Un arce falso plátano plantado a tres metros de la fachada tarda unos quince años en convertirse en un problema, y para entonces la solución ya cuesta más que el árbol. Ese desfase entre el momento de plantar y el momento en que se ven las consecuencias es lo que hace que elegir árbol decorativo sea una decisión distinta a elegir cualquier otra planta del jardín. Un rosal mal colocado se mueve en un fin de semana; un árbol, no.

Aquí van los árboles ornamentales que mejor funcionan en jardines españoles, con lo que hay que saber de cada uno antes de comprarlo: dónde vive de verdad, qué suelo exige, cuánto ocupa de adulto y qué le pasa cuando se planta donde no debe.

Qué hace decorativo a un árbol

La floración es lo primero que se mira y casi siempre lo que menos dura. Un cerezo japonés está espectacular doce o quince días al año; los otros trescientos cincuenta es un árbol de hoja verde con una silueta determinada. Por eso conviene puntuar cuatro cosas antes de decidir:

Silueta y estructura. El porte en parasol de la Albizia o el tronco recto y la copa densa de la magnolia trabajan todo el año, incluso en invierno cuando el árbol está desnudo. La ramificación es el esqueleto del jardín.

Color de otoño. Depende tanto de la especie como del clima. Los rojos intensos de Acer rubrum o Acer palmatum necesitan noches frescas y días soleados en octubre; en el litoral mediterráneo, donde el otoño es templado, el mismo árbol vira a amarillo apagado o directamente se seca sin color.

Corteza y madera. Un detalle infravalorado. La variedad Acer palmatum 'Sango-kaku' (llamada 'Senkaki') tiene ramas jóvenes de un coral encendido que solo se aprecia en invierno, cuando no hay hoja que las tape.

Sombra. Un árbol de hoja caduca colocado al sur de la vivienda da sombra en julio y deja pasar el sol en enero. Eso no es decoración, es acondicionamiento térmico gratis, y es la razón por la que un caduco casi siempre gana a un perenne junto a la casa.

El tamaño adulto es lo que hay que mirar en el vivero

La etiqueta de un vivero rara vez dice el tamaño final real, y cuando lo dice suele referirse a un ejemplar de veinte años, no de sesenta. Antes de comprar hay que traducir el árbol a metros y a distancias:

Un árbol de copa grande (magnolia, arce falso plátano) pide un mínimo de 6-8 metros a la fachada y otros tantos al lindero del vecino. Uno de porte medio (albizia, cerezo japonés, cornejo) se maneja con 4-5 metros. Solo los arces japoneses y los árboles de pequeño porte caben razonablemente en un patio.

Sobre las raíces circula una idea equivocada: que hay especies que "levantan el suelo" por naturaleza. Lo que levanta soleras y aceras es un sistema radicular al que se le ha dado un volumen de tierra ridículo. Las raíces engordan donde encuentran agua y aire, y si el único sitio con ambas cosas es el hueco de veinte centímetros bajo la baldosa, ahí van. Un alcorque generoso y un riego profundo, poco frecuente, hacen más por evitar el problema que la especie elegida. Y no, podar la copa no reduce las raíces: reduce la fotosíntesis y debilita al árbol, que responde emitiendo brotes de emergencia.

Acacia dealbata, la mimosa

Florece entre enero y marzo, cuando no hay nada más en flor, con una masa de pompones amarillos y un olor dulce que se nota a veinte metros. Es de crecimiento muy rápido, la hoja bipinnada gris azulada es bonita también fuera de la floración y aguanta bien la sequía una vez arraigada.

Ahora la letra pequeña, que en este caso es grande. Acacia dealbata es originaria del sureste de Australia y está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, lo que significa que su comercialización y plantación están prohibidas en España. No es un tecnicismo: en la cornisa cantábrica y en Galicia ha desplazado a la vegetación autóctona en superficies enormes, favorecida por los incendios, porque sus semillas necesitan calor para germinar y rebrota de raíz con vigor tras el fuego. Si ya tiene una en el jardín, sepa que rebrota a varios metros del tronco y que talarla sin tratar los tocones multiplica el problema.

Como sustituto con floración invernal amarilla y sin ese historial, funcionan bien el Chimonanthus praecox en pequeño porte o, para el efecto de árbol, el Cercis siliquastrum desplazando la floración a marzo-abril en rosa.

