dos especies y una hoja irrepetible

Bowenia spectabilis vive en el sotobosque de la selva húmeda tropical del norte de Queensland, entre Cooktown e Ingham, a la sombra del dosel y con humedad ambiental alta durante buena parte del año. Bowenia serrulata ocupa un área muchísimo más reducida en torno a Byfield, cerca de Rockhampton, sobre suelos arenosos y en bosque más abierto y seco. La diferencia práctica para quien las cultiva está en el borde del folíolo: liso o apenas ondulado en spectabilis, claramente aserrado en serrulata, que de ahí toma el nombre. La segunda tolera algo más de luz y de sequía; la primera agradece más sombra y más humedad.

Hojas bipinnadas de Bowenia serrulata con el borde de los folíolos aserrado

Lo que se ve por encima del suelo son solo hojas. El tallo es un tubérculo subterráneo, carnoso y ramificado, del que salen los peciolos directamente; no hay tronco aéreo como en una Cycas revoluta. De ese tubérculo brotan una o unas pocas hojas cada temporada, que pueden alcanzar entre 50 cm y algo más de un metro en spectabilis y hasta 1,5 m o más en ejemplares viejos de serrulata. La planta entera rara vez pasa del metro y medio de alto, así que hablamos de una mata, no de un árbol.

Como todas las cícadas es dioica: hay pies masculinos y femeninos, y hacen falta los dos para obtener semilla. Los conos son discretos y salen del tubérculo, casi a ras de suelo. En su hábitat la polinización corre a cargo de gorgojos especializados; fuera de allí, la única vía realista es la polinización manual, que es la razón de que las semillas sean caras y escasas en Europa.

Otra particularidad de la familia: las cícadas producen raíces coraloides, unos apéndices ramificados que crecen hacia la superficie y alojan cianobacterias fijadoras de nitrógeno. Si al trasplantar aparecen unos bultos coralinos cerca del cuello, no son un tumor ni una plaga; conviene dejarlos intactos.

Un linaje mucho más antiguo que el jardín

El género tiene registro fósil propio en Australia: se han descrito folíolos del Eoceno, es decir, de hace del orden de 50 millones de años, atribuidos a Bowenia por su morfología. Las cícadas como grupo son bastante más antiguas todavía. Merece la pena matizar un tópico repetido: llamarlas «fósiles vivientes» sugiere que estas plantas concretas llevan intactas desde el Mesozoico, y no es así. Los géneros actuales, Bowenia incluido, se diversificaron en buena parte durante el Mioceno, hace unos 10-15 millones de años. Lo que es antiquísimo es el linaje, no la especie que uno compra en el vivero.

Toxicidad: el punto que hay que tener claro antes de comprarla

Todas las partes de la planta son tóxicas por ingestión, y las semillas de forma especialmente marcada. Las cícadas contienen glucósidos azoximetanólicos —macrozamina y cicasina— que son hepatotóxicos y potencialmente cancerígenos, además de una neurotoxina asociada a cuadros neurológicos en ganado. En perros, la ingestión de semillas u hojas de cícada es una urgencia veterinaria seria, con fallo hepático agudo y mortalidad alta incluso con tratamiento; unas pocas semillas bastan en un animal de tamaño medio. No hay antídoto específico.

La consecuencia práctica es sencilla: si hay perro que roa o niños pequeños, la Bowenia va en un sitio inaccesible o no va. No existe forma de preparación doméstica que la haga inocua, y no hay que dejarse llevar por el hecho de que algunos pueblos aborígenes usaran almidón de cícada como alimento: aquello exigía procesos largos de lavado y fermentación, y aun así se han documentado intoxicaciones. No es materia de experimento casero.

Conviene saber además que todas las cícadas están incluidas en los apéndices de CITESBowenia figura en el Apéndice II—, de modo que su comercio internacional requiere documentación. Comprando en viveros europeos con papeles en regla se evita cualquier problema y, de paso, no se alimenta el expolio de poblaciones silvestres, que es la principal amenaza para muchas cícadas.

Luz: sombra sí, oscuridad no

Es la confusión más habitual con esta planta. Que sea de sotobosque significa que no tolera el sol directo del mediodía, sobre todo el de un verano peninsular, que le quema los folíolos y le deja manchas pardas irreversibles: la hoja de una cícada no se regenera, dura años tal como salió. Pero sombra de selva no es un pasillo interior sin ventanas. Necesita luz indirecta abundante: junto a una ventana orientada al norte, o a un par de metros de una al este, o bajo malla de sombreo del 50-70 % si está fuera.

Con luz insuficiente no se muere de golpe; hace algo peor, que es dejar de emitir hojas nuevas durante años y consumirse poco a poco a costa del tubérculo. Cuando por fin brota, saca peciolos largos y débiles que se doblan. Si las hojas nuevas salen más separadas y espigadas que las viejas, el problema es de luz.

Clima y temperaturas en España

Es una planta tropical y subtropical, sin resistencia real a la helada. Por debajo de unos 5 ºC empieza a sufrir y con heladas, aunque sean ligeras, se estropea el follaje; una helada seria puede pudrir el tubérculo. En la mayor parte de la Península eso la convierte en planta de interior, de invernadero templado o de patio con posibilidad de resguardo invernal. En zonas libres de heladas —franja costera de Málaga y Granada, Levante más abrigado, Baleares y sobre todo Canarias— puede vivir fuera todo el año en un rincón sombreado y protegido del viento.

