Azorella es un género de plantas de alta montaña y de latitudes frías del hemisferio sur, y conviene decir de entrada que no es una suculenta, aunque aparezca con frecuencia junto a ellas por su aspecto compacto. Pertenece a la familia Apiaceae, la de las umbelíferas, y su rasgo más llamativo es el hábito en cojín: masas densísimas de tallos apretados que forman almohadillas verdes sobre la roca, capaces de sostener el peso de una persona.

El género se distribuye por los Andes y la Patagonia, por las zonas australes de Sudamérica, Nueva Zelanda, Australia y las islas subantárticas, y algunas especies llegan por el norte hasta Costa Rica. Su representante más conocido, la yareta de los altiplanos andinos, es uno de los organismos de crecimiento más lento que se conocen y uno de los más longevos del planeta.

Qué es una planta en cojín

El cojín no es una peculiaridad de Azorella: es una forma de crecimiento convergente, que ha aparecido de manera independiente en familias sin parentesco cercano, siempre en los mismos ambientes. Alta montaña, tundra, islas subantárticas y desiertos fríos, es decir, sitios con viento constante, radiación solar intensa, oscilaciones térmicas brutales entre el día y la noche y agua disponible solo durante una parte muy corta del año.

La solución que encuentran esas plantas es siempre parecida. Muchos tallos cortos, ramificados y apretadísimos, con las hojas pequeñas y reunidas en la superficie, de modo que el conjunto forma una semiesfera compacta y aerodinámica. La planta crece a un ritmo mínimo y todos los tallos avanzan a la vez, de manera que la superficie del cojín se mantiene lisa y ninguna rama sobresale para que el viento la castigue.

El género y su reorganización reciente

La delimitación de Azorella ha cambiado bastante. La integración de estudios morfológicos, revisiones taxonómicas y filogenias moleculares ha llevado a ampliar el género con especies que antes se colocaban en Mulinum, Laretia, Huanaca, Schizeilema y Stilbocarpa, y a organizar el conjunto en dos subgéneros:

  • Subgénero Andinae, principalmente sudamericano, dominante en las zonas elevadas de los Andes y en la estepa patagónica. Sus especies son leñosas, y ese carácter leñoso es precisamente lo que define al linaje.
  • Subgénero Azorella, distribuido por las zonas australes del hemisferio sur, incluida la Patagonia, Australia, Nueva Zelanda y las islas subantárticas. Sus especies son herbáceas, y en él se encuentra la especie tipo del género, Azorella filamentosa.

Botánicamente son plantas perennes, con frecuencia resinosas y aromáticas, ramosas, espinescentes o no, con porte que va del herbáceo erecto al rastrero y al leñoso en cojín. Las hojas pueden ser sésiles o pecioladas, glabras o pubescentes, y la inflorescencia es una umbela simple, rara vez compuesta, como corresponde a la familia.

Conviene añadir que no todas las especies del género forman cojín. Varias, sobre todo las de menor altitud, tienen porte rastrero o herbáceo ordinario, y aplicarles lo que se dice de las llaretas sería un error.

La yareta, el caso extremo

La especie más famosa es la yareta o llareta (Azorella compacta), de los altiplanos de Perú, Bolivia, Chile y Argentina, donde vive entre los tres mil y los casi cinco mil metros de altitud. Forma cojines de un verde vivo, tan duros y compactos que parecen musgo petrificado o una formación mineral, y que pueden alcanzar varios metros de diámetro.

Lo que la hace excepcional es el ritmo. Su crecimiento se mide en milímetros por año, de modo que un cojín grande representa siglos de acumulación, y los ejemplares mayores se cuentan entre los organismos vivos más antiguos conocidos. Esa lentitud es también su condena: la planta es resinosa y arde muy bien, y ha sido explotada durante generaciones como combustible en una región donde no hay leña. Una extracción de unos minutos destruye siglos de crecimiento, y la recuperación de una población afectada no se mide en años sino en siglos.