Albizia julibrissin, la acacia de Constantinopla

Si tuviera que quedarme con un solo árbol ornamental para el clima español, sería este. Copa en parasol muy horizontal, hoja bipinnada finísima que da una sombra ligera y moteada, y flores en julio y agosto que parecen borlas de seda rosa. Florece justo cuando el jardín está apagado por el calor.

Cultivo: pleno sol, cualquier suelo con tal de que drene, tolera la caliza mucho mejor que los arces y resiste la sequía estival de forma notable a partir del tercer año. En cuanto a frío, aguanta en torno a -15 °C, de modo que va bien en casi toda la Península salvo zonas de montaña muy expuestas.

Dos avisos. El primero: brota tardísimo, a menudo hasta mayo. Todos los años alguien da por muerta su albizia en abril y la arranca. Antes de decidir nada, rasque un poco de corteza de una ramilla con la uña: si debajo hay verde, el árbol está vivo. El segundo: existe una fusariosis vascular (Fusarium oxysporum f. sp. perniciosum) que provoca marchitez y muerte del ejemplar sin tratamiento curativo. Hay selecciones con resistencia mejorada; si en su zona se han secado albizias adultas, pregunte por ellas en el vivero.

Suelta bastante hoja fina y legumbres secas en otoño, así que no es el árbol ideal para plantar sobre una piscina.

Los arces

El género Acer reúne los mejores colores otoñales del jardín templado, pero es también donde más dinero se tira en España, porque los arces ornamentales exigen casi todos suelo ácido y aire húmedo, dos cosas escasas en buena parte del país.

Acer palmatum, el arce japonés

Acer palmatum de ramas coral plantado en un jardín

Porte pequeño (3-6 metros según variedad), hoja palmeada, cientos de cultivares con hojas verdes, púrpuras, laciniadas o variegadas. Es el arce que cabe en un patio.

Es también el más exigente. Necesita suelo ácido, con un pH por debajo de 6,5, materia orgánica abundante y drenaje impecable. Riega con agua no calcárea: en las provincias de aguas duras del interior y el este, el riego con agua del grifo produce clorosis férrica en dos o tres temporadas, con las hojas amarillas y los nervios verdes. Y quiere semisombra y protección del viento seco; el sol directo de las tardes de julio en Madrid o Sevilla le quema los bordes de la hoja, un daño irreversible ese año.

En la cornisa cantábrica y en el norte húmedo vive sin dramas. En zona mediterránea o de interior seco, plantarlo en el suelo es apostar contra la casa: mejor en maceta grande con sustrato ácido, en un rincón resguardado y a media sombra, donde además se controla el agua de riego.

Acer pseudoplatanus, el arce blanco o falso plátano

Este es el contrario del anterior: rústico, indiferente al pH, tolerante a la caliza, resistente al viento y al frío, y presente de forma natural en los sistemas montañosos del norte peninsular y los Pirineos. Corteza que se desprende en placas, hoja grande de cinco lóbulos, buen amarillo otoñal.

Su problema es el tamaño: alcanza 25-30 metros y una copa enorme. No es un árbol de jardín particular, es un árbol de finca, parque o linde. Además siembra con muchísima facilidad; sus sámaras giran con el viento y al año siguiente hay plántulas por todos los parterres. Si tiene espacio de verdad, es un árbol excelente y longevo. Si tiene 300 m² de jardín, no.

Acer rubrum, el arce rojo americano

El rojo otoñal más fiable del género, con floración roja discreta a finales de invierno antes de la hoja. Porte de 12-18 metros en cultivo, copa ovalada. Tolera suelos húmedos e incluso encharcamientos temporales mucho mejor que otros arces, de ahí su nombre americano de swamp maple.

La condición innegociable es el suelo ácido o neutro. En terreno calizo desarrolla clorosis férrica severa y se queda en un arbolito raquítico de hojas pálidas al que se acaba echando quelato de hierro cada primavera para siempre. Antes de comprarlo, mida el pH del suelo. Cuesta cuatro euros y ahorra ciento cincuenta.

Brachychiton acerifolius, el árbol del fuego

Árbol australiano de porte piramidal que en mayo y junio se cubre de racimos de campanillas de un rojo coral saturado, a menudo sobre las ramas ya semidesnudas, lo que multiplica el efecto. Hoja polimorfa, brillante, unas veces entera y otras lobulada en el mismo ejemplar.

