Muerde una baya de aronia recién cogida de la mata y la boca se queda seca durante un minuto largo. De ahí el nombre inglés de la planta, chokeberry, «baya que ahoga». Esa astringencia brutal es la razón de que nadie la coma a puñados como los arándanos, y también la razón de que se haya convertido en materia prima de zumos, mermeladas y colorantes naturales, donde la mezcla con azúcar o con manzana la domestica del todo.
Para el jardinero español la aronia tiene un atractivo añadido: es un arbusto frutal casi indestructible, sin plagas serias, que además hace un otoño de color rojo intenso. Con una condición importante que suele omitirse en los catálogos y que veremos más abajo.
Qué es la aronia
Es un arbusto caducifolio de la familia de las Rosáceas, la misma del manzano, el peral y el serbal, originario del este de Norteamérica, donde crece en bordes de bosque, terrenos húmedos y turberas. Alcanza entre 1,5 y 2,5 metros de altura según especie y variedad, y emite chupones desde la base con los que va formando una mata ancha.
Florece en abril o mayo con corimbos de flores blancas de cinco pétalos, muy parecidas a las del espino albar, con anteras rosadas. Los frutos son pomos pequeños de 6 a 12 mm, no bayas en sentido estricto, que maduran de finales de agosto a septiembre y se mantienen en la planta bastante tiempo. En otoño la hoja pasa a rojo escarlata y granate, y ese es uno de sus puntos fuertes ornamentales.
Es autofértil: con un solo ejemplar hay cosecha. Aun así, dos o tres plantas juntas cuajan mejor y prolongan la recolección.
Especies y variedades
Aronia melanocarpa, la aronia negra. Es la que se cultiva para fruto. Porte más bajo, de 1 a 2 metros, frutos negro azulado brillante con muchísimo pigmento. Es la que se encuentra en cualquier vivero que venda frutales de baya.
Aronia arbutifolia, la aronia roja. Más alta, hasta 3 metros, con frutos rojo coral que persisten en la rama hasta bien entrado el invierno y un color otoñal espectacular. Se usa casi solo como ornamental; el fruto es aún más áspero. La variedad 'Brilliantissima' es la habitual.
Aronia × prunifolia, híbrido natural entre las dos anteriores, con frutos púrpura oscuro y porte intermedio.
Un apunte que casi nadie explica: las variedades comerciales más difundidas para producción, 'Viking', 'Nero', 'Aron' y 'Hugin', proceden de selecciones desarrolladas en Rusia y en el norte de Europa, y hay bastante consenso botánico en que no son Aronia melanocarpa pura, sino un material de origen híbrido con serbal (Sorbus) que se denomina Aronia mitschurinii o × Sorbaronia mitschurinii. En la práctica esto significa plantas más grandes, más vigorosas y con frutos y corimbos mayores que la especie silvestre. Si alguien compara su 'Viking' con la descripción botánica de A. melanocarpa y no le cuadra el tamaño, esta es la explicación.
Dónde plantarla en España
Aquí está la condición que hay que tener clara. La aronia es durísima al frío y regular al calor seco. Aguanta sin despeinarse -30 °C, así que en ninguna parte de la Península el invierno es un problema. Lo que sufre es el verano mediterráneo: cuarenta grados, aire seco y suelo caliente le queman los bordes de la hoja, le paran el crecimiento y le encogen el fruto.
Traducido a mapa:
Cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo, Sistema Ibérico, Sistema Central, mitad norte en general. Ahí se cultiva sin dificultad y a pleno sol. De hecho, de todas las bayas del norte es probablemente la más fácil.
Meseta sur, valle del Ebro, interior de Andalucía y Extremadura. Es viable, pero con sombra de tarde, acolchado grueso y riego asegurado. Plantada al sol y sin acolchar en un secano manchego, se sostiene pero no produce.
Litoral mediterráneo cálido, Canarias, sur costero. Aquí la limitación es otra: necesita horas de frío invernal para brotar y florecer de forma uniforme. En inviernos muy suaves la brotación se vuelve irregular y la cosecha, escasa. No es la planta adecuada.
Sobre luz: cuanta más recibe, más fruto y más azúcar. En semisombra sobrevive y sigue siendo bonita en otoño, pero la producción cae claramente.
Suelo: lo que sí y lo que no tolera
Se repite mucho que la aronia es «el arándano que crece en cualquier tierra». Hay parte de verdad y parte de exageración, y conviene separarlas.
