El alerce es una rareza dentro de las coníferas: pierde toda la hoja en invierno. Cuando en noviembre una ladera de montaña se pone amarillo dorado y a las pocas semanas queda un bosque de esqueletos grises entre pinos verdes, casi siempre son alerces. Esa combinación de acícula blanda, color otoñal espectacular y silueta invernal desnuda no la tiene ninguna otra conífera europea de porte grande.

Antes de entrar en cultivo conviene aclarar algo, porque el nombre alerce se usa en español para plantas que no tienen nada que ver entre sí y eso genera una confusión constante.

Acículas agrupadas en fascículos de Larix decidua, el alerce europeo

Tres árboles distintos con el mismo nombre

El alerce europeo propiamente dicho es Larix decidua, del género Larix, de la familia de las pináceas. Es el que se cultiva en Europa, el que da la madera de alerce y el protagonista de este artículo.

El alerce patagónico o lahuán es Fitzroya cupressoides, una cupresácea de los bosques templados de Chile y Argentina que no es pariente cercano del Larix ni pierde la hoja. A este es al que corresponden esas cifras de longevidad que circulan por internet: hay ejemplares datados con más de 3.000 años, lo que lo sitúa entre los árboles más viejos del planeta. Está en grave peligro por la tala histórica y hoy protegido.

Y el alerce africano o araar es Tetraclinis articulata, otra cupresácea, la del famoso thuya de Marruecos, presente de forma natural en España únicamente en la sierra de Cartagena, en Murcia.

Los tres se llaman alerce en algún sitio y los tres son cosas muy diferentes. Cuando leas una cifra espectacular de edad, comprueba de qué alerce se está hablando: los Larix son longevos, con ejemplares alpinos documentados por encima de los 700 años, pero no llegan a los milenios del Fitzroya.

Características del género Larix

Son coníferas caducifolias de porte medio a grande, entre 25 y 45 metros según especie y estación, con un tronco recto y una copa cónica y bastante abierta, de ramas horizontales y ramillas colgantes que le dan un aspecto ligero. Con la edad la copa se irregulariza y aparecen esas siluetas retorcidas tan características de los alerces viejos de alta montaña.

Las acículas son blandas, planas y flexibles, de 2 a 4 cm, y se disponen de dos maneras distintas en el mismo árbol: aisladas y en espiral sobre los brotes largos del año, y agrupadas en rosetas o fascículos de 20 a 40 acículas sobre los braquiblastos, unos brotes cortos y engrosados que se acumulan en las ramas viejas. Esa disposición en pinceles es inconfundible. Brotan en marzo o abril de un verde claro casi luminoso, se oscurecen en verano y en octubre y noviembre viran a un amarillo dorado intenso antes de caer.

Las piñas son pequeñas, de 2 a 5 cm, ovoides y erguidas sobre la rama, no colgantes. No se deshacen al madurar: liberan la semilla y permanecen en el árbol varios años, grisáceas y abiertas, lo que ayuda a identificarlo en invierno cuando no tiene ni una hoja.

El crecimiento es rápido en juventud, con incrementos de 50 a 80 cm anuales en buena estación. La corteza es gris pardo, y en los ejemplares viejos se vuelve muy gruesa, agrietada en placas y de un tono rojizo por dentro.

Las especies que importan

Larix decidua, alerce europeo. Nativo de los Alpes y los Cárpatos, con poblaciones dispersas en Polonia y los Sudetes. Es el clásico: la mejor madera, el porte más elegante y la resistencia al frío más contrastada. Su punto débil es el chancro del alerce, al que es sensible en climas atlánticos húmedos.

Larix kaempferi, alerce japonés. Antes llamado Larix leptolepis. Procede de Honshu y se distingue por sus ramillas rojizas y sus acículas algo más azuladas y anchas. Crece más deprisa que el europeo, tolera mejor el clima oceánico húmedo y es más resistente al chancro, aunque su madera es de calidad algo inferior. Es la especie más plantada en repoblación en la cornisa cantábrica y Galicia.

