Podar la weigela en enero, cuando se poda casi todo lo demás, es la manera más segura de quedarse sin flores en mayo. Este arbusto forma sus yemas florales durante el verano anterior, sobre las ramas que ya han crecido, así que cualquier tijeretazo invernal se lleva por delante la floración entera. Es el error que más veces convierte una weigela sana en un arbusto verde y aburrido que nunca acaba de dar lo que prometía la etiqueta del vivero.

Aclarado eso, es un arbusto agradecido, longevo y con una floración de campanillas tubulares que dura tres o cuatro semanas largas entre finales de abril y junio, según la zona. Aquí va lo que conviene saber para colocarlo bien y mantenerlo.

Qué es exactamente una weigela

El género Weigela agrupa una docena de especies de arbustos de hoja caduca originarios del este de Asia: China, Corea, Japón y el extremo oriental de Rusia. Se ha clasificado tradicionalmente dentro de las caprifoliáceas, la familia de las madreselvas, y esa cercanía se nota en la forma de la flor: un tubo acampanado de dos a cuatro centímetros que se abre en cinco lóbulos.

La especie que sostiene casi todo el material de jardinería es Weigela florida, introducida en Europa a mediados del siglo XIX. Forma una mata de ramas arqueadas de entre 1,5 y 3 metros de altura y una anchura parecida, con hojas opuestas, ovaladas y aserradas, de un verde medio sin nada llamativo. La gracia está en mayo, cuando las ramas del año anterior se cubren de flores desde la base hasta la punta.

Conviene deshacer un malentendido frecuente: la weigela no es una planta de interior. Pierde la hoja en otoño, necesita frío invernal para brotar bien y luz directa para florecer. Dentro de casa se defoliará y se agotará en un par de temporadas. Como mucho admite un buen macetón en terraza o patio, con al menos 40 litros de sustrato y riego constante, asumiendo que en invierno será un manojo de ramas desnudas.

Rama de weigela cubierta de flores tubulares rosas

Dónde plantarla y en qué clima funciona

La weigela resiste el frío sin inmutarse: soporta sin daño temperaturas de −20 °C, y las plantas establecidas aguantan bastante más. El límite no está en el invierno, está en el verano. Esta planta viene de bosques abiertos con lluvias estivales, y lo que no tolera es la combinación de calor seco, aire abrasador y suelo agotado de agua entre julio y agosto.

Traducido al mapa peninsular:

  • Cornisa cantábrica, Galicia, Pirineo y zonas de montaña: terreno ideal, prácticamente sin cuidados una vez arraigada.
  • Meseta, Ebro, interior de Cataluña: funciona bien siempre que tenga riego de verano y, en las zonas más duras, algo de sombra a partir del mediodía.
  • Litoral mediterráneo cálido, valle del Guadalquivir, sureste árido: es una apuesta forzada. Se puede mantener con riego generoso y sombra de tarde, pero florecerá menos y se verá sufrida. Hay arbustos mejor adaptados para ese clima.

En cuanto a exposición, pleno sol es lo que da más flor, con una excepción importante: los cultivares de hoja dorada o variegada se queman con el sol directo del verano español y quedan con los bordes chamuscados. Esos van a media sombra, o a sol de mañana y sombra desde las dos.

El suelo debe ser profundo, fresco y con materia orgánica, de reacción neutra o ligeramente ácida. Tolera algo de caliza, pero en suelos muy calizos y con agua de riego dura aparece clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes. Si el terreno es pesado y encharcadizo, hay que plantar sobre un caballón elevado, porque las raíces se pudren con facilidad por Phytophthora.

La época de plantación es el otoño, entre octubre y noviembre, para que enraíce con las lluvias antes del primer verano. En zonas de invierno muy frío es preferible esperar a finales de invierno. Deja entre 1,5 y 2 metros entre ejemplares, o entre 80 cm y 1 metro si se trata de variedades enanas; plantar apretado obliga a podar a lo bruto todos los años y arruina el porte arqueado, que es lo bonito del arbusto.

La poda: cuándo y cómo

Es el punto crítico. La weigela florece sobre madera del año anterior, así que la única ventana correcta para podar es inmediatamente después de la floración, entre mediados de junio y principios de julio. Podando entonces, la planta dispone de todo el verano para emitir ramas nuevas que serán las que den flor la primavera siguiente.

