El roble que hoy se ve junto a la Casa de Juntas de Gernika se plantó en febrero de 2005. No es milenario, ni centenario siquiera: es un árbol joven. Y esto, lejos de restarle importancia, explica bien lo que es el Árbol de Guernica, el Gernikako Arbola en euskera: no un ejemplar concreto, sino una sucesión de robles plantados en el mismo sitio durante siglos, cada uno criado a partir de la bellota del anterior.
Ese matiz se pierde casi siempre en las postales. Merece la pena recuperarlo, porque el árbol es a la vez un símbolo político de primer orden y un Quercus robur con las mismas exigencias de suelo, agua y luz que cualquier otro roble del Cantábrico.
Qué especie es
El Árbol de Guernica es un Quercus robur, el roble común, también llamado carballo en Galicia, roble pedunculado en la literatura forestal y haritz en euskera. Pertenece a la familia Fagaceae, la misma que las hayas y los castaños.
Es un árbol caducifolio de gran talla, capaz de superar los 30 o 35 metros y de vivir varios siglos: quinientos años es una edad perfectamente alcanzable, y hay ejemplares documentados que van más allá. Copa amplia y muy ramificada, tronco robusto, corteza que pasa de lisa y grisácea en la juventud a profundamente agrietada en la madurez.
Cómo distinguirlo. La confusión habitual es con el Quercus petraea, el roble albar, que convive con él en la cornisa cantábrica. La regla es sencilla y funciona al revés de lo que parece:
En el Quercus robur, las hojas tienen el pecíolo cortísimo, casi nulo, y la base del limbo forma dos orejuelas que abrazan la ramilla; las bellotas, en cambio, cuelgan de un pedúnculo largo, de varios centímetros. En el Quercus petraea pasa justo lo contrario: hoja con pecíolo evidente y sin orejuelas, y bellotas sentadas directamente sobre la rama. Hojas cortas y bellotas largas, robur; hojas largas y bellotas cortas, petraea.
Los dos hibridan con facilidad, así que en el monte real encontrará ejemplares intermedios que no encajan del todo en ninguna descripción. Es normal.
La historia: cuatro árboles, un mismo lugar
Bajo un roble situado en un alto de la villa de Gernika-Lumo, en Bizkaia, se reunían desde la Edad Media las Juntas Generales del Señorío de Vizcaya, y allí los Señores de Vizcaya —después los reyes de Castilla, y con ellos los de España— juraban respetar los fueros. Fernando el Católico lo hizo en 1476. La escena se repitió con distintos monarcas a lo largo de los siglos, y de ahí que el árbol pasara de ser un lugar de reunión a ser un símbolo de las libertades forales.
La cronología de los sucesivos ejemplares, tal como la mantiene la propia Casa de Juntas, es aproximadamente esta:
El Árbol Padre. El más antiguo del que se tiene noticia, plantado en torno al siglo XIV y con una vida estimada de unos cuatro siglos. Es el roble bajo el que se juraron los fueros en la Edad Media y en el Renacimiento.
El Árbol Viejo. Su sucesor, plantado en el siglo XVIII, vivió hasta mediados del XIX. Su tronco se conserva seco, protegido bajo un templete de columnas construido en los años veinte del siglo pasado, en los jardines de la Casa de Juntas. Es lo que muchos visitantes fotografían creyendo que están ante el árbol vivo.
El tercer árbol. Plantado hacia 1860, es el que atravesó el siglo XX y el que estaba en pie el 26 de abril de 1937, día del bombardeo de Gernika por la Legión Cóndor. Ni el roble ni la Casa de Juntas resultaron destruidos, mientras la villa quedaba arrasada. Sobre si aquello fue deliberado o casual se ha escrito mucho y no hay una respuesta cerrada; lo que sí es un hecho comprobable es que el árbol siguió en pie. Murió en 2004, afectado por una enfermedad fúngica, tras casi siglo y medio de vida.
El árbol actual. Plantado en febrero de 2005, procede de una bellota del anterior germinada en los años ochenta y criada en vivero foral hasta alcanzar tamaño suficiente. Es, por tanto, hijo directo del roble que sobrevivió al bombardeo.
Esta forma de continuidad —conservar el linaje genético del lugar en vez del individuo— es exactamente lo que se hace con otros árboles monumentales cuando envejecen, y es la lectura correcta del "árbol milenario de Gernika": milenaria es la costumbre, no el tronco.
Los retoños repartidos por el mundo
De las bellotas del árbol de Gernika han salido retoños plantados en numerosos lugares, sobre todo allí donde llegó emigración vasca. Hay ejemplares en Argentina, Chile, Uruguay, México, Estados Unidos y Filipinas, además de en distintos puntos de España.
El caso más conocido es el de Buenos Aires, donde un retoño acompaña al monumento a Juan de Garay, el vizcaíno fundador de la ciudad. Boise, en Idaho, capital de una de las comunidades vascas más numerosas de Estados Unidos, tiene otro. Cada uno de esos árboles es genéticamente un Quercus robur corriente; su valor es el de la procedencia.
Conviene decir que esos trasplantes no siempre funcionan. El Quercus robur es una especie de clima atlántico, y plantar un retoño en un lugar cálido y seco, o con veranos largos sin lluvia, condena al árbol a una vida corta y raquítica por mucho cuidado que se le ponga. El simbolismo no cambia la ecología de la especie.
Dónde crece bien el roble común en España
Si quiere plantar un Quercus robur, esto es lo primero que debe mirar, antes que el suelo o la variedad.
