Las asparagáceas (Asparagaceae) son una familia enorme y, para el ojo, desconcertante: reúne desde el espárrago del huerto hasta los agaves de un metro y medio de diámetro, pasando por los jacintos, las drácenas de salón y la lengua de suegra. No se parecen entre sí porque lo que las agrupa no es la forma, sino el parentesco genético establecido por la clasificación filogenética. Es una familia definida por el ADN, no por la silueta.

Para quien cultiva, esa mezcla tiene una consecuencia práctica: no hay un cuidado común a toda la familia. Un agave y un jacinto piden cosas opuestas. Lo útil es saber en qué subfamilia cae tu planta, porque dentro de cada una sí hay pautas compartidas de riego, sustrato y exposición.

Qué agrupa la familia y cómo se organiza

La circunscripción actual de Asparagaceae (dentro del orden Asparagales) incluye siete subfamilias, varias de las cuales fueron familias independientes hasta hace poco. Las que interesan en jardinería son estas:

  • Agavoideae, la antigua familia Agavaceae. Aquí están Agave, Yucca, Beaucarnea, Furcraea, Hesperaloe, Chlorophytum (la cinta) y Polianthes (el nardo).
  • Nolinoideae, la antigua Ruscaceae. Incluye Dracaena (que hoy absorbe también a las antiguas Sansevieria), Ruscus (el rusco o brusco), Convallaria (el muguete), Polygonatum y Aspidistra.
  • Scilloideae, la antigua Hyacinthaceae. Bulbosas: Hyacinthus, Muscari, Scilla, Ornithogalum, Hyacinthoides, Urginea.
  • Asparagoideae, con el género Asparagus: el espárrago cultivado, la esparraguera silvestre y los helechos esparraguera de maceta.

Las tres restantes (Aphyllanthoideae, Brodiaeoideae y Lomandroideae) tienen poca presencia ornamental en España, con la excepción del junquillo falso Aphyllanthes monspeliensis, una mata de la flora mediterránea que aparece en matorrales calizos del este peninsular.

Los agaves y las yucas: la parte suculenta

agave-americana

Los Agave forman rosetas de hojas gruesas, fibrosas, casi siempre con un aguijón terminal duro y a menudo con dientes en el margen. Son plantas monocárpicas: la roseta florece una sola vez, emite un escapo espectacular de varios metros y muere después, dejando hijuelos alrededor. El nombre popular de "pita de cien años" viene de ahí, aunque en clima mediterráneo la floración llega mucho antes, en torno a los diez o quince años.

En cultivo son de lo más agradecido en el sur y el litoral: suelo pobre, calizo y seco les va perfecto, y una vez arraigados prácticamente no necesitan riego. Lo que no toleran es el encharcamiento invernal ni las heladas fuertes prolongadas, aunque especies como Agave americana o Agave salmiana aguantan bastante frío si el suelo está seco. Un aviso de seguridad que se pasa por alto: el aguijón terminal es peligroso a la altura de los ojos y la savia de muchas especies es irritante para la piel. En zonas de paso conviene despuntar las hojas o plantarlos retirados del borde.

Agave filifera en maceta

Agave americana figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013). Fuera de cultivo se ha naturalizado en taludes, ramblas y litoral, desplaza a la vegetación autóctona y es muy difícil de erradicar porque rebrota de rizoma. Su inclusión en el catálogo implica que está prohibida su introducción en el medio natural, su comercio y su transporte, con las excepciones que el propio real decreto y las comunidades autónomas contemplan. Si buscas ese porte hay alternativas: agaves de menor tamaño y menos rebrote, Hesperaloe parviflora, o las yucas.

Las Yucca tienen tronco leñoso y hojas más finas, y a diferencia de los agaves no mueren tras florecer. Yucca gloriosa y Yucca filamentosa se comportan bien en el interior peninsular y resisten heladas que un agave no aguantaría. La Beaucarnea recurvata, la pata de elefante, es la de interior por excelencia: caudex ensanchado que almacena agua, tolerancia a la sequía y un ritmo de crecimiento lentísimo.