El sistema que mejor resultado da es la poda de renovación por tercios:

  • Corta a ras de suelo entre un cuarto y un tercio de las ramas más viejas, gruesas y de corteza agrietada.
  • Acorta las ramas que han florecido hasta un brote lateral vigoroso, sin dejar tocones.
  • Deja intactas las varas jóvenes del año, que son las que florecerán.

Repitiendo esto cada año, el arbusto se renueva de forma continua y nunca llega a envejecer por dentro. Una weigela abandonada durante mucho tiempo se ahueca por el centro y florece solo en la periferia; en ese caso se puede rejuvenecer cortando toda la mata a 20-30 cm del suelo a finales de invierno, sacrificando la floración de ese año. Rebrota con fuerza y en dos temporadas vuelve a estar en forma.

Algunos cultivares modernos de refloración, como los de la serie Sonic Bloom, dan una segunda tanda de flores en agosto y septiembre sobre madera nueva. En ellos basta con retirar las flores marchitas de junio para estimular ese segundo empujón.

Riego y abonado

Durante los dos primeros años el riego es lo que decide si la planta prospera o se queda enana. Después mantiene bien el tipo, pero en verano peninsular sigue agradeciendo un riego profundo y espaciado —empapar bien y dejar que la capa superficial se seque— en lugar de riegos cortos y diarios, que solo generan raíces superficiales.

Una capa de acolchado de 5-7 cm de corteza, restos de poda triturados o compost sobre el alcorque hace más por la weigela que cualquier abono: baja la temperatura del suelo, conserva humedad y frena las hierbas. Sin tocar el cuello del tronco, que debe quedar despejado.

Con el abonado, sobriedad. Un aporte de compost maduro o estiércol bien hecho a finales de invierno es suficiente. El exceso de nitrógeno produce brotes largos, blandos, atractivos para el pulgón y con poca flor. Si el suelo es calizo y aparece clorosis, se corrige con quelato de hierro (EDDHA) aplicado en primavera con el riego.

Cómo multiplicarla

La weigela es de las plantas más fáciles de reproducir por esqueje, lo que explica que se vea en tantos jardines heredada de un vecino.

Esqueje semileñoso, el método más seguro. En junio o julio, justo después de podar, toma trozos de 10-15 cm de ramas del año que ya empiecen a endurecerse en la base. Elimina las hojas inferiores, deja dos o tres arriba y recórtalas a la mitad para reducir la transpiración. Hormona de enraizamiento opcional. Clava en una mezcla de turba y perlita o arena a partes iguales, en sombra, con el sustrato húmedo y ambiente cubierto. Enraízan en cuatro a seis semanas.

Estaquilla leñosa, todavía más simple si tienes paciencia. En noviembre o diciembre, con la planta sin hoja, corta trozos de rama de un año de 20-25 cm de grosor de lápiz y entiérralos dos tercios en un rincón resguardado del jardín. En primavera brotan y en otoño se trasplantan.

Acodo. Dobla una rama baja hasta el suelo, entierra un tramo dejando la punta fuera y sujétalo con una piedra. Al cabo de un año se separa ya enraizado.

La semilla funciona, pero no tiene sentido práctico: los cultivares no se reproducen fieles y la descendencia sale con flores desvaídas y porte irregular.

Plagas y problemas

No es un arbusto conflictivo. Lo que puede aparecer:

  • Pulgón. En abril y mayo, sobre los brotes tiernos. Con colonias pequeñas basta un chorro de agua a presión o jabón potásico. Suele resolverse solo cuando llegan mariquitas y sírfidos, así que conviene no pulverizar insecticidas de amplio espectro que también los eliminan.
  • Araña roja (Tetranychus urticae). Es el aviso de que la planta está pasando calor y sequedad: hojas moteadas, con aspecto polvoriento y finas telarañas por el envés. La corrección es ambiental —más riego, acolchado, sombra de tarde— más que química.
  • Otiorrinco (Otiorhynchus sulcatus). Deja muescas semicirculares en el borde de las hojas. Es feo pero inofensivo en planta de jardín; en maceta sí importa, porque las larvas devoran las raíces.
  • Podredumbre de raíz. Amarilleo general, marchitez con el suelo húmedo y ramas que se van secando. Es un problema de drenaje, no de riego insuficiente. No tiene arreglo fácil una vez avanzado: hay que prevenirlo plantando en terreno que evacue.
  • Oídio y manchas foliares. Ocasionales al final del verano, sobre todo en plantas apretadas y sin ventilación. Rara vez requieren tratamiento; la poda de aclareo anual los mantiene a raya.

