Antes de plantar un árbol de pimienta conviene salir con la cinta métrica. Entre el tronco y el muro, la acera, la piscina o la arqueta más próxima debería haber seis metros como mínimo, y ocho si se puede. Esa distancia no es una recomendación de manual: es la diferencia entre disfrutar de un árbol magnífico durante cuarenta años y pagar una reforma de solería a los quince.
El Schinus molle, llamado en España falso pimentero, árbol de la pimienta o árbol del Perú, y molle, pirul o aguaribay en América, resuelve como pocos un jardín seco y soleado del sur peninsular. Sombra ligera, follaje colgante y aromático, resistencia a la sequía casi absoluta y racimos de frutos rosados en invierno. A cambio pide sitio, y pide que se entienda qué se está plantando.
Origen y porte
Es una Anacardiaceae, familia del mango, el anacardo, el pistacho y también de la hiedra venenosa americana. Ese parentesco, que parece un dato ocioso, tiene consecuencias prácticas que veremos más abajo.
Procede de los valles secos de los Andes: Perú, Bolivia, el norte de Chile y de Argentina. En su tierra crece en laderas pedregosas con lluvias escasas y estacionales, lo que explica bien su comportamiento aquí. Llegó a Europa en el siglo XVI y hoy está plenamente aclimatado en Andalucía, Levante, Canarias y Baleares, donde se ve como árbol de alineación, de plaza y de jardín particular.
Forma un árbol perennifolio de 5 a 15 metros, ocasionalmente más, con una copa ancha y ramas colgantes que le dan un aire de sauce mediterráneo. El tronco es lo más característico de los ejemplares viejos: corteza gruesa, fisurada, retorcida, que con los años adquiere un aspecto escultórico. Las hojas son compuestas, de 15 a 30 centímetros, con muchos foliolos estrechos, y al estrujarlas sueltan un olor resinoso y picante inconfundible, mezcla de trementina y pimienta.
Es dioico: hay árboles que nunca darán frutos
Detalle que sorprende a quien lo compra pensando en los racimos rosas. El Schinus molle tiene pies macho y pies hembra separados. Las flores, blanco-amarillentas y diminutas, se agrupan en panículas colgantes que abren entre finales de primavera y el verano, pero solo los ejemplares femeninos fructifican, y necesitan un macho a distancia razonable para que la polinización cuaje.
Si el objetivo es la cosecha de frutos rosas, hay que comprar un pie hembra ya identificado, normalmente de origen vegetativo. Si el objetivo es exactamente el contrario —evitar la lluvia de frutos que mancha el pavimento, resbala y siembra plántulas por todas partes—, entonces interesa un macho. En un vivero que multiplique por semilla nadie puede garantizar el sexo hasta que el árbol florece, cosa que tarda unos cuantos años.
Rusticidad y clima
Pide sol directo y abundante, sin discusión. A media sombra crece desmadejado y pierde el porte llorón que es su gracia.
En cuanto al frío, un ejemplar bien asentado soporta heladas puntuales de en torno a -7 u -8 °C sin daños graves, aunque puede perder brotes tiernos. Los plantones jóvenes son bastante más delicados: por debajo de -4 °C ya sufren quemaduras serias y a veces mueren hasta el cuello. Eso lo sitúa cómodamente en toda la franja mediterránea, el valle del Guadalquivir, Extremadura, las islas y las zonas templadas del interior con inviernos suaves. En la meseta norte, en zonas de montaña o allí donde son normales los -10 °C, no es árbol para plantar en el suelo.
La sequía, en cambio, le da igual. Aguanta veranos de 40 °C, viento seco, ambiente costero salino y suelos que a otros árboles los matarían.
Suelo y riego
Es de una tolerancia notable: le valen suelos pobres, pedregosos, calizos, arenosos y con pH alto, y soporta cierta salinidad, lo que lo hace útil cerca del mar. La única condición innegociable es el drenaje. En arcillas compactadas donde el agua se queda parada tras las lluvias, la raíz se asfixia y aparecen podredumbres.
