Las semillas de neem germinan bien durante las dos o tres semanas siguientes a su recolección. Pasado ese plazo el poder germinativo se desploma, y a los dos o tres meses ya casi no nace nada. Ese detalle explica buena parte de los fracasos de quienes compran un sobre de semillas por internet, lo siembran con todo el cuidado del mundo y no ven salir ni una plántula. No hicieron nada mal: la semilla ya estaba muerta cuando llegó al buzón.
El árbol de neem (Azadirachta indica) arrastra una fama enorme, en parte merecida y en parte inflada. Es un árbol de crecimiento rápido, de sombra densa, capaz de vivir en suelos pobres y con muy poca agua, y del que se extrae el principio activo insecticida más usado en agricultura ecológica. También es un árbol tropical que en el grueso del territorio español se muere el primer invierno si se planta en el suelo. Conviene tener las dos cosas claras antes de comprar uno.
Qué es exactamente el neem
El neem pertenece a las Meliaceae, la misma familia que las caobas. Es originario del subcontinente indio y de Birmania, de bosques secos tropicales con estación seca marcada, y desde ahí se ha extendido a media África, al sudeste asiático, a Centroamérica y a buena parte del cinturón tropical del planeta, a menudo plantado como árbol de sombra en caminos y patios.
Alcanza entre 15 y 20 metros de altura, con tronco corto y una copa redondeada y muy densa que puede llegar a los 10 metros de diámetro. Las hojas son compuestas, imparipinnadas, de 20 a 40 centímetros, con una decena larga de foliolos curvados en forma de hoz y con el borde aserrado. Es un árbol perennifolio en la práctica, aunque en sequías severas o en episodios de frío tira la hoja y rebrota después.
Florece en panículas de flores blancas pequeñas y muy fragantes, con un aroma dulzón que recuerda vagamente al jazmín. El fruto es una drupa parecida a una aceituna pequeña, de 1 a 2 centímetros, verde primero y amarilla cuando madura, con pulpa dulce y una sola semilla dentro. Esa semilla es la pieza importante: casi toda la azadiractina del árbol se concentra en su almendra, no en las hojas.
El error más repetido: confundirlo con el cinamomo
En viveros y mercadillos españoles circulan como "neem" ejemplares que en realidad son Melia azedarach, el cinamomo o melia, también llamado árbol del paraíso o agriaz. Son primos hermanos —las dos especies están en las Meliaceae— y de joven la hoja se les parece bastante, así que la confusión es fácil de propagar y difícil de deshacer.
Distinguirlos, sin embargo, no tiene misterio:
El cinamomo es caducifolio y en invierno se queda completamente desnudo; el neem conserva la hoja. El cinamomo florece en lilas o malvas, en ramilletes muy vistosos de primavera; el neem florece en blanco. El fruto del cinamomo es una bola amarilla del tamaño de un garbanzo grande que persiste en el árbol todo el invierno; el del neem es verde-amarillo, carnoso y desaparece en verano. Y sobre todo: el cinamomo aguanta heladas de varios grados bajo cero y por eso se ve plantado en calles de Madrid, Zaragoza o Valladolid. Si un supuesto neem lleva años pasando inviernos en el interior peninsular, no es neem.
La diferencia importa más allá de la botánica. Los frutos del cinamomo son tóxicos por ingestión para personas, perros y cerdos, y en niños pequeños unas pocas bolas pueden causar un cuadro serio. Además, sus extractos no contienen azadiractina en cantidades comparables, así que quien pretenda preparar tratamientos con hoja de melia creyendo que es neem se llevará un chasco.
Dónde puede vivir en España
Esta es la pregunta que decide todo lo demás. El neem vegeta a gusto entre 21 y 32 °C, tolera sin inmutarse veranos de 45 °C y es un árbol francamente resistente a la sequía atmosférica. Lo que no soporta es el frío. Por debajo de 4 °C sostenidos empieza a defoliar y una helada, aunque sea de esas de -1 °C y media hora de madrugada, le quema el brote tierno. Heladas repetidas o un -3 °C matan al ejemplar joven sin remedio.
En términos prácticos, en el suelo y sin protección solo tiene sentido plantarlo en las islas Canarias, donde de hecho se cultiva sin problema, y en microclimas litorales muy concretos y libres de heladas del sur y sureste peninsular: la costa de Málaga y Granada, algún punto resguardado de Almería o Murcia. En Valencia, Alicante o Baleares es una apuesta arriesgada que depende del invierno que toque y de la protección del muro más cercano. En el resto del país, maceta.
