La bauhinia roja es Bauhinia galpinii, un arbusto sudafricano de flor anaranjada que se ha ganado un hueco en los jardines del litoral mediterráneo por una razón muy concreta: florece durante meses en pleno verano, cuando casi todo lo demás está parado, y lo hace con un color ladrillo que no tiene ningún otro arbusto de su tamaño.

Conviene aclarar de entrada un malentendido frecuente. En viveros se venden como "bauhinia" varias plantas muy distintas, y la mayoría son árboles de flor rosa o lila: Bauhinia variegata y Bauhinia purpurea, los llamados árboles orquídea, o Bauhinia x blakeana, el emblema de Hong Kong. B. galpinii no es un árbol, es un arbusto sarmentoso que se comporta casi como una trepadora, y su flor es roja anaranjada, no rosa. Si buscas una y te ofrecen otra, no son intercambiables ni en porte ni en rusticidad.

Bauhinia galpinii en flor

Origen y características

Bauhinia galpinii es originaria del sur y el este de África: Sudáfrica (provincias de Limpopo, Mpumalanga y KwaZulu-Natal), Zimbabue, Mozambique, Esuatini y Malaui, donde crece en laderas rocosas, bosques abiertos y matorral de sabana. Recibe nombres populares como pata de vaca roja, pride of De Kaap o bauhinia trepadora.

Pertenece a la familia de las leguminosas, hoy incluida en la subfamilia Cercidoideae junto a los árboles del amor (Cercis). El nombre del género honra a los hermanos Jean y Gaspard Bauhin, botánicos suizos del siglo XVI; Linneo eligió el género precisamente por su hoja bilobulada, que representa a los dos hermanos unidos por la base.

Esa hoja es su rasgo más reconocible: de 3 a 7 cm, ancha, dividida en dos lóbulos redondeados hasta un tercio o la mitad de su longitud, con siete nervios saliendo del punto de inserción y forma inequívoca de pezuña. En el clima cálido del litoral la planta se mantiene semiperenne o perenne; en zonas más frescas o tras un invierno duro se comporta como caducifolia y pierde la hoja, algo que asusta a quien la ha comprado como "arbusto de hoja perenne". No está muerta: rebrota en primavera.

El porte es sarmentoso y desordenado: emite ramas largas, flexibles, de varios metros, que se apoyan en lo que encuentren. Dejada a su aire forma una mata ancha de 2 a 3 metros de alto por 4 o 5 de diámetro; guiada sobre una pérgola, un muro o una reja se comporta como una trepadora ligera y puede subir 4 metros. No tiene zarcillos ni raíces adventicias, así que necesita que la ates: no trepa sola.

La flor mide 5-8 cm de diámetro, tiene cinco pétalos con uña larga y limbo redondeado y va del naranja intenso al rojo ladrillo, virando a tonos más apagados al envejecer. Se agrupa en pequeños racimos y aparece de forma escalonada desde finales de mayo o junio hasta septiembre en el litoral peninsular, atrayendo abejas y mariposas. El fruto es una legumbre plana, leñosa, de 8-12 cm, que al secarse se abre de golpe con un chasquido y lanza las semillas a varios metros.

Dónde plantarla en España

La rusticidad es el factor que decide si esta planta tiene sentido en tu jardín. B. galpinii resiste heladas ligeras y breves, del orden de -3 a -5 °C en ejemplares adultos y bien establecidos. Por debajo de eso pierde toda la parte aérea; si la helada es corta y el suelo no se hiela, rebrota desde el cepellón en primavera, pero pierde la floración de ese año.

Eso la sitúa cómodamente en toda la costa mediterránea, el valle del Guadalquivir, la costa atlántica andaluza, Baleares y Canarias. En el interior peninsular solo funciona en maceta que se pueda resguardar, o contra una pared orientada al sur que actúe como acumulador térmico. En el norte húmedo tiene otro problema añadido al frío: la falta de calor estival, sin el cual florece poco y mal.

Sol pleno, sin excepciones. Es una planta de sabana africana y en sombra parcial produce ramas largas y desnudas con muy pocas flores. Tampoco le va el viento fuerte y salino directo, porque sus ramas jóvenes son frágiles, aunque tolera bien la brisa marina a segunda línea.

Suelo y plantación

Se adapta a casi cualquier suelo, incluidos los calizos y pobres, mientras drene bien. Lo único que no perdona es el encharcamiento: en arcillas compactas hay que plantarla sobre caballón o mejorar el terreno en un volumen amplio con arena gruesa y compost.

La época correcta de plantación en el litoral es el otoño, de octubre a noviembre, para que enraíce con las lluvias y el suelo aún templado antes del verano siguiente. En zonas donde puedan darse heladas, mejor esperar a marzo o abril y darle así todo un ciclo de crecimiento antes del primer invierno.

Cava un hoyo de al menos el doble del cepellón, afloja el fondo y no entierres el cuello. Un acolchado de 5-8 cm de corteza o grava alrededor, sin tocar el tronco, conserva humedad en verano y protege la base del frío en invierno.

En maceta necesita como mínimo 40-50 litros para desarrollarse bien, con sustrato de mezcla drenante (60 % sustrato universal, 20 % arena gruesa o picón, 20 % corteza) y un agujero de drenaje generoso.

Riego

Los dos primeros años son los que hay que atender: riegos abundantes y espaciados, cada 5-7 días en verano, mojando en profundidad, y ninguno en invierno si llueve.

