Caralluma es un género de suculentas de tallo de la familia Apocynaceae, dentro del grupo conocido como estapelias o estapélidas. Son plantas perennes de tallos carnosos, erguidos, ramificados y de sección angulosa, casi siempre con cuatro caras marcadas y tubérculos puntiagudos alineados en los ángulos, que son en realidad hojas reducidas. Se distribuyen por África, la península arábiga, Asia, especialmente la India, las islas Canarias y el sureste de Europa.

Su interés está en la flor. Es una estrella carnosa de cinco puntas, en tonos oscuros de granate, púrpura, negro, pardo o amarillo, y desprende uno de los olores más desagradables del reino vegetal, parecido al de un animal en descomposición. No es un defecto: es su sistema de polinización, y funciona muy bien. En España hay además una especie autóctona en los enclaves áridos del sureste peninsular.

Cómo es una Caralluma

Los tallos son suculentos, de sección cuadrangular o con más ángulos según la especie, y crecen erguidos o ascendentes formando matas que se extienden por rizoma. Los tubérculos de los ángulos terminan en punta, a veces en una hojita efímera que se seca enseguida, y esa combinación de tallo verde grisáceo y dientes prominentes es lo que da a la planta su aspecto de cactus sin serlo.

La savia es acuosa y transparente, no el látex blanco y espeso característico de las euforbias suculentas. Es un detalle práctico de identificación que además tiene importancia: el látex de una Euphorbia es fuertemente irritante para la piel y peligroso en contacto con los ojos, y conviene saber en cuál de las dos familias está la planta que se manipula.

Por qué no es un cactus

Se confunden con cactus continuamente. La diferencia decisiva es la areola, la estructura acolchada de la que nacen las espinas en la familia Cactaceae y que no existe en ninguna otra planta. Una Caralluma no tiene areolas: lo que parecen espinas son las puntas endurecidas de sus tubérculos, y con frecuencia ni siquiera pinchan.

Hay más diferencias de fondo. Los cactus son americanos y las estapélidas son del Viejo Mundo. Las flores de cactus tienen numerosos tépalos dispuestos en espiral; las de Caralluma, cinco lóbulos soldados en la base, la estructura floral típica de las apocináceas.

La flor y su olor

La corola es carnosa, extendida en estrella, a veces con la superficie cubierta de papilas o de pelos vibrátiles en el borde de los lóbulos, que se mueven con la más leve corriente de aire. Las flores aparecen a final de verano y en otoño en la mayoría de las especies, y pueden salir agrupadas cerca del ápice del tallo o repartidas por él.

El olor a carne en descomposición atrae a las moscas, que son sus polinizadores naturales. El engaño es completo: color de tejido animal, textura, pelos que simulan pelaje y olor. Las moscas llegan buscando un cadáver donde poner huevos, se mueven por la flor, cargan los polinios y los llevan a la siguiente. Es un caso de libro de polinización por engaño, y explica por qué una estapélida en flor dentro de casa es una mala idea: en cuestión de horas la habitación se llena de moscas.

Tras la polinización se forman pares de folículos alargados, con aspecto de cuernos, que al abrirse liberan semillas provistas de un penacho de pelos sedosos que las dispersa con el viento, igual que en las adelfas o en las asclepias.

La especie ibérica

El dato que casi nunca aparece en las fichas del género es que hay una Caralluma en España. Caralluma europaea vive en enclaves áridos del sureste peninsular, en Almería y Murcia, además del norte de África, en ramblas, laderas pedregosas y espartales de clima semiárido. Forma matas bajas de tallos grisáceos que pasan totalmente desapercibidas hasta que florecen, con flores estrelladas de fondo amarillento y bandas transversales oscuras.

Es una planta escasa y muy localizada, ligada a un tipo de hábitat que en el sureste ibérico está sometido a una presión considerable por invernaderos, urbanización y roturación. No se recolecta, no se trasplanta y no se compra fuera de circuitos de vivero con origen documentado.

La división del género

El Caralluma tradicional era un cajón muy heterogéneo, y las revisiones recientes lo han repartido entre varios géneros según el grupo geográfico. Las especies mediterráneas y macaronésicas han pasado en muchas fuentes a Apteranthes, y otras a Boucerosia o Monolluma. La especie ibérica aparece así con frecuencia como Apteranthes europaea.