Tampoco tolera la sombra. Necesita sol directo todo el día desde el primer año; a media sombra crece estirado, ralo y con entrenudos largos.
Suelo, plantación y riego
El neem prefiere suelos sueltos, arenosos o franco-arenosos, y profundos, porque su raíz principal baja mucho en busca de agua. Se conforma con terrenos pobres, pedregosos y con pH entre 6 y 7, aunque aguanta bien calizas de hasta 8 y cierta salinidad. Lo que no perdona en absoluto es el encharcamiento: en arcillas compactadas que retienen agua tras las lluvias, la raíz se pudre. Si el suelo es pesado, hay que plantarlo sobre un caballón elevado o directamente descartar la idea.
El momento de plantar o trasplantar es la primavera, con el suelo ya templado y todo el verano por delante para que enraíce. En zonas cálidas también funciona a principios de otoño. Nunca en invierno.
El riego cambia radicalmente con la edad. Durante los dos primeros años hay que regar con regularidad, cada tres o cuatro días en verano, porque el sistema radicular todavía es corto y el árbol crece a un ritmo de hasta metro y medio o dos metros al año, que exige agua. A partir del tercer o cuarto año, con la raíz ya instalada, un neem adulto sobrevive con lluvias de 400 a 600 mm anuales y se riega poco o nada. El error habitual va justo en el sentido contrario del que se espera: no se mueren de sed, se mueren de riego generoso en suelo que drena mal.
Abonado
Es un árbol de necesidades modestas. En el suelo, un aporte anual de estiércol bien compostado o compost a finales de invierno, extendido bajo la proyección de la copa, cubre de sobra sus exigencias. En maceta sí conviene un abono líquido equilibrado cada quince días de abril a septiembre, y suspenderlo por completo en otoño e invierno: forzar crecimiento cuando el árbol va a pasar frío es la manera más rápida de que llegue a la primavera con brotes tiernos quemados.
Multiplicación
Por semilla es lo habitual, con la advertencia del principio: hay que sembrar fresco. Lo ideal es recolectar el fruto maduro amarillo, despulparlo a mano bajo el grifo el mismo día —la pulpa fermenta y estropea la semilla—, y sembrar en las semanas siguientes. Con sustrato arenoso, a un centímetro de profundidad, humedad constante y 25-30 °C, germina en una o dos semanas, y suele hacerlo en porcentajes altos. Sin calor de fondo la germinación es errática.
También se multiplica por esquejes semileñosos tomados a finales de primavera, con hormona de enraizamiento y calor de fondo, y por acodo aéreo. La opción más rápida y menos frustrante para un aficionado español, francamente, es comprar la planta ya hecha en un vivero especializado en tropicales.
El neem en maceta
Es el escenario realista para el jardinero peninsular. Funciona bien si se respetan tres cosas.
Contenedor grande y profundo. La raíz pivotante necesita fondo; una maceta ancha y baja lo aborta. Sustrato muy drenante, tipo turba o fibra de coco con un 40 % de arena gruesa o perlita, y agujeros generosos.
Máxima luz. Fuera desde abril hasta que llegue el frío, a pleno sol. Dentro de casa en invierno, junto a la ventana más luminosa que haya, y a más de un metro del radiador: el aire seco y caliente de la calefacción le provoca defoliación y ataques de araña roja.
Invernada por encima de 10-12 °C y con el riego muy reducido, lo justo para que el cepellón no se seque del todo. En esos meses el árbol está parado y el agua sobrante solo sirve para pudrir raíces. Es normal que pierda parte de la hoja durante el invierno de interior; rebrota en abril.
El aceite de neem: qué hace y qué no
El uso que ha hecho famoso al árbol es el aceite prensado en frío de la semilla, cuyo principio activo principal es la azadiractina, un limonoide aprobado como sustancia activa en la Unión Europea y presente en productos fitosanitarios registrados, incluidos varios de uso en jardinería doméstica.
Lo que sí hace: actúa como antialimentario (el insecto deja de comer), como repelente de puesta y, sobre todo, como regulador del crecimiento, interfiriendo en la muda de las ninfas. Es eficaz contra pulgón, mosca blanca, trips, minadores y orugas jóvenes, y tiene cierta acción sobre ácaros.
