Un arbusto en flor se planta una vez y florece durante veinte años; un macizo de flor de temporada hay que rehacerlo dos veces al año. Esa diferencia de esfuerzo explica por qué la estructura floral de un jardín debería apoyarse en leñosas y no en anuales, y por qué merece la pena dedicar un rato a elegir bien la especie antes de cavar el hoyo.

Aquí encontrarás doce arbustos que florecen de verdad, con lo que hace falta saber para que lo hagan: dónde plantarlos, qué suelo toleran, cuándo se podan y qué falla cuando no florecen. Once de los doce admiten maceta, aunque con matices que conviene conocer antes de comprar.

Qué es exactamente un arbusto

Un arbusto es una planta leñosa y perenne que se ramifica desde la base o muy cerca de ella, sin desarrollar un tronco único dominante, y que rara vez supera los cinco metros. La diferencia con el árbol no es solo de altura: es de arquitectura. Un árbol invierte en un eje central; un arbusto reparte esa inversión en varios tallos que se renuevan por turnos desde el cuello. De ahí que muchos arbustos rebroten sin problema tras una poda drástica y un árbol no.

Por debajo del arbusto están las matas o subarbustos, que solo tienen leñosa la parte inferior y mueren cada año hasta esa base: el romero joven, la lavanda o la salvia funcionan así. Importa porque condiciona la poda. En un subarbusto, cortar por debajo de la zona lignificada suele significar que no rebrota.

Que un arbusto sea leñoso no implica que sea perennifolio. Los hay de hoja caduca (celinda, hortensia, buddleja, altea) y de hoja perenne (durillo, camelia, hebe). Esa condición pesa mucho más de lo que parece a la hora de diseñar: un seto mixto solo de caducas se queda en un esqueleto de ramas entre noviembre y marzo.

La regla que decide casi toda la poda

Antes de la lista, esto, porque es el motivo número uno por el que un arbusto sano no da flor. Hay dos grandes grupos:

Los que florecen sobre madera del año forman los brotes en primavera y florecen sobre ellos ese mismo verano. Se podan a finales de invierno, entre febrero y principios de marzo, y se pueden podar fuerte. Buddleja, espírea de verano, altea y Tamarix ramosissima están en este grupo.

Los que florecen sobre madera del año anterior forman las yemas florales en verano y otoño, las pasan el invierno hechas, y las abren en primavera. Si los podas en invierno, cortas exactamente las yemas que ibas a disfrutar. Se podan justo después de florecer, en un plazo de dos o tres semanas. Celinda, bola de nieve, camelia, espírea de primavera y hortensia clásica funcionan así.

Cuando alguien dice «mi celinda no florece desde que la podo», casi siempre está podando en enero un arbusto del segundo grupo.

Arbusto de las mariposas (Buddleja davidii)

Espigas florales de Buddleja davidii en tonos malva

Caduco, de crecimiento muy rápido, con panículas cónicas de flores diminutas y perfumadas desde finales de junio hasta septiembre en malva, violeta, blanco o púrpura. El néctar es abundante y accesible, y por eso atrae mariposas de manera espectacular: si quieres una sola planta que llene el jardín de vida, es esta.

Tolera sequía, suelos pobres y calizos, y frío de hasta unos -15 ºC. Quiere sol pleno; en sombra se estira y florece flojo. La poda es drástica y obligatoria: a finales de febrero se rebaja a dos o tres yemas de la base, dejando un tocón de 30 a 50 cm. Sin esa poda envejece, se descarna por abajo y las panículas se vuelven cada vez más pequeñas.

Un aviso que no suele darse: es una especie con comportamiento invasor. Produce una cantidad enorme de semilla muy ligera y coloniza con facilidad gravas, taludes, vías de tren y sobre todo cauces y ramblas. Si vives cerca de un río o de un espacio natural, corta las panículas marchitas antes de que semillen. Es cinco minutos de tijera y evita un problema real.

Bola de nieve (Viburnum opulus 'Roseum')

El cultivar 'Roseum', también vendido como 'Sterile', produce inflorescencias globosas de unos 6 a 8 cm, verdosas al abrir, blanco puro en plena floración y con un tono rosado al final. Florece en mayo. Al ser todas sus flores estériles, no hay polen aprovechable ni frutos: es un arbusto ornamental puro. Si buscas los frutos rojos translúcidos que decoran el invierno y alimentan pájaros, tienes que plantar la especie tipo, Viburnum opulus, cuya inflorescencia es plana con un anillo de flores grandes estériles rodeando a las fértiles pequeñas.