Larix x marschlinsii, alerce híbrido o de Dunkeld. Cruce entre los dos anteriores, surgido espontáneamente en Escocia a principios del siglo XX. Reúne el vigor de ambos padres, muestra el vigor híbrido típico y es notablemente más resistente al chancro que el europeo. En repoblación productiva europea es hoy una de las opciones preferidas.

Otras. Larix sibirica y Larix gmelinii son las especies siberianas; la segunda es, probablemente, el árbol más resistente al frío del mundo, capaz de sobrevivir en zonas de Yakutia donde se registran temperaturas inferiores a -60 °C sobre permafrost. Larix laricina es el tamarack norteamericano, y Larix occidentalis, el alerce occidental de las Rocosas, el de mayor porte del género.

Dónde se puede cultivar en España

Este es el filtro que hay que aplicar antes que ningún otro, porque el alerce no es un árbol adaptable.

Necesita frío invernal marcado, y no como tolerancia sino como necesidad: es un árbol de montaña y de latitudes altas, y en climas suaves no cumple bien sus ciclos ni entra en un reposo adecuado. Aguanta sin inmutarse los -30 o -40 °C, y precisamente por eso es la conífera que llega más al norte y más alto en Europa.

Necesita humedad estival y ausencia de sequía prolongada. Es su límite real en la Península. Un verano mediterráneo lo deja parado, con la acícula quemada y muy expuesto a plagas secundarias.

Y necesita luz plena. Es una especie pionera y extremadamente heliófila, de las que menos sombra toleran entre las coníferas europeas. No se puede plantar bajo dosel ni en el lado umbrío de una casa.

Con esas tres condiciones, en España el alerce tiene sitio en el Pirineo, la cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico en cotas altas, la montaña gallega y algunos enclaves del Sistema Central. En la meseta seca, en el Mediterráneo y en el sur no es una opción realista por mucho que se riegue: el problema no es solo el agua, es el calor y la falta de frío invernal.

Suelo, riego y abonado

Suelo. Quiere terrenos profundos, frescos, bien drenados y de reacción ácida a neutra. Tolera suelos pobres y pedregosos, típicos de morrena de montaña, siempre que sean permeables. Lo que no soporta es el encharcamiento ni la compactación; en suelos pesados y saturados aparecen podredumbres de raíz con rapidez. Los suelos muy calizos le provocan clorosis, aunque Larix decidua es algo más tolerante a la caliza que otras coníferas de montaña.

Riego. En su clima adecuado no lo necesita una vez arraigado. Durante los dos o tres primeros años hay que asegurar el agua en los meses secos, con riegos profundos, y acolchar el pie con corteza o astilla para conservar la humedad y frenar la hierba, que compite con fuerza con los plantones jóvenes.

Abonado. Innecesario en suelo forestal. En ejemplares ornamentales de suelo pobre, compost superficial al final del invierno. Los abonos nitrogenados fuertes solo producen crecimiento blando y más problemas fúngicos.

Poda

Mínima, como en casi todas las coníferas de eje dominante. Hay que respetar escrupulosamente la guía terminal: si se despunta, salen dos o tres guías competidoras y el árbol pierde para siempre el porte recto que es su principal virtud, tanto ornamental como maderable.

Se limita, por tanto, a eliminar ramas secas o rotas y, en plantaciones productivas, a la poda de calidad en los primeros metros del fuste para obtener madera sin nudos, realizada en dos o tres subidas. El momento es el invierno, en pleno reposo vegetativo, aprovechando además que es cuando el árbol está desnudo y se ve perfectamente la estructura.

Merece la pena mencionar que el alerce es uno de los árboles más apreciados en bonsái, precisamente por su acícula fina, su corteza que envejece pronto y ese ciclo estacional completo con brotación verde claro, dorado otoñal y silueta invernal. Ahí sí se pinza y se trabaja intensamente, pero es otra disciplina.

