Los estambres rojos sobresalen casi diez centímetros por delante de los pétalos amarillos, colgando de la flor como una barba desmadejada. De ahí viene el nombre popular de este arbusto, y de ahí viene también que quien lo ve florecido en julio, al borde de una carretera del interior, se pregunte qué es esa planta que aguanta ese sol sin que nadie la riegue.

Su nombre botánico es Caesalpinia gilliesii, aunque los tratamientos taxonómicos actuales lo han trasladado al género Erythrostemon, de modo que también lo encontrarás como Erythrostemon gilliesii. Las dos denominaciones se refieren a la misma planta y en viveros españoles sigue vendiéndose casi siempre bajo el nombre antiguo.

Flores amarillas con estambres rojos de Caesalpinia gilliesii

Qué planta es exactamente

Es un arbusto o arbolito de la familia de las leguminosas (Fabaceae), dentro del grupo de las cesalpinioideas, originario de las zonas áridas y semiáridas del centro y norte de Argentina y de Uruguay. Es decir, viene de un clima con veranos largos y calurosos, inviernos con heladas y precipitaciones escasas e irregulares: prácticamente la descripción del interior peninsular.

Alcanza entre 2 y 4 metros, con un porte abierto, algo desgarbado y ramificado desde bastante abajo. El tronco es delgado y la corteza gris verdosa. La hoja es bipinnada, con foliolos pequeños y numerosos, lo que le da un aspecto ligero, de sombra tamizada, parecido al de una mimosa o al de la acacia de tres espinas. En el interior peninsular se comporta como caducifolia: pierde la hoja con los primeros fríos serios y no rebrota hasta bien entrada la primavera, a menudo en abril. En el litoral mediterráneo suave puede quedarse semipersistente o simplemente aclararse.

La floración es lo que justifica plantarla. Ocurre desde junio hasta septiembre, en pleno calor, cuando el jardín mediterráneo suele estar parado. Las flores se agrupan en racimos erguidos en el extremo de las ramas; cada una tiene cinco pétalos amarillo pálido y, saliendo de ellos, diez estambres rojos larguísimos, muy por encima de la corola. Ese contraste amarillo-rojo, sumado a la longitud de los filamentos, es lo que le ha dado también el apodo de "ave del paraíso arbustiva", por su parecido lejano con las flores del género Strelitzia.

Tras la flor vienen legumbres aplanadas de unos 6 a 10 cm, cubiertas de pelos glandulares pegajosos, que al madurar se secan, se vuelven marrones y se abren con un chasquido lanzando las semillas a varios metros. Esa dehiscencia explosiva es la razón de que aparezcan plántulas espontáneas alrededor de la planta madre.

Un aviso antes de plantarla: las semillas son tóxicas

Las vainas verdes y las semillas contienen taninos y compuestos irritantes que provocan gastroenteritis intensa si se ingieren: vómitos, diarrea y dolor abdominal. No es una planta de toxicidad extrema, pero los casos documentados corresponden casi siempre a niños que abren las vainas por curiosidad, porque tienen el aspecto de una judía. Si tienes críos pequeños o perros que mordisquean todo, tenlo en cuenta al elegir la ubicación, o recoge las vainas antes de que maduren. El follaje y la flor no plantean el mismo problema.

Los pelos glandulares de vainas e inflorescencias también resultan pegajosos y, en personas sensibles, algo irritantes al manipularlos. Guantes finos al podar y listo.

No la confundas con el flamboyán enano

Este es el error de compra más habitual con este género. En garden centers se vende junto a Caesalpinia pulcherrima, el llamado flamboyán enano, orgullo de Barbados o clavellina, que tiene flores naranjas y rojas encendidas y hojas parecidas. Son dos plantas con resistencias al frío completamente distintas.

C. pulcherrima es tropical: sufre por debajo de 0 °C y se pierde con cualquier helada seria, de modo que en la Península solo prospera al aire libre en el litoral más cálido, en Canarias o en maceta con invernada protegida. C. gilliesii, en cambio, es notablemente rústica al frío: soporta sin daños heladas de varios grados bajo cero y, ya establecida, aguanta episodios en torno a -10 °C perdiendo la parte aérea joven y rebrotando desde la base en primavera. Eso la hace viable en Madrid, en el valle del Ebro, en Castilla o en Extremadura, donde su prima tropical no tiene ninguna opción.

Si el vivero no lo aclara, mira la flor de la etiqueta: amarilla con estambres rojos es gilliesii; naranja o roja con estambres rojos es pulcherrima.

Sol, sitio y suelo

Sol directo todo el día, sin excepciones. A media sombra vive, pero se estira, se descuelga y florece de forma testimonial. Es una planta de estepa: cuanta más luz y más calor, mejor porte y más flor.

En cuanto al suelo, la exigencia real es una sola: que drene. Vive perfectamente en terrenos pobres, pedregosos, arenosos y calizos, con pH básico, que es el escenario habitual en media España. Lo que no tolera es la arcilla compacta que se encharca en invierno; ahí la raíz se pudre y la planta se pierde en uno o dos inviernos. Si tu terreno es pesado, plántala en un caballón o en un talud elevado, no en una hondonada donde se acumule el agua de lluvia.

Un detalle práctico que se pasa por alto: desarrolla una raíz pivotante profunda y no le gusta que se la molesten. Compra ejemplares jóvenes en contenedor pequeño y plántalos en su sitio definitivo. Trasplantar un ejemplar adulto de tierra sale mal casi siempre. Por la misma razón, evita cavar a fondo alrededor del tronco años después.

