Recorta un seto de agracejo sin guantes gruesos y lo recordarás durante una semana. Las espinas de los Berberis son tridentadas, duras y están colocadas justo debajo de cada fascículo de hojas, de manera que no hay forma de meter la mano entre las ramas sin pincharse. Esa es su principal virtud y su principal inconveniente: nada atraviesa un seto de agracejo bien formado, ni un perro, ni un jabalí, ni un vecino; pero mantenerlo tampoco es cómodo. A cambio, se trata de uno de los géneros de arbustos más agradecidos que se pueden plantar en España, porque aguanta el frío, la cal, la poda dura y bastantes meses de descuido.

Qué es exactamente un Berberis

Berberis es un género de la familia de las berberidáceas con más de quinientas especies repartidas por las zonas templadas y montañosas de Europa, Asia, América y el norte de África. Hay especies de hoja caduca y especies de hoja perenne, y ambas comparten un conjunto de rasgos muy reconocibles.

El primero son las espinas. No son ramas modificadas como en el endrino ni pelos endurecidos como en las rosas: en los Berberis las espinas son hojas transformadas. Lo que sale por encima de cada espina, en fascículos de tres a siete, son las hojas verdaderas, generalmente pequeñas, con el borde entero o finamente aserrado.

El segundo es la madera amarilla. Si rascas la corteza de una rama o cortas una raíz, aparece un amarillo intenso inconfundible. Se debe a la berberina, un alcaloide presente en todo el género y responsable de que estas plantas se hayan usado históricamente como tintóreas y medicinales.

El tercero son las flores y los frutos. Las flores son pequeñas, amarillas o anaranjadas, agrupadas en racimos colgantes o en corimbos, y aparecen entre marzo y mayo según especie y altitud. Tienen un detalle curioso: los estambres son sensibles al tacto y se cierran bruscamente sobre el estigma cuando un insecto los roza, lo que favorece la polinización. Después vienen bayas alargadas u ovoides, rojas, moradas o negro-azuladas, que suelen aguantar en la planta buena parte del otoño y del invierno y sirven de alimento a mirlos, currucas y petirrojos.

Flores amarillo anaranjadas de Berberis darwinii

Conviene aclarar una confusión frecuente: los mahonias ya no son un género aparte. Los estudios moleculares demostraron que Mahonia quedaba dentro de Berberis, de modo que el mahonia de jardín se nombra hoy Berberis aquifolium. A efectos prácticos se distinguen bien: los antiguos mahonias tienen hojas compuestas, coriáceas y espinosas en el margen, y el tallo sin espinas; los Berberis en sentido clásico tienen hojas simples y espinas en el tallo.

Especies que interesan en España

Berberis vulgaris, el agracejo común, es la especie europea y crece de forma silvestre en el norte peninsular y en sistemas montañosos del interior. Caduco, de 2 a 3 m, racimos amarillos colgantes y bayas rojas alargadas comestibles. Es la especie con interés gastronómico real. En el sur y el este peninsular aparece el agracejo español, tratado según los autores como Berberis hispanica o como subespecie de B. vulgaris: más compacto, más espinoso y mucho más resistente a la sequía, propio de sierras calizas.

Berberis thunbergii, el agracejo japonés, es el más plantado en jardinería. Caduco, de 1 a 1,5 m, denso, con un otoño espectacular en rojos y naranjas. Sus cultivares dominan los viveros: Atropurpurea y Atropurpurea Nana de hoja púrpura, Aurea amarillo lima, Rose Glow jaspeado en rosa, Orange Rocket de porte columnar. Un aviso: en Norteamérica es una invasora seria y su venta está prohibida en varios estados. En la Península no ha dado ese problema, pero en zonas húmedas del norte conviene no plantarla junto a bosques ni setos naturales.

Berberis darwinii, originario de Chile y Argentina, es perenne, con hoja pequeña, brillante y trilobulada, y una floración naranja muy densa en marzo y abril seguida de bayas azuladas. Es el más vistoso de todos, pero también el más exigente: quiere frescor, humedad ambiental y suelo que no se seque, así que va bien en la cornisa cantábrica y en Galicia, y sufre en el interior seco.

Berberis julianae, chino y perenne, forma setos impenetrables de hasta 3 m con hojas coriáceas y espinas de más de dos centímetros; es la elección si lo que se busca es una barrera defensiva. Berberis aristata, del Himalaya, se cultiva menos como ornamental y más por su corteza, tradicionalmente usada en la medicina ayurvédica. Y Berberis x stenophylla, híbrido de darwinii y empetrifolia, es un perenne de ramas arqueadas muy socorrido para setos informales.

Ubicación y suelo

Los agracejos quieren sol. En sombra crecen, pero se ahílan, florecen poco y los cultivares de hoja púrpura o dorada pierden el color y viran a un verde deslucido: si has comprado un Atropurpurea y se te ha vuelto verdoso, casi siempre es falta de luz. En el sur peninsular, con veranos de más de 38 °C, agradecen unas horas de sombra a mediodía, sobre todo las variedades de hoja amarilla, que se queman con facilidad.

En cuanto al suelo, son poco exigentes y esa es una de sus grandes bazas. Toleran la caliza sin clorosarse, algo que no puede decirse de buena parte de los arbustos ornamentales de floración vistosa, y viven bien en terrenos pedregosos y pobres. Lo único que no perdonan es el encharcamiento. En arcillas compactas, planta sobre caballón o enmienda el hoyo con arena gruesa y compost, porque un agracejo con los pies en agua acaba con podredumbre de raíz.

En maceta funcionan bien las variedades enanas de B. thunbergii. Un contenedor de 30-40 cm de diámetro con sustrato universal mezclado con un 30 % de perlita o arena, y trasplante cada dos o tres años, es suficiente.

Riego

Los dos primeros años son los que cuentan. Un ejemplar recién plantado necesita riegos regulares durante su primer verano —una vez por semana en profundidad, mejor que riegos cortos y frecuentes— para que la raíz baje. A partir del tercer año, un agracejo bien enraizado aguanta el verano peninsular con muy poco: en zonas de más de 500 mm anuales puede vivir sin riego, y en el interior seco basta con un aporte generoso cada quince o veinte días en julio y agosto.

Las especies perennes son la excepción. B. darwinii y B. julianae no toleran secarse del todo y, si pasan sed, tiran hoja y quedan ralos por dentro durante toda la temporada siguiente.

Abonado

Muy poco y a destiempo hace más daño que ayuda. Un aporte de compost o estiércol bien hecho a finales de invierno, extendido bajo la copa a razón de dos o tres litros por metro cuadrado, cubre las necesidades del año. Si el arbusto está en maceta o quieres empujar un seto joven, un abono granulado de liberación lenta equilibrado en marzo y otro en mayo.

Lo que hay que evitar es el nitrógeno tardío. Abonar en agosto o septiembre provoca brotes tiernos que llegan sin lignificar a las primeras heladas y se queman. Y en los cultivares de hoja púrpura, un exceso de nitrógeno tiende a apagar el color.

Poda

El momento depende de para qué tengas la planta.

Si te interesa la floración y el fruto, poda justo después de florecer, en mayo o junio. Los Berberis florecen sobre madera del año anterior, así que un repaso invernal se lleva por delante toda la flor de esa primavera. Este es el error más habitual con B. darwinii: se recorta en febrero como si fuera un seto cualquiera y luego el propietario se pregunta por qué no florece.

Si lo que tienes es un seto formal y lo que buscas es densidad y espina, la flor pasa a segundo plano y puedes recortar dos veces al año, a finales de junio y a principios de septiembre. Con las caducas, un repaso a finales de invierno es aceptable.

Los ejemplares viejos que se han quedado huecos por dentro responden bien a un rejuvenecimiento escalonado: elimina un tercio de las ramas más gruesas a ras de suelo cada invierno durante tres años. Rebrotan de cepa con vigor. Y siempre, guantes de cuero y manga larga; las espinas de Berberis provocan con frecuencia pequeñas inflamaciones en el pinchazo, así que no las tomes a broma.

Multiplicación

Semilla. Recoge las bayas maduras en otoño, limpia la pulpa —inhibe la germinación— y siembra en bandeja con sustrato drenante. La semilla necesita frío para germinar: si siembras en otoño y dejas la bandeja a la intemperie en un lugar resguardado, el invierno hace el trabajo y nacen en marzo. Si prefieres controlarlo, estratifica en nevera a 4 °C durante dos o tres meses dentro de una bolsa con arena húmeda. Ten en cuenta que los cultivares no salen fieles de semilla: de un Atropurpurea nacerán plantas verdes en su mayoría.

Esqueje. Es el método para reproducir un cultivar concreto. Toma esquejes semileñosos de 10-15 cm en julio o agosto, quita las hojas y espinas de la mitad inferior, moja la base en hormona de enraizamiento y planta en perlita con turba, bajo plástico y a la sombra. Enraízan en unas seis u ocho semanas. Con las especies perennes también funcionan los esquejes de madera dura en noviembre, aunque van más lentos.

Acodo. Las ramas bajas de las especies de porte arqueado enraízan sin esfuerzo si las sujetas al suelo con una horquilla y las cubres con tierra en primavera. Al invierno siguiente se separan.

Plagas

La lista es corta, y esa es otra ventaja del género.

El pulgón aparece en los brotes tiernos de primavera, sobre todo si se ha abonado con generosidad. Con un chorro de agua a presión o jabón potásico se controla, y las mariquitas suelen encargarse del resto.

La cochinilla algodonosa se instala en las axilas y en la cara inferior de las hojas de las especies perennes cuando están en sitios cerrados y sin ventilación. Aceite de parafina en invierno y clareo de ramas para que circule el aire.

La plaga más específica es la tentredínida del agracejo (Arge berberidis), una avispa cuyas falsas orugas verdosas con puntos negros pueden defoliar un arbusto entero en pocos días a finales de primavera y repetir en verano con una segunda generación. No mata la planta, pero la deja pelada. Se ve venir: revisa los brotes en mayo y, si aparecen, retíralas a mano o trata con Bacillus thuringiensis, que en este caso funciona peor que con las orugas verdaderas, así que a menudo lo más eficaz es la recogida manual.

Enfermedades

El oídio (Microsphaera berberidis) cubre las hojas de un polvillo blanco en primaveras húmedas y en plantaciones demasiado densas. Airear con poda y evitar mojar el follaje al regar suele bastar; si insiste, azufre mojable en días sin calor fuerte.

La podredumbre de raíz por Phytophthora es la causa real de la mayoría de los agracejos que se secan de golpe sin explicación aparente. Siempre está detrás un suelo encharcado o un riego excesivo. No tiene tratamiento práctico en jardín: se previene con drenaje.

Y luego está el asunto de la roya negra del trigo (Puccinia graminis), que merece un párrafo aparte porque muy poca gente lo conoce y tiene consecuencias legales. Berberis vulgaris es el hospedador alternante de este hongo: el ciclo del patógeno necesita pasar por el agracejo para completar su fase sexual y generar nuevas razas capaces de superar la resistencia de las variedades de cereal. Por eso, entre los siglos XVIII y XX, numerosos países europeos y Estados Unidos arrancaron millones de agracejos silvestres en las zonas cerealistas. Si vives junto a campos de trigo o cebada, planta B. thunbergii o especies perennes asiáticas, que no son hospedadoras eficientes, y deja B. vulgaris para jardines alejados del cultivo.

Rusticidad

Aquí no hay preocupación en casi ningún punto de la Península. B. vulgaris y B. thunbergii aguantan sin daño por debajo de -20 °C, y el segundo se comporta bien incluso en los inviernos duros de la meseta norte. B. julianae resiste en torno a -15 °C. El más delicado es B. darwinii, que empieza a sufrir hacia -10 °C y puede perder hoja en un invierno continental severo, aunque rebrota.

El límite real de estas plantas en España no es el frío sino el calor combinado con sequía. En el valle del Guadalquivir, en Murcia o en el interior de Alicante, un agracejo japonés pasa el verano con las hojas quemadas por los bordes salvo que esté a media sombra y con riego. En esas zonas, el agracejo español y sus formas locales son mucho mejor apuesta.

Usos ornamentales

El uso clásico es el seto defensivo. Plantando B. julianae o B. x stenophylla a 60-70 cm entre plantas, en tres o cuatro años se tiene una barrera que nadie cruza y que además da flor y fruto. Frente a un seto de aligustre o de ciprés, exige menos recortes al año y aporta interés en tres estaciones.

Los cultivares enanos de B. thunbergii se usan de otra manera: en macizos de color, jugando con el púrpura oscuro contra gramíneas o contra hojas plateadas, en borduras bajas y en rocallas. Su otoño rojo intenso llega a la vez que las bayas y prolonga la estampa hasta noviembre.

También funcionan como plantas de contención en taludes secos, donde su raíz sujeta el terreno y su porte espinoso desanima el paso. Y las variedades pequeñas admiten cultivo en maceta y trabajo de bonsái, gracias a la hoja diminuta y a la buena respuesta a la poda.

Un apunte ecológico: los Berberis florecen temprano, cuando pocas cosas hay abiertas, y sus flores son muy visitadas por abejas y bombus. Las bayas invernales sostienen aves cuando escasea el alimento.

Usos gastronómicos

Los frutos de Berberis vulgaris son comestibles y bastante ricos en vitamina C y en ácido málico, lo que explica su sabor marcadamente ácido, entre la grosella y el limón. En Irán se secan y se conocen como zereshk: se emplean en el arroz con azafrán y en guisos de pollo, donde aportan el punto agrio. En Europa central se han usado tradicionalmente en mermeladas, jaleas, licores y vinagres, y en la Península hay memoria de su recolección en la montaña para confituras.

Se recolectan bien maduros, a finales de verano o en otoño, y aguantan mejor cocinados o secos que crudos. Como referencia, con un kilo de bayas y setecientos gramos de azúcar se obtiene una jalea muy aromática que acompaña bien a carnes de caza y a quesos curados.

Dos precisiones importantes. Primera: lo comestible son las bayas, no la corteza ni la raíz, que concentran berberina en cantidades apreciables. Segunda: aunque la berberina sea objeto de estudio farmacológico, la automedicación con preparados de raíz de agracejo no es buena idea, está desaconsejada en el embarazo y puede interaccionar con medicamentos. Los frutos de los cultivares ornamentales de B. thunbergii, por otro lado, no son tóxicos pero tampoco tienen ningún interés culinario: son secos, insípidos y no merecen el esfuerzo.

En resumen

Los Berberis son arbustos rústicos, espinosos y de mantenimiento bajo, capaces de vivir en suelo calizo y pobre siempre que tenga drenaje. Quieren sol para conservar el color de la hoja, riego solo hasta que se establecen y un abonado mínimo a finales de invierno. La poda va después de la floración si se busca flor y fruto, y en cualquier momento del verano si lo que se quiere es un seto denso. Sus problemas sanitarios son pocos: pulgón, cochinilla en las perennes, la tentredínida del agracejo y podredumbre de raíz cuando el suelo se encharca.

Para setos defensivos, B. julianae o B. x stenophylla; para color en macizos y otoño encendido, los cultivares de B. thunbergii; para floración espectacular en climas frescos y húmedos, B. darwinii; para calor y sequía del sur, el agracejo español. Y si vives cerca de campos de cereal, evita B. vulgaris, cuyo papel en el ciclo de la roya negra del trigo sigue siendo motivo de restricción en zonas trigueras.


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