Conviene despejar primero una ambigüedad que arrastra el propio nombre. En castellano, "perenne" significa dos cosas distintas: una planta perenne es la que vive más de dos años, frente a las anuales y bienales; una planta de hoja perenne es la que conserva follaje todo el año, frente a las de hoja caduca. Cuando alguien busca "arbustos perennes" casi siempre quiere lo segundo: arbustos que en enero sigan verdes. De eso va este artículo.

Y conviene despejar una segunda cosa: de hoja perenne no quiere decir que la planta no pierda hoja nunca. La renueva de forma escalonada. Un boj o un laurel sueltan las hojas viejas en primavera, mientras empujan las nuevas; a un aligustre le pasa lo mismo. Si tu arbusto perenne tira hoja amarilla en abril, probablemente esté sano.

Qué gana un jardín con arbustos de hoja perenne

Los perennes son la estructura. Son los que sostienen el dibujo del jardín en los meses en los que las vivaces han desaparecido bajo tierra y los caducos son un manojo de ramas. Aíslan de la vista del vecino los doce meses del año, cortan el viento en invierno, que es cuando hace falta, y dan refugio y alimento a pájaros en la estación mala.

El precio de esas ventajas es que transpiran todo el año. Un perenne en pleno invierno sigue perdiendo agua por la hoja aunque el suelo esté helado o seco, y ahí está el origen del daño que muchos atribuyen a la helada y que en realidad es desecación fisiológica. Un seto de perennes plantado en octubre y no regado en una primavera seca lo pasa peor que uno de caducos.

La proporción sensata en un jardín mediterráneo ronda un tercio de perennes de estructura, un tercio de arbustos de flor y otro tercio de vivaces y gramíneas. Solo perennes recortados da un resultado estático y, además, frágil ante una plaga: si todo el seto es de la misma especie, un patógeno se lo lleva entero.

Boj común

Buxus sempervirens es el arbusto de topiaria por excelencia: hoja diminuta, crecimiento denso, tolerancia a la sombra y a la caliza, y una longevidad de siglos. Crece entre 3 y 8 cm al año, lo que explica el precio de un ejemplar formado. Aguanta hasta -20 ºC y, una vez establecido, resiste bien la sequía. Rebrota de madera vieja, cosa que casi ningún conífero hace, así que un boj descuidado se puede recuperar rebajándolo con paciencia a lo largo de dos temporadas.

Seto de boj común recortado

Dicho esto, hay que advertir de lo que ha pasado en la última década. La oruga taladradora del boj (Cydalima perspectalis), llegada de Asia y detectada en España a partir de 2014, ha arrasado bojedas ornamentales y naturales en el norte peninsular. Se controla con Bacillus thuringiensis var. kurstaki aplicado sobre orugas pequeñas y con trampas de feromona para seguir los vuelos, pero exige vigilancia de abril a octubre, con dos o tres generaciones por año. A eso se suma el hongo Calonectria pseudonaviculata, que provoca defoliación y manchas negras en los tallos, favorecido por el riego por aspersión y la falta de ventilación.

Si vas a plantar seto bajo desde cero, valora alternativas de aspecto parecido y sin ese problema: Ilex crenata (la más convincente, aunque quiere suelo ácido o neutro), Lonicera nitida (muy rápida, hay que recortarla tres veces al año), Euonymus japonicus 'Microphyllus', Teucrium fruticans para clima seco y Myrsine africana. Y si tu clima es cálido y árido, Buxus balearica aguanta mejor que el común.

Cenizo

Con el nombre de cenizo, orgaza o salado blanco se cultiva Atriplex halimus, un arbusto mediterráneo autóctono de hoja plateada, redondeada y algo carnosa, que crece rápido hasta 1,5-2,5 m. Es una planta de manual para los peores sitios: tolera la salinidad del suelo y la maresía, de modo que resuelve los jardines de primera línea de playa donde casi todo se quema, y soporta sequías prolongadas una vez arraigado. Aguanta hasta unos -8 ºC.

Se usa como seto informal, pantalla cortavientos y estabilizador de taludes; en secano se ha plantado tradicionalmente como reserva forrajera para el ganado. Admite recortes duros, incluso a un palmo del suelo a finales de invierno, y rebrota con fuerza. Su único requisito estricto es el drenaje: un suelo pesado y encharcado en invierno lo mata en una temporada. No pide abono; con suelo fértil y riego abundante se ahíla y pierde el color plateado, que es justo lo que uno busca en él.

Dodonea

Dodonaea viscosa es un arbusto de hoja estrecha y brillante, algo pegajosa al tacto, que crece deprisa hasta 3-4 m y forma pantalla en dos o tres años. En España se ve sobre todo el cultivar 'Purpurea', de follaje bronceado a granate, que intensifica el color con el sol directo y se vuelve verdoso a la sombra. Los frutos son cápsulas aladas de tono rosado, muy decorativas en verano.