Ya establecida es bastante resistente a la sequía, con raíz profunda y capacidad de sobrevivir sin agua. Ahora bien, hay que distinguir entre sobrevivir y florecer: en sequía severa suspende la floración y deja caer parte de la hoja. Si lo que quieres es que florezca todo el verano, mantén dos riegos generosos al mes entre junio y septiembre.

En maceta el criterio cambia: el sustrato se seca deprisa y en pleno verano puede pedir agua cada dos o tres días. Comprueba siempre con el dedo antes de regar y no dejes agua en el plato.

Abonado

Como leguminosa, fija su propio nitrógeno mediante bacterias simbióticas, de modo que los abonos ricos en N son innecesarios y contraproducentes: producen brotes largos y hojas grandes a costa de las flores.

Lo que sí le conviene es fósforo y potasio. Una pauta sencilla: compost o estiércol maduro al pie a finales del invierno, y un abono de floración (tipo 5-10-15 o similar, con microelementos) cada tres o cuatro semanas desde abril hasta agosto, a mitad de la dosis indicada. En maceta, abono líquido para plantas de flor una vez cada quince días en la misma ventana.

Poda

Aquí está el punto donde más gente la estropea. Bauhinia galpinii florece sobre el crecimiento del año, es decir, sobre los brotes que emite en primavera. Podarla en verano equivale a cortar las flores; podarla en otoño deja la planta expuesta al frío con heridas abiertas.

La época correcta es el final del invierno, de febrero a principios de marzo, justo antes de que arranque. En ese momento se puede ser bastante contundente: elimina las ramas secas, débiles o mal situadas, aclara el interior de la mata para que ventile y acorta el resto a un tercio o la mitad. Cuanto más severo el rebaje, más compacto queda el arbusto; si lo que quieres es una trepadora, respeta las ramas largas principales y recorta solo las laterales.

Si un invierno frío le ha quemado la parte aérea, no cortes hasta abril o mayo. La madera aparentemente muerta suele proteger las yemas de abajo, y hasta que no rebrota no se sabe con seguridad hasta dónde está viva.

Multiplicación

Por semilla es el método más sencillo, siempre que las recojas antes de que la legumbre estalle. Necesitan escarificación: lija ligeramente el borde o sumérgelas en agua caliente (no hirviendo) dejándolas 24 horas hasta que se hinchen. Siembra en primavera, en maceta con sustrato arenoso, a 22-25 °C. Germinan en una o dos semanas y florecen a los tres o cuatro años.

Por esqueje semileñoso, en verano: brotes del año de 12-15 cm, retirando las hojas inferiores, con hormona de enraizamiento, en perlita y turba, bajo plástico y con calor de fondo. El porcentaje de éxito es irregular.

El método más fiable con diferencia es el acodo, y encaja perfectamente con su forma de crecer: elige una rama larga y flexible, tumba un tramo, hiérelo ligeramente con un corte superficial, entiérralo cinco centímetros y sujétalo con una piedra. En primavera se enraíza y al año siguiente se separa. También produce hijuelos de raíz que pueden trasplantarse.

Hojas bilobuladas de Bauhinia galpinii

Problemas y errores frecuentes

Es una planta sana. Los pocos problemas que da suelen ser de manejo, no de plagas:

No florece. Las tres causas por orden de frecuencia: falta de sol, exceso de nitrógeno y poda a destiempo. Descartadas esas, puede ser simplemente juventud: los ejemplares de semilla tardan tres o cuatro años en dar la primera floración.

Amarillea y decae en verano. Casi siempre es exceso de agua o suelo que no drena, no falta de riego. Comprueba el sustrato antes de añadir más agua.

Se ha quedado sin hojas en enero. Es normal en zonas con inviernos frescos. No es una planta estrictamente perenne fuera del trópico.

Está desgarbada y solo tiene hojas en las puntas. Le falta poda de renovación a finales de invierno. Sin ella tiende a alargarse y a desnudarse por la base.

En cuanto a plagas, puede recibir visitas de pulgón en la brotación tierna de primavera, que se controla con jabón potásico, y de cochinilla algodonosa en axilas y ramillas cuando la planta está muy cerrada y mal ventilada, motivo adicional para aclarar el interior en cada poda. Las orugas de algunas mariposas comen sus hojas sin causar daño real.

Cómo usarla en el jardín

Su versatilidad viene de ese porte a medio camino entre arbusto y trepadora. Funciona bien cubriendo un muro soleado, guiada sobre alambres; sobre pérgola o porche, donde el color anaranjado se ve a contraluz; como seto informal alto y libre, sin recortar; y como mata aislada en un rincón caluroso donde otras plantas sufren.

Combina especialmente bien con plantas que compartan sus exigencias de sol, calor y drenaje: plumbago, buganvilla, lantana, teucrium, romero o el Tecoma capensis, con el que comparte origen sudafricano y paleta cálida. Lo que no tiene sentido es plantarla junto a acidófilas o a plantas que exijan riego frecuente.

En resumen

Bauhinia galpinii es un arbusto sarmentoso sudafricano de flor naranja rojiza que resuelve muy bien el color de verano en jardines cálidos: quiere sol directo todo el día, suelo drenante aunque sea calizo y pobre, riego moderado y poca comida. Su límite real es el frío, en torno a los -3 o -5 °C, lo que la restringe al litoral, el sur y las islas.

Las dos claves de manejo son sencillas: poda solo a finales de invierno, porque florece sobre madera del año, y no la sobrealimentes con nitrógeno, porque es leguminosa y se llenará de hojas en lugar de flores. Si necesitas que trepe, tendrás que atarla tú.


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