El riego funciona así: abundante y regular el primer año, para que la raíz baje; espaciado el segundo y el tercero; y a partir de ahí, prácticamente ninguno. Un falso pimentero adulto en Sevilla o en Murcia pasa el verano sin una gota de riego. De hecho, el fallo más común con esta especie es tratarla como una planta de jardín inglés: riego frecuente, césped a los pies con aspersores diarios, y el resultado es clorosis, crecimiento blando, ramas que se quiebran y raíces superficiales todavía más agresivas de lo que serían de por sí.
El asunto de las raíces
Aquí está el motivo por el que muchos ayuntamientos han dejado de plantarlo en aceras estrechas. El sistema radicular combina una raíz pivotante inicial con un desarrollo lateral muy vigoroso y superficial, capaz de levantar baldosas, agrietar bordillos, colarse en juntas de tuberías viejas y desestabilizar muretes. Con riego frecuente en superficie el problema se agrava, porque el árbol no tiene ningún incentivo para profundizar.
La consecuencia práctica es sencilla: hay que darle espacio desde el primer día. Seis u ocho metros de separación respecto a construcciones, pavimentos, saneamiento y vasos de piscina. En un patio pequeño o en un alcorque de un metro, este árbol es una mala decisión por buena que sea la intención.
Y hay un segundo efecto colateral: el falso pimentero tiene un comportamiento alelopático apreciable. Los lixiviados de sus hojas inhiben la germinación y el desarrollo de muchas herbáceas, así que el césped bajo su copa siempre irá mal. En lugar de pelearse con eso, lo razonable es plantar debajo especies tolerantes de secano —lavandas, romeros, teucrium, gauras— o resolverlo con grava y mulching.
Plantación, poda y mantenimiento
Se planta en otoño en el sur y el litoral, aprovechando las lluvias, o a comienzos de primavera en zonas con inviernos más fríos. Conviene hacerlo con planta joven de contenedor: los ejemplares grandes se trasplantan mal por culpa de la raíz pivotante y tardan años en arrancar, si es que arrancan.
La poda merece cuidado. La madera es quebradiza y las horquillas cerradas, con dos ramas principales que salen del mismo punto en ángulo agudo, se desgajan tarde o temprano con viento fuerte o con el peso de la fructificación. Por eso la poda que de verdad importa es la de formación, en los primeros años: seleccionar una guía dominante, eliminar codominancias y ramas mal insertadas, y levantar la cruz a la altura de paso que necesite el sitio.
Pasada esa etapa, cuanto menos se toque, mejor. Se interviene a finales de invierno, con cortes limpios, para retirar madera seca, ramas cruzadas y chupones. Las podas drásticas de rebaje arruinan el porte colgante, provocan un rebrote desordenado de ramas mal ancladas y abren heridas grandes en una especie que no compartimenta especialmente bien.
Del mantenimiento anual hay que contar con una realidad: ensucia. Suelta hoja durante todo el año, y los pies hembra dejan una alfombra de frutos que mancha el suelo claro y resbala. Es el peaje de tenerlo cerca de un paso.
La pimienta rosa no es pimienta
Los frutos son drupas globosas de 5 a 7 milímetros, de un rosa coral vivo, con una cáscara papirácea y frágil que envuelve una semilla dura. Persisten en el árbol buena parte del invierno y son su mejor momento ornamental.
Se venden como pimienta rosa, y aquí toca deshacer una confusión extendida: no tienen ningún parentesco con la pimienta negra (Piper nigrum), que es una Piperaceae trepadora tropical de otro orden botánico. El sabor tampoco es el mismo: la pimienta rosa es dulzona, resinosa y aromática, con un picor leve y fugaz, y no contiene piperina. Históricamente se ha usado para adulterar la pimienta negra, precisamente por su parecido superficial.