Se cultiva bien en el litoral mediterráneo, en el suroeste peninsular y en Canarias. Tolera heladas ligeras y puntuales, del orden de -3 a -5 °C en ejemplar adulto y establecido, pero los ejemplares jóvenes son bastante más delicados. Quiere sol pleno, suelo drenante y poco riego una vez arraigado; tiene un tronco engrosado que acumula reservas y aguanta la sequía.

El punto que hay que asumir antes de plantarlo: tarda muchos años en florecer, con frecuencia ocho o diez desde semilla, y la floración es irregular de un año a otro, más abundante tras veranos calurosos y secos. No es un árbol para impacientes.

Cornus florida, el cornejo florido

Arbolito de 5-7 metros con ramificación en capas horizontales que florece en abril, antes o a la vez que la hoja. Lo que parecen pétalos son en realidad brácteas: cuatro piezas blancas o rosadas (variedad rubra) que rodean un ramillete de flores diminutas. Después da frutos rojos y la hoja vira a un granate oscuro en otoño. Tiene interés en tres estaciones, cosa rara.

Es planta de clima fresco y húmedo, suelo ácido, rico en materia orgánica y siempre algo fresco, nunca encharcado ni seco del todo. Su terreno natural en España es la cornisa cantábrica, Galicia, el norte de Navarra y zonas de montaña. En clima mediterráneo se resiente del calor seco y de la caliza.

Si vive en el este o el sur y quiere este efecto, cambie de especie: Cornus kousa florece un mes más tarde, tolera algo mejor el calor y la sequía, y sus brácteas puntiagudas duran más semanas en la planta.

Delonix regia, el flamboyán

Copa en flor de Delonix regia, el flamboyán

Es probablemente el árbol en flor más espectacular que existe: una copa aparasolada, ancha y plana, cubierta por completo de flores escarlata en verano, sobre un follaje bipinnado de una finura de helecho. Originario de Madagascar y hoy plantado en todos los trópicos.

Y aquí toca ser honesto, porque este árbol se vende en la Península a gente que lo va a perder. Delonix regia es estrictamente tropical: sufre por debajo de 5 °C y una helada lo mata. En España solo tiene sentido en Canarias y, con suerte y un microclima costero muy protegido, en puntos concretos del litoral sur. En Valencia, Barcelona o Madrid no es cuestión de cuidarlo mejor: es que el invierno no perdona.

Necesita además espacio horizontal real, porque su copa es más ancha que alta, y sus raíces superficiales y agresivas desaconsejan plantarlo cerca de estructuras. Para el efecto de flor roja en verano en clima mediterráneo, el ya citado Brachychiton acerifolius o una Erythrina crista-galli se acercan bastante más de lo que uno esperaría.

Magnolia grandiflora

Perennifolia, de hoja coriácea, verde oscura y lustrosa por el haz y con el envés cubierto de un tomento ferrugíneo. Flores blancas de hasta 25 centímetros, con un perfume a limón y vainilla, que aparecen de forma escalonada desde junio hasta septiembre. No florece de golpe: va abriendo flores sueltas durante meses.

Cultivo: prefiere suelo profundo, fresco y ligeramente ácido, aunque tolera calizas moderadas mejor que otras magnolias. Sol o media sombra, resguardo del viento fuerte (la hoja grande hace de vela), y riego regular los primeros años. Es de crecimiento lento, sobre todo al principio, y muy longeva.

El error de manual es plantarla junto a la casa "porque es de hoja perenne y tapa". Alcanza 20-25 metros con una copa de 10-12 metros de ancho: en veinte años se come una fachada. Necesita sitio y, colocada donde debe, es de los árboles ornamentales más señoriales que se pueden tener. Su sombra es tan densa que debajo casi nada prospera, así que no cuente con hacer un parterre a sus pies; mejor asumirlo y dejar el suelo con acolchado.

Prunus serrulata, el cerezo japonés de flor

El cultivar más plantado en España es 'Kanzan', de flor doble rosa intenso y porte en copa de vaso ascendente. Florece entre marzo y abril según zona, antes de la hoja, y no da cerezas: la flor doble es estéril, cosa que se agradece en un paseo o junto a una terraza.

Cultivo: pleno sol, suelo fértil y sobre todo bien drenado. El encharcamiento es su enemigo número uno; los Prunus ornamentales mueren de asfixia radicular y de podredumbres de cuello con una facilidad asombrosa en jardines de riego automático mal ajustado. Riegue profundo y espacie.