Verdad: el arándano exige un pH de 4,5 a 5,5 y fuera de ese margen entra en clorosis férrica sin remedio. La aronia es mucho más elástica: vegeta bien entre pH 5 y 7, e incluso algo por encima. En un suelo neutro donde el arándano sería una ruina, la aronia va perfectamente. Además tolera suelos pesados y encharcamientos temporales que asfixiarían a otros frutales, herencia de su origen en terrenos húmedos.
Exageración: en suelos francamente calizos, con caliza activa alta y pH por encima de 8, amarillea igual que cualquier otra rosácea acidófila. No es indiferente al pH, solo es más tolerante. Y aunque aguante el agua estancada unos días, no vive en un barrizal permanente.
Lo que agradece de verdad es suelo profundo, con materia orgánica y fresco en verano. En el momento de plantar, un hoyo generoso con compost maduro mezclado con la tierra del sitio, y por encima un acolchado de corteza de pino, paja o restos de poda triturados de seis a diez centímetros. Ese acolchado hace más por la planta en clima español que cualquier abonado.
Riego
Es el punto donde más se falla en el sur. La aronia tiene raíz relativamente superficial y sufre la sequía antes de que se note en la hoja: primero deja de engordar el fruto y luego lo deja arrugado y sin jugo.
Los dos momentos críticos son el cuajado, en mayo, y el engorde del fruto, de julio a agosto. Si en esas semanas el suelo se seca, la cosecha se pierde en calidad aunque la planta siga verde.
En clima atlántico, con las lluvias de la zona, un adulto establecido casi no necesita riego salvo en rachas secas. En el interior, riego por goteo con dos o tres goteros por planta y aportes que mantengan húmedo el bulbo sin encharcarlo, revisando cada semana. En maceta, que también admite si es de 40 litros o más, hay que regar mucho más a menudo y no dejar que el cepellón se seque nunca del todo.
Abonado
Es poco exigente. Con una aportación anual de estiércol o compost bien hecho a final de invierno, extendida en la proyección de la copa y sin enterrar, tiene cubierto lo esencial. Entre dos y cuatro kilos por planta adulta es una referencia razonable.
Si el suelo es pobre, se puede complementar en marzo con un abono de fondo equilibrado o específico de frutales, mejor bajo en nitrógeno. Un exceso de nitrógeno produce brotes largos y blandos, retrasa la maduración, empeora el color otoñal y aumenta la sensibilidad al pulgón.
En suelos con tendencia alcalina, si aparece clorosis (hoja amarilla con nervios verdes), lo que hace falta no es más abono sino quelato de hierro y corrección del pH con materia orgánica ácida, turba o corteza de pino compostada.
Poda
Durante los tres o cuatro primeros años, prácticamente nada: solo eliminar ramas rotas, secas o mal orientadas. Se poda en reposo vegetativo, de diciembre a febrero.
A partir del cuarto o quinto año se aplica una poda de renovación, que es la clave del rendimiento. La aronia fructifica mejor en madera joven; las ramas principales pierden productividad a partir de los cinco o seis años. Cada invierno se cortan a ras de suelo dos o tres de las varas más viejas y gruesas, dejando que las suban en su lugar los chupones nuevos de la base. Manteniendo entre diez y quince varas de edades escalonadas por mata, la planta se renueva sola indefinidamente.
Conviene además aclarar el centro para que entre luz y aire, y controlar el rebrote lateral: si se deja, la mata se extiende por chupones y acaba invadiendo un par de metros alrededor. Esos mismos chupones, arrancados con raíz, son plantas nuevas gratis.
Multiplicación
Por chupones o división. Lo más sencillo y lo que mejor funciona. En otoño o a finales de invierno se separa con la azada un rebrote que ya tenga raíces propias y se planta directamente en su sitio.
Por esqueje semileñoso. En junio o julio, ramitas del año de 10-15 cm, hoja superior recortada a la mitad, hormona de enraizamiento y sustrato de turba y perlita, en ambiente húmedo y sombra. Enraízan en cuatro a seis semanas.
Por estaca leñosa. En invierno, trozos de rama de un año de unos 20 cm plantados dejando fuera una o dos yemas. Es lento pero no requiere ningún equipo.
Por semilla. Funciona, pero exige estratificación en frío de tres meses a 3-5 °C y la descendencia no es uniforme. Solo tiene sentido para obtener patrones o por curiosidad; para tener fruta, esqueje o chupón.
Plagas y enfermedades
Este es su mejor argumento. En condiciones normales no tiene enemigos serios y se cultiva sin tratamiento fitosanitario alguno, lo que la hace muy apta para huerto ecológico.
