Antes de comprar un arce plateado conviene medir tres distancias: la que hay hasta la fachada, la que hay hasta el bordillo o la solera más cercana, y la que hay hasta el saneamiento. Si alguna baja de diez metros, este árbol no es el adecuado. Acer saccharinum es de los que más rápido crecen entre los caducifolios que se plantan en España, y esa velocidad se paga con madera frágil, raíces superficiales y un tamaño final que sorprende a quien lo plantó pensando en un árbol de jardín corriente. Puesto donde le corresponde, sin embargo, resuelve en pocos años lo que otras especies tardan veinte en dar: sombra ancha y fresca.

Ejemplar adulto de Acer saccharinum o arce plateado

Origen y aspecto

Es originario del este y centro de Norteamérica, donde ocupa vegas, riberas y llanuras de inundación desde el sur de Canadá hasta el norte de Florida. Ese origen explica casi todo lo que hay que saber sobre su cultivo: es un árbol de suelo profundo, fresco y con agua freática cerca, no un árbol de secano. En Europa se introdujo en el siglo XVIII y desde entonces se ha usado mucho en alineaciones de calle y parques urbanos, sobre todo en el norte peninsular y en la mitad norte del país.

Alcanza con facilidad 20 a 25 metros de altura, y en condiciones óptimas puede superar los 30, con una copa igual de amplia. El tronco suele bifurcarse bajo en varias ramas gruesas que ascienden en abanico, con las puntas ligeramente arqueadas hacia arriba. La corteza es gris plateada y lisa de joven, y con la edad se desprende en placas alargadas y curvadas que le dan un aspecto desgreñado bastante característico.

La hoja es palmeada con cinco lóbulos muy profundos, separados por senos que llegan casi al nervio central, y con el margen fuertemente dentado. Mide entre 8 y 15 centímetros. La clave está en el envés: es blanco plateado, y como el pecíolo es largo y flexible, cualquier brisa voltea las hojas y hace que la copa entera cambie de color. De ahí el nombre. En otoño vira a amarillo pálido, a veces con tonos anaranjados; no da los rojos intensos de su pariente el arce azucarero (Acer saccharum), con el que se confunde por el nombre y con el que no conviene mezclarlo.

Florece muy pronto, en febrero o principios de marzo, antes de brotar, en glomérulos rojizos o verdosos poco vistosos de cerca pero que tiñen la copa desnuda. Los frutos son disámaras grandes, de las mayores del género, con las alas abiertas en ángulo amplio, y maduran ya en mayo o junio, no en otoño. Caen en cantidad, germinan enseguida sin ningún tratamiento previo y llenan de plántulas los parterres de alrededor: es un árbol que se resiembra solo con mucha facilidad.

El precio de crecer rápido

Un arce plateado joven bien regado puede hacer un metro o más al año durante bastante tiempo. Esa madera formada deprisa es poco densa y quebradiza, y las horquillas bajas que forma con tanta frecuencia tienden a la corteza incluida: dos ramas codominantes que crecen pegadas, sin unión leñosa real entre ellas, y que acaban desgajándose por su propio peso o con un temporal. Es la causa más común de rotura en ejemplares de veinte años en adelante, y en vía pública es un problema de seguridad, no estético.

El sistema radicular es el otro punto conflictivo. Desarrolla raíces someras, potentes y muy superficiales, que emergen del suelo alrededor del tronco, levantan aceras y soleras y colonizan cualquier zona de riego. Es un árbol notoriamente aficionado a las tuberías con fugas y a las juntas de alcantarillado antiguas: no las perfora, pero se instala en cuanto encuentra una entrada de humedad y termina de romperlas. Bajo su copa cuesta mantener césped o macizos, porque compite por agua con mucha más eficacia que cualquier planta pequeña.

A esto se suma que la vida útil es corta para un árbol de su tamaño: entre 60 y 100 años, frente a los siglos de un roble o un tilo. Y produce bastante hojarasca, ramillas y una lluvia de sámaras a finales de primavera que en un patio o una piscina resulta molesta.

Dónde plantarlo (y dónde no)

Tiene sentido en fincas grandes, parques, riberas y jardines de más de 400 o 500 metros cuadrados, plantado en el fondo, lejos de edificaciones y pavimentos, y a poder ser en una zona donde no importe que el suelo se mantenga húmedo. Es excelente para dar sombra rápida a una superficie amplia y para estabilizar taludes junto a cauces.

No lo plantes en jardines pequeños, en alcorques de acera, junto a muros medianeros ni cerca de una piscina o una fosa séptica. Tampoco en el sureste peninsular ni en el interior seco de Andalucía o Murcia: es un árbol de clima fresco y húmedo, y en zonas donde el verano supera de forma continuada los 38-40 °C con humedad baja se defolia, se seca por las puntas y vive mal aunque se riegue. La zona natural para esta especie en España es la mitad norte, la cornisa cantábrica, el valle del Ebro con riego y las áreas de montaña.

La distancia mínima razonable a cualquier construcción o pavimento es de 10 a 12 metros, y entre dos ejemplares, de 12 a 15. Plantarlos más juntos garantiza tener que retirar uno pasados quince años.

