Las crasuláceas (Crassulaceae) son la familia que la mayoría de la gente tiene en mente cuando dice "suculentas": echeverias, sedums, siemprevivas, kalanchoes, plantas de jade y los aeonios canarios. Reúne más de mil quinientas especies y casi todas comparten el mismo diseño, hojas carnosas dispuestas en roseta o a lo largo de tallos gruesos, con capacidad de almacenar agua y de rebrotar a partir de una hoja suelta.
Es también la familia que da nombre a un proceso fisiológico que usan muchas suculentas de otras familias: el metabolismo ácido de las crasuláceas o CAM, que se describió por primera vez en estas plantas. Ese metabolismo, y el reposo estacional que conlleva, es la clave para entender por qué mueren cuando se riegan mal.
Los géneros que importan
Crassula es el género que da nombre a la familia. La planta de jade (Crassula ovata) es la especie más conocida: arbustiva, de tronco leñoso con los años, hojas ovaladas y brillantes, y una longevidad notable en maceta. También están el "collar de amor" (Crassula rupestris) y Crassula perforata, con hojas ensartadas en el tallo como cuentas.
Echeveria forma las rosetas simétricas mexicanas que dominan las tiendas, con hojas cubiertas de pruina, esa capa cerosa azulada que las protege del sol y que se borra con los dedos y no se recupera. Manipúlalas por la maceta, no por las hojas. Más detalle en la ficha del género Echeveria.
Sedum es un género inmenso que va de tapizantes de pocos centímetros a perennes de jardín de medio metro (las antiguas Sedum spectabile y telephium, hoy en Hylotelephium). Hay especies autóctonas en toda España, como Sedum sediforme y Sedum album, que crecen en roquedos y tejados sin cuidado alguno.
Sempervivum, las siemprevivas o "gallinas y pollitos", forman rosetas apretadas que emiten hijuelos alrededor. Son las crasuláceas más rústicas: viven en montaña, aguantan nieve y heladas de varios grados bajo cero sin inmutarse. La roseta que florece muere después, pero deja media docena de hijas.
Kalanchoe aporta desde la kalanchoe de floristería (Kalanchoe blossfeldiana) hasta las especies que producen plántulas en el margen de la hoja (Kalanchoe daigremontiana, K. delagoensis), que caen al suelo enraizadas y ya formadas. Ver la ficha del género Kalanchoe.
Aeonium merece capítulo aparte porque es, en buena medida, un género español.
Los aeonios: crasuláceas de Canarias
El género Aeonium tiene su centro de diversidad en las islas Canarias, con decenas de especies endémicas repartidas entre las islas, muchas de ellas restringidas a una sola. Aeonium canariense, A. tabuliforme, A. urbicum, A. arboreum o A. undulatum forman parte del paisaje de riscos y laderas del archipiélago. En el género vecino Monanthes ocurre lo mismo, con especies diminutas exclusivas de determinados riscos.
Esta condición de endemismo insular tiene una consecuencia directa: varias especies están protegidas por la normativa canaria y no se recolectan del medio. Los aeonios que se cultivan proceden de vivero y se multiplican con enorme facilidad por esqueje de roseta, así que no hay ninguna razón para arrancar nada.
En cultivo, los aeonios tienen un comportamiento que desconcierta a quien no lo espera: crecen en invierno y se paran en verano. En julio y agosto cierran la roseta sobre sí misma, pierden las hojas inferiores y parecen enfermos. No lo están; están en reposo estival y hay que regarlos poquísimo. Reanudan el crecimiento con las lluvias de otoño. Regarlos a fondo en agosto porque "se están secando" es la forma más rápida de perderlos.
Cómo se riegan las crasuláceas
La regla general es la misma que para el resto de suculentas y hay que decirla sin adornos: lo que mata a estas plantas es el riego cuando no crecen, no la falta de agua. Una echeveria aguanta seis semanas sin gota en diciembre; no aguanta tres semanas con el sustrato húmedo a diez grados.