Es un árbol de vida corta para lo que se espera de un árbol: veinte o treinta años en jardín, a veces menos. Y es sensible a la gomosis, esas exudaciones de resina ámbar en tronco y ramas que aparecen tras heridas o estrés. De ahí la regla más importante con este género: no lo pode en invierno. Las heridas de poda en reposo son la puerta de entrada de chancros bacterianos y fúngicos. Si hay que podar, hágalo en verano, con el árbol en pleno vigor, y limítese a lo imprescindible.

Cómo plantarlos para que salga bien

Época. De noviembre a febrero para el árbol de raíz desnuda o en cepellón, aprovechando el reposo. Los ejemplares en contenedor admiten plantación casi todo el año, pero plantar en junio significa regar todo el verano para compensar; no lo haga si puede esperar al otoño.

El hoyo. Ancho, no hondo. Dos o tres veces el diámetro del cepellón y solo la profundidad justa. Un hoyo profundo con tierra mullida debajo provoca que el árbol se hunda y quede el cuello enterrado, que es una de las causas más frecuentes de muerte lenta a los tres o cuatro años. El cuello de la raíz tiene que quedar a nivel del suelo, visible.

Relleno. Con la propia tierra del sitio, mejorada con algo de compost bien hecho. No rellene el hoyo solo con sustrato comprado: se crea una "maceta" de tierra rica rodeada de terreno duro y las raíces se niegan a salir de ella. Nada de abono mineral fresco en contacto con las raíces.

Riego. Un riego copioso de asentamiento y luego riegos profundos y espaciados. Poca agua a menudo cría raíces superficiales; mucha agua de tarde en tarde las manda hacia abajo. Los tres primeros veranos son críticos incluso en especies resistentes a la sequía.

Acolchado. Cinco a diez centímetros de corteza, astilla o paja en un círculo amplio, dejando siempre un palmo libre alrededor del tronco. Conserva humedad, modera la temperatura del suelo y ahorra desbroces junto al tronco, que es como se destrozan las cortezas jóvenes.

Tutor. Bajo, flexible, atado sin apretar y retirado al cabo de uno o dos años. Un árbol que se mueve engorda el tronco y ancla mejor; uno inmovilizado con un tutor rígido durante cinco años crece esbelto y se parte con el primer temporal.

Errores frecuentes

Comprar el ejemplar más grande del vivero. Un árbol de gran calibre pierde una parte enorme de su sistema radicular al trasplantarse y pasa años recuperándose. Uno joven, de tronco fino, arranca antes y en cinco o seis años lo ha adelantado, con mejor anclaje y mejor estructura.

Ignorar el pH. Media docena de árboles de esta lista fracasan en suelo calizo por pura química, no por descuido. Un test de pH y un vistazo a lo que crece bien en el barrio evitan la mayoría de los disgustos.

Podar por costumbre. Un árbol ornamental bien elegido no necesita poda anual. Se quitan ramas secas, cruzadas o rotas y poco más. La poda severa de la copa, además de fea, dispara rebrotes débiles y mal anclados.

Plantar por la foto. Casi todas las imágenes de catálogo son de ejemplares fotografiados en su clima ideal y en su semana de máxima floración. Antes de decidir, dé una vuelta por su ciudad y mire qué árboles de esos hay adultos y sanos. Es el mejor ensayo de campo disponible y es gratis.

En resumen

Para clima mediterráneo o interior seco, con suelo calizo, las apuestas seguras son la Albizia julibrissin y la Magnolia grandiflora si hay espacio, con el Brachychiton acerifolius como opción de flor roja en el litoral. Para el norte húmedo y suelo ácido se abre el catálogo bueno: Acer palmatum, Acer rubrum y Cornus florida dan ahí lo mejor de sí mismos. El Acer pseudoplatanus solo cabe en fincas grandes, el Delonix regia solo en Canarias, y la Acacia dealbata no debe plantarse en España por estar catalogada como invasora.

Elija por suelo y clima primero, por espacio disponible después y por la flor en último lugar. Plante en invierno, con el cuello descubierto, riegue profundo los tres primeros veranos y luego déjelo en paz. Los árboles bien colocados dan mucho menos trabajo del que la gente supone; los mal colocados, muchísimo más.


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