Un árbol que engorda 70 u 80 centímetros al año cubre una terraza en seis o siete veranos. Uno que crece 15 centímetros necesita treinta años para lo mismo. Esa diferencia es la que empuja a tanta gente a preguntar por especies de crecimiento rápido cuando estrena jardín, y es una pregunta razonable: la sombra es el servicio más caro de conseguir en un jardín nuevo y el único que no se puede comprar hecho a un precio sensato.

Ahora bien, la rapidez tiene un precio biológico que conviene conocer antes de plantar. La madera que se forma deprisa es menos densa, con vasos más anchos y fibras más cortas; es decir, madera más quebradiza. Los árboles que suben rápido suelen vivir menos, ramifican con horquillas de ángulo cerrado que se desgarran con el viento y, en muchos casos, tienen raíces igual de expansivas que su copa. No es motivo para descartarlos, sino para elegir bien y ubicarlos donde una rama caída no sea un problema.

Qué se considera crecimiento rápido en un árbol

En arboricultura se maneja una escala aproximada por incremento anual de altura en los primeros diez o quince años de vida, que es cuando el árbol invierte casi todo en alargarse:

Crecimiento lento: menos de 30 cm al año. Encina (Quercus ilex), tejo (Taxus baccata), arce japonés (Acer palmatum).
Crecimiento medio: entre 30 y 60 cm al año. Almez (Celtis australis), castaño de Indias (Aesculus hippocastanum), fresno de hoja estrecha (Fraxinus angustifolia).
Crecimiento rápido: más de 60 cm al año, y en algunos casos por encima de 1,5 m. Chopo (Populus spp.), paulonia (Paulownia tomentosa), tipuana (Tipuana tipu), aligustre arbóreo (Ligustrum lucidum).

Estas cifras se cumplen con suelo profundo, riego suficiente y sin competencia. Un árbol de crecimiento rápido plantado en un hoyo de 40 centímetros excavado en tierra compactada crece igual de despacio que cualquier otro. La velocidad la pone tanto el suelo como la especie, y ahí es donde se pierden la mayoría de los años que se pretendía ganar.

Acer pseudoplatanus, el arce que sí da sombra

Copa y hojas de Acer pseudoplatanus, el arce blanco o falso plátano

El arce blanco o falso plátano es probablemente la mejor opción de crecimiento rápido para la mitad norte peninsular y para la montaña media del interior. Alcanza entre 20 y 30 metros, con una copa ancha y densa que en verano deja pasar muy poca luz, y crece con soltura entre 40 y 70 centímetros al año mientras es joven.

Es un árbol de clima atlántico y de montaña: aguanta muy bien el frío, incluso por debajo de -20 ºC, y tolera suelos calizos y viento, incluida la brisa marina del Cantábrico. Lo que no soporta es el calor seco prolongado. En Sevilla, Murcia o Zaragoza sufre quemaduras marginales en las hojas desde julio y acaba defoliando en agosto, lo que echa por tierra la sombra justo cuando hace falta. De Madrid hacia el sur, salvo en zonas de sierra, no es la elección adecuada.

Otro detalle que sorprende a quien lo planta en jardín pequeño: se resiembra con muchísima facilidad. Sus sámaras aladas germinan en cualquier arriate, y a los dos años tienes decenas de plantones que hay que arrancar. Conviene saberlo antes.

Acer palmatum: la corrección obligada

El arce japonés aparece constantemente en listas de árboles de sombra y merece una aclaración honesta: ni es de crecimiento rápido ni es un árbol de sombra. Crece entre 15 y 25 centímetros al año, tarda quince años en llegar a cuatro o cinco metros y su copa, aunque muy vistosa, es abierta y filtra la luz en lugar de bloquearla.

Es una planta magnífica, pero para otro papel: color de otoño, escala pequeña, primer plano junto a un banco o una entrada. Y en España es exigente. Necesita suelo ácido o al menos neutro, sufre clorosis férrica en cuanto el pH pasa de 7, no tolera el agua caliza de riego y quema las hojas con sol de tarde y aire seco. Fuera de la cornisa cantábrica, Galicia y zonas de montaña húmeda, casi siempre acaba siendo una planta de maceta con sustrato ácido y agua tratada.

Si buscas sombra rápida y alguien te ofrece un Acer palmatum, te está vendiendo otra cosa.

Aesculus hippocastanum, sombra densa con una advertencia

El castaño de Indias tiene una de las copas más opacas que se pueden plantar: hojas palmeadas enormes, de cinco a siete folíolos, dispuestas de forma que apenas dejan huecos. Llega a 25 metros y crece de forma media a rápida, unos 40 a 60 centímetros anuales, con un buen empujón en los primeros años. Florece en abril y mayo en panículas blancas erguidas muy espectaculares.