Vive en cualquier suelo drenado, incluidos los pobres y pedregosos, tolera la brisa marina y la sequía, y solo teme el frío intenso: por debajo de -4 o -5 ºC se daña. Es, por tanto, planta de litoral mediterráneo, sur peninsular, Canarias y zonas templadas. Se poda a finales de invierno; si se deja crecer libre tiende a desgarbarse por abajo, así que un despunte anual de las guías la mantiene compacta.

Enebro común

Juniperus communis es una conífera autóctona presente en buena parte de la Península, de hoja acicular punzante, con una banda blanquecina en el haz. Es lentísimo, indiferente al pH, resistente a heladas fuertes (por debajo de -25 ºC) y capaz de vivir en suelo esquelético. Hay porte columnar ('Hibernica') y hay formas rastreras ('Repanda', 'Green Carpet') que funcionan muy bien como tapizante en taludes soleados.

Es dioico: solo los pies femeninos dan las enebrinas, esos gálbulos carnosos de color azul oscuro que tardan dos años en madurar y que aromatizan la ginebra y algunos guisos de caza. Por eso en un mismo pie coinciden frutos verdes del año y azules del anterior.

La regla que hay que grabarse con todos los enebros y, en general, con las coníferas salvo el tejo: no rebrotan de madera vieja. Si recortas por dentro, hasta la parte sin hojas verdes, ese hueco no se cierra nunca. Se despuntan los brotes tiernos y se hace todos los años, o no se hace.

Escobillón rojo

Callistemon citrinus, también llamado limpiatubos, es australiano, de la familia de las mirtáceas. Sus inflorescencias cilíndricas rojas, formadas por estambres largos, aparecen en mayo y junio y con frecuencia repiten en septiembre. Crece entre 2 y 4 m, admite formarse como arbolito de porte llorón y atrae abejas y pájaros.

Dos advertencias prácticas. La primera, florece en el extremo de los brotes del año, y por encima de la flor sigue creciendo la rama: si lo podas en invierno, te llevas la floración por delante. El momento de podar es justo al terminar de florecer, cortando por detrás de las espigas marchitas. La segunda, sufre clorosis en suelo calizo y con agua dura; prefiere pH ligeramente ácido a neutro y agradece un quelato de hierro EDDHA en primavera si tu terreno es básico. Resiste heladas ligeras, en torno a -5 ºC, y bastante sequía una vez establecido.

Falso hibisco

El nombre de falso hibisco se aplica en el comercio a varias malváceas de flor parecida a la del hibisco pero más pequeña. La más habitual en vivero español es Anisodontea capensis, la malva del Cabo: arbusto sudafricano de 1-1,5 m que florece en rosa de forma casi ininterrumpida desde marzo hasta las primeras heladas, y todo el año en litoral cálido.

Quiere pleno sol, suelo drenado y poco más; con exceso de riego y sombra florece la mitad. Su punto débil es la vida corta: a partir del cuarto o quinto año se lignifica, se abre por el centro y da menos flor. Se compensa rebajándolo un tercio a finales de invierno, todos los años, y reponiendo el ejemplar cada cierto tiempo, cosa fácil porque enraíza sin problemas de esqueje semileñoso en verano. Tolera hasta unos -4 ºC; en zonas de heladas fuertes se cultiva en maceta y se resguarda.

Flor de cera

Chamelaucium uncinatum, otra australiana de la familia del mirto, tiene hojas aciculares aromáticas al frotarlas y flores de cinco pétalos con tacto ceroso, en blanco, rosa o púrpura, entre finales de invierno y la primavera. Se cultiva mucho para flor cortada porque dura semanas en jarrón.

Es exigente en una sola cosa, pero no perdona: drenaje perfecto y suelo arenoso, ácido o neutro. En tierra pesada o con riego frecuente en verano muere por asfixia radicular o por Phytophthora, y lo hace de golpe, sin síntomas previos claros. Procede de suelos muy pobres, así que se abona poco y con fórmulas bajas en fósforo. Se poda cortando ramas largas con flor, que es como se recolecta, o inmediatamente después de florecer; nunca en madera vieja sin hojas. Aguanta en torno a -3 o -4 ºC.

Fotinia glabra

Photinia glabra es la especie japonesa que, cruzada con Photinia serratifolia, dio el híbrido Photinia × fraseri 'Red Robin', hoy omnipresente en los setos españoles. El atractivo de todas ellas es el mismo: la brotación sale de un rojo intenso y va virando a verde a medida que la hoja madura. Cada recorte provoca una brotación nueva, y de ahí el color continuo si se poda dos o tres veces al año (marzo, junio y, en clima suave, principios de septiembre).