Suelo, plantación y riego

Prefiere suelos profundos, frescos, fértiles y de reacción neutra o ligeramente ácida. Aquí está su principal limitación agronómica en España: en suelos calizos, con pH por encima de 7,5, sufre clorosis férrica. Las hojas amarillean entre nervios, que quedan dibujados en verde, y en casos serios se secan por el borde y el árbol se defolia en pleno verano. En terrenos calizos del interior es un problema crónico que obliga a aportar quelatos de hierro cada primavera de forma indefinida, con un coste y una eficacia dudosos. Si tu suelo es calizo, elige otra especie en vez de pelearte con esta.

La plantación se hace en otoño o a finales de invierno, con el árbol en reposo. Hoyo amplio, mucho más ancho que hondo, con las paredes descompactadas, y el cuello a nivel del terreno. Al ser un árbol que va a hacerse muy grande, el tutorado del primer par de años debe ser bajo y flexible, no rígido: un tutor que sujeta el tronco demasiado arriba impide que engorde bien en la base y produce ejemplares altos y débiles.

El riego debe ser abundante y regular, sobre todo entre mayo y septiembre. Los primeros tres o cuatro años, riegos profundos cada 5 o 7 días en verano. Después sigue necesitando agua: no es un árbol que se plante y se olvide, y en climas con estiaje marcado hay que contar con riego de apoyo durante toda su vida. Aguanta bien el encharcamiento temporal —viene de llanuras inundables— pero no la sequía prolongada.

En frío es muy resistente: soporta sin daños -25 °C o menos, así que en la Península no hay lugar donde el invierno le suponga un problema. El riesgo va por el otro lado: floración muy temprana que ocasionalmente pierde por heladas tardías, algo que no afecta a la salud del árbol.

Hojas de Acer saccharinum con el envés plateado

Poda: la parte que de verdad importa

Con esta especie la poda no es un capricho de mantenimiento, es la diferencia entre un árbol seguro y uno que acabará partiéndose. El trabajo se hace en los primeros ocho o diez años, mediante poda de formación: seleccionar una guía central dominante y eliminar o rebajar progresivamente las ramas que compitan con ella, sobre todo las que salgan con ángulos muy cerrados. Corregida a tiempo, una horquilla peligrosa se resuelve con un corte de dos centímetros; corregida a los treinta años, exige retirar una rama de treinta centímetros de diámetro y deja una herida que el árbol no cierra.

El momento correcto es el verano o el otoño temprano, no el final del invierno. Los arces mueven savia desde enero y sangran con abundancia por los cortes hechos en febrero y marzo. Después de la brotación, con la hoja ya formada, el sangrado cesa y el árbol compartimenta mejor las heridas.

En ejemplares adultos, revisa cada pocos años el estado de las uniones grandes y retira madera seca. Lo que no hay que hacer es el terciado o desmoche: cortar todas las ramas gruesas a la misma altura provoca una explosión de rebrotes mal anclados que a los cinco años pesan más y están peor sujetos que las ramas originales. En un árbol de madera blanda, desmochar es fabricar el accidente de dentro de una década.

Variedades y alternativas

La variedad más extendida en jardinería es 'Laciniatum', con hojas todavía más recortadas y ramas colgantes, de aspecto muy ligero; dentro de ella circulan selecciones como 'Laciniatum Wieri' o 'Laciniatum Silver Queen'. Existen también cultivares de porte más columnar como 'Pyramidale', útiles cuando se busca reducir la anchura de copa. Ninguno cambia la naturaleza del árbol: siguen siendo grandes, de madera blanda y raíz superficial.

Si el jardín no da para él, hay sustitutos razonables según lo que se busque. Para sombra rápida en suelo calizo y clima seco, el almez (Celtis australis) o el árbol del amor a menor escala. Para un arce de tamaño medio y buen color otoñal, el arce real (Acer platanoides) o el falso plátano (Acer pseudoplatanus), ambos más sólidos de madera. Y si lo que se quiere es un arce que aguante el verano seco del interior, el autóctono Acer monspessulanum, que se queda en 6 u 8 metros.

Problemas sanitarios

Además de la clorosis férrica, que es con diferencia el trastorno más frecuente, puede presentar verticilosis (Verticillium dahliae), un hongo de suelo que provoca marchitez de ramas enteras y decoloración de la madera al corte; no tiene cura, solo cabe retirar la madera afectada y mantener el árbol vigoroso. También aparecen manchas foliares por antracnosis en primaveras lluviosas, pulgones en la brotación y la mancha de alquitrán (Rhytisma acerinum), esta última sin importancia real.

Más relevante en árboles viejos son los hongos de pudrición de madera que entran por heridas mal cicatrizadas o cortes de desmoche. En un ejemplar grande junto a una zona de paso, cualquier signo de carpóforos en el tronco o en la base de una rama gruesa merece una inspección profesional, porque la combinación de madera podrida y madera naturalmente frágil no perdona.

En resumen

El arce plateado da sombra ancha en pocos años, tiene un follaje que cambia de color con el viento y aguanta cualquier frío peninsular. A cambio exige espacio de verdad —diez metros libres como mínimo—, suelo profundo y no calizo, riego regular durante toda su vida y una poda de formación bien hecha en la primera década. Es una buena elección para parques, fincas y jardines grandes de la mitad norte de España, y una mala idea en un jardín pequeño, junto a una acera o en el sureste seco. La pregunta que hay que responder antes de plantarlo no es si gusta, sino si el sitio le viene grande al árbol; si no lo es, el problema aparecerá igual, solo que quince años más tarde.


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