La época de plantación ideal en clima peninsular es la primavera, una vez pasadas las heladas, para que la planta tenga toda la temporada cálida por delante y llegue al invierno con raíz hecha. En zonas costeras suaves también funciona el otoño.

Riego: menos del que crees

Aquí está el segundo gran error. Se planta pensando "arbusto de flor bonita" y se le aplica el riego de un rosal o de una hortensia, y la barba de chivo no lo aguanta. Los excesos de agua la matan mucho antes que la sequía.

Durante el primer y segundo año sí necesita ayuda para arraigar: un riego abundante y espaciado, cada 7 o 10 días en verano, mojando bien y dejando secar entre riegos. Riego profundo y poco frecuente, nunca un chorrito diario que solo humedece los primeros centímetros y obliga a la raíz a quedarse arriba.

A partir del tercer año, en la mitad sur y en el Levante, un ejemplar establecido pasa el verano prácticamente sin riego. Como mucho, dos o tres aportes generosos en los meses de julio y agosto si el verano viene muy seco, más para mantener la floración que para su supervivencia. En invierno, riego nulo: con la lluvia le basta.

Si la ves con hojas amarillas, brotes blandos y aspecto decaído en pleno verano, revisa el riego antes de pensar en carencias nutricionales. En nueve de cada diez casos sobra agua.

Abonado, poda y mantenimiento

Como leguminosa, colabora con bacterias fijadoras de nitrógeno y se apaña sola en suelos pobres. No necesita abonado nitrogenado; de hecho, un exceso de nitrógeno produce ramas largas, blandas y menos flor. Si acaso, un aporte de compost bien hecho o de un fertilizante equilibrado de liberación lenta al inicio de la primavera, y nada más en todo el año.

La poda se hace a finales del invierno, en febrero o principios de marzo, antes de la brotación. Como florece sobre madera del año, podar entonces no compromete la floración del verano; podar en mayo, sí. Los objetivos son tres: retirar la madera seca y las ramas dañadas por el frío, aclarar el centro para que entre luz y acortar los brotes desordenados para compensar su porte naturalmente despeinado.

Si quieres una copa alta en vez de un arbusto, elige uno o tres tallos principales desde el primer año y ve suprimiendo las ramas bajas de forma progresiva hasta la altura que te interese. Si prefieres una mata densa, despunta los brotes jóvenes en primavera para forzar ramificación. Rejuvenece bien: si un ejemplar viejo se ha quedado hecho un esqueleto, tolera una poda severa y rebrota desde la base.

Sanitariamente da pocos problemas. Puede recibir pulgón en los brotes tiernos de primavera, que se resuelve solo o con un jabón potásico, y poco más. La enfermedad que de verdad la mata es la podredumbre radicular por suelo encharcado, que no se trata: se previene con drenaje.

Un apunte: en el sureste peninsular y en zonas cálidas se ha naturalizado en cauces secos y bordes de camino, precisamente porque sus semillas germinan con facilidad y salen despedidas lejos. Si vives en un entorno rural cerca de espacios naturales, recoger las vainas antes de que revienten es una buena costumbre.

Multiplicación

Lo suyo es la semilla, que germina sin dificultad si se rompe la impermeabilidad de la cubierta, algo típico de las leguminosas. Dos métodos que funcionan:

Escarificación mecánica: lija un lateral de la semilla con papel de lija fino hasta ver el color claro del interior, sin llegar al embrión, y siembra. Remojo caliente: pon las semillas en agua a unos 50-60 °C y déjalas enfriar dentro 24 horas; las que se hinchen están listas para sembrar, y las que no, repite el proceso.

Siembra en primavera, en macetas individuales altas (por la raíz pivotante) con un sustrato muy drenante, tipo turba y arena o perlita a partes iguales, a un centímetro de profundidad y con calor. A 20-25 °C emerge en dos o tres semanas. No trasplantes las plántulas más de lo imprescindible y pásalas a su ubicación definitiva a los pocos meses, cuando midan 20-30 cm.

Por esqueje es bastante más ingrata y no compensa el esfuerzo cuando la semilla resuelve el problema. Además, en verano encontrarás plántulas espontáneas al pie de un ejemplar adulto que puedes recuperar cuando aún son diminutas.

Dónde tiene sentido usarla

Encaja bien en jardines de bajo consumo hídrico, xerojardinería, taludes, medianas, segundas residencias que se quedan sin riego en agosto y jardines de interior peninsular con verano duro. Combina con lavandas, romeros, salvias arbustivas, teucrios, Perovskia y gramíneas ornamentales, todo con las mismas necesidades de agua. Su floración estival, además, atrae abejas y mariposas.

Donde no la recomiendo es en jardines de suelo pesado y riego automático diario junto al césped, en zonas costeras muy húmedas del norte peninsular y en parterres donde no reciba sol pleno. Tampoco funciona en macetas pequeñas a largo plazo: la raíz profunda pide volumen y, sobre todo, un contenedor alto más que ancho.

Arbusto de barba de chivo, Caesalpinia gilliesii, en floración

En resumen

La barba de chivo, Caesalpinia gilliesii o Erythrostemon gilliesii, es un arbusto argentino de 2 a 4 metros que florece en pleno verano con pétalos amarillos y estambres rojos muy largos. Quiere sol directo, suelo drenante aunque sea pobre y calizo, y poquísima agua una vez establecida; aguanta hasta unos -10 °C rebrotando desde la base, lo que la hace apta para el interior peninsular. Se poda a finales de invierno, no necesita abonado nitrogenado y se multiplica por semilla escarificada en primavera. Dos precauciones: sus semillas y vainas verdes son tóxicas por ingestión, y no debe confundirse con Caesalpinia pulcherrima, de flor naranja y sensible a la helada.


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