Rhipsalis es el género con más cactus epífitos de la familia Cactaceae: plantas que viven sobre los árboles del bosque húmedo, sin parasitarlos, y que cuelgan en cascadas de tallos finos. Algunas especies son litófitas y crecen en grietas de roca. Casi ninguna tiene espinas, todas florecen con flores diminutas y ninguna se parece a la idea que la mayoría tiene de un cactus.
Eso es exactamente lo que hay que entender para cultivarlas. No se riegan como un cactus de desierto ni se ponen al sol. Son plantas de sombra, de humedad ambiental alta y de sustrato que nunca llega a secarse por completo durante meses, y con ese manejo son de las plantas colgantes más agradecidas que se pueden tener en casa.
De dónde viene el nombre y de dónde vienen las plantas
El nombre procede del griego rhips, mimbre o cestería, y alude a los tallos largos, delgados y entrelazados de muchas especies del género. Hay algo menos de cuarenta especies aceptadas y la mayoría se concentra en Brasil, sobre todo en el bosque atlántico. Otras se extienden por Sudamérica hasta Centroamérica y el Caribe.
Una de ellas es un caso único en toda la familia. Rhipsalis baccifera es el único cactus que crece de forma natural fuera de América: aparece también en África tropical, Madagascar, Sri Lanka, India y Nepal. Cómo llegó hasta allí lleva discutiéndose más de un siglo, con hipótesis que van desde el transporte por aves migratorias hasta introducciones antiguas por el ser humano. Sea cual sea la explicación, es la razón por la que se dice que los cactus son americanos con una excepción.
Cómo son
La mayoría de las especies tienen tallos cilíndricos y colgantes que se ramifican con frecuencia, aunque las hay con tallos aplanados, angulosos o articulados en segmentos cortos. Con el tiempo, una planta bien llevada forma una masa colgante de medio metro o más, con cientos de ramillas finas.
Las espinas están ausentes en la mayoría o, cuando existen, son finísimas y con aspecto de pelos. Se pueden manipular sin guantes, cosa poco frecuente en la familia.
Las flores están entre las más pequeñas de todos los cactus. Son blancas o crema, a veces con un tinte amarillento o rojizo, de pocos milímetros, y aparecen a lo largo de los tallos, no en las puntas. Compensan el tamaño con la cantidad: una planta adulta puede cubrirse de decenas de flores a la vez. Después llegan los frutos, bayas carnosas y translúcidas del tamaño de un guisante, blancas, rosadas o rojizas, sin espinas salvo en Rhipsalis pilocarpa, cuyos frutos son cerdosos. Esas bayas duran semanas en la planta y son buena parte del atractivo del género.
Rhipsalis cereuscula. Foto: salchuiwt
Especies que se encuentran en vivero
Rhipsalis baccifera es la más común, con tallos cilíndricos muy finos que cuelgan como una cabellera verde. Rhipsalis cereuscula tiene ramillas cortas agrupadas en el extremo de tallos más largos, lo que le da un aspecto de coral. Rhipsalis paradoxa forma cadenas de segmentos triangulares que se alternan girados, un efecto muy llamativo. Rhipsalis pilocarpa tiene los tallos cubiertos de cerdas blancas y flores relativamente grandes para el género.
Es fácil confundir estas plantas con otros cactus epífitos que se venden en las mismas estanterías, como los Schlumbergera, el cactus de Navidad, de tallos aplanados y segmentados con flores grandes y vistosas. La diferencia salta a la vista en la flor: si es grande y de color intenso, no es una Rhipsalis.
Cultivo
Luz: sombra luminosa o luz filtrada. Nunca sol directo, que quema los tallos y los deja amarillentos y con marcas secas irreversibles. Una ventana orientada al norte, o un sitio a un par de metros de una ventana con más sol, funcionan bien. Si los tallos se vuelven de un verde muy pálido o rojizo, hay demasiada luz; si la planta apenas crece y se estira, demasiado poca.