Es un arbusto de suelo fresco. Aguanta muy bien el frío, incluso -20 ºC, pero sufre en verano seco: en un secarral manchego sin riego lo pasa mal y se llena de pulgón. Semisombra o sol con suelo húmedo. Añade una hoja que enrojece bien en otoño. Poda ligera después de la floración, retirando ramas viejas desde la base.

Camelia (Camellia japonica)

Perenne, de hoja coriácea y brillante, con flores simples, semidobles o dobles perfectas que abren entre noviembre y abril según el cultivar. En Galicia y la cornisa cantábrica es prácticamente una planta de patio; en el interior peninsular es un ejercicio de paciencia.

El motivo es el suelo. La camelia es acidófila estricta y quiere un pH entre 5 y 6,5. En los suelos calizos de media España la raíz no absorbe hierro y la hoja amarillea entre nervios que siguen verdes: eso es clorosis férrica. Se corrige a corto plazo con quelato de hierro, pero si el agua de riego es dura el problema vuelve cada año. La solución de verdad es plantarla en maceta grande con sustrato para acidófilas y regar con agua de lluvia o agua descalcificada por ósmosis. El agua del grifo de zonas calizas la mata despacio.

Quiere semisombra fresca, protección del sol de mediodía y del viento seco. La planta soporta hasta unos -10 ºC, pero las flores abiertas se estropean con una helada de -2 ºC, se vuelven marrones y caen. Por eso los cultivares tempranos rinden mal en zonas frías: conviene elegir floración tardía. La caída de capullos sin abrir casi siempre indica sequía en verano, cuando se forman las yemas, no un problema de invierno.

Celinda o jeringuilla (Philadelphus coronarius)

Caduco, de porte arqueado y hasta tres metros, con flores blancas de cuatro pétalos que abren en mayo y junio. El argumento de esta planta es el aroma: intenso, dulce, con un fondo cítrico que recuerda al azahar y que en una tarde templada perfuma un jardín entero. Plántala cerca de una ventana o de donde te sientes; desperdiciada al fondo de la parcela pierde la mitad de su gracia.

Es rústica de verdad, resiste el frío, tolera suelos calizos y no pide nada especial más allá de sol o media sombra. Toda su dificultad está en la poda: florece en madera del año anterior, así que se poda en cuanto termina la floración, a finales de junio. Se cortan las ramas que acaban de florecer y se eliminan desde la base una o dos de las más viejas, para forzar la renovación. Podarla en invierno equivale a renunciar a la flor.

Durillo (Viburnum tinus)

Mediterráneo, perenne, y probablemente el arbusto con flor más útil que existe para un jardín español de bajo mantenimiento. Los corimbos de botones rosados abren en blanco entre noviembre y abril, es decir, justo cuando no florece nada más, y después vienen frutos de un azul metálico muy oscuro que los pájaros agradecen.

Tolera calizas, sequía una vez establecido, viento, contaminación y poda de seto. Sol o sombra, aunque con sombra florece menos. Resiste hasta unos -10 ºC. Se usa igual como ejemplar aislado, en seto informal o recortado, o en maceta grande junto a una entrada.

Sus dos problemas habituales son pulgón en los brotes tiernos de primavera, que deforma las hojas nuevas y se controla con jabón potásico repetido, y un tisanóptero que abarquilla y broncea la hoja en ejemplares muy densos y mal ventilados. Aclarar el interior de la mata ayuda más que cualquier tratamiento.

Espírea (Spiraea spp.)

Bajo el nombre de espírea se venden dos plantas que se podan al revés, y confundirlas es un clásico.

Spiraea japonica es la espírea de verano: compacta, de 60 cm a 1,5 m, con corimbos planos rosas o rojos de junio a septiembre y cultivares de hoja dorada como 'Goldflame' o 'Gold Mound'. Florece en madera del año, así que se recorta a un tercio a finales de invierno y, si cortas las flores marchitas en julio, rebrota y vuelve a florecer.

Spiraea x vanhouttei y Spiraea cantoniensis son las de primavera: arbustos grandes de ramas arqueadas que en abril y mayo se cubren de umbelas blancas hasta ocultar la hoja. Florecen en madera vieja y se podan después de florecer. Recortarlas en invierno las deja verdes y sin una sola flor.

Las dos son duras, resistentes al frío y poco exigentes en suelo, aunque prefieren no secarse del todo en verano.

Hebe (Veronica, antes Hebe)

Arbusto perenne neozelandés, compacto y redondeado, con hojas dispuestas en cuatro filas muy ordenadas y espigas de flor lila, violeta, rosa o blanca durante buena parte del verano y el otoño. Hay cultivares de hoja variegada que decoran incluso sin flor. Botánicamente el género se ha integrado en Veronica, aunque en vivero se sigue vendiendo como hebe.

