Fíjate primero en la hoja y luego en la flor. Dos lóbulos simétricos unidos por la base, como una pezuña partida o como dos alas de mariposa plegadas: esa hoja es la firma del género Bauhinia y la razón de su nombre, dedicado a los hermanos Bauhin, Jean y Gaspard, dos botánicos suizos del siglo XVI a los que Linneo quiso homenajear con una hoja doble. La Bauhinia natalensis lleva esa hoja en versión miniatura, y ahí empieza a diferenciarse de sus parientes famosas.

Flores blancas y hojas bilobuladas de Bauhinia natalensis

Qué es la bauhinia de Natal

Bauhinia natalensis Oliv. es un arbusto sudafricano de la familia Fabaceae, dentro de la subfamilia Cercidoideae, la misma del árbol del amor. Su área natural está en KwaZulu-Natal y el Cabo Oriental, en laderas rocosas, bordes de bosque y matorral costero, casi siempre en situaciones con luz abundante pero cierta protección lateral.

Es una planta de porte pequeño: entre 1 y 2,5 metros, excepcionalmente algo más si encuentra condiciones muy favorables y no se poda. Ramifica desde abajo, forma una mata redondeada de ramas finas y flexibles, y su follaje es persistente en climas cálidos y semipersistente donde el invierno aprieta. La hoja mide apenas 2 o 3 centímetros y está profundamente dividida en dos lóbulos, tanto que a veces parecen dos foliolos separados. El conjunto da una textura muy fina, casi de helecho, poco frecuente entre los arbustos de flor.

Las flores son blancas o blanco crema, de unos 4 a 5 centímetros, con cinco pétalos estrechos y separados entre sí, no solapados como los de una rosa, y estambres largos y curvados de tonos rojizos o púrpura oscuro que sobresalen del centro. La floración es larga y escalonada: en el litoral mediterráneo español empieza hacia abril o mayo y se prolonga a lo largo del verano, con oleadas sucesivas en lugar de una explosión única. Después vienen las legumbres típicas de la familia, aplanadas y estrechas, que al secarse se abren y dispersan las semillas.

El equívoco de comprarla esperando un árbol orquídea

Conviene decirlo pronto porque es la decepción más frecuente. Cuando en España se habla de "bauhinia" o de "árbol orquídea", el noventa por ciento de las veces se está hablando de Bauhinia variegata, Bauhinia purpurea o del híbrido Bauhinia × blakeana: árboles de 6 a 10 metros con flores grandes, rosas o malvas, muy plantados en el arbolado viario de Málaga, Valencia, Alicante o Sevilla.

La bauhinia de Natal no es eso ni lo va a ser nunca. Es un arbusto que se queda a la altura del pecho o poco más, con flores blancas mucho más pequeñas y una silueta menuda. Si la compras pensando en tener sombra en el patio dentro de diez años, la elección es equivocada. Si lo que buscas es un arbusto de floración larga, textura ligera y tamaño contenido para un jardín pequeño o para maceta, entonces sí es una candidata muy razonable, y precisamente su formato reducido es su mejor argumento frente a las bauhinias arbóreas, que en jardines de patio se quedan grandes enseguida.

Hay una segunda confusión, esta con Bauhinia galpinii, otra sudafricana de porte también arbustivo pero de flores anaranjadas o rojo ladrillo, con hábito más trepador o apoyante. Las dos son buenas plantas, pero no son intercambiables ni en color ni en forma de crecer.

Clima: hasta dónde llega en España

Este es el factor que decide si puedes plantarla en el jardín o si tendrás que cultivarla en maceta. Es sensible al frío. Tolera bien el fresco y episodios muy puntuales de helada débil, en torno a -1 o -2 °C, con daño en las puntas de las ramas; por debajo de eso empieza a perder estructura, y una helada de varios grados mantenida durante horas la mata o la deja reducida al tocón.

En términos prácticos, al aire libre y con garantías se cultiva en el litoral mediterráneo cálido (Costa del Sol, Almería, Murcia, Alicante, sur de Valencia), en zonas resguardadas del litoral atlántico andaluz y en Canarias, donde va francamente bien. En Barcelona o en el litoral catalán funciona en microclimas protegidos, junto a un muro orientado al sur. En el interior peninsular, en la meseta, en el valle del Ebro o en el norte húmedo y frío, no es planta de exterior permanente: se cultiva en contenedor y se guarda en invierno en un porche cerrado, un invernadero frío o una galería luminosa, con temperaturas por encima de 5 °C y riego muy reducido.

Tampoco le sienta bien el viento fuerte y seco, que quema el borde de las hojas y estropea la floración. Un rincón resguardado le viene mejor que una posición expuesta.

Luz, suelo y plantación

Quiere sol directo durante buena parte del día para florecer bien, aunque agradece algo de sombra en las horas centrales en el sur peninsular, donde el sol de julio a las tres de la tarde castiga incluso a plantas de origen subtropical. A media sombra vegeta correctamente, pero produce muchas menos flores: si notas que apenas florece, la falta de luz es la primera sospecha.

El suelo debe ser suelto, fértil y con buen drenaje. En su hábitat crece en terrenos arenosos o pedregosos con materia orgánica procedente de la hojarasca del borde del bosque, y esa es la referencia: ni arcilla compacta ni encharcamiento. Tolera pH ligeramente ácido a neutro y se adapta a suelos algo calizos, aunque en terrenos muy básicos y con agua de riego dura puede mostrar clorosis férrica, con hojas amarillas y nervios verdes. Se corrige con quelato de hierro y, mejor aún, previniéndola con aportes de materia orgánica que acidifican y mejoran la disponibilidad de nutrientes.