El cojín como microclima

Un cojín de Azorella no es solo una planta: funciona como una estructura que modifica su entorno. Su interior denso amortigua las oscilaciones térmicas y mantiene temperaturas más altas que el aire circundante durante la noche. Retiene humedad, atrapa partículas transportadas por el viento y acumula materia orgánica procedente de sus propios tejidos muertos, formando en su interior algo parecido a un suelo donde no lo hay.

La consecuencia es que otras plantas, insectos y microorganismos se instalan dentro y sobre él. En ecología se llama a esto planta nodriza, y en ambientes de alta montaña donde la vida es marginal, un cojín concentra una parte desproporcionada de la biodiversidad local. Es la razón por la que las especies de este tipo se estudian como indicadores: si el cojín retrocede, se lleva por delante a la comunidad que alberga.

Por ese mismo motivo, especies del género en islas subantárticas se emplean desde hace años como sistema de seguimiento del cambio climático, midiendo cómo responden su crecimiento y su fauna asociada a variaciones de temperatura y de precipitación.

¿Se puede cultivar en España?

La respuesta honesta es que en la mayor parte del país no. Son plantas adaptadas a frío, radiación alta, drenaje absoluto y veranos frescos y cortos, y el verano mediterráneo es exactamente lo contrario: calor prolongado, noches cálidas y aire seco. Una llareta andina no es material de jardín peninsular, y quien la vea en un vivero debe sospechar del origen de la planta.

Lo que sí aparece de vez en cuando en centros de jardinería europeos son especies menores del género usadas como tapizantes de rocalla, que forman cojines bajos de un verde intenso y flores amarillentas menudas en umbela. Para tener alguna posibilidad con ellas, las condiciones son estrictas:

  • Drenaje extremo. Sustrato mayoritariamente mineral, gravilla gruesa y arena de sílice, en jardinera elevada, artesa alpina o rocalla con pendiente. Nunca en suelo llano y compacto.
  • Raíz fresca. Piedras alrededor y acolchado de grava, que mantienen la base de la planta a menor temperatura.
  • Sin humedad estancada en invierno. Toleran el frío perfectamente; lo que no toleran es el frío con el cuello mojado.
  • Sombra en las horas centrales del verano en el interior y el sur peninsular, o directamente renunciar. En zonas de montaña del norte, con veranos frescos, las posibilidades son mucho mayores.

Dentro de la misma familia, para un jardín mediterráneo hay opciones bastante más razonables y adaptadas, como el hinojo marino, umbelífera de acantilado costero acostumbrada al calor, al viento salino y al suelo prácticamente inexistente.

Conservación

Las poblaciones de las especies formadoras de cojín llevan décadas en retroceso por una combinación de extracción para combustible, pastoreo, actividad minera en el altiplano y cambio en los patrones de precipitación. En varias zonas andinas la recolección de yareta está prohibida o restringida por la normativa nacional correspondiente.

La lentitud del crecimiento convierte cualquier daño en irreversible a escala humana. Con un arbusto mediterráneo, una tala mal hecha se corrige en unos años; con un cojín de Azorella, no se corrige. Es el argumento de fondo para que estas plantas no se recolecten, no se compren de procedencia dudosa y no se pisen cuando se camina por la alta montaña andina, donde el cojín aguanta el peso pero el daño en la superficie tarda décadas en cerrarse.

En resumen

Azorella es un género de umbelíferas del hemisferio sur, no una suculenta, repartido entre los Andes, la Patagonia, Australasia y las islas subantárticas, y organizado hoy en dos subgéneros tras absorber varios géneros que se consideraban independientes. Su rasgo distintivo es el hábito en cojín, una forma de crecimiento convergente propia de ambientes fríos, ventosos y de radiación intensa.

Su especie emblemática, la yareta andina, crece milímetros al año y forma cojines de siglos de antigüedad que funcionan como planta nodriza de comunidades enteras, motivo por el que su explotación como combustible es un daño prácticamente irreversible. En jardinería española es un género marginal: solo tiene sentido intentarlo con las especies menores de rocalla, en artesa con drenaje extremo, raíz fresca y sin humedad estancada en invierno.


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