Su límite es climático y conviene tenerlo claro antes de comprar: procede de un clima oceánico fresco y húmedo, así que lo que peor lleva es el calor seco. En la costa cantábrica, en Galicia o en zonas de litoral suave es una planta agradecida y longeva. En Madrid, Zaragoza o Sevilla, con 38 ºC y aire seco, se achicharra por dentro, pierde ramas y suele durar tres o cuatro años. Si estás en el interior, plántala en semisombra fresca, en maceta, con riego regular y sustrato muy drenante, y asúmela como planta de rotación.

No tolera el encharcamiento. Poda de mantenimiento ligera tras la floración, sin entrar en madera vieja sin hoja, porque desde ahí rebrota mal.

Hibisco o rosa de China (Hibiscus rosa-sinensis)

Flores enormes, de hasta 15 cm, en rojo, naranja, amarillo, rosa o bicolor, sobre hoja perenne verde oscuro. Cada flor dura un solo día, pero una planta bien alimentada abre flores nuevas sin parar de mayo a octubre, y en clima cálido casi todo el año.

Es tropical y ahí está la clave: por debajo de 5 ºC se para y sufre, y una helada ligera de -2 ºC le quema la parte aérea. En la Costa del Sol, el litoral de Levante, Murcia y Canarias vive en el jardín sin problema. En el resto de la península es planta de maceta que hay que meter en invierno a un porche cerrado, galería o invernadero frío por encima de los 10 ºC. Un salón con calefacción reseca el ambiente y le trae araña roja.

Quiere mucha luz, riego frecuente en calor sin dejar plato con agua estancada y abono rico en potasio cada dos semanas durante la floración: es una planta muy exigente en nutrientes y en maceta se agota deprisa. La caída masiva de capullos sin abrir suele responder a un cambio brusco de ubicación, a un golpe de sequía o a corrientes de aire frío. Vigila mosca blanca y araña roja, sus dos plagas fijas.

Rosa de Siria o altea (Hibiscus syriacus)

Su pariente rústico, y una alternativa mucho más sensata para el interior peninsular. Es caduco, alcanza dos o tres metros, y florece de julio a septiembre, en pleno bochorno, con flores acampanadas simples o dobles en blanco, lila, azulado o rosa, casi siempre con el centro granate.

Resiste hasta unos -15 ºC, tolera calizas, sequía moderada y el calor extremo de verano. Sol pleno. Se puede formar como arbolito de un solo pie o como mata multitronco, y funciona bien en seto informal.

Dos advertencias prácticas. La primera: brota tardísimo. En abril sigue con las ramas desnudas cuando el resto del jardín ya está verde, y todos los años alguien la arranca creyéndola muerta. Antes de dar por perdida una altea, rasca la corteza con la uña: si hay verde debajo, está viva. La segunda: florece en madera del año, así que la poda va a finales de invierno; si acortas los brotes a dos o tres yemas tendrás menos flores pero bastante más grandes.

Hortensia (Hydrangea macrophylla)

Inflorescencias globosas de Hydrangea macrophylla en tonos azules y rosados

Caduca, con grandes cabezas globosas o planas de junio a septiembre. Necesita semisombra y suelo que no se seque: la hoja es grande y transpira mucho, y a pleno sol de julio en el centro peninsular se marchita a diario aunque el suelo tenga humedad. La posición ideal es sol de mañana y sombra desde el mediodía.

Sobre el color conviene aclarar una confusión muy extendida. La hortensia no azulea porque le eches posos de café ni cáscaras de huevo, y las cáscaras hacen justo lo contrario, porque aportan calcio. El azul depende de que la planta pueda absorber aluminio, y el aluminio del suelo solo se vuelve disponible con un pH ácido, por debajo de 5,5. En suelo neutro o calizo la misma planta será rosa. Para azulear se aplica sulfato de aluminio disuelto en el agua de riego, varias veces durante la primavera, y se riega con agua sin cal. Las variedades blancas no cambian de color con nada: no tienen los pigmentos implicados.

La poda depende del tipo. Las hortensias clásicas florecen sobre madera del año anterior: en febrero se cortan solo las inflorescencias secas, justo por encima del primer par de yemas gordas, y se eliminan desde la base dos o tres tallos viejos. Los cultivares remontantes, tipo 'Endless Summer', también florecen en brotes nuevos y perdonan un corte más severo. Dejar las flores secas puestas todo el invierno no es dejadez: protegen del frío a las yemas que hay debajo.

Taray o taraje (Tamarix spp.)

Aspecto plumoso, hoja diminuta escuamiforme y nubes de flores rosas menudas que cubren la planta entera. Su gran virtud es la tolerancia a la salinidad y al viento marino: crece en suelos salinos, arenas de dunas y primera línea de costa donde casi nada más prospera. También aguanta suelos pobres, calizos y sequía severa.