Sobre su consumo, prudencia. Al ser una anacardiácea, contiene compuestos fenólicos emparentados con los del anacardo y el mango, y en cantidades altas puede resultar irritante para el aparato digestivo. Las personas alérgicas a frutos secos, mango o anacardo pueden presentar reacción cruzada. Como toque aromático en cocina, en pequeñas cantidades y en fruto entero, se usa sin más problema; como remedio casero ingerido en cantidad, no.
La misma familia explica otra precaución de jardín: la savia y el látex de las ramas provocan dermatitis de contacto en personas sensibles. Guantes al podar y evitar frotarse los ojos.
Multiplicación
Por semilla es lo más sencillo. Se recogen los frutos maduros, se frotan para retirar la cáscara rosa y la pulpa resinosa —que contiene inhibidores de la germinación—, se dejan en remojo 24 horas y se siembran en primavera en sustrato arenoso, apenas cubiertas. Con 20-25 °C germinan de forma irregular a lo largo de tres o cuatro semanas. En zonas donde ya hay ejemplares adultos, lo normal es encontrar plántulas espontáneas al pie: los pájaros comen el fruto y lo dispersan por todo el barrio.
También se puede multiplicar por esqueje semileñoso a finales de verano, con hormona y calor de fondo, aunque el enraizamiento es menos fiable. Es la vía a la que se recurre cuando se quiere asegurar el sexo del pie.
Plagas, problemas y comportamiento invasor
Es un árbol sano y poco problemático. Lo que aparece con más frecuencia son cochinillas, algodonosas y de escudo, sobre ramillas y envés de hoja, que se tratan con aceite de parafina en invierno o con jabón potásico en primavera. También puede verse decaimiento y clorosis en suelos encharcados, casi siempre por exceso de riego más que por carencia nutricional.
El asunto que sí conviene tener presente es su capacidad de naturalizarse. En climas mediterráneos de todo el mundo —Sudáfrica, California, Australia— el Schinus molle se ha comportado como invasor, escapando de los jardines y colonizando ramblas, cunetas y terrenos degradados gracias a la dispersión por aves. En España se encuentra asilvestrado en el sur y el sureste. Plantarlo en un jardín urbano no plantea mayor problema; hacerlo en una parcela lindante con monte, rambla o espacio natural sí merece pensárselo, y en cualquier caso conviene arrancar las plántulas espontáneas cuando aparecen.
No confundir con el pimentero brasileño
Se comercializa a menudo con los mismos nombres el Schinus terebinthifolius, o turbinto, otra especie del mismo género. Se distinguen de un vistazo: el brasileño tiene pocos foliolos, anchos y de un verde oscuro brillante, con el raquis alado, y su porte es redondeado y compacto, sin ramas colgantes. Además exige más agua y es algo menos resistente al frío. Los dos dan frutos rosas comestibles con las mismas precauciones, pero para un jardín de secano andaluz o levantino el que interesa es el molle.
En resumen
El Schinus molle es un árbol perennifolio de porte llorón, follaje aromático y frutos rosados invernales, perfectamente adaptado al clima seco y caluroso del sur y el este peninsular, de las islas y de cualquier jardín donde el agua sea un bien escaso. Quiere sol pleno, suelo drenante y muy poco riego una vez instalado, tolera calizas, salinidad y viento, y crece deprisa.
Sus tres condicionantes son el espacio, el frío y la limpieza. Raíces agresivas que exigen seis u ocho metros de separación respecto a pavimentos y construcciones; un límite de resistencia en torno a -7 u -8 °C para el ejemplar adulto que lo descarta en el interior frío; y una caída constante de hoja y fruto que no lo hace recomendable junto a un paso o una piscina.
Es dioico, así que solo los pies hembra fructifican. Sus frutos, la llamada pimienta rosa, no son pimienta: se usan en cocina en pequeñas cantidades y hay que evitarlos en personas con alergia a frutos secos o mango. Y como buena anacardiácea, se poda con guantes.