Crece rápido, hasta 3-4 m, en cualquier suelo drenado, a pleno sol o media sombra, y resiste hasta -10 ºC. La advertencia aquí es sanitaria: la fotinia es una rosácea y sufre manchas foliares por Entomosporium en climas húmedos y en setos muy densos regados por aspersión, además de ser sensible al fuego bacteriano (Erwinia amylovora). Riega siempre por goteo y a nivel del suelo, no mojes la hoja, airea el interior del seto y retira las hojas caídas manchadas. Y evita el seto monoespecífico de treinta metros: mezclar dos o tres especies reduce el riesgo de perderlo todo a la vez.

Leptospermo

Leptospermum scoparium, el árbol del té neozelandés o manuka, es un arbusto de 1,5-3 m, de ramillas finas y hoja pequeña y punzante, que en primavera se cubre por completo de flores de cinco pétalos, blancas, rosas o carmesí, simples o dobles según el cultivar.

Leptospermum scoparium cubierto de flores rosadas

Es planta estrictamente acidófila: en suelo calizo o regada con agua dura amarillea y se apaga en un par de temporadas, sin remedio real. Tampoco tolera que el cepellón se seque del todo ni una sola vez; a diferencia de un romero, no se recupera. Y no rebrota de madera vieja, así que la poda es un despunte ligero después de la floración, nunca un rebaje severo. Con esas tres condiciones cumplidas (suelo ácido y drenado, humedad constante sin encharcamiento, poda suave) es de los arbustos más agradecidos del norte peninsular y del litoral atlántico. Resiste alrededor de -5 ºC.

Cómo plantar y mantener un seto de perennes

Época. Otoño, de octubre a diciembre, en casi toda España; final de invierno en zonas de heladas fuertes. Plantar un perenne en mayo obliga a regarlo de urgencia todo el verano.

Marco de plantación. Para seto bajo de boj o Lonicera, de 3 a 5 plantas por metro lineal; para seto medio de fotinia o dodonea, 1 planta cada 60-80 cm; para pantallas grandes, 1 cada 1-1,5 m. Apretarlas más no acelera el cierre: solo genera competencia y ejemplares desnudos por abajo.

Distancia al muro o al lindero. Calcula la mitad de la anchura adulta, y no menos de 50 cm a una pared, para poder recortar por el otro lado y para que la planta no crezca torcida.

Forma del recorte. Es el detalle técnico que más setos arruina: hay que recortar ligeramente más ancho por la base que por arriba, con las caras en talud. Si el seto queda más ancho arriba, la parte inferior se queda sin luz, se defolia y ya no se recupera.

Poda. Como norma, a finales de invierno o inicio de primavera para los de follaje, y justo después de florecer para los que florecen sobre madera del año como el Callistemon o el leptospermo. Evita el recorte de finales de otoño en zonas frías: estimula brotación tierna que la primera helada quema.

Riego. Los dos primeros veranos son los que deciden. Riegos profundos y espaciados, que obliguen a la raíz a bajar, mejor que riegos diarios y cortos. Un acolchado de 5-8 cm de corteza o grava, según el estilo del jardín, ahorra la mitad del agua y evita escardar.

Errores frecuentes

Elegir por la foto y no por el tamaño adulto. Un arbusto que en el vivero mide 60 cm puede alcanzar 4 m. La mitad de las podas drásticas que se hacen en los jardines son consecuencia de haber plantado la especie equivocada en un sitio pequeño.

Suponer que perenne significa sin mantenimiento. Un seto formal de fotinia exige dos o tres recortes al año durante toda su vida; uno de boj, vigilancia de plagas. Si no quieres esa carga, planta seto informal de especies que no necesiten recorte.

Ignorar el pH. Callistemon y Leptospermum quieren suelo ácido; boj, dodonea, enebro y cenizo viven sin problema en caliza. Mezclar unos y otros en el mismo parterre garantiza que la mitad amarillee.

Recortar coníferas por dentro. Enebros, cipreses y tuyas no rebrotan de la madera sin hoja. Ese hueco es permanente.

Regar el seto por aspersión. Mojar la hoja a diario en verano es la mejor manera de instalar hongos foliares en fotinias y bojes. Goteo, siempre.

En resumen

Los arbustos de hoja perenne son la estructura del jardín y lo único que se sostiene en invierno, pero pagan ese privilegio transpirando los doce meses del año, así que su primer verano y su primera primavera hay que regarlos.

Para clima seco y suelo calizo, tira de cenizo, enebro, boj y dodonea. Para litoral cálido y con salinidad, cenizo y dodonea otra vez. Para suelo ácido y clima fresco, leptospermo y escobillón. Para flor larga y jardín pequeño, falso hibisco. Y para seto formal de crecimiento rápido, fotinia, con riego por goteo y sin convertirla en monocultivo. Comprueba antes el tamaño adulto, el pH y la temperatura mínima de tu zona: esas tres cifras descartan más candidatos que cualquier criterio estético.


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