Lo que puede aparecer, siempre de forma menor:
Pulgón en los brotes tiernos de primavera, sobre todo si se ha abonado con mano generosa. Jabón potásico y poco más.
Oídio en primaveras húmedas y matas cerradas. Se corrige aclarando el centro en la poda.
Roya, que en las rosáceas de este grupo alterna con el enebro (Juniperus). Si hay enebros cerca puede verse alguna mancha anaranjada en hoja. Rara vez tiene importancia.
Pájaros. Y aquí una buena noticia poco conocida: la astringencia del fruto los desanima bastante. Los mirlos y estorninos que arrasan una mata de arándanos o de cerezas suelen dejar la aronia hasta el final del otoño, cuando el resto se ha acabado. En muchos jardines no hace falta ni malla.
Recolección
Empieza a producir en serio al tercer o cuarto año, y a partir del sexto una planta bien llevada puede dar entre 5 y 10 kg de fruto. La recolección va de finales de agosto a mediados o finales de septiembre en la mayor parte de la Península, algo más tarde en montaña.
El color no basta como indicador: el fruto se pone negro bastante antes de estar maduro. La señal fiable es que la pulpa interior esté teñida de rojo oscuro al partirlo, no blanquecina o verdosa. Con eso se gana mucho en azúcar y se pierde algo de aspereza.
Se recoge por racimos enteros, cortando el corimbo con tijera, lo que es rápido y no daña la rama. Aguanta en la planta varias semanas sin caerse, así que no hay prisa: dejarla hasta después de las primeras heladas reduce la astringencia de forma perceptible, igual que ocurre con el endrino o el níspero silvestre.
En nevera se conserva un par de semanas, y congela muy bien sin perder pigmento, lo que resulta muy práctico si se va a transformar en zumo o mermelada más adelante.
Para qué sirve
Como ornamental cumple tres estaciones: floración blanca en primavera, fruto negro brillante en verano y color rojo encendido en otoño. Aguanta bien recortada en seto informal, funciona en masa en taludes y sujeta el terreno con sus chupones. Al ser tan rústica, es una buena candidata para zonas del jardín donde no llega el riego regular, siempre en clima fresco.
En cocina el fruto crudo es poco agradecido por su tanino. Transformado cambia por completo: zumo (habitualmente mezclado con manzana o pera, que compensan la aspereza), mermelada, gelatina, jarabe, licor, deshidratado en forma de pasa para añadir a cereales, y como colorante natural, ya que su jugo tiñe con una intensidad que pocas frutas igualan. Ojo con eso último en la cocina y con la ropa: mancha de verdad.
En el terreno de la salud, la aronia es de las frutas con mayor contenido conocido en antocianinas y proantocianidinas, los pigmentos responsables del color oscuro, además de vitamina C y fibra. Se estudia por su capacidad antioxidante y hay trabajos sobre efectos en tensión arterial y perfil lipídico, pero conviene ser honesto: son resultados preliminares y no convierten a la planta en un medicamento. Los taninos, en cantidad alta, pueden además reducir la absorción de hierro y resultar indigestos. Es una fruta interesante y nutritiva, no un remedio.
Errores frecuentes
Plantarla en pleno sol en el interior seco. Sobrevive, pero se pasa el verano parada y el fruto no engorda.
No podar nunca. A los ocho o diez años la mata es un amasijo de varas viejas con cuatro frutos. La poda de renovación es la diferencia entre un arbusto decorativo y un arbusto productivo.
Cosechar por el color. Negro no significa maduro. Hay que abrir un fruto y mirar la pulpa.
Esperar sabor de arándano. No lo tiene ni lo va a tener. Quien la plante pensando en comerla a puñados quedará decepcionado; quien la plante para zumo, mermelada o jardín estará muy satisfecho.
Prescindir del acolchado. En clima español el acolchado no es un adorno: es lo que mantiene fresca una raíz superficial que viene de terrenos húmedos de Norteamérica.
En resumen
La aronia es un arbusto frutal de la familia de las rosáceas, resistente hasta -30 °C, autofértil, sin plagas relevantes y con interés ornamental en primavera, verano y otoño. Tolera un rango de pH mucho más amplio que el arándano, lo que la hace viable donde este fracasa, pero no es indiferente a la caliza fuerte ni al calor seco: su terreno natural en España es la mitad norte y las zonas de montaña. Riego asegurado en el engorde del fruto, acolchado grueso, compost una vez al año y poda de renovación anual retirando las varas de más de cinco o seis años es todo lo que pide. La fruta se recoge cuando la pulpa interior está roja, no cuando la piel se pone negra, y se aprovecha transformada: cruda es astringente por diseño.