Sustrato: mezcla para plantas epífitas, no para cactus de desierto. Corteza de pino de grano fino, fibra de coco, perlita y una parte de sustrato universal componen una mezcla adecuada: aireada, que retenga humedad pero deje pasar el agua con facilidad. Una mezcla para orquídeas de grano fino, aligerada, también sirve.
Riego: regular durante todo el periodo de crecimiento, dejando secar sólo la capa superficial del sustrato antes de volver a regar. Esta es la diferencia esencial con el resto de la familia. Un cepellón que se seca por completo durante semanas hace que los tallos se arruguen y se sequen desde las puntas. En invierno se espacia el riego, sobre todo si la planta está en un sitio fresco, pero no se suspende como en un cactus globoso.
Humedad ambiental: la agradecen mucho, y en un piso con calefacción es el factor que más se descuida. Un cuarto de baño con ventana es un sitio excelente para una Rhipsalis. Pulverizar de vez en cuando ayuda, aunque agrupar plantas o poner una bandeja con arcilla húmeda debajo funciona mejor.
Temperatura: no toleran heladas y sufren por debajo de unos diez grados. En el litoral mediterráneo y en Canarias pueden pasar el año fuera, a la sombra y resguardadas; en el resto de España son plantas de interior o de invernadero en invierno. En verano agradecen salir a un patio sombreado.
Abonado: ligero y en la temporada de crecimiento, con un fertilizante equilibrado muy diluido cada tres o cuatro semanas de primavera a final de verano. El trasplante se hace cada dos o tres años, en primavera, sin enterrar el cuello.
Multiplicación
Es sencilla y da resultados rápidos. Se corta un segmento de tallo de diez o quince centímetros, se deja secar el corte uno o dos días a la sombra y se planta en sustrato ligeramente húmedo, sujetándolo si hace falta hasta que enraíce. Con calor y humedad, en tres o cuatro semanas está enraizado. Metiendo varios esquejes en la misma maceta se consigue una mata densa mucho antes.
La siembra a partir de las bayas maduras también funciona, limpiando la pulpa y sembrando en superficie sobre sustrato fino, con humedad constante y calor, pero es un proceso lento que sólo compensa a quien busque especies raras.
Problemas
El más frecuente es la podredumbre de la base por sustrato encharcado o compactado, en macetas sin drenaje o con mezcla demasiado retentiva. Se manifiesta con tallos que se ablandan y ennegrecen desde abajo. Cuando ocurre, lo que se salva son esquejes de la parte sana.
El extremo contrario, tallos arrugados, finos y secos por las puntas, indica sequía prolongada o aire demasiado seco. La cochinilla algodonosa se esconde entre la maraña de tallos y es difícil de ver hasta que hay bastantes, así que conviene separar los tallos y mirar de vez en cuando. Las quemaduras por sol directo son inconfundibles y no se recuperan.
Comercio
Toda la familia Cactaceae figura en el Apéndice II de CITES, lo que somete el comercio internacional a documentación y excluye el material recolectado en la naturaleza. Con este género la cuestión es sencilla de resolver, porque los esquejes enraízan con tanta facilidad que el material que circula procede de propagación. Un aficionado que tenga una planta puede regalar diez.
En resumen
Rhipsalis reúne unos cuarenta cactus epífitos y litófitos, casi todos brasileños, de tallos colgantes finos, sin espinas apreciables, con flores minúsculas y bayas translúcidas. Rhipsalis baccifera es el único cactus que crece de forma natural fuera del continente americano.
Se cultivan como plantas de interior colgantes: sombra luminosa sin sol directo, sustrato epífito aireado, riego regular sin dejar que el cepellón se seque del todo, humedad ambiental y temperatura por encima de los diez grados. Se multiplican por esqueje de tallo en pocas semanas, así que basta una planta para llenar la casa.