Su área natural en la Península es la franja atlántica: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra húmeda, valles pirenaicos y algunos enclaves del norte de Castilla y León y del Sistema Ibérico. Necesita precipitaciones abundantes y bien repartidas, del orden de 800 milímetros anuales o más, y sobre todo veranos que no sean secos ni excesivamente calurosos. Es una especie que sufre con la sequía estival prolongada.
Fuera de eso, en el interior peninsular o en el Mediterráneo, solo prospera en vaguadas frescas, riberas o suelos con freático alto, y aun así crecerá despacio y con riesgo alto de decaimiento. Para esos climas hay robles mucho más adecuados: Quercus faginea (quejigo), Quercus pyrenaica (melojo o rebollo) o directamente Quercus ilex (encina).
Suelo. Prefiere suelos profundos, frescos, sueltos y de reacción ácida a neutra. Tolera mal la caliza activa, donde aparece clorosis. Agradece la materia orgánica y no soporta la compactación: sus raíces necesitan aire.
Luz. Es una especie de luz, heliófila. De joven aguanta cierta sombra lateral, pero para formar un árbol bien conformado necesita cielo abierto por arriba.
Cómo obtener un roble a partir de bellota
Es una de las siembras más agradecidas que existen, con una condición que casi nadie respeta.
Recolección. Entre octubre y noviembre, del suelo o directamente del árbol. Descarte las que tengan agujeros de gorgojo. Una prueba rápida: sumérjalas en agua y tire las que floten, porque suelen estar vanas o carcomidas.
La condición. La bellota es una semilla recalcitrante: no soporta la desecación. Si la deja en un plato sobre la mesa una semana, pierde la viabilidad y ya no germinará. Debe sembrarse enseguida o conservarse en frío, entre 2 y 5 °C, dentro de una bolsa con algo de sustrato ligeramente húmedo, hasta la siembra.
Siembra. Lo más sencillo es sembrar en otoño, poco después de la recolección, tumbando la bellota horizontalmente a unos 3 o 4 centímetros de profundidad. Use contenedores altos, de tipo forestal, o macetas profundas de al menos 25-30 centímetros: el roble emite una raíz pivotante potente antes que nada, y un tiesto bajo la deforma para siempre.
Los primeros años. La plántula dedica la primera temporada casi entera a la raíz, así que no se alarme si en superficie apenas ve un tallito de veinte centímetros. Riegue para mantener el sustrato fresco sin encharcar, y proteja del sol más duro el primer verano. El trasplante definitivo conviene hacerlo joven, con uno o dos años, entre noviembre y febrero: cuanto más viejo, peor se recupera de un cambio de sitio.
Ritmo. De 30 a 50 centímetros al año en buenas condiciones, con años mejores y peores. Las primeras bellotas propias tardarán entre veinte y cuarenta años en aparecer. Este es un árbol que se planta para otros.
Problemas sanitarios del roble
Conocer lo que amenaza a un Quercus robur ayuda a entender por qué el tercer árbol de Gernika terminó muriendo, y por qué el actual está rodeado de una valla.
Oídio (Erysiphe alphitoides, antes Microsphaera alphitoides). Polvo blanco sobre las hojas nuevas, muy frecuente en brotes de verano y en plantas jóvenes de vivero. Debilita, pero rara vez mata a un árbol adulto.
Defoliadores. La lagarta o Lymantria dispar y la tortrix verde del roble (Tortrix viridana) pueden dejar un roblón sin una hoja en primavera. El árbol suele rebrotar en verano, aunque repetido varios años seguidos lo agota.
Podredumbres de raíz y hongos de pudrición. Aquí está el peligro real para un ejemplar viejo. Los suelos compactados por el paso de visitantes reducen la aireación radicular, el árbol se debilita y los hongos patógenos aprovechan. Por eso los árboles monumentales se protegen con vallado y se descompacta el suelo bajo su copa.
La "seca". Un decaimiento complejo en el que se combinan sequías, ataques de Phytophthora, insectos perforadores y suelos degradados. Afecta sobre todo a encinas y alcornoques, pero el roble no es inmune.
Agallas. Las bolitas leñosas que produce el cinípido Andricus kollari y otros himenópteros son llamativas pero prácticamente inofensivas. No hay que tratarlas.
Visitarlo
El árbol está en el recinto de la Casa de Juntas de Gernika-Lumo, en Bizkaia, junto al edificio de las Juntas Generales y a poca distancia del Museo de la Paz. En el mismo recinto se pueden ver los tres elementos que cuentan la historia completa: el tronco conservado del Árbol Viejo bajo su templete, el tocón del tercer árbol y el ejemplar vivo actual. Verlos juntos aclara de golpe lo que ninguna fotografía suelta explica.
En resumen
El Árbol de Guernica no es un árbol, sino una serie de Quercus robur plantados sucesivamente en el mismo punto de Gernika-Lumo, cada uno criado a partir de la bellota del anterior. El ejemplar que hoy está en pie se plantó en 2005 y desciende del que sobrevivió al bombardeo de 1937; de aquel se conserva el tocón, y del anterior, el tronco seco bajo un templete.
Como especie, el roble común pide clima atlántico, más de 800 milímetros de lluvia anual, suelo profundo, fresco y no calizo, y sol. Se multiplica sin dificultad por bellota siempre que se siembre recién recogida —no soporta secarse— y en contenedor profundo, porque lo primero que hace es una raíz pivotante. Crece despacio, tarda décadas en fructificar y puede vivir siglos: exactamente el tipo de árbol capaz de sostener un símbolo durante seiscientos años.