El rango cómodo está entre 18 y 28 ºC, con humedad ambiental media o alta. El aire muy seco de un salón con calefacción en enero le sienta mal: reseca los bordes de los folíolos. Un plato con arcilla expandida húmeda bajo la maceta, o agruparla con otras plantas, ayuda más que pulverizar las hojas a diario.

Ejemplar adulto de Bowenia spectabilis cultivado a la sombra

Sustrato, maceta y trasplante

El tubérculo se pudre con facilidad si el agua se queda estancada, así que el sustrato manda. Funciona bien una mezcla aireada y ligeramente ácida: en torno a la mitad de sustrato con materia orgánica bien descompuesta (turba rubia o fibra de coco con compost maduro) y la otra mitad de material grueso, perlita, arena silícea lavada de grano medio o puzolana fina. Nada de arena de playa ni de arena fina de obra, que compactan.

La maceta debe ser más profunda que ancha, porque el tubérculo tira hacia abajo, y con drenaje generoso. Trasplantar poco: cada tres o cuatro años basta, y siempre en primavera, cuando la planta va a arrancar. Al plantarla, el cuello debe quedar a ras de sustrato, ni enterrado ni levantado. Después de un trasplante es normal que se salte una temporada sin emitir hojas nuevas; no es motivo para insistir con riego o abono.

Riego y abonado

De abril a octubre, riego regular pero no constante: se moja bien todo el cepellón y se espera a que los dos o tres centímetros superiores estén secos antes de repetir. En invierno, con temperaturas bajas y menos luz, la planta prácticamente se detiene y hay que espaciar mucho, hasta un riego cada dos o tres semanas según el ambiente. La causa de muerte número uno en cícadas de maceta es el exceso de agua en invierno, no el frío ni la falta de abono.

Si el agua del grifo es muy caliza, cosa habitual en buena parte de España, alternar con agua de lluvia o filtrada evita que el sustrato se alcalinice y aparezcan clorosis en las hojas jóvenes.

Con el abono, prudencia. Un abono de liberación lenta para plantas verdes aplicado una vez en primavera, a dosis baja, cubre el año. Las cícadas responden mal al exceso de sales, y como crecen despacio no lo consumen. Si se prefiere líquido, uno equilibrado muy diluido —a la mitad de lo que indique el envase— cada tres o cuatro semanas solo durante el periodo de crecimiento activo. Agradecen el magnesio y el manganeso; una carencia de manganeso da hojas nuevas amarillentas y rizadas, un síntoma clásico del grupo.

Multiplicación: semilla, paciencia y poco más

La vía habitual es la semilla, que hay que sembrar fresca porque pierde viabilidad rápido. Se limpia bien la cubierta carnosa, se coloca la semilla tumbada y semienterrada en un sustrato muy drenante, y se mantiene a 25-28 ºC con humedad constante. La germinación es lenta y desigual: entre dos meses y más de un año, con periodos de aparente inactividad que no significan fracaso. Manipular con guantes por la toxicidad.

El tubérculo produce con el tiempo divisiones laterales que pueden separarse en primavera con un corte limpio, dejando secar la herida un par de días y aplicando fungicida en polvo antes de plantar. Es más arriesgado que la semilla y la tasa de éxito no es alta. No se multiplica por esqueje de hoja, por más que se lea lo contrario en foros: una hoja de cícada cortada no enraíza jamás.

Plagas y problemas frecuentes

La cochinilla algodonosa y las cochinillas de escudo son el problema clásico, sobre todo en interior y en la base de los peciolos, donde se esconden. Se detectan por el tacto pegajoso y la aparición de negrilla. En ejemplares pequeños funciona la limpieza manual con un bastoncillo mojado en alcohol isopropílico rebajado; en plantas mayores, aceite de parafina o jabón potásico aplicados con la planta a la sombra y sin sol directo encima, repitiendo a los diez días.

La araña roja aparece cuando el aire está muy seco y da un punteado plateado en el envés. La podredumbre del tubérculo, en cambio, no tiene tratamiento fiable: cuando la planta se ablanda por el cuello y las hojas caen enteras, casi siempre viene de riego excesivo con sustrato compactado y ya es tarde. Vale más prevenirla con la mezcla adecuada.

Un último apunte sobre expectativas: esta es una planta lenta de verdad. Emitir dos hojas al año es un buen año. Quien la compra esperando que llene un rincón en dos temporadas se llevará una decepción; quien la trate como una pieza de colección que gana presencia despacio tendrá una planta longeva y prácticamente sin mantenimiento.

En resumen

Bowenia es una cícada australiana de dos especies, B. spectabilis y B. serrulata, con tallo subterráneo y hojas bipinnadas únicas en el grupo. Quiere sombra luminosa —no oscuridad—, temperaturas por encima de 5 ºC, sustrato muy drenante y ligeramente ácido, riego moderado en verano y muy escaso en invierno, y una dosis mínima de abono de liberación lenta en primavera. Crece despacio y no se multiplica por esqueje. Es tóxica por ingestión para personas y animales, con riesgo hepático grave en perros, y su comercio está regulado por CITES, así que conviene comprarla en viveros con documentación y colocarla fuera del alcance de mascotas y niños.


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