Prueba una baya de goji recién cogida de la mata en agosto y lo primero que notarás es que no sabe dulce. Sabe a tomate poco maduro con un fondo amargo y un regusto herbáceo que sorprende a quien esperaba el caramelo de las bayas secas del herbolario. Ese contraste es el punto de partida para entender este cultivo: Lycium barbarum es un arbusto fácil de tener vivo y bastante exigente de conducir bien, y su fruto solo alcanza el sabor por el que se le conoce después del secado, que concentra los azúcares y suaviza el amargor.

La planta pertenece a las solanáceas, la familia del tomate, la patata y la berenjena, con todo lo que eso implica en rotaciones y en plagas compartidas. Procede del norte y el oeste de China —la región de Ningxia sigue siendo el gran centro productor— y llegó a Europa hace siglos como planta de setos antes de que nadie le prestara atención por sus frutos.

Arbusto de goji con bayas rojas maduras en la rama

Qué planta es y qué esperar de ella

Es un arbusto caducifolio de 1,5 a 3 metros, de ramas largas, flexibles y arqueadas que tienden a caer hasta tocar el suelo, con espinas pequeñas en algunos individuos. Las hojas son lanceoladas, gris verdosas. La flor, de mayo a septiembre, es pequeña, violeta con la garganta clara y forma de embudo: inconfundiblemente de solanácea. Es autofértil, así que un solo ejemplar produce, aunque con dos plantas cerca la cuaja mejora.

Existe una segunda especie en cultivo, Lycium chinense, más pequeña y de fruto más corto y menos dulce. La que interesa para producir bayas es Lycium barbarum, y dentro de ella hay selecciones con nombre propio (tipo 'Ningxia n.º 1', 'Big Lifeberry', 'Sweet Lifeberry') que difieren mucho en tamaño y azúcar del fruto.

Dos cosas conviene saber antes de plantarla. La primera es que emite rebrotes de raíz con insistencia y puede aparecer a metro y medio del pie original, colándose en un arriate o bajo un seto; en jardín pequeño se planta con barrera antirrizoma o directamente en maceta grande. La segunda es que las cifras de producción que circulan son optimistas: una planta adulta y bien conducida da del orden de 2 a 4 kg de fruto fresco al año, que al secarse quedan en unos 400 u 800 gramos. Con eso se hace el cálculo de cuántas plantar.

Clima y ubicación

Aquí el goji juega a favor de casi cualquier jardín español. Resiste el frío sin inmutarse, hasta -15 °C o algo menos ya establecido, de modo que los inviernos de la Meseta, de Aragón o de Castilla y León no son un obstáculo. Tolera el calor seco, la sequía una vez arraigado y, algo poco común, los suelos alcalinos y ligeramente salinos: en su origen crece en terrenos calizos y áridos, y no da clorosis donde otros frutales sí la dan.

Necesita sol pleno, sin discusión. A media sombra vegeta, alarga las ramas y da cuatro bayas de mala calidad, porque el azúcar del fruto se hace con luz. Y necesita drenaje: el encharcamiento invernal, sobre todo en arcillas pesadas, es prácticamente la única forma corriente de matar una mata de goji. En suelo compacto, plantar sobre caballón resuelve el problema.

El clima que menos le conviene es el atlántico húmedo, con veranos frescos y lluvias frecuentes en el momento de la maduración: allí la fruta se agrieta, coge oídio y no llega al dulzor. En el interior seco y en el arco mediterráneo va bien; en la cornisa cantábrica hay que resignarse a menos cosecha y más problemas fúngicos.

Cómo se multiplica: por qué la semilla decepciona

Es tentador abrir una bolsa de bayas secas del supermercado, sacar las semillas y sembrarlas. Germinan, sí, con facilidad y sin estratificación: sembradas en primavera a temperatura de 18-22 °C, brotan en una o dos semanas. El problema es lo que sale después. Al ser un cultivo alógamo, la descendencia de semilla es muy variable: unas plantas darán frutos grandes y dulces, otras pequeños y amargos, y no se sabrá cuál es cuál hasta el tercer o cuarto año, que es cuando empiezan a fructificar. Además, las semillas de fruta seca comercial han pasado por deshidratación industrial y su viabilidad es irregular.