El momento de plantar es la primavera, entre marzo y mayo según la zona, cuando ya no hay riesgo de helada y el suelo se ha templado. Cava un hoyo del doble del cepellón, incorpora compost maduro y, si el terreno es pesado, mezcla arena gruesa o grava fina. Un acolchado de corteza o de restos vegetales alrededor, sin tocar el cuello, le mantiene la humedad y le protege la raíz superficial del calor.

Riego y abonado

No es una planta de secano estricto como muchas mediterráneas, pero tampoco tolera el suelo permanentemente húmedo. La regla es regar cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos, no por calendario.

En verano y en suelo, eso suele traducirse en dos o tres riegos por semana para plantas jóvenes en el sur, y menos en ejemplares establecidos, que aguantan bastante mejor la sequía de lo que aparentan. En primavera y otoño, uno por semana. En invierno, riego mínimo o nulo si llueve, porque la combinación de frío y suelo empapado es lo que provoca la asfixia radicular y la podredumbre del cuello.

En maceta la cosa cambia: el sustrato se seca mucho antes y en pleno agosto puede necesitar agua a diario. Usa un contenedor con agujeros generosos y una mezcla de sustrato universal con un 30 % de perlita o arena gruesa. Nada de plato con agua estancada debajo.

Para el abonado, un fertilizante equilibrado o específico de plantas de flor cada quince días desde marzo hasta septiembre, siguiendo la dosis del envase, o un abono granulado de liberación lenta al comienzo de la primavera. Aquí conviene no pasarse con el nitrógeno: como en tantas leguminosas ornamentales, el exceso da vegetación exuberante y floración pobre. A partir de octubre se suspende para que la planta endurezca los tejidos antes del frío.

Poda y mantenimiento

Es poco exigente. La poda se hace al terminar la floración o a finales del invierno, antes de la brotación, y se limita a tres cosas: retirar ramas secas o dañadas por el frío, aclarar el interior si la mata se ha cerrado y acortar ligeramente los brotes para mantener una silueta compacta.

Puede formarse como arbusto de varios tallos, que es su tendencia natural, o conducirse en pie único a modo de arbolito pequeño suprimiendo progresivamente las ramas bajas; también se deja crecer apoyada sobre una pared o una celosía. Rebrota bien tras podas moderadas, así que no hay que tenerle miedo a la tijera, pero evita las podas drásticas anuales: la floración se produce en la madera del año y en brotes cortos, y quien la rebaja cada primavera acaba con una planta verde sin flores.

De plagas da pocos disgustos. En cultivo protegido o en ambientes secos puede aparecer araña roja (hojas mates, punteado amarillento y telarañas finas en el envés), que se combate subiendo la humedad ambiental y con acaricida si el ataque avanza, además de pulgón en los brotes tiernos de primavera y algo de cochinilla algodonosa en las axilas. Nada que no se resuelva con jabón potásico y revisiones periódicas. La enfermedad seria, otra vez, es la podredumbre de raíz por exceso de agua.

Cómo multiplicarla

Por semilla es el camino más agradecido. Recoge las vainas cuando estén secas y marrones, antes de que se abran solas, y siembra en primavera. La cubierta es dura, así que conviene remojar las semillas 24 horas en agua templada o escarificarlas ligeramente con lija antes de sembrar; las que se hinchen están listas. Ponlas a un centímetro de profundidad en un semillero con turba y perlita, mantén el sustrato húmedo pero no encharcado y sitúalo entre 20 y 25 °C. La germinación suele producirse en dos o tres semanas.

Por esqueje semileñoso también funciona, aunque con porcentajes de enraizamiento irregulares. Toma esquejes de 10-15 cm en verano, de brotes del año ya algo endurecidos, retira las hojas inferiores, aplica hormona de enraizamiento y plántalos en perlita o en una mezcla de turba y arena, con humedad ambiental alta (una bolsa transparente o un mini invernadero) y calor de fondo. Enraízan en unas semanas y conviene no trasplantarlos hasta la primavera siguiente.

Los ejemplares en maceta se trasplantan cada dos o tres años, en primavera, a un contenedor un par de dedos mayor, renovando el sustrato de la capa superior. Es una planta que florece bien confinada, así que no hace falta buscarle una jardinera enorme.

Ejemplar de Bauhinia natalensis formado como arbolito

En resumen

Bauhinia natalensis es un arbusto sudafricano de 1 a 2,5 metros, con hojas bilobuladas diminutas y flores blancas de estambres oscuros que se suceden desde la primavera y a lo largo del verano. Pide sol, suelo suelto y bien drenado, riego moderado y protección frente al frío: solo prospera al aire libre en el litoral mediterráneo cálido y en Canarias, y en el resto de España se cultiva en maceta con invernada resguardada por encima de 5 °C. Se poda poco y tras la floración, se abona quincenalmente en la temporada de crecimiento y se multiplica por semilla remojada en primavera o por esqueje semileñoso en verano. Y una advertencia previa a la compra: no es el árbol orquídea de flores rosas, sino un arbusto pequeño de flor blanca, y elegirla sabiéndolo es lo que marca la diferencia entre el acierto y la decepción.


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