El género Albizia reúne más de un centenar de especies de árboles y arbustos de la familia de las leguminosas (Fabaceae, subfamilia Caesalpinioideae, clado mimosoide), repartidas por regiones tropicales y subtropicales de Asia, África, Australia y América. En España, cuando alguien dice "albizia" casi siempre se refiere a una sola: Albizia julibrissin, la acacia de Constantinopla o árbol de la seda, que lleva plantándose en parques y jardines peninsulares desde el siglo XVIII.

El nombre del género homenajea a Filippo degli Albizzi, el noble florentino que introdujo A. julibrissin en Europa hacia 1740 desde Constantinopla. De ahí viene el nombre común español, que es geográficamente engañoso: la especie es originaria de Irán, el Cáucaso, China, Corea y Japón, no de Turquía.

Albizia julibrissin en floración

Cómo reconocer una albizia

Tres rasgos la identifican sin margen de error. El primero es la hoja bipinnada, dividida en muchas pinnas y estas a su vez en decenas de foliolos diminutos, que da a la copa un aspecto plumoso y una sombra tamizada, no densa. El segundo es la nictinastia: los foliolos se pliegan al anochecer y con lluvia intensa, un movimiento provocado por cambios de turgencia en unas células motoras del pulvínulo. De ahí que en algunos sitios la llamen árbol dormilón.

El tercero es la flor. Lo que parece un pompón de hilos de seda rosados no son pétalos, sino estambres largos y numerosos; la corola verdadera es un tubo pequeño y verdoso que apenas se ve. Las flores se agrupan en capítulos que aparecen desde finales de junio hasta bien entrado septiembre, y son muy visitadas por abejas, mariposas y esfíngidos.

El fruto es una legumbre plana, papirácea, de 10-15 cm, que pardea en otoño y queda colgando del árbol todo el invierno, chascando con el viento. Es, a la vez, su mayor virtud ornamental invernal para unos y su mayor pega para otros, porque ensucia bastante.

La copa de A. julibrissin es aparasolada, mucho más ancha que alta, con ramificación en pisos casi horizontales. Un ejemplar adulto ronda los 6-10 m de altura por 8-12 m de diámetro. Es caducifolia, y una de las últimas en brotar: en el centro peninsular no despliega hoja hasta mayo, lo que asusta a muchos propietarios que la dan por muerta en abril.

Las especies que se ven en España

Albizia julibrissin es la única realmente cultivada a escala en la Península. Resiste heladas de hasta -15 °C una vez establecida, lo que la hace viable en Madrid, Zaragoza, Valladolid o Burgos, además de en todo el litoral. Su cultivar más extendido es 'Ombrella' (también vendido como 'Boubri'), seleccionado en Francia por su resistencia a la fusariosis y por un rosa más intenso. También circula 'Summer Chocolate', de follaje bronce-púrpura muy oscuro, algo menos vigoroso y más exigente en sol pleno para mantener el color, y 'Rosea', procedente de material coreano y algo más rústico al frío.

Albizia lebbeck, el árbol de la lluvia o lebbek, es tropical y subtropical, de flores blanco-verdosas fragantes y legumbres grandes y ruidosas. En España solo prospera en Canarias y, con suerte y microclima, en puntos muy protegidos del sur de la costa mediterránea: no aguanta por debajo de -2 o -3 °C.

Albizia niopoides, americana, de corteza clara y muy lisa, y Albizia schimperiana, africana de altura, son estrictamente de colección y solo se ven en jardines botánicos y en Canarias. La antigua Albizia lophantha, muy plantada en su día en el litoral, pertenece hoy al género Paraserianthes y en varias zonas costeras se comporta como invasora, así que no es recomendable.

Ubicación y suelo

La albizia quiere sol pleno, sin discusión. A media sombra florece poco y se estira buscando luz, con ramas largas y frágiles. Necesita además espacio lateral: plantarla a menos de cuatro metros de una fachada garantiza que en diez años estarás podando cada año, y la poda severa es precisamente lo que peor lleva.

Es tolerante en cuanto a suelo, incluidos los calizos, que es donde muchos otros árboles de flor fallan en España. Lo que no admite es el encharcamiento. En terrenos arcillosos y compactos conviene plantar sobre un pequeño caballón o mejorar un volumen amplio con arena gruesa y compost, nunca solo el hoyo de plantación (el clásico "efecto maceta" que embalsa el agua).

Al ser una leguminosa fija nitrógeno atmosférico mediante bacterias simbióticas en nódulos radiculares, de modo que se apaña bien en suelos pobres. Es también moderadamente tolerante a la salinidad, útil en jardines costeros.

Un aviso que rara vez se da: sus raíces son superficiales, extendidas y algo agresivas, y rebrota de raíz con facilidad si se dañan. Evita plantarla junto a pavimentos, piscinas o alcorques estrechos.