Lo que no hace: matar de golpe. Quien lo pulveriza esperando ver los pulgones caer en diez minutos concluye que no funciona y lo tira. Los efectos tardan días en verse, y hacen falta dos o tres aplicaciones separadas siete o diez días para cortar el ciclo de la plaga. Contra adultos ya formados apenas sirve.
Sobre el modo de emplearlo, tres puntos que arreglan la mayoría de los problemas. Primero, el aceite no se mezcla con agua fría: por debajo de unos 15 °C se solidifica, así que se disuelve en agua tibia y con jabón potásico como emulsionante (unos 3-5 ml de aceite y 2-3 ml de jabón por litro), y se agita durante toda la aplicación. Segundo, se pulveriza al atardecer o a primera hora, nunca a pleno sol ni con más de 30 °C, porque el aceite sobre la hoja al sol produce quemaduras; además la azadiractina se degrada rápido con la radiación ultravioleta, y aplicarla de noche le da unas horas de vida útil extra. Tercero, se prepara y se gasta en el momento: el caldo no se guarda de un día para otro.
Y una advertencia que se pasa por alto con demasiada frecuencia. Que sea de origen vegetal no lo convierte en inocuo: el aceite de neem es tóxico por contacto para las abejas mientras está húmedo y también para peces y organismos acuáticos. No se pulveriza sobre plantas en flor ni en horas de vuelo de polinizadores, ni cerca de estanques.
Usos tradicionales y precauciones
En la India el neem se usa desde hace siglos para casi todo: ramitas como cepillo de dientes, extractos de hoja en preparaciones dermatológicas, aceite en jabones y cosmética, torta de semilla como enmienda del suelo y nematicida. Buena parte de la investigación moderna se ha centrado en sus propiedades antisépticas, antifúngicas y antiinflamatorias, y el aceite se incorpora hoy a champús anticaspa y a productos contra piojos.
Ahora bien, el uso externo cosmético y la ingestión son dos cosas muy distintas. El aceite de neem tomado por vía oral es tóxico, y en lactantes y niños pequeños se han descrito cuadros neurológicos graves tras administrarlo como remedio casero. También se le atribuyen efectos sobre la fertilidad, por lo que se desaconseja en embarazo. Nada de esto es una recomendación de tratamiento: el árbol en el jardín es un árbol, y cualquier uso sobre el cuerpo debería pasar por un profesional sanitario y por productos formulados, no por una maceración casera de dudosa concentración.
Problemas frecuentes
Hojas amarillas y caída generalizada en otoño-invierno. Casi siempre es frío, no falta de abono. Si el árbol ha estado por debajo de 10 °C, la respuesta es moverlo a un sitio más cálido y esperar, no fertilizar.
Puntas secas y telarañas finas en el envés. Araña roja, típica del interior con calefacción. Se corrige subiendo la humedad ambiental y lavando el envés con agua a presión.
Crecimiento parado en maceta con riego abundante. Sustrato encharcado y raíz asfixiada. Hay que dejarlo secar, comprobar el drenaje y, si hace falta, cambiar el sustrato por otro más arenoso.
Plántulas que no salen. Semilla vieja. No hay tratamiento que resucite una semilla de neem de hace seis meses.
En resumen
Azadirachta indica es un árbol tropical de crecimiento rápido, hoja perenne y sombra densa, que aguanta calor extremo, suelos pobres y sequía prolongada, pero que no tolera las heladas. En España solo prospera al aire libre en Canarias y en microclimas litorales sin frío; en el resto se cultiva en maceta grande, a pleno sol en verano y con invernada luminosa por encima de 10-12 °C.
Quiere suelo profundo y bien drenado, riego regular los dos primeros años y prácticamente ninguno después, y un abonado orgánico anual que basta y sobra. Se siembra con semilla recién recolectada, porque pierde la viabilidad en semanas.
Su producto estrella, el aceite de las semillas, es un buen aliado contra plagas de cuerpo blando siempre que se use como lo que es: un antialimentario y regulador del crecimiento de acción lenta, aplicado al atardecer, emulsionado con jabón potásico y nunca sobre flores abiertas. Y antes de comprar, conviene mirar la hoja, la flor y el fruto: si es caducifolio y florece en lila, lo que hay delante es un cinamomo.