La advertencia es entomológica y actual. Desde finales de los noventa, el minador del castaño de Indias (Cameraria ohridella) se ha extendido por toda Europa y está bien instalado en España. Es una polilla diminuta cuyas larvas minan el interior de la hoja; a partir de julio la copa se vuelve marrón y el árbol defolia en agosto, año tras año. No suele matarlo, pero lo debilita y, sobre todo, elimina la sombra en el mes que más se necesita.

La medida más eficaz al alcance de un particular es sencilla y poco conocida: recoger y retirar toda la hojarasca en otoño, porque las pupas invernan en las hojas caídas bajo el árbol. Compostarla en un montón bien caliente o llevarla al punto limpio rompe buena parte del ciclo. Si tienes libertad de elección, el castaño de flor roja (Aesculus × carnea) es bastante menos atacado, aunque crece algo más despacio y no llega a tanta altura.

Grevillea robusta, la opción para el litoral cálido

Hojas finamente divididas de Grevillea robusta, el roble sedoso australiano

El roble sedoso australiano es uno de los árboles más veloces que se pueden plantar en la costa mediterránea y en Canarias: por encima de un metro al año en condiciones favorables, con porte piramidal y hojas muy divididas, de aspecto casi de helecho, verde oscuro por el haz y plateadas por el envés. Florece en primavera en racimos anaranjados muy llamativos.

Sus condiciones son claras. Resiste heladas ligeras, hasta unos -3 o -4 ºC en ejemplares adultos, pero no más; los ejemplares jóvenes se pierden con menos. Eso lo limita al litoral mediterráneo, el suroeste atlántico y las islas. Prefiere suelos sueltos, drenados y más bien ácidos: en terrenos calizos y compactos amarillea. Una vez enraizado tolera bastante bien la sequía estival, lo que en el sur es una ventaja considerable.

Como contrapartida, su sombra es más ligera que la del castaño de Indias y su madera, típica de crecimiento rápido, es sensible a los vendavales. Conviene hacer podas de formación tempranas para dejar un solo eje y eliminar horquillas de ángulo agudo antes de que engorden.

Ligustrum lucidum, rápido y perenne, con matices

El aligustre del Japón o aligustre arbóreo cumple lo que promete: crece entre 60 y 80 centímetros al año, forma en pocos años una copa redondeada y compacta de 8 a 12 metros, y al ser perenne mantiene la sombra los doce meses. Aguanta la caliza, la sequía una vez establecido, la contaminación urbana y heladas de hasta -10 ºC. Es, con diferencia, el árbol de sombra rápida más adaptable de esta lista para el clima peninsular.

Los matices son tres y hay que ponerlos sobre la mesa. Primero, su polen es muy alergénico: florece en junio y julio, y en ciudades donde se ha plantado masivamente ha desplazado el pico de polinosis hacia el verano. Si en casa hay alérgicos, piénsatelo. Segundo, produce una enorme cantidad de frutos negruzcos que manchan pavimentos, coches y terrazas durante meses. Tercero, esos frutos los dispersan los pájaros con mucha eficacia, y en varias zonas de clima templado y húmedo se comporta como invasora, colonizando riberas y bosques de galería.

Plantado sobre césped o tierra en un jardín, y lejos de espacios naturales, es un árbol excelente. Plantado junto a una piscina o sobre una zona de aparcamiento, te dará trabajo cada otoño.

Otras especies rápidas que merecen entrar en la lista

Catalpa bignonioides. Hojas acorazonadas grandes, sombra muy densa, copa ancha y baja, unos 10 o 12 metros de altura final. Crece rápido, florece en junio y encaja bien en jardines medianos de casi toda la Península. Tolera el calor y la caliza mejor de lo que se supone.

Morus alba. La morera, sobre todo en variedades sin fruto, es el árbol de sombra tradicional del patio mediterráneo por buenas razones: crece deprisa, aguanta la sequía y la poda severa, y su copa se puede conducir en emparrado sobre una terraza. Las variedades fructíferas manchan mucho.

Koelreuteria paniculata. El jabonero de China ronda los 8 o 10 metros, crece de forma media a rápida y tiene la ventaja de florecer en julio, cuando casi nada florece. Muy resistente al calor, a la sequía y a los suelos pobres.

Tipuana tipu. Para el litoral cálido y el sur, es un árbol de sombra formidable y de crecimiento muy rápido. Aviso: sus raíces son potentes y superficiales, y no debería plantarse a menos de seis o siete metros de una edificación o un pavimento.

Celtis australis. El almez no es de los más rápidos, pero es tan sólido y longevo, tan tolerante a la sequía y a los suelos difíciles, que compensa esperar. Si tienes tiempo, es una de las mejores decisiones posibles en clima mediterráneo continental.

