Nueva Caledonia, una isla del Pacífico de apenas 18.500 km², concentra trece de las cerca de veinte especies de Araucaria que existen en el mundo, y las trece son endémicas suyas. El resto se reparte entre los Andes chileno-argentinos, el sur de Brasil, el este de Australia, Nueva Guinea y la diminuta isla de Norfolk. Esa geografía dispersa no es un dato de curiosidad: es la clave para entender por qué dos araucarias que en el vivero parecen primas hermanas pueden necesitar cuidados opuestos.
Un género que viene de muy atrás
Las araucarias son coníferas, pero no son pinos ni tienen parentesco cercano con ellos. Forman su propia familia, las Araucariáceas, junto a los géneros Agathis y Wollemia. El registro fósil del grupo se remonta al Jurásico, cuando estaba extendido por los dos hemisferios; hoy queda confinado casi por completo al sur, y lo que vemos son fragmentos supervivientes de un reparto de tierras muy anterior al que conocemos.
Rasgos comunes del género: porte arbóreo grande o muy grande, tronco recto y monopódico, y ramas dispuestas en verticilos, es decir, en anillos de ramas que salen todas a la misma altura y en horizontal. Cada verticilo corresponde aproximadamente a un año de crecimiento, de ahí el apodo popular de pino de pisos. Las hojas son coriáceas y muy duraderas, entre cinco y quince años según la especie, y suelen recubrir la ramita entera en espiral, no en dos filas como en abetos o tejos.
La reproducción tiene sus particularidades. Hay especies dioicas, con pies macho y pies hembra separados, como Araucaria araucana y Araucaria angustifolia, y especies monoicas, como Araucaria bidwillii o Araucaria heterophylla. La polinización es por viento. Los conos femeninos son globosos, tardan dos o tres años en madurar y no se abren como las piñas de un pino: se desmontan en el árbol y sueltan las escamas con la semilla dentro. Las semillas, además, son recalcitrantes, o sea que no toleran la desecación y hay que sembrarlas frescas; una araucaria no se guarda en un sobre de semillas durante meses.
Cómo se organizan las especies
El género se divide tradicionalmente en cuatro secciones, y esa división resulta muy práctica en jardinería porque agrupa especies con follaje, semilla y exigencias climáticas parecidas.
Sección Araucaria
Comprende las dos especies sudamericanas: Araucaria araucana y Araucaria angustifolia. Tienen hojas anchas, lanceoladas u ovadas, coriáceas y con la punta muy afilada; conos grandes; y semillas voluminosas y comestibles, con germinación hipogea, es decir, que los cotiledones quedan bajo tierra y funcionan como reserva. Son las más resistentes al frío del género y las únicas que tienen sentido plantar en el interior peninsular.
Araucaria araucana, el pehuén o pino chileno, es el emblema del grupo. Sus hojas triangulares de tres a cuatro centímetros, duras como escamas de reptil, cubren ramas y tronco de las plantas jóvenes y persisten más de diez años. Es dioica y tarda entre treinta y cuarenta años en producir conos, que pueden llevar doscientas semillas de tres o cuatro centímetros: los piñones que fueron la base alimentaria del pueblo pehuenche. Vive más de mil años. Aguanta -15 o -20 °C sin daño alguno, pero exige veranos frescos, humedad y suelo ácido y drenante. En España prospera en Galicia, la cornisa cantábrica, el Pirineo y las sierras del noroeste; en Madrid vegeta con dificultad y en el sur peninsular no aguanta la combinación de calor seco y sequía estival. Está catalogada en peligro por la UICN y figura en el Apéndice I de CITES.
Araucaria angustifolia, el pino de Paraná o pino de Brasil, es la otra sudamericana. De adulta desarrolla una copa aplanada, en forma de candelabro o de paraguas, que resulta inconfundible. Sus hojas son más estrechas y menos punzantes que las del pehuén. Los piñones, los pinhões, se siguen consumiendo en el sur de Brasil. Es bastante menos rústica: tolera del orden de -5 a -8 °C, así que en la Península encaja en zonas templadas de invierno suave. La especie está en peligro crítico en su área natural, reducida por la tala a una fracción mínima de su extensión original.
Sección Bunya
Una sola especie, Araucaria bidwillii, el bunya-bunya de Queensland. Copa acupulada, hojas lanceosas brillantes y, sobre todo, unos conos descomunales: hasta 30-35 centímetros y diez kilos de peso, cargados de semillas grandes y comestibles. Ese detalle tiene consecuencias prácticas serias. Un cono de bunya cae desde veinte metros sin previo aviso, y por eso no debe plantarse junto a aparcamientos, zonas de paso, terrazas o áreas de juego. En parques públicos españoles donde hay ejemplares adultos se acordona el perímetro en verano. Resiste hasta -5 °C aproximadamente y se ve en jardines históricos del litoral y de Canarias.
Sección Intermedia
También monoespecífica: Araucaria hunsteinii, el klinki de Nueva Guinea, uno de los árboles más altos de los trópicos, con ejemplares que superan los 70 metros. Tiene interés forestal y botánico, pero es estrictamente tropical y no se cultiva en España.