Plagas y enfermedades

El chancro del alerce, causado por el hongo Lachnellula willkommii, es su enfermedad más seria. Produce heridas deprimidas en tronco y ramas, con exudación de resina y unos diminutos apotecios en forma de copa con el interior anaranjado y el borde blanco. Estrangula la rama y provoca su muerte descendente. Es especialmente virulento en Larix decidua plantado en climas atlánticos húmedos y templados, es decir, fuera de las condiciones de montaña continental que le corresponden. La prevención es agronómica: procedencias adecuadas, estaciones bien elegidas, densidades no excesivas y eliminación de la madera afectada.

La defoliación por Meria laricis ataca sobre todo a plantas jóvenes y viveros en primaveras muy lluviosas: la acícula amarillea desde la base y cae prematuramente.

Entre los insectos, el pulgón lanígero del alerce (Adelges laricis) deja motas algodonosas blancas y deforma la acícula, con efecto más estético que sanitario. En zonas alpinas, la polilla del alerce (Zeiraphera griseana) protagoniza defoliaciones masivas cíclicas, de periodicidad casi regular cada ocho o nueve años, tras las cuales el bosque rebrota sin mayores consecuencias: es un fenómeno natural, no una catástrofe.

Usos

Su madera es la mejor razón de su cultivo. Es densa, resinosa, de duramen pardo rojizo y albura clara, con una durabilidad natural al exterior notablemente superior a la de los pinos, hasta el punto de poder usarse sin tratamiento químico en muchas aplicaciones. Se emplea en revestimientos y fachadas ventiladas, cubiertas, ventanas, terrazas, mobiliario de exterior, construcción tradicional alpina, barcos y postes. También ha sido históricamente fuente de la trementina de Venecia, y las estacas de alerce se usaron, junto con las de aliso y roble, en las cimentaciones sumergidas de Venecia, donde la ausencia de oxígeno conserva la madera indefinidamente.

En silvicultura de montaña es una especie pionera de primer orden: coloniza rápido claros, avalanchas y terrenos removidos, y su copa ligera deja pasar mucha luz al suelo, lo que permite la instalación de pastos y de regenerado de otras especies debajo. Los lariceti alpinos, bosques abiertos de alerce con pasto, son un ejemplo clásico de aprovechamiento mixto silvopastoral.

Como ornamental tiene todo el sentido en jardines de montaña, parques amplios y fincas de clima frío, donde su ciclo estacional da tres momentos distintos a lo largo del año. Existen cultivares de porte llorón, como Pendula, y formas compactas que resuelven espacios menores.

Multiplicación

Por semilla. Se recogen las piñas maduras en otoño, se secan en un sitio cálido y ventilado hasta que abren y se separa la semilla alada. Conviene una estratificación fría de tres a cuatro semanas a 3-5 °C para uniformar la germinación, aunque en algunas procedencias germina sin ella. Se siembra en primavera en sustrato ácido, arenoso y suelto, y las plántulas se mantienen a media sombra el primer verano.

El esqueje enraíza muy mal en este género, así que los cultivares ornamentales se propagan por injerto sobre patrón de semilla. Para el aficionado, la semilla es la vía práctica, y como el alerce crece deprisa en juventud, en tres o cuatro años ya se tiene un plantón de tamaño para llevar al sitio definitivo.

En resumen

El alerce es una conífera caducifolia de montaña, extremadamente resistente al frío, de crecimiento rápido y madera excepcionalmente duradera, con un valor ornamental que se reparte en tres estaciones: brotación verde luminoso, dorado otoñal y silueta desnuda con piñas persistentes en invierno.

Su cultivo es sencillo si el clima acompaña y prácticamente imposible si no lo hace. Necesita frío invernal real, veranos sin sequía prolongada, sol pleno y suelo profundo y drenado. En el Pirineo, la Cantábrica o la montaña gallega es una especie excelente; en la meseta seca o en el litoral mediterráneo, simplemente no es su sitio, y ningún cuidado compensa esa incompatibilidad de base.


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