Y un problema que no es plaga: la weigela que no florece. En nueve de cada diez casos la causa es poda a destiempo, sombra excesiva o exceso de nitrógeno. Revisa esas tres cosas antes de buscar culpables más exóticos.

Variedades y especies que merece la pena buscar

Casi todo lo que se vende son cultivares de Weigela florida o híbridos derivados de ella:

  • 'Bristol Ruby'. El clásico de flor rojo carmín intenso, vigoroso, hasta 2,5 metros. Muy fiable.
  • 'Alexandra', comercializada como Wine & Roses. Hoja de un púrpura casi negro y flor rosa fuerte; el contraste es su razón de ser. Necesita sol para mantener el color oscuro, pero en el sur agradece sombra de tarde.
  • 'Nana Variegata'. Compacta, en torno a 1,2 metros, con hoja marginada de crema y flor rosa pálido. Buena para maceta y para primer plano de macizo.
  • 'Foliis Purpureis'. Enana de crecimiento lento, hoja bronceada, apenas un metro. La más manejable en jardín pequeño.
  • 'Briant Rubidor'. Follaje dorado con flor roja. Espectacular y delicada a partes iguales: se quema con facilidad al sol fuerte.
  • 'Candida'. Flor blanca pura, poco habitual en el género y muy útil para combinar.

Entre las especies menos comunes, Weigela middendorffiana es la excepción cromática, con flores amarillo azufre y la garganta moteada de naranja; prefiere media sombra y climas frescos, y en el centro y sur peninsular resulta difícil. Weigela praecox adelanta la floración unas dos semanas respecto a florida, y Weigela coraeensis alcanza mayor porte, cerca de 3 metros, con flores que abren casi blancas y van virando a rosa oscuro, de modo que la mata muestra los dos tonos a la vez.

Weigela en flor de color rosa en un jardín

Cómo usarla en el jardín

El porte arqueado pide espacio y se luce como ejemplar aislado sobre césped o al fondo de un macizo, donde las ramas puedan caer libremente. Recortada en bola pierde la mitad de la gracia y bastante flor.

Funciona muy bien en seto informal mixto, alternada con celindas (Philadelphus), espireas y lilos, porque todos comparten calendario de poda: se recortan juntos en junio. Combinarla con arbustos de floración estival que se podan en febrero obliga a andar con dos criterios distintos en la misma línea, y ahí es donde suelen empezar los recortes equivocados.

La floración coincide con el paso de los últimos bulbos de primavera y con el arranque de los rosales, así que se integra sin esfuerzo en el momento más lleno del jardín. Después de mayo pasa a segundo plano y aporta solo masa verde, motivo por el que interesa acompañarla de algo que tome el relevo en verano: una abelia, un hibisco de Siria o unas hortensias si el suelo es ácido.

En resumen

La weigela es un arbusto caduco de origen asiático, resistente al frío hasta unos −20 °C, que florece en mayo sobre las ramas formadas el año anterior. Se planta en otoño, a pleno sol —media sombra para las variedades de hoja dorada o variegada—, en suelo profundo, fresco y bien drenado, y necesita riego durante el verano peninsular. La poda se hace justo después de florecer, retirando cada año un tercio de las ramas viejas desde la base; podarla en invierno equivale a renunciar a la floración. Se multiplica sin dificultad por esqueje semileñoso en junio. Sus problemas habituales, pulgón y araña roja, son leves y suelen indicar exceso de abono nitrogenado o falta de agua. Da su mejor versión en el norte y en climas frescos; en el sureste árido conviene sustituirla por especies mejor adaptadas antes que empeñarse en mantenerla viva a fuerza de riego.


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