Riego

Los dos primeros años son los que deciden. Durante ese periodo, riegos abundantes pero espaciados: mejor 40-60 litros cada 7-10 días en verano que un poco cada día. El riego profundo obliga a la raíz a bajar y es lo que después permite prescindir del agua.

Una vez establecida, A. julibrissin es notablemente resistente a la sequía. En el interior peninsular sobrevive con dos o tres riegos de socorro en pleno verano, y en el litoral mediterráneo puede pasar años sin riego. Eso sí, con estrés hídrico fuerte florece menos y adelanta la caída de la hoja.

En invierno no se riega en absoluto: está sin hoja y el suelo frío y húmedo favorece los hongos de raíz.

Abonado

Aquí conviene desmontar un tópico. La albizia no necesita abonos nitrogenados, y aportárselos es contraproducente: al fijar su propio nitrógeno, un exceso produce brotación exuberante, madera blanda mal lignificada, más sensibilidad a la helada y menor floración.

Lo razonable es una aportación de compost o estiércol bien hecho, 3-5 cm de espesor en el alcorque, a finales del invierno, y nada más. Si el árbol se ve clorótico en suelo muy calizo, el problema suele ser hierro bloqueado por pH alto, no falta de fertilizante: se corrige con quelato de hierro EDDHA en marzo y abril.

Poda

La albizia se poda poco y se poda mal con frecuencia. Su madera es blanda y compartimenta mal las heridas, así que los cortes gruesos son puertas de entrada para pudriciones. La regla práctica: no cortes ramas de más de 5 cm de diámetro salvo que sea imprescindible.

La época correcta es el final del invierno, febrero o principios de marzo, antes de la brotación, que es tardía. El trabajo se limita a eliminar ramas secas, cruzadas o mal insertadas, y a formar durante los primeros años una estructura de tres o cuatro ramas principales bien repartidas, elevando la cruz hasta la altura de paso deseada. El desmochado o terciado, tan habitual en jardinería municipal, la deja con chupones débiles y acelera su decadencia.

Multiplicación

Por semilla es fácil y es el sistema habitual. Las semillas tienen una cubierta dura e impermeable, así que necesitan escarificación: lija suave o, más cómodo, remojo en agua a unos 80 °C dejando enfriar durante 24 horas. Las que se hinchen germinan; las que sigan duras, repite el proceso. Se siembran en primavera en macetas con sustrato arenoso, a 20-25 °C, y nacen en una o dos semanas. Los ejemplares de semilla florecen a los 4-6 años y no reproducen fielmente los cultivares.

Para conservar un cultivar como 'Summer Chocolate' u 'Ombrella' hay que recurrir al injerto de púa sobre patrón de semilla a finales del invierno, o a esquejes de raíz tomados en pleno reposo invernal: trozos de 8-10 cm de raíces de un centímetro de grosor, enterrados horizontalmente en arena y turba. El esqueje de tallo enraíza mal.

Legumbres maduras de albizia

Rusticidad y problemas frecuentes

A. julibrissin adulta resiste hasta -15 °C, aunque en inviernos duros pierde las ramas más finas y rebrota desde madera vieja. Los ejemplares jóvenes, sin embargo, son mucho más vulnerables: los tres primeros inviernos conviene acolchar la base con 10 cm de paja o corteza y, en zonas frías, proteger el tronco con tela antihelada.

Su enemigo serio es la fusariosis vascular (Fusarium oxysporum f. sp. perniciosum), un hongo de suelo que obstruye los vasos conductores. Los síntomas son inequívocos: amarilleo y marchitez repentina de una rama o de medio árbol en pleno verano, y al cortar una rama afectada se ve un anillo pardo en la madera. No tiene cura. La única defensa real es preventiva: elegir cultivares resistentes como 'Ombrella', evitar heridas en el tronco y en las raíces y no plantar donde ya haya muerto otra albizia por esta causa.

También sufre psila de la albizia (Acizzia jamatonica), una chinche introducida que produce melaza abundante y negrilla en verano. Es más molesta que grave; se controla con jabón potásico y favoreciendo la fauna auxiliar.

Última consideración honesta: en el sureste peninsular y en zonas de clima suave, A. julibrissin se resiembra sola con facilidad y aparece en cunetas, ramblas y taludes. Está catalogada como invasora en varios países. No conviene plantarla junto a espacios naturales, y sí retirar las legumbres antes de que se abran.

En resumen

Albizia julibrissin es uno de los pocos árboles de flor que florece en pleno verano, aguanta la sequía, tolera la caliza y da una sombra ligera perfecta para terrazas y patios. A cambio pide sol, espacio horizontal amplio, suelo que no se encharque y muy poca intervención: nada de abonos nitrogenados, poda mínima a finales de invierno y paciencia con su brotación tardía en mayo.

Sus dos limitaciones reales son la fusariosis, que se previene eligiendo cultivares resistentes y evitando heridas, y su capacidad de resembrarse en climas suaves. Las demás especies del género, como A. lebbeck o A. niopoides, quedan reservadas a Canarias y a colecciones muy protegidas.


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