Otra vez hay que distinguir especies por la poda. Tamarix africana y Tamarix gallica florecen en primavera sobre madera del año anterior y se podan tras la floración. Tamarix ramosissima florece en verano sobre madera del año y se poda fuerte al final del invierno.

Su punto débil es la madera frágil: crece rápido, las ramas se descuelgan con el peso y se rompen con temporales. La poda regular no es estética, es estructural, y evita ejemplares desgarbados y desgajados. No lo plantes junto a una tubería o un pozo: es un buscador de agua de raíz agresiva.

Abelia (Abelia x grandiflora)

Cierra la lista un arbusto que muchos catálogos infravaloran. Semiperenne, de hoja pequeña brillante y porte arqueado, florece con campanillas blanco rosadas y ligeramente perfumadas desde junio hasta las primeras heladas: cuatro o cinco meses de flor continua, difíciles de igualar. Cuando la corola cae quedan los sépalos rojizos, que siguen decorando semanas después.

Tolera calor, sequía moderada, calizas, contaminación urbana y poda de seto. Aguanta hasta unos -10 ºC, aunque con frío intenso pierde parte de la hoja y se comporta como caduca. Sol o media sombra. Poda de renovación a finales de invierno, quitando ramas viejas desde la base. Si buscas máximo rendimiento con mínimo mantenimiento en clima mediterráneo, esta y el durillo son las dos apuestas seguras.

Cultivo en maceta: lo que cambia

Salvo el taray, que pide espacio de raíz, todos estos arbustos admiten contenedor. Pero un arbusto en maceta no es un arbusto pequeño: es un arbusto con la raíz confinada, y eso cambia tres cosas.

Volumen. Para un ejemplar adulto de camelia, hortensia o altea hace falta un mínimo de 40 a 50 litros. Con menos, el cepellón se llena de raíz, el sustrato deja de retener agua y en julio hay que regar dos veces al día. Cada dos o tres años toca trasplantar o, si ya no quieres más maceta, sacar el cepellón, rebajar un tercio de la raíz periférica y devolverlo con sustrato nuevo.

Temperatura de la raíz. Una maceta negra a pleno sol puede pasar de 45 ºC en el sustrato y ahí la raíz fina se cuece. Colores claros, terracota, o la maceta a la sombra aunque la copa esté al sol.

Abonado. En suelo, un arbusto rústico vive de lo que hay. En maceta el riego lava los nutrientes por el drenaje, así que necesitas abono de liberación lenta en marzo y refuerzos líquidos quincenales durante la floración. Para camelia y hortensia, formulados específicos para acidófilas.

Errores frecuentes

Plantar sin mirar el suelo. Antes de encapricharte con una camelia o una hortensia azul, comprueba si tu agua y tu tierra son calizas. Media España lo es. Contra eso no se pelea: se elige otra planta o se cultiva en maceta con agua de lluvia.

Regar poco y a menudo. Un riego superficial diario mantiene la raíz en los primeros cinco centímetros y crea un arbusto dependiente. Riego copioso y espaciado, dejando que el sustrato se oree entre uno y otro, produce raíces profundas y plantas que aguantan una ola de calor.

Enterrar el cuello. El punto donde el tallo se convierte en raíz debe quedar al nivel del suelo, nunca por debajo. Enterrarlo provoca pudriciones que aparecen meses después y se confunden con falta de riego.

Podar todo en enero. Ya está explicado arriba: ese corte se lleva por delante los brotes que iban a dar flor en primavera.

Abonar con nitrógeno esperando flores. Un exceso de nitrógeno da hoja verde y brote blando, apetitoso para el pulgón, y retrasa la floración. Para flor interesa fósforo y sobre todo potasio.

Comprar en flor y plantar en pleno verano. Julio y agosto son la peor época. Las mejores son otoño para las especies rústicas, que enraízan durante el invierno y llegan a su primer verano establecidas, y finales de invierno para las más frioleras.

En resumen

Elegir arbusto con flor es antes que nada un problema de clima y suelo, no de gusto. En litoral cálido, hibisco de China y taray; en interior seco y continental, altea, buddleja, abelia y durillo; en clima atlántico fresco, camelia, hortensia y hebe; en suelo fresco y frío, bola de nieve y celinda.

Después vienen dos gestos que deciden el resultado. Uno, comprobar si el agua de riego es dura antes de comprar acidófilas. Dos, saber si la planta florece sobre madera vieja o sobre madera del año, porque de eso depende podar en febrero o justo después de la floración. Con esas dos preguntas resueltas, estos arbustos se limitan a crecer y florecer solos durante décadas.


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