Lo complicado es que no todas tienen el mismo calendario. Conviene separar dos grupos:
- De crecimiento en primavera y verano: la mayoría de Echeveria, Sedum, Crassula, Sempervivum, Graptopetalum. Riego regular de marzo a octubre, mínimo o nulo en invierno.
- De crecimiento en otoño e invierno: Aeonium, Monanthes y algunas Dudleya. Riego de octubre a abril, reposo seco en verano.
Sea cual sea el grupo, el riego se hace a fondo y espaciado: se empapa el cepellón hasta que sale agua por el drenaje y luego se deja secar por completo antes del siguiente. Los riegos cortos y frecuentes mantienen húmeda la superficie, donde no hay raíz, y seca la zona radicular. Y nunca se riega sobre la roseta: el agua que se queda en el centro pudre el ápice, sobre todo en las echeverias.
El sustrato debe drenar en segundos. Una mezcla que funciona en España es una parte de sustrato universal por dos de árido (pómice, picón volcánico, arena gruesa lavada de río o arlita machacada). En zonas húmedas del norte conviene subir aún más la proporción mineral.
Luz, frío y multiplicación
La falta de luz produce ahilamiento: el tallo se alarga, las hojas se separan y la roseta pierde compacidad y color. Es irreversible, no se corrige regando ni abonando; solo se soluciona dando más luz y, si el daño es grande, decapitando la roseta y volviendo a enraizarla. En un piso, la ventana más luminosa suele quedarse corta para una echeveria en invierno.
En resistencia al frío hay diferencias grandes. Sempervivum y varios Sedum autóctonos aguantan heladas fuertes y son perfectos para jardines de montaña o cubiertas vegetales. Echeveria, Crassula y Kalanchoe resisten mal por debajo de cero y en el interior peninsular necesitan entrar a cubierto. Aeonium tolera fresco pero no helada.
Multiplicarlas es lo más sencillo de toda la jardinería. Una hoja de Echeveria o Sedum desprendida limpiamente por su base, dejada secar dos o tres días sobre sustrato seco y luego apenas humedecida, emite raíces y una plántula en pocas semanas. Los esquejes de tallo de Crassula, Aeonium o Kalanchoe enraízan igual de fácil dejando cicatrizar el corte antes de plantar. La primavera y el principio del otoño son las mejores épocas.
Toxicidad y especies problemáticas
Este es el aviso que falta en casi todas las fichas comerciales: las especies del género Kalanchoe son tóxicas por ingestión para perros, gatos y ganado. Contienen bufadienolidos, compuestos que afectan al corazón, y toda la planta está implicada, con las flores como parte especialmente cargada. Si un animal ha mordido una kalanchoe, se acude al veterinario; no hay remedio doméstico. Con niños pequeños, la planta va fuera de su alcance.
La planta de jade y otras crásulas se consideran también irritantes por ingestión para mascotas, con cuadros digestivos leves. No es lo mismo que el caso de Kalanchoe, pero tampoco son plantas para mordisquear.
Hay además una especie de la familia con un problema ecológico serio: Crassula helmsii, una crásula acuática australiana que forma tapices densos en charcas y humedales y desplaza a la flora nativa. Está incluida en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea, en el marco del Reglamento (UE) 1143/2014, lo que prohíbe su venta, cultivo, transporte y liberación en todo el territorio de la Unión. Aparece a veces mezclada en lotes de plantas de acuario o de estanque; hay que rechazarla.
En resumen
Las crasuláceas concentran las suculentas más cultivadas del mundo, con Echeveria, Sedum, Crassula, Sempervivum, Kalanchoe y los aeonios canarios como géneros principales. Su cultivo se reduce a tres cosas: sustrato con mucha fracción mineral, luz abundante y riego solo cuando la planta está creciendo.
Lo que más pérdidas causa es regar en reposo, y ahí la trampa es que no todas reposan a la vez: las echeverias y crásulas descansan en invierno, mientras los aeonios lo hacen en pleno verano. Saber en qué grupo cae tu planta cambia por completo el calendario. Y dos avisos: los kalanchoes son tóxicos por ingestión para perros y gatos, y Crassula helmsii está prohibida en la Unión Europea por su carácter invasor.