Sección Eutacta
Aquí está el grueso del género: las trece neocaledonias más Araucaria heterophylla, Araucaria cunninghamii y alguna otra. Se reconocen por tener hojas pequeñas, aciculares o escamosas e imbricadas, conos menores y germinación epigea. Son especies de clima cálido sin heladas, y ninguna soporta un invierno continental.
Araucaria heterophylla, el pino de Norfolk, es la más plantada del mundo y la que se vende como planta de interior. Copa piramidal muy regular, ramas horizontales bien espaciadas, follaje juvenil blando y verde claro. Excelente tolerancia a la brisa marina y pésima al frío: por debajo de -2 o -3 °C empieza a quemarse.
Araucaria columnaris, el pino de Cook, tiene un porte columnar estrecho, con ramas cortas y densas pegadas al tronco. Se confunde a menudo con la anterior en los viveros. Curiosidad comprobada: sus troncos se inclinan de forma sistemática hacia el ecuador, más cuanto más lejos crecen de él.
Araucaria cunninghamii, el pino de Hoop australiano, se distingue porque el follaje se concentra en penachos al final de unas ramas por lo demás desnudas. Tolera algo más de frío que las anteriores, en torno a -4 °C.
Araucaria montana es una de las neocaledonias, propia de suelos ultramáficos ricos en níquel y con una silueta densa y compacta. Como buena parte de sus congéneres de la isla, es rara en cultivo y solo se ve en colecciones botánicas.
Ubicación y suelo
Todas las araucarias, sin excepción, quieren sol directo en cuanto pasan la primerísima juventud. Una araucaria a media sombra se estira, separa los pisos y pierde la regularidad que la hace bonita, y ese defecto no se corrige más adelante porque el árbol no rebrota para rellenar.
El suelo debe ser profundo, suelto y ácido o neutro, con pH entre 5,5 y 6,5. La caliza es su punto débil: en terrenos calizos y con aguas duras aparece clorosis férrica, con las acículas nuevas amarillentas y el crecimiento parado. Si vives en zona caliza y aun así quieres una, cuenta con aportes periódicos de quelato de hierro y materia orgánica acidificante, y asume que nunca irá tan bien como en un suelo ácido. El drenaje es igual de importante: en arcillas compactas que retienen agua en invierno acaban pudriéndose las raíces.
Y el espacio. Son árboles de 20, 30 o más metros, con raíces potentes y superficiales en los primeros metros. Deja al menos 8-10 metros libres respecto a fachadas, muros, piscinas y pavimentos. Muchos de los ejemplares que se acaban talando en jardines particulares no tenían ningún problema sanitario: simplemente estaban plantados donde no cabían.
Riego
Riego regular durante los dos o tres primeros años tras la plantación, que es cuando se juega la supervivencia del árbol. Después, un ejemplar establecido se maneja con riegos de apoyo en verano, más frecuentes en el sur y en suelos arenosos. Ninguna araucaria es planta de secano en clima mediterráneo, y ninguna tolera el encharcamiento; el término medio es dejar secar los primeros centímetros del suelo entre riegos y luego regar en profundidad, mejor poco frecuente y abundante que a diario y superficial.
En maceta el margen de error es menor. Un cepellón que se seca del todo hace caer las ramas del piso inferior de forma irreversible; uno permanentemente empapado provoca podredumbre radicular. Nunca dejes agua estancada en el plato.
Abonado
En el jardín basta un abono granulado de liberación lenta para coníferas o acidófilas a finales de invierno, esparcido en la proyección de la copa y regado a continuación, más una capa de acolchado orgánico que se renueva cada año. No conviene abusar del nitrógeno: da crecimientos blandos, entrenudos largos y una silueta desordenada.
En maceta, fertilizante líquido para plantas verdes a media dosis cada dos o tres semanas de abril a septiembre, y ninguno de octubre a marzo. Abonar en invierno una planta parada solo sirve para salinizar el sustrato.
Plagas y problemas
Al aire libre las araucarias son notablemente sanas. Los problemas serios llegan casi siempre por el suelo: Phytophthora y otros hongos de raíz en terrenos encharcados, que se manifiestan como un decaimiento general y amarilleo progresivo de abajo hacia arriba. Es un problema de prevención, no de tratamiento.
En maceta e interior, en cambio, dos plagas dominan. La cochinilla algodonosa se esconde en las axilas de las hojas, deja melaza y negrilla, y se combate con alcohol de 70° en focos pequeños o con jabón potásico y aceite de parafina si está extendida, repitiendo a los diez o quince días. La araña roja aparece con aire seco y calefacción: punteado amarillento y telarañas finísimas entre las acículas. Se previene subiendo la humedad ambiental.
Las puntas secas suelen delatar aire demasiado seco o riego con agua muy caliza, no falta de abono. Y las ramas bajas que amarillean y caen apuntan casi siempre a errores de riego o a falta de luz.