Especies rápidas que conviene evitar

Ailanthus altissima, el ailanto o árbol del cielo, crece más de dos metros al año y es la respuesta equivocada. Está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, rebrota de raíz a varios metros del tronco, es prácticamente imposible de erradicar una vez instalado y su plantación está prohibida.

Chopos y sauces (Populus, Salix) son rapidísimos, pero tienen raíces buscadoras de agua que entran en alcantarillas y fosas sépticas, madera muy frágil y vida corta. Valen para una linde de finca amplia, no para un jardín con instalaciones enterradas.

Robinia pseudoacacia, la falsa acacia, es rápida y bonita en flor, pero rebrota de raíz con enorme insistencia y también figura entre las invasoras en España.

Eucalyptus es velocísimo, aunque su sombra es escasa, consume mucha agua, desprende ramas grandes sin aviso y acidifica el entorno del pie. Poco recomendable en jardín doméstico.

Perenne o caduco: la decisión que más se falla

Se tiende a pensar que un árbol perenne es mejor porque «da sombra todo el año». En clima español, para dar sombra a una casa, casi siempre es al revés. Un caduco plantado al sur o al oeste de la vivienda bloquea la radiación de julio, cuando el sol está alto y molesta, y en diciembre deja pasar la luz y el calor que sí quieres dentro. Es un sistema de climatización estacional gratuito, y con un caduco de copa ancha la diferencia de temperatura interior en verano es perfectamente perceptible.

El perenne tiene sentido para pantalla visual, para cortavientos o cuando se busca sombra sobre una zona que se usa también en invierno y no tiene fachada detrás. Para sombrear una casa, el caduco gana.

Cómo conseguir de verdad ese crecimiento

Planta en parada vegetativa. De noviembre a febrero, con el suelo no helado. En esos meses el árbol emite raíces sin tener que sostener hojas, y llega a su primer verano con el sistema radicular ya trabajando. Una plantación en abril pierde una temporada entera.

Prepara un hoyo ancho, no profundo. Lo eficaz es un metro de diámetro (o más) por 50 o 60 centímetros de fondo, descompactando el fondo y las paredes. Las raíces se expanden lateralmente en los primeros 50 centímetros de suelo, no hacia abajo. Un hoyo estrecho en terreno compacto se convierte en una maceta de tierra de la que la raíz no sale.

Deja el cuello a nivel. El punto donde el tronco ensancha para dar raíces debe quedar a ras de suelo, nunca enterrado. Enterrar el cuello es la causa silenciosa de más muertes de árboles jóvenes que cualquier plaga: pudre la base del tronco a lo largo de dos o tres años.

Riega poco a menudo y mucho cada vez. Dos riegos semanales abundantes en verano durante los tres primeros años, mejor que riegos diarios cortos. El riego frecuente y superficial crea un sistema radicular somero y dependiente; el riego espaciado y profundo obliga a la raíz a bajar y produce un árbol autónomo antes.

Acolcha el alcorque. Cinco a ocho centímetros de corteza, astilla o restos de poda triturados en un círculo de un metro, sin tocar el tronco. Reduce la evaporación, mantiene la temperatura del suelo y elimina la competencia del césped, que es feroz en los primeros años.

Tutor bajo y temporal. Se ata a un tercio de la altura, con material ancho y flexible, y se retira a los dos años. Un tutor alto y rígido impide que el tronco engorde: el balanceo es el estímulo que hace que el árbol fabrique madera de reacción. Los troncos que crecen inmovilizados se doblan en cuanto se les quita el palo.

Poda de formación temprana. En los primeros cinco años, elige un eje dominante y suprime las ramas codominantes con horquillas en «V» cerrada. En un árbol de crecimiento rápido es la diferencia entre una copa sólida a los veinte años y un desgarro en el primer temporal serio.

En resumen

Para la mitad norte y zonas de montaña, Acer pseudoplatanus y Aesculus hippocastanum dan la sombra más densa y rápida, con la salvedad del minador en el castaño de Indias. Para el litoral cálido y las islas, Grevillea robusta es imbatible en velocidad si no bajas de -3 ºC. Para casi cualquier punto de la Península en suelo calizo y clima duro, Ligustrum lucidum es el más adaptable, siempre que asumas su polen alergénico y su fruto manchón. Acer palmatum, pese a lo que se repite, no es ni rápido ni sombreador.

Deja fuera ailanto, robinia, chopos y sauces: la velocidad no compensa lo que cuesta después. Y recuerda que ningún árbol crece rápido en un hoyo pequeño y compacto. La preparación del suelo, la plantación invernal y el riego profundo y espaciado en los tres primeros veranos deciden más que la etiqueta del vivero.


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