Como suele ocurrir, el comercio y la bibliografía de aficionado mantienen el nombre antiguo, de modo que conviene reconocer ambos. Entre los géneros próximos de la misma tribu están Stapelia, con flores mucho mayores y el mismo mecanismo de polinización, y Huernia.

Cultivo

Luz. Mucha, pero con matiz. En su hábitat crecen a menudo al abrigo de un arbusto o entre piedras, no expuestas en llano, y a pleno sol de verano en el interior peninsular los tallos se queman y adquieren un tono rojizo forzado. Sol de mañana y luz muy brillante el resto del día es la mejor combinación.

Sustrato. Estrictamente mineral y que seque rápido: sustrato para cactus mezclado con al menos la mitad de puzolana, pómice o arena gruesa de sílice. Maceta ancha y poco profunda, mejor de barro sin esmaltar, con acabado de gravilla en superficie para que la base de los tallos no toque sustrato húmedo.

Temperatura. Son plantas de clima cálido y no toleran la helada. Por debajo de unos diez grados conviene tenerlas secas y resguardadas. En el litoral mediterráneo pueden pasar el invierno en un porche cubierto; en el interior, dentro de casa junto a una ventana muy luminosa o en invernadero frío.

El riego, que es donde se pierden

Las estapélidas están entre las suculentas más sensibles a la podredumbre basal. Un tallo empieza a amarillear y a ablandarse por la base y en pocos días la mata entera se viene abajo. La causa es casi siempre la misma: agua con temperatura baja y sustrato que retiene.

El manejo correcto es regar a fondo durante el periodo cálido, cuando la planta está en crecimiento activo, esperando siempre a que el sustrato esté completamente seco, y suspender el riego por completo en invierno. Una Caralluma pasa el invierno seca sin ningún problema; no pasa un invierno húmedo.

Si aparece la podredumbre, no hay tratamiento que la revierta. Lo que se hace es cortar por encima de la zona afectada, comprobar que el corte deja tejido sano, dejar secar el esqueje varios días y replantarlo en sustrato nuevo. Salvar un trozo suele ser posible; salvar la planta original, no.

Multiplicación

Por esqueje de tallo, que es lo habitual y lo más sencillo. Se corta un tallo completo por la base, se deja cicatrizar la herida al menos tres o cuatro días a la sombra y en seco, y se planta apenas enterrado en sustrato mineral, sin regar durante la primera semana. Primavera y principio de verano son el momento adecuado.

Por semilla también funciona, sembrando en primavera en sustrato mineral fino, con calor y humedad controlada. La semilla es fresca y pierde viabilidad con rapidez, así que se siembra cuanto antes tras la recolección.

Sobre los usos que se le atribuyen

Circula bastante literatura sobre supuestas propiedades de algunas especies del género, en especial en torno a complementos alimenticios comercializados a partir de Caralluma fimbriata. Eso queda fuera de lo que una guía de jardinería puede respaldar, y este artículo no entra en ello. Lo que sí procede decir es que estas plantas no se recolectan del medio natural: son especies de poblaciones pequeñas y localizadas, y en el caso de la especie ibérica, escasa y ligada a un hábitat amenazado. Dentro del mismo grupo de plantas, el género Hoodia está incluido en el Apéndice II de CITES precisamente por la presión comercial que sufrió.

En resumen

Caralluma agrupa suculentas de tallo anguloso y tuberculado de África, Asia, Canarias y el sureste de Europa, emparentadas con las estapelias y con savia acuosa que no debe confundirse con el látex irritante de las euforbias. No son cactus: carecen de areolas y su flor tiene la estructura de cinco lóbulos propia de las apocináceas. Su flor estrellada huele a carroña porque sus polinizadores son moscas.

En cultivo piden luz muy brillante sin sol abrasador, sustrato mineral y calor, y su punto débil absoluto es el agua en frío: el riego se suspende del todo en invierno, porque la podredumbre basal no tiene vuelta atrás y solo se salva el esqueje. Las revisiones recientes han repartido el género entre Apteranthes, Boucerosia y otros, y la especie que crece en Almería y Murcia, Caralluma europaea, es una planta escasa que no se toca.


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