Plantación, trasplante y multiplicación
La mejor época para plantar es la primavera, entre marzo y mayo, cuando el suelo se ha templado y quedan meses por delante para enraizar. En el litoral de invierno suave también funciona bien el otoño temprano, aprovechando las lluvias.
Compra ejemplares pequeños. Las araucarias tienen raíz pivotante y pocas raíces finas, y se trasplantan mal de adultas: un árbol grande recién plantado pasa años parado, y no es raro que lo adelante otro mucho menor plantado a la vez. En maceta, trasplanta cada dos o tres años en primavera, subiendo un solo número de tiesto y usando un sustrato ácido, aireado, con un cuarto de perlita o arena gruesa.
Para multiplicar, la semilla fresca es lo más seguro: se siembra recién recogida, tumbada y semienterrada en sustrato arenoso húmedo, a 20-25 °C. Con los esquejes hay una regla que conviene conocer y que casi nunca se explica: solo sirven los tomados del brote terminal vertical. Un esqueje de rama lateral enraíza, pero conserva su carácter plagiótropo y crecerá tumbado toda su vida, sin formar tronco. Esa es la razón de que las araucarias comerciales sean prácticamente siempre de semilla.
Una última advertencia de manejo: no se podan. La araucaria no rebrota, así que cada rama cortada deja un hueco permanente, y si se pierde la guía terminal el árbol queda bifurcado. Limítate a retirar ramas secas o rotas.
Rusticidad de un vistazo
Aproximación orientativa para ejemplares establecidos y bien drenados; en maceta, y en plantas jóvenes, resta unos grados:
Araucaria araucana, hasta -15/-20 °C, pero necesita veranos frescos.
Araucaria angustifolia, en torno a -5/-8 °C.
Araucaria bidwillii, alrededor de -5 °C.
Araucaria cunninghamii, unos -4 °C.
Araucaria heterophylla y Araucaria columnaris, -2/-3 °C puntuales como mucho.
Traducido al mapa español: pehuén en el norte húmedo y la montaña, angustifolia y bidwillii en zonas templadas resguardadas, y heterophylla o columnaris solo en litoral mediterráneo, golfo de Cádiz y Canarias.
La araucaria como planta de interior
Cuando se habla de araucaria de interior se habla de una sola especie, Araucaria heterophylla. Intentarlo con Araucaria araucana es un fracaso garantizado: necesita frío invernal, sol pleno y aire libre, y dentro de casa se debilita en pocos meses. Es un error frecuente cuando alguien ve una foto del pehuén y busca una en el garden.
El pino de Norfolk en casa necesita cuatro cosas. Mucha luz, junto a una ventana clara y con algo de sol directo suave. Temperaturas moderadas, entre 10 y 20 °C, y distancia respecto a los radiadores, porque el aire seco de la calefacción es su peor enemigo. Riego cuando los tres centímetros superiores del sustrato estén secos, sin excesos y sin olvidos. Y humedad ambiental: pulverizaciones con agua de baja mineralización o un plato con grava húmeda bajo la maceta.
Se venden muchísimas en diciembre como árbol de Navidad vivo. Si es tu caso, no la adornes con luces que calienten, mantenla lejos de la chimenea y, pasadas las fiestas, devuélvela cuanto antes a su sitio junto a la ventana. En verano agradece salir a una terraza a sombra luminosa, siempre aclimatándola poco a poco: al sol directo de golpe se quema en dos días.
Para qué sirven, más allá del jardín
El uso ornamental es hoy el principal en Europa: ejemplares aislados en parques y jardines históricos, alineaciones en paseos marítimos y, en el caso del pino de Norfolk, planta de interior a escala industrial.
En su área de origen, sin embargo, han sido sobre todo árboles útiles. Los piñones de Araucaria araucana, Araucaria angustifolia y Araucaria bidwillii son alimento tradicional de los pueblos que conviven con ellas, y en el caso del pehuén sostuvieron durante siglos la economía de las comunidades pehuenches. Su madera, recta y de fibra larga, fue muy explotada para carpintería, y esa explotación es justamente la causa de que hoy varias especies del género estén amenazadas: Araucaria angustifolia ha perdido la práctica totalidad de su bosque original y Araucaria araucana está protegida en Chile y sujeta a comercio restringido.
Merece la pena tenerlo presente al comprar: una araucaria de jardinería procede de cultivo, pero el género entero es un superviviente con muy poco margen.
En resumen
Bajo el nombre de araucaria conviven especies con exigencias muy distintas, y acertar consiste sobre todo en elegir bien antes de plantar. Del lado sudamericano, Araucaria araucana para climas frescos y húmedos y Araucaria angustifolia para zonas templadas; del lado del Pacífico, Araucaria heterophylla y Araucaria columnaris solo donde no hiela, con la ventaja añadida de aguantar la sal marina; y Araucaria bidwillii únicamente donde sus conos de diez kilos no puedan caer sobre nadie. Todas piden sol, suelo ácido y bien drenado, riego regular sin encharcar, mucho espacio libre alrededor y ninguna poda. Cumplido eso, son árboles longevos, resistentes y prácticamente libres de mantenimiento; incumplido, no hay abono que lo arregle.