Drácenas, sansevierias y aspidistras: la familia dentro de casa

Este bloque es el que sostiene medio catálogo de plantas de interior en España. Las Dracaena (tronco del Brasil, drácena marginata, palo de agua) toleran luz media, aire seco y riegos espaciados. El error clásico es tenerlas con el cepellón húmedo permanentemente y en penumbra: acaban con la punta de las hojas marrón y la base blanda.

Las antiguas Sansevieria, hoy Dracaena trifasciata y afines, son casi indestructibles siempre que se rieguen poco. Aguantan meses sin agua y mueren en semanas con exceso. En invierno, un riego al mes es suficiente en un piso normal.

La Aspidistra elatior merece una mención aparte porque resuelve un problema real: patios interiores, rellanos y esquinas de sombra profunda donde no vive casi nada. Crece despacio, tolera frío, sequía y falta de luz, y es de las pocas plantas que sobrevive en un patio de luces madrileño.

Hay que tener presente que varias de estas plantas son tóxicas por ingestión para perros y gatos, tanto drácenas como sansevierias, por su contenido en saponinas. Los síntomas suelen ser digestivos. Si un animal ha mordido una hoja y hay vómitos o decaimiento, la consulta es con el veterinario.

Las bulbosas: jacintos, muscaris y escilas

La subfamilia Scilloideae aporta el color de finales de invierno y principios de primavera. En España el calendario es claro: los bulbos se plantan de octubre a diciembre, a una profundidad de dos a tres veces su altura, en suelo que drene bien. Florecen entre febrero y abril según zona y altitud.

El jacinto (Hyacinthus orientalis) es el más vistoso y el que peor repite: en climas cálidos la segunda floración es siempre más pobre, así que muchos jardineros lo tratan como planta de temporada. El muscari (Muscari spp.) y la escila hacen lo contrario, se naturalizan solos y vuelven cada año en más número, incluso en suelos calizos y con veranos secos. Para un jardín mediterráneo son de lo más rentable que se puede plantar.

Existen especies autóctonas de gran interés, como Hyacinthoides hispanica, el jacinto silvestre de bosques de la mitad occidental, y Urginea maritima, la cebolla albarrana, que florece a finales de verano en el litoral mediterráneo con una vara de más de un metro cuando el resto del paisaje está seco. Los bulbos de Urginea son tóxicos.

Espárragos y esparragueras

Asparagus officinalis es el espárrago de huerta. Es un cultivo perenne de plantación en zanja, con garras que se colocan de febrero a marzo, y que no se cosecha hasta el segundo o tercer año para dejar que la planta acumule reservas. La recolección va de marzo a mayo y se detiene para permitir que crezca el "monte" de plumas que alimenta la corona para el año siguiente. Es una de las mejores inversiones de un huerto familiar porque una plantación bien hecha produce durante más de una década.

Asparagus acutifolius es la esparraguera silvestre mediterránea, la de los espárragos trigueros de los ribazos. Y las esparragueras ornamentales de maceta (Asparagus setaceus, Asparagus densiflorus) no son helechos, aunque lo parezcan: sus supuestas hojas son cladodios, tallos aplanados que hacen la función de hoja. Sus frutos rojos son tóxicos por ingestión.

En resumen

Las asparagáceas no se reconocen por el aspecto sino por el parentesco, y de ahí que reúnan agaves, jacintos, drácenas y espárragos bajo un mismo nombre. Ubicar la planta en su subfamilia es lo que da la pauta de cultivo: sol pleno y sequía para Agavoideae, sombra y poco riego para las drácenas y aspidistras de interior, plantación de bulbo en otoño para las Scilloideae.

Dos avisos cierran la guía. Agave americana está en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, con las restricciones de comercio y plantación que eso implica, y varias especies de la familia son tóxicas por ingestión para animales domésticos y, en el caso de bulbos y frutos, también para personas. Con eso claro, es una de las familias más útiles y menos exigentes que se pueden meter en un jardín mediterráneo.

Agave filifera en maceta

Agave filifera

De las más pequeñas del género Agave, se caracteriza por sus filamentos o hebras blanquecinas que sobresalen del borde de sus hojas color verde oscuro.


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