La vía sensata es la estaquilla. Las de madera semileñosa, tomadas de brotes del año en junio o julio, de unos 15 cm y con dos o tres nudos, enraízan con facilidad en sustrato ligero, con hormona de enraizamiento y algo de humedad ambiental. También funcionan las estaquillas de madera dura tomadas en invierno, en enero o febrero, clavadas directamente en un semillero exterior. Una planta de estaquilla empieza a dar fruta al segundo año y reproduce exactamente la variedad madre. Y si ya se tiene una mata, sus propios rebrotes de raíz, separados con una azada en invierno, son plantas nuevas gratis.

Plantación y marco

La plantación se hace en otoño o a finales del invierno, con la planta en reposo. En zonas de invierno duro, mejor febrero-marzo; en el sur y el litoral, noviembre.

El marco depende de cómo se vaya a conducir. En seto productivo, 1,5 metros entre plantas y 2,5 entre filas. Como arbusto aislado, hay que contar con 2 metros de diámetro de copa. En maceta necesita al menos 40 litros y un sustrato que drene; ahí se controlan bien los rebrotes, a costa de regar con más frecuencia.

Durante el primer verano hay que regar de verdad, dos o tres veces por semana según suelo y calor, para que enraíce. A partir del segundo año, un riego semanal profundo en julio y agosto basta y sobra. El exceso de agua en la maduración diluye el azúcar y raja las bayas: si se riega por goteo, conviene bajar el aporte cuando el fruto empieza a virar a naranja.

Poda y conducción

Es lo que más diferencia una mata productiva de un matorral desordenado. El goji fructifica sobre los brotes del año que nacen de madera de un año, de manera que la poda persigue renovar madera joven y mantener la planta abierta a la luz.

La forma más práctica es el vaso sobre tronco corto: se selecciona un eje, se limpian los brotes bajos hasta unos 50-70 cm de altura y se dejan cuatro o cinco ramas principales que formen una copa. A partir de ahí, cada invierno, entre enero y febrero, se eliminan las ramas que tocan el suelo (las que caen y enraízan por su cuenta), la madera de más de tres años, los cruzamientos y todo lo que crezca hacia dentro. Se aclara para que entre luz al centro.

En verano, un despunte de los brotes largos cuando alcanzan 50 o 60 cm estimula ramillas laterales, que son las que llevan flor. Y durante toda la temporada hay que ir quitando los rebrotes de raíz, porque roban vigor y son el principio de la invasión del arriate.

Plagas y problemas frecuentes

El problema específico y más molesto en Europa es el ácaro de las agallas del goji (Aceria kuko), un eriófido que provoca abultamientos verdes o rojizos en hojas y brotes, deforma el crecimiento y reduce la cosecha. Se introduce casi siempre con plantas de vivero infestadas, así que la primera medida es comprar en sitio serio y revisar las hojas antes de plantar. Una vez dentro, se maneja retirando y destruyendo el material afectado y con tratamientos de azufre mojable al inicio de la brotación; no es fácil de erradicar.

Aparte de eso, lo habitual de una solanácea: pulgón en los brotes tiernos de primavera, oídio en veranos húmedos o con mala ventilación, araña roja en calor seco y prolongado, y pájaros, que localizan las bayas maduras antes que nadie y son la causa número uno de cosechas fantasma. Una malla antipájaros en agosto es más eficaz que cualquier espantapájaros.

Por su parentesco, no conviene plantarlo donde hubo tomate, patata o pimiento con problemas de suelo, ni al lado de esos cultivos si hay Verticillium en la finca.

La cosecha

En España la recolección va de julio a octubre, con el grueso en agosto y septiembre, y es escalonada: en la misma rama coexisten flores, frutos verdes y bayas maduras, lo que obliga a pasar cada semana o cada diez días durante dos o tres meses.

La baya está en punto cuando el color es rojo anaranjado uniforme, sin restos de verde en el extremo, y cede ligeramente a la presión. Cogida antes, es amarga y no madura fuera de la planta.

Y aquí va el detalle que casi nadie cuenta y que arruina muchas primeras cosechas: la piel del goji fresco se oxida y ennegrece allí donde la tocan los dedos. La recolección manual grano a grano deja la fruta manchada en pocas horas. El método tradicional consiste en extender una tela o una sábana bajo el arbusto y sacudir las ramas, o peinarlas suavemente con la mano abierta, de modo que caigan solo las maduras. Después se retiran hojas y ramitas y se manipula la fruta lo mínimo posible, sin lavarla a fondo si va a secarse.

Conviene además hacerlo a primera hora de la mañana, con la fruta fresca y firme, y no dejarla amontonada en cubos hondos: se aplasta y fermenta enseguida. Cajas bajas y a la sombra, y al secadero el mismo día.

Bayas de goji recolectadas y extendidas para su secado

El secado, paso a paso

Secar goji es más lento de lo que parece porque la piel tiene una capa cerosa que frena la salida del agua. En origen se resuelve con un escaldado muy breve —unos segundos en agua casi hirviendo, o un baño rápido en una solución alcalina suave— que agrieta microscópicamente esa cera y acorta el secado a la mitad. En casa, un golpe de vapor de 20 o 30 segundos y enfriado inmediato cumple la misma función, aunque también se puede secar sin ese paso, con más paciencia.

El objetivo, sea cual sea el método, es llegar a una humedad final en torno al 12-15 %: la baya debe quedar flexible y correosa, arrugada, sin soltar jugo al apretarla, pero sin llegar a estar quebradiza como el cristal. Si al apretar un puñado se pegan entre sí formando bloque, aún les falta.

Secado al sol

Es el método clásico y el que mejor conserva el aroma, y en el interior de España en agosto es perfectamente viable. Se extienden las bayas en una sola capa sobre bandejas de rejilla o cañizos, nunca sobre metal ni plástico liso, en un sitio soleado y sobre todo bien ventilado, con una malla mosquitera por encima para evitar insectos y pájaros.

Tarda entre 4 y 10 días según humedad ambiente. Hay que remover la fruta una o dos veces al día para que no se pegue a la rejilla, y recoger las bandejas al atardecer: el rocío nocturno rehidrata lo secado durante el día y es lo que provoca los mohos. En zonas costeras con humedad alta o si amenaza tormenta, este método no compensa.

Secado en horno o deshidratador

Más rápido y más controlable. La temperatura es lo único que hay que respetar de verdad: entre 40 y 50 °C, con la puerta del horno entreabierta —una cuchara de madera en el cierre— para que salga el vapor. Un horno doméstico que no baja de 50 °C sirve, pero hay que vigilar más.

El proceso lleva de 8 a 16 horas según cantidad y tamaño de la fruta, y conviene girar las bandejas y remover a mitad. Por encima de 60 °C la baya se cuece, se oscurece, se vuelve dura y pierde buena parte de su valor nutricional; el error más común es subir la temperatura para acabar antes y terminar con un producto marrón y correoso que ya no sabe a goji. Un deshidratador con ventilador y termostato a 45 °C es la herramienta ideal si se van a secar cantidades cada año.

Una tercera vía, si la cosecha es pequeña: congelar la fruta fresca en bandeja y luego en bolsa. Pierde textura pero conserva el sabor y evita todo el proceso de secado.

Conservación

Antes de guardar conviene igualar la humedad: se meten las bayas secas en un tarro cerrado, sin llenarlo del todo, y se agita una vez al día durante una semana. Si aparece condensación en el vidrio, falta secado y hay que devolverlas al horno unas horas. Este paso, que se salta casi siempre, es lo que evita que un tarro entero se enmohezca a partir de un puñado de bayas mal secas.

Ya estabilizadas, se guardan en recipiente hermético, en oscuridad y en sitio fresco. Aguantan bien un año; en el frigorífico o el congelador, bastante más. El color rojo se apaga con la luz, así que el tarro transparente en la encimera es mal sitio.

Un apunte de prudencia

Al margen de las promesas comerciales que rodean a esta fruta, hay una interacción bien documentada: el goji puede potenciar el efecto de los anticoagulantes orales del tipo warfarina o acenocumarol (Sintrom). Quien tome esa medicación debería consultarlo con su médico antes de incorporar bayas de goji a la dieta a diario. Como cualquier solanácea, además, hojas y frutos inmaduros no se consumen crudos en cantidad.

En resumen

Lycium barbarum es un arbusto rústico, resistente al frío hasta unos -15 °C, tolerante con la caliza y la sequía, que solo pide sol pleno y un suelo que no se encharque. Multiplícalo por estaquilla y no por semilla si quieres saber qué fruta vas a comer y adelantar dos años la primera cosecha. Condúcelo en vaso sobre tronco corto, poda en enero-febrero para renovar madera joven y quita los rebrotes de raíz sin descanso, o acabará colonizando el arriate. Recoge de julio a octubre sacudiendo las ramas sobre una tela, nunca apretando las bayas con los dedos. Y seca por debajo de 50 °C, al sol con bandejas recogidas antes del rocío o en deshidratador, hasta que la fruta quede flexible y no pegajosa. La producción realista de una planta adulta ronda los 2-4 kg frescos al año, que es menos de lo que promete la publicidad